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	<title>Sada y el bombón &#187; Paulina Macías</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
	<lastBuildDate>Wed, 17 Dec 2014 16:40:30 +0000</lastBuildDate>
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		<title>El cine y el territorio</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 18:39:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[Un mapa es una abstracción; la representación de un territorio complejo, cambiante, contenido en sólo dos estáticas dimensiones: X y Y, sin Z. Este corte de la realidad, este still del mundo que omite a la Z es mucho más fácil de interpretar. Un mapa es un trozo manejable, comprensible y abarcable por su bidimensionalidad. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un mapa es una abstracción; la representación de un territorio complejo, cambiante, contenido en sólo dos estáticas dimensiones: X y Y, sin Z. Este corte de la realidad, este <em>still</em> del mundo que omite a la Z es mucho más fácil de interpretar. Un mapa es un trozo manejable, comprensible y abarcable por su bidimensionalidad.</p>
<p>El cine es también bidimensional, aunque finge no serlo. En realidad, las proyecciones tienen X y Y, pero no tienen Z. Las pantallas son planas, la luz que emite una proyección cinematográfica aterriza en una superficie en donde el volumen no cuenta. Sin embargo, las líneas, la luz, el movimiento, los colores, todo en el cine nos hace pensar que en realidad hay una tercera dimensión frente a nosotros, los que asistimos a una realidad completa, volumétrica, como si miráramos a través de una ventana o, mejor, a través del ojillo de una puerta.</p>
<p>El cine es también una abstracción. Tal vez no sólo por la falta de la Z, pero sí por ser un corte de la realidad, una proyección con límites, un espacio en donde, aunque no lo parezca, las variables se encuentran todas controladas. Este control, el paréntesis que puede hacerse a través de la abstracción, permite percibir mucho mejor la realidad que representa.</p>
<p>Al mismo tiempo, el lenguaje cinematográfico nos hace creer que lo que vemos en la pantalla no es artificio; asistimos a una representación que nuestros ojos perciben como real, pero que no es más que luz; un mapa en movimiento: X y Y simulando también a Z.</p>
<p>Si un mapa es la abstracción de un territorio, el cine es la abstracción de la vida. Y dentro de un cuarto oscuro, rodeado de sonido, con una pantalla enorme, es fácil confundir el uno con el otro. Esto es lo que le da al cine su verdadero poder.</p>
<p>En un contexto donde parece que vemos la vida pero en realidad percibimos su representación, las posibilidades son infinitas. En las historias que el cine cuenta es posible volver a la infancia, revivir a los amigos muertos, besar a labios imposibles y regresar en el tiempo para hacer justicia en donde la realidad no supo hacerlo. De ahí su poder, su placer, su peligro. ¿O hay algo más placentero, perverso y catártico que haber visto a los bastardos sin gloria acribillar a un patético Hitler que sucumbe en medio de la sala de cine?</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo es parte del suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>.</address>
<p></em></p>
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		<title>Manual de estilo del arte contemporáneo</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2014 14:42:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Pablo Helguera Manual de estilo del arte contemporáneo Tumbona Ediciones, Colección Anómalos Segunda edición, 2013 172 pp. &#160; Soy P. y soy galerista en y de provincia. Mi trabajo en el Mundo del Arte (MA) comenzó hace algunos años, cuando mi sueño de estar a cargo de un espacio que expusiera arte se hizo realidad. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="padding-left: 30px;">Pablo Helguera<br />
<em>Manual de estilo del arte contemporáneo</em><br />
Tumbona Ediciones, Colección Anómalos<br />
Segunda edición, 2013<br />
172 pp.</address>
<p>&nbsp;<br />
Soy P. y soy galerista en y de provincia. Mi trabajo en el Mundo del Arte (MA) comenzó hace algunos años, cuando mi sueño de estar a cargo de un espacio que expusiera arte se hizo realidad. Me contrataron para dirigir una galería y acepté con mucha ilusión. Pero el sueño terminó cuando me di cuenta que no entendía bien cómo funcionaba el MA. No sabía por qué nadie venía a mis inauguraciones y porqué, cuando venían a hablar conmigo, todos se fijaban en mi ropa y me preguntaban qué había estudiado y cómo había llegado a dirigir una galería.</p>
<p>Un amigo me recomendó leer <em><a href="http://www.tumbonaediciones.com/tumbona/titulos/anomalos-col/manual-de-estilo-del-arte-contemporaneo" target="_blank">Manual de estilo del arte contemporáneo: la guía esencial para artistas, curadores y críticos</a></em> de Pablo Helguera. Luego de reflexionar un poco (en el arte contemporáneo hay que siempre reflexionar un poco), me decidí a hacerlo y su lectura me ha dado la oportunidad de reconocer mi potencial como galerista de provincia. También me ha dado la seguridad para atreverme a hablar con galeristas de otros estados, del DF e incluso me he atrevido a acercarme a artistas y coleccionistas de renombre, ¡ay!, internacional. Estoy segura de que si pongo en práctica los consejos que contiene esta guía, podré tener más claro cuál es el camino que debo seguir para alcanzar el éxito en el MA.</p>
<p>A través de sencillos capítulos y ejemplos de situaciones de la vida cotidiana –y una buena analogía con el juego de ajedrez, que no sé jugar bien pero aún así es útil– he podido adivinar cuál es mi posición en el MA y cómo puedo moverme con destreza dentro de este interesante juego.</p>
<p>En un principio me resistí a aceptar esta simplificación de un proceso tan complejo y sensible como el arte, pero luego entendí que si analizo y entiendo su estructura desde esta perspectiva, sabré usarla mejor a mi favor.</p>
<p>Por ejemplo, antes de leer este libro, cuando venía a visitarme algún coleccionista o algún artista, yo los atendía de manera amable y pronta; si quedaba algún compromiso o pendiente luego de la reunión, me apresuraba a llevarlo a cabo y notificaba a los involucrados sobre los avances. Los resultados eran suficientes, pero nunca buenos. Ahora sé que, al enfrentar estas situaciones, un poco de arrogancia es una virtud: un poco de racismo por aquí, un poco de <em>namedroppeo</em> por acá y las piezas de arte se mueven como pan caliente.</p>
<p>Las sencillas gráficas que se incluyen en el libro han sido también muy reveladoras. La imagen que se incluye en el capítulo <em>Del Vernissage al lecho: la interacción social</em> ha sido mi guía para desenvolverme en las inauguraciones (en las propias y en las ajenas). Evado a los críticos, saludo a los coleccionistas (en estricto orden de importan$ia) y abandono el lugar antes de que el espacio esté semivacío, no vaya a ser.</p>
<p>Ahora siento que puedo ir a cualquier galería o museo y comportarme a la altura, visitar estudios y hasta aprovechar la controversia y las tragedias sociales que se dan en ésta, mi querida ciudad, para llegar hasta la cima.</p>
<p>Gracias, <a href="http://pablohelguera.net/" target="_blank">Pablo Helguera</a>, por tus consejos. Con tu ayuda me convertiré en la mejor galerista de provincia del MA mexicano. O de menos del Bajío.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Ensayo sin título y otros happenings</title>
		<link>http://sadabombon.com/kaprow/</link>
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		<pubDate>Fri, 07 Feb 2014 19:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Allan Kaprow Ensayo sin título y otros happenings Colección Anómalos Tumbona Ediciones, 2013 112 pp. &#160; Me parece que la palabra pasó por la misma transición. Primero estaba el agua, ahí, sin ser nombrada. Olas, ritmo, reflejo, fluidez, continuidad, consistencia, viscosidad. Toda el agua sin ser agua. No había un vocablo que la nombrara. Imagino [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="padding-left: 30px;">Allan Kaprow<br />
<em>Ensayo sin título y otros happenings</em><br />
Colección Anómalos<br />
Tumbona Ediciones, 2013<br />
112 pp.</address>
<p>&nbsp;<br />
Me parece que la palabra pasó por la misma transición. Primero estaba el agua, ahí, sin ser nombrada. Olas, ritmo, reflejo, fluidez, continuidad, consistencia, viscosidad. Toda el agua sin ser <em>agua</em>. No había un vocablo que la nombrara. Imagino una evolución de años para que los sonidos guturales, los gritos y los gemidos se convirtieran en el sonido <em>agua</em>. Gemidos que cambiaron entre región y región y que se convirtieron en diferentes sonidos: <em>eau</em>, <em>water</em>, <em>aqcua</em>.</p>
<p>Las palabras son poemas: abstracciones de la realidad. Olvidamos luego ese proceso y todo comenzó a ser más complejo. Nacieron los sinónimos, las oraciones, los idiomas. Olvidamos que agua fue una imagen y se convirtió en concepto. Encontramos la necesidad de hacer poemas, de ver la cotidianidad de manera diferente, de detenernos a reflexionar sobre lo que nombrábamos, de volver a la imagen.</p>
<p>Los poemas entonces se depuraron. Fueron dos o tres líneas o dos o tres palabras. Haikus, Monterroso, Pacheco. Los poemas volvieron a ser palabras y las palabras volvieron a estar conectadas con lo que describen.</p>
<p>El happening es el poema del arte; tal vez la palabra del arte que se expone en museos. Creamos la imagen, depuramos las técnicas, exploramos la luz, la perspectiva, la textura, los colores. Luego, destruimos lo aprendido. Volvimos a las formas básicas, nos salimos del lienzo, lo invadimos, lo ensuciamos, lo rompimos y siguió sin ser suficiente. Habíamos olvidado que el arte era una forma de estar en el mundo y no un mundo. Allan Kaprow se dio cuenta y quiso volver: mezclar el arte con la vida. O regresar al arte a donde pertenecía: recordar que el arte fue una representación de la realidad: una palabra.</p>
<p><a href="http://www.tumbonaediciones.com/tumbona/titulos/anomalos-col/ensayo-sin-titulo-y-otros-happenings" target="_blank"><em>Ensayo sin título y otros happenings</em></a> es un compendio de guiones de happenings que sucedieron en la década de los sesentas, un par de textos que explican de manera clara y sin pretensiones la idea de arte de Kaprow y una introducción iluminadora de Luigi Amara.</p>
<p>Cada happening descrito en el libro crea imágenes poderosas (como un poema), humorísticas y tan llenas de extrañeza que parecen cotidianas: una chica bailando twist a la mitad de un estacionamiento, un tipo estrellándole hongos en la boca a una chica con camisón transparente, un baile de choferes que se salen de sus autos para meterse al auto contiguo. Cada happening se titula con una sola palabra. Cada happening nos recuerda que los complejos andamiajes del arte representan algo tan cercano y sencillo –y lejano y complejo– como la realidad.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Ya no habrá pan</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jul 2013 18:14:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace tiempo, cuando alguien muere, no pasa nada. Muere y se le extraña. Hay una ausencia que tiene consecuencias más bien emocionales pero pocas ausencias de sus haceres, de sus deberes. Somos, desde hace tiempo, más bien sustituíbles. En estas épocas, cuando alguien tiene una habilidad excepcional, cuando alguien sabe preparar alguna receta única [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace tiempo, cuando alguien muere, no pasa nada. Muere y se le extraña. Hay una ausencia que tiene consecuencias más bien emocionales pero pocas ausencias de sus haceres, de sus deberes. Somos, desde hace tiempo, más bien sustituíbles.</p>
<p>En estas épocas, cuando alguien tiene una habilidad excepcional, cuando alguien sabe preparar alguna receta única o cuando es especialista en algo, normalmente monta una empresa o, de menos, un changarro. Vende, vive de eso y eventualmente enseña a alguien más a hacerlo –casi siempre a álguienes más. Deja manuales y termina con una operación y logística, en el peor de los casos, local. Así hemos progresado, enseñando a los demás a hacer lo que sabemos y permitiendo que, en la interacción, los procesos mejoren.</p>
<p>El martes 16 de julio murió alguien con todo y sus haceres: la señora que hacía panes de frijol –y otros panes por los que no será recordada– y que los vendía a través de una ventana en Ocampo. Con ella, murieron sus panes.</p>
<p>Me enteré de la muerte de la señora por el retuit de un amigo –el delegado de la localidad en la que ambos vivimos tuiteó la noticia. Al leerlo, sospeché qué sucedería: ya no habría más pan. Ella cocinaba, atendía y vendía desde la ventana de su casa. Estoy segura que no le dijo a nadie si freía los frijoles con manteca o con aceite, aunque yo creo que lo hacía con manteca, porque a mí me daban una agrura tremenda cada que los comía, o si le echaba más sal o menos azúcar al pan. No creo que le haya revelado a nadie si horneaba el frijol y el pan juntos o separados o si el chorizo que acompañaba al frijol era de la cremería de los hermanos Coronel o de la Comer. En resumen, no creo que nadie más que ella supiera prepararlos. Y se fue con el secreto. Una cartulina naranja, escrita con letras mayúsculas –con las letras A en forma de triángulo– confirmó mi sospecha: YA NO HABRÁ PAN. POR SU COMPRENSION «GRACIAS».</p>
<p>Ya no habrá pan. Ya no haremos la fila fingiendo que todos nos caemos bien. Ya no pagaremos $200 pesos por una cena más bien sobria y provincial. Ya no habrá donde saciar el antojo de panes de frijol (para los que otro amigo había comprado una sangüichera especial).</p>
<p>Yo nací en 1983. Hay pocas cosas que para mí se han ido con quienes se mueren: las Zucaritas de mi infancia saben a lo mismo que las Zucaritas que venden en 2013. Siempre puedo comer los helados que se me antojan (incluso los de La Mariposa dejaron resuelta la permanencia de sus productos), y hasta he logrado rescatar los bísquets que hacía mi abuela, porque ella sí le dejó la receta a mi mamá. Así que este suceso del pan de frijol de Ocampo me produce algo entre la tristeza y la sorprendente alegría. Me gusta saber que comí algo que ya no se puede comer, que guardo un secreto que ya no será revelado, que he sido testigo de la muerte de alguien y de las consecuencias –gastronómicas, en este caso– de su ausencia.</p>
<p>Señora de los panes de frijol, descanse en paz.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Lecturas y traducciones</title>
		<link>http://sadabombon.com/leer-pmn/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Jul 2013 16:11:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Continuamos con la serie «¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores». En esta quinta entrada, Paulina Macías escribe sobre sus lecturas y traducciones. «Cuando traduzco es cuando mejor leo», dice aquí Paulina. &#160; Tengo todos los malos hábitos que constituyen a un mal lector: leo lento, me quedo dormida fácilmente, soy desordenada y ambiciosa y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>Continuamos con la serie «<a href="http://sadabombon.com/?s=¿cómo+leo%3F<br />
"><span style="color: #999999;">¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores</span></a>». En esta quinta entrada, <a href="http://sadabombon.com/traductor/"><span style="color: #999999;">Paulina Macías</span></a> escribe sobre sus lecturas y traducciones. «Cuando traduzco es cuando mejor leo», dice aquí Paulina.</em></span></p>
<p>&nbsp;<br />
Tengo todos los malos hábitos que constituyen a un mal lector: leo lento, me quedo dormida fácilmente, soy desordenada y ambiciosa y prefiero lo corto. También soy terca. Una de las cosas que más me reconforta, en esta recién adquirida adultez, es leer.<br />
&nbsp;<br />
<h3>El acto mecánico</h3>
<p>El acto mecánico de leer, es decir, interpretar una serie de signos y relacionarlos en el cerebro para darles un significado completo, me encanta. Leo lo que sea: letreros, revistas, ingredientes de pastas de dientes, folletos, ensayos, ficciones y recetas. Leo por entretener a mi cerebro y en consecuencia distraer a mi ansiedad. Leo como hago una operación matemática o como hago ejercicio. Si no existiera la literatura, leería de todas maneras.<br />
&nbsp;<br />
<h3>El tema temporal</h3>
<p>Siempre me pongo unos retos literarios infames. Esto me hace dividir mi año lector (sí, leo por años) en dos.</p>
<p>La primera etapa casi siempre comienza por ahí de mayo. Me animo a leer una novela decimonónica, un clásico de la literatura, una cosa en otro idioma o algo tremendamente contemporáneo y me atoro ahí 7 meses, cuando bien me va. Comienzo el proyecto emocionada, luego me ataca el soponcio intelectual, me quedo en el capítulo 7 o 12 o 16 durante 5 meses y luego termino el resto en tres semanas.</p>
<p>En medio de eso, leo ensayos y, de vez, en cuando me doy permiso de un cuentito o algo así.</p>
<p>Todo el tiempo que me quedo leyendo aquella cosa imposible, veo pasar frente a mi tentaciones de todo tipo: cuentitos recién estrenados de escritores vivos, que hablan y dan entrevistas, poemarios, algunos chiquitos, otros más bien robustos, ensayos y cosas de <em>actualidad</em>. Todos se me antojan. El deseo se agrava porque, además, mi chico se los saborea frente a mí, los lee rapidísimo y salta de un libro a otro sin reglas. Lo peor: me los platica.</p>
<p>Cuando al final de los 7, 10 o 12 meses de proyecto ambicioso leo la última página de, digamos, <em>La broma infinita</em>, estoy hambrienta: quiero leer todo lo que no leí por estar comprometida con un solo autor. Entonces, me gasto todos mis ahorros y pierdo la vida social. En un fin de semana leo tres novelas y me sigo con otras 6 en los siguientes dos meses. En eso, se me pone en frente <em>Madame Bovary</em> en francés y comienzo de nuevo el ciclo.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Leer y dormir</h3>
<p>Desde niña, son suficientes un par de cuadras y dos vueltas para que me ponga una mareada como de náufrago. En la escuela, cuando iba de viaje, nadie quería sentarse junto a mí; mi mamá olió a vomitada casi todos los viajes que hicimos entre mis 2 y mis 10 años. Entendí, luego, que la solución era dormirme. Si me dormía no me mareaba. El resultado: si me siento (con movimiento o sin movimiento) más de una hora seguida, me quedo dormida. Esto afecta tremendamente mi forma de leer. Cualquier intento de leer más de una hora se ve frustrado por un soponcio pesadísimo y, luego, por un sueño tan profundo como culpable. Todo esto para decir que cada vez que leo, antes o después, termino dormida.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Leer y traducir</h3>
<p>Creo que el origen de mi gusto por la lectura –en el nivel mecánico y el intelectual– es mi interés por el lenguaje. En los dos niveles se interpreta, se intercambian signos, se da sentido a un pensamiento. Traducir es la cúspide de este ejercicio.</p>
<p>Traduzco, preferentemente poesía porque en lo cotidiano prefiero lo corto, lo pequeño –eso está contenido en mi nombre– y lo hago lentísimo, durante muchas horas: soy compulsiva e intensa. Incluso cuando dejo de hacerlo físicamente sigo pensando en la línea, en la cuenta de sílabas, en encontrar en mi cerebro la palabra que me ayude a respetar el ritmo sin alterar el significado. Me cuesta olvidar y, cuando traduzco, esto no es un problema. Al hacerlo <em>debo</em> buscar adentro de mí referencias y rastros. Traducir –leer– es una actividad que me da bola para justificar mis vicios. También mis virtudes.</p>
<p>La mejor versión de Paulina, creo, es la Paulina lectora. Y la mejor versión de la Paulina lectora es la Paulina traductora. Cuando traduzco es cuando mejor leo y, sobre todo, cuando traduzco es cuando más me parezco a quien soy.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Piedad por el traductor</title>
		<link>http://sadabombon.com/traductor/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 21:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Por ahí de 1941, Vladimir Nabokov empezó a dar clases en Wellesley College. En el intento de enseñar literatura rusa en una universidad gringa, se encontró con una frustración que le ofrecería una obsesión vitalicia: en esas épocas, según él, no había ninguna traducción digna de Eugene Onegin, la novela de Alexander Pushkin, «the first [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por ahí de 1941, Vladimir Nabokov empezó a dar clases en Wellesley College. En el intento de enseñar literatura rusa en una universidad gringa, se encontró con una frustración que le ofrecería una obsesión vitalicia: en esas épocas, según él, no había ninguna traducción digna de <em>Eugene Onegin</em>, la novela de Alexander Pushkin, «the first and fundamentan Russian novel», como afirmaba Nabokov.</p>
<p>En 1964, luego de dedicarle una beca Gugggenheim a la traducción de la novela, de una temporada Cambridge en donde «…I did nothing (from 9A.M. to 2 A.M.) but work on my commentaries to <em>EO</em>», de perder a un amigo y admirador por razones estéticamente irreconciliables, después de veinte años y seis o siete versiones de la traducción, Nabokov publicó su primera versión en inglés de <em>Onegin</em>.</p>
<p>Esta versión estaba compuesta por cuatro volúmenes. Incluía la traducción literal de Nabokov, sus comentarios, dos apéndices, un índice y la reproducción facsimilar de la segunda edición de la novela, publicada por Pushkin de 1837. Parecía una traducción <em>definitiva</em>, pero no para Nabokov, para él la neurosis apenas comenzaba. En 1967 publicó una segunda versión que buscaba ser «even more gloriously and monstrously literal than the first».</p>
<p>En 1975, dos años antes de la muerte de Nabokov, la Universidad de Princeton publicó una última versión. Entre ésta y la primera sucedieron anotaciones, correcciones, artículos y poemas al respecto.</p>
<p>Kubrick era capaz de repetir hasta ciento veintisiete veces la misma toma; Alí Chumacero tuvo, alguna vez, más de ciento cincuenta versiones del mismo poema, y una compositora desconocida, en la versión ciento ochenta y tres de una melodía, considerándola por fin terminada, se suicidó. Las obsesiones vitalicias.</p>
<p>Aquí la versión original y la traducción de un poema que habla de esta obsesión de Nabokov, en donde juega, canta y rima –tal vez como hubiera querido que lo hiciera su traducción de Eugene Onegin– con motivo de sus sinsabores como traductor.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align:left;"><strong>Pity the Elderly Gray Translator</strong></p>
<p style="text-align:left;">Pity the elderly gray translator<br />
Who lends to beauty his hollow voice<br />
And –choosing sometimes a second-rater–<br />
Mimes the song-fellow of his choice.<br />
To sacred sense for the sake of meter<br />
He is seldom traitor as traitors go,<br />
But pity him when he quakes with Peter<br />
And waits for the <em>terza rima</em> to crow.</p>
<p style="text-align:left;">It is not the head of the verse line that&#8217;ll<br />
Cause him trouble, nor is it the spine:<br />
What he really minds is the cursed rattle<br />
That must be found for the tail of the line.<br />
Some words by nature are sort of singlish,<br />
Others have harems of rimes. The word<br />
&#8220;Elephant&#8221;, for example, walks alone in<br />
English<br />
But its Slavic equivalent goes about in a herd.<br />
&#8220;Woman&#8221; is another famous poser<br />
For none can seriously contemplate<br />
an American president or a German composer<br />
In a viable context with that word for mate.<br />
Since rime is a national repercussion<br />
(And local holiday), how bizarre<br />
That &#8220;skies-eyes&#8221; should twin in French and<br />
Russian:<br />
&#8220;Cieux-yieux&#8221;, &#8220;nebesá-glazá&#8221;.</p>
<p style="text-align:left;">Such boons are irrelevant. Sooner or later<br />
The gentle person, the mime sublime,<br />
The incorruptible translator<br />
Is betrayed by lady rime.<br />
And the poem from the Persian<br />
And the sonnet spun in Spain<br />
Perish in the person&#8217;s version,<br />
And the person dies insane.</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong>Piedad por el viejo y gris traductor</strong></p>
<p>Piedad por el viejo y gris traductor<br />
que presta a lo bello su hueco aliento<br />
y –al elegir a un primer perdedor–<br />
imita a la canción amiga, elegida al viento<br />
al sentido sagrado, en favor del metro.<br />
Traiciona, a veces, como buen traidor<br />
pero, piedad, cuando tiembla con Pietro<br />
y busca en la terza rima al cantor.</p>
<p>No está en el principio lo que hace ruido<br />
tampoco se encuentra en su espina:<br />
lo que importa es el maldito sonido<br />
que debe encontrarse donde la línea termina.<br />
Algunas palabras cantan como la ola,<br />
otras son un harén de rimas.<br />
«Elefante» en inglés camina sola<br />
pero en eslavo, va siempre con amigas.<br />
«Mujer» es también famosa disyuntiva<br />
pues nadie considera, sin levantar la ceja,<br />
que un presidente gringo o un músico alemán viva<br />
con esa palabra como pareja.<br />
Como la rima es algo nacional<br />
(y fiesta local), parece guasa<br />
que «cielos-velos» en francés y ruso suenen igual:<br />
«Vieux-yieux!», «nebesá-glazá».</p>
<p>Bendiciones irrelevantes. Pronto<br />
el chico amable, bufón sublime,<br />
el traductor incorrupto, si tonto,<br />
espera a que la dama rima lo time.<br />
Y el poema escrito en persa<br />
y el soneto en español hilado<br />
perecen en versión adversa<br />
y el traductor muere encerrado.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>La mortadela la hacen los ciegos</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 17:16:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace un rato algunos espectaculares y publicaciones ostentan publicidad en verde y rojo de Bafar, una marca de embutidos y carnes frías. La imagen en estas piezas publicitarias es de un niño que vuela o de un niño que, de una patada karateka, hace como que rompe el vidrio que lo cubre. El copy [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace un rato algunos espectaculares y publicaciones ostentan publicidad en verde y rojo de <a href="http://www.grupobafar.com/espanol/productos/bafar/index.html" target="_blank">Bafar</a>, una marca de embutidos y carnes frías.</p>
<p>La imagen en estas piezas publicitarias es de un niño que vuela o de un niño que, de una patada karateka, hace como que rompe el vidrio que lo cubre. El copy principal de la publicidad dice: «¿Pos&#8217; qué comerá?» (sic), y remata con algo que parece una promesa o una justificación: «Tiene más carne».</p>
<p>Todo normal, parece.</p>
<p>Me imagino la junta de quienes pensaron la línea discursiva de este anuncio (los Mad Men contemporáneos): la carne es un alimento saludable. Si un niño come carne, es un niño saludable. Los embutidos Bafar tienen (más) carne. Si mi niño come Bafar, estará (más) fuerte, (más) sano y (más) saludable.</p>
<p>Además del «Pos» (ni a «Pus» llegan), resalta ese «<em>más</em> carne». Como si fuera carne con carne. ¿Y la carne carne, la que <em>es</em> carne y no la que <em>tiene</em> carne?</p>
<p>Según la RAE, un embutido (que creo que es lo que vende Bafar) es una tripa rellena con carne picada, principalmente de cerdo. Repito, está rellena de carne de cerdo. Es decir, es de carne.</p>
<p>Entonces ya no entendí, ¿tiene más carne?, ¿más? ¿Y qué más podría tener?</p>
<p>Como sea, yo me fui al súper para ver si era cierto que las salchichas Bafar tienen más carne. También quería ver qué más tenían, además de carne. Encontré joyitas:</p>
<ol>
<li>El porcentaje de carne en la constitución de una salchicha no se publica en los empaques.</li>
<li>La mayoría de las marcas ni siquiera define bien el origen de la carne que dice tener: ¿carne de ave o carne de bovino? ¡WTF! ¡Yo no quiero comer salchichas de pingüino!</li>
<li>La zona de salchichonería es la más llena del súper, más que la de cervezas, la de cereales y que, obviamente, la de carnes.</li>
</ol>
<p>De ahí que mis compañeros de trabajo, la gruesa clase media, haya tomado las salchichas como un sustituto barato de la carne. La comen como tente en pie, como botana y como plato fuerte: salchichas a la mexicana, salchichas asadas, <em>chow mein</em> de salchichas, salchichas con mole. ¡Wooow!</p>
<p>Aún así, en la visita al súper compré unas salchichitas y me hice un jotdog.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Estar en medio: el sentir del provinciano</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Dec 2010 15:04:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Alguien dijo que los mediocres eran vomitivos, que ser mediano no gustaba y que estar en medio no es de presumir. La clase media es la que mantiene a las grandes economías; los que trabajan, gastan, se endeudan y vuelven a trabajar son los que realmente mantienen a flote este changarro. Son ellos los que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Alguien dijo que los mediocres eran vomitivos, que ser mediano no gustaba y que estar en medio no es de presumir.</p>
<p>La clase media es la que mantiene a las grandes economías; los que trabajan, gastan, se endeudan y vuelven a trabajar son los que realmente mantienen a flote este changarro. Son ellos los que pagan los impuestos sin descuentos, los que no pueden eludir las cuotas bancarias y los que no son ayudados por las asociaciones civiles porque les va «más o menos».</p>
<p>México es un país mediano. No es, definitivamente, el primer mundo. Aquí hay lugares en donde no hay luz y en donde las personas no hablan español. Pero, a pesar de la crisis y de las condiciones adversas, aquí la industria florece, el campo se reestructura y los servicios están a la alza. Los países ricos a veces mandan voluntarios a que nos salven de la miseria, pero no tienen ningún reparo en subir los aranceles o en aumentar las tasas de interés que afectan la Deuda Nacional.</p>
<p>Los mexicanos tenemos derecho a algunas miradas lastimosas: por el narcotráfico, por nuestra política desmedida, por la inestabilidad total; pero estas miradas pocas veces nos sirven de algo: estamos lo suficientemente jodidos como para que nos tengan lástima, pero también somos lo suficientemente medianos como para que estemos pidiendo ayuda externa. La medianía consiste justo en eso: estar mal pero teniendo las herramientas, o por lo menos la imaginación, para estar mejor.</p>
<p>El Bajío está en medio de México, a unas cuantas horas del DF y a cientos de kilómetros del mar. Desde aquí, ir de vacaciones a la playa un fin de semana es imposible. La playa más cercana se encuentra a seis horas en auto, y, si se pretende un mar claro y una arena fina, el avión es absolutamente necesario.</p>
<p>Hay quienes dicen que estar a la mitad no es tan malo, todo depende si se le ve tendiendo hacia arriba o hacia abajo. En todo caso, la medianía es un estado peculiar. Yo, por lo menos, experimento diario el sentimiento de medianía; no sólo es espiritual o metafísico, también es emocional, geográfico, físico (mido 1.5m) y económico.</p>
<p>La clase media tiene algunos privilegios: puede, con algo de trabajo, acceder a casas bonitas y a educaciones privilegiadas. Los clase-medieros mexicanos leemos, conocemos Europa y la mayoría tenemos una licenciatura de una universidad medianamente reconocida, lo cual nos da una perspectiva interesante del mundo y muchos deseos de superarnos.</p>
<p>México está en medio y, por ello, sus exportaciones son bien recibidas, incluyendo su mano de obra. Los turistas europeos y estadounidenses vienen gustosos porque, al convertir sus altísimas monedas en pesos, la pasan muy bien.</p>
<p>Ser mexicano en el extranjero cae bien. Compartimos con los grandes países y con los pequeños, sabemos bailar y, sobre todo, no hemos sometido terriblemente a ninguna nación como para tener mala fama en el exterior. Cuando las personas que revisan los pasaportes en el aeropuerto ven que mi pasaporte es mexicano, tienden a sonreír (espero que no sea por mi foto).</p>
<p>Vivir en el Bajío, la zona media de un país a todas luces mediano, permite conocer y experimentar muchos microclimas, disfrutar temperaturas muy agradables y ver de cerca paisajes impresionantes. Estar en medio me permite llegar al semidesierto en 45 minutos y sentir un poco de frío en montañas que quedan a un par de horas.</p>
<p>Nunca he sentido verdaderamente lo que es estar en algún extremo del espectro (geográfico, económico, social, racial), pero aún así, sin saber muy bien lo que digo y estando conciente de mi absoluta medianía, creo que puedo afirmar que estar en medio no está del todo mal. ¿O sí?<br />
&nbsp;</p>
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