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	<title>Sada y el bombón &#187; Medios y entretenimiento</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>El coleccionismo, sobre los objetos-tótem y el inventario personal</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 13:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 24]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Formamos colecciones. Algunas son tangibles (postales, muñequitos de porcelana), otras no (viajes, experiencias). A veces lo hacemos a propósito, otras veces el proceso es más espontáneo: comprarse un reloj, luego otro y otro. Hay algo en la acción de conservar algo, de juntar un cúmulo de objetos que nos mantiene husmeando en el mercado de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Formamos colecciones. Algunas son tangibles (postales, muñequitos de porcelana), otras no (viajes, experiencias). A veces lo hacemos a propósito, otras veces el proceso es más espontáneo: comprarse un reloj, luego otro y otro. Hay algo en la acción de conservar algo, de juntar un cúmulo de objetos que nos mantiene husmeando en el mercado de pulgas, pujando en Ebay y convirtiendo casas en museos. La plasticidad de los objetos que trasciende en un plano más abstracto. </p>
<p>¿Por qué coleccionamos? ¿De dónde nace la urgencia por adherirle emociones a un plato o una llave del siglo XX? A continuación exploramos la idea del coleccionismo y la tenencia de objetos en nuestras vidas. Desde la pomposa figura del millonario en Zona Maco hasta los boletos del cine o la biblioteca personal. </p>
<p>Coleccionar es acumular objetos similares, todo un entretenimiento de formas, texturas y acabados. Pero el placer no está en la admiración del plástico o los materiales, sino en la experiencia de poseer algo, de saberse coleccionista, poseedor de todos esos objetos. </p>
<p>A partir de 1600, en los Países Bajos se comienza a poner de moda el armario de curiosidades, un sofisticado antecedente del coleccionismo: un mueblote construido por maestros ebanistas con múltiples puertas que resguardaban cajones de distintos tamaños, depósitos y dobles fondos donde se almacenaban objetos de otros países, joyas, manuscritos, animales disecados, monedas, papeles, antigüedades y otras tantas piezas portadoras de significado. </p>
<p>Luego vino la llustración y estas barrocas colecciones privadas mutaron en el museo público. Aunque los primeros museos se construyeron durante los antiguos imperios mediterráneos, no fue hasta el siglo XIX que el colonialismo propagó por toda Europa la creación de grandes colecciones, siguiendo el modelo que Dominique Vivant impuso como primer director en el Museo de la República (más tarde el Louvre): un contenedor de botines de guerra, expediciones arqueológicas en el Nuevo Mundo y compra-venta de bienes privados que convirtieron al armario de curiosidades en una sala de exposición al alcance de toda la sociedad; el coleccionismo como institución.</p>
<p>Pero, ¿por qué coleccionamos objetos?, ¿para sentirnos dueños de algo?, ¿para llenar un vacío? Tal vez es eso, cosificar los huecos, rellenarlos. El placer de la conquista y la sensualidad de la posesión que se convierte en la suma de cuerpos, en un símbolo. Decía Walter Benjamin que, para el coleccionista, «el objeto poseído es la relación más íntima que se puede tener con las cosas». No es lo mismo una piedra cualquiera, abandonada en el camino, que la misma piedra colocada en una estantería y acompañada de una nota: «Oporto, 1985, hacía frío». La primera es una piedra, la segunda son los aires de Oporto, el viaje trasatlántico a Portugal, el paseo y las sensaciones marítimas; el principio de una novela.</p>
<p>Casi siempre comenzamos una colección por pura casualidad: a veces por mero sentimiento —«¡Mira, yo tenía uno igual cuando era niño!»— o por el <em>souvenir</em> exótico de algún viaje. Otras veces, la colección comienza por el irresistible impulso de comprar algo que se considera bello o interesante, luego aparece un segundo similar que causa el mismo efecto que el primero. En ese momento nace el impulso del coleccionista, motivado por otros factores como la antigüedad de la pieza, su procedencia, el tamaño, sus dueños anteriores, los materiales de elaboración, el autor y otras tantas cualidades reales o imaginarias. </p>
<p>Coleccionamos según nuestros gustos y posibilidades. Algunos caen en el cliché: timbres, imanes, monedas, tazas, muñecas, carritos de carrera. Otros se van por la hazaña de la compilación musical, literaria o audiovisual. También están los que coleccionan objetos de valor: pinturas, automóviles antiguos y, tirándole a lo más extravagante: un billonario en posesión de la mayor cantidad de huevos de Fabergé (porque sí existe). Diferentes objetos, mismo fin: recopilar en un solo tiempo y espacio cachitos de memoria —ya sea histórica o personal. </p>
<p>En su versión más contemporánea, las emociones del coleccionismo se traducen en los objetos de deseo. Por ejemplo, <em>el art toy</em> de edición limitada, firmado por el diseñador, seriado (05/30), jamás abierto para incrementar su valor. Toda una industria dedicada a crear cosas que solo están ahí decorando. Y sin embargo desprenden emociones. En esta era del consumismo y la industria de los artículos de deseo, todos somos coleccionistas, poseedores de objetos-tótem. «Lo quiero».</p>
<p>Pero más allá del deseo —o incluso de la autoridad curatorial que reside en la elección y el rechazo de nuevos ejemplares—, el coleccionismo aspira más hacia nuestros ¿delirios? de inmortalidad. Nuestra fugacidad temporal contra la estabilidad de una obra. La transitoriedad carnal versus la permanencia de los objetos. Reunir «chucherías» —Hot Wheels o esculturas de arte contemporáneo— para engañar al tiempo y el olvido. Tal vez a eso se reduce el placer del coleccionista: contraatacar la angustia de nuestra mortalidad con la materialidad del armario de curiosidades. Trascender. </p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>El coleccionista profesional</h3>
<p>De todos los tipos de colecciones, la que más sobresale es la artística —y más si es privada. A simple vista: un círculo ostentoso regido por frases como «¡Este Picasso es impresionante!» o «Todas las piezas se venden en libras». En una segunda lectura: inversiones estratosféricas en la cultura y el patrimonio de la humanidad (a veces superiores al gasto gubernamental).<br />
Gran parte de los hallazgos arqueológicos del pasado fueron gracias al espíritu aventurero de algunos millonarios —y la Iglesia. Lo mismo sucede ahora: las nuevas expresiones artísticas impulsadas por mecenas contemporáneos en una época donde las piezas de arte también son ingresos e inversiones. Lucrar con la tenencia: comprar un Miró para venderlo en el futuro a un precio triplicado (o más). </p>
<p>Partamos brevemente de una idea: el coleccionista profesional dedica su vida a los objetos, tal como el inversionista en bienes raíces lo hace con los departamentos, casas y terrenos. La colección profesional como una sala de exhibición permanente. Algunos recopilan bocetos inéditos de Andy Warhol, otros pinturas neoclásicas. Lo importante aquí es el mercado que se genera. Ya no solo se hacen colecciones para trascender sino para generar activos, mover dinero, ganar capital. Nada mal: el arte se mueve, los artistas generan ingresos, los museos multiplican sus acervos. Podríamos aventurarnos a decir que el coleccionista profesional es el inversionista menos comprendido, pero uno de los más importantes en un mundo donde nadie apuesta al gasto cultural y la preservación patrimonial (porque las colecciones requieren mantenimiento y procesos de restauración). Algunas son hasta importantes cápsulas del tiempo donde cada dueño atesora cuidadosamente las obras, los artistas y hasta las épocas que adquiere. </p>
<p>Más o menos las etapas de un coleccionista profesional se dividen en la búsqueda, el hallazgo, la recopilación y compra-venta. El coleccionista acude con regularidad a los lugares más inusuales: barrios sospechosos, locales donde venden cosas usadas, mercadillos, ferias y comercios especializados, anticuarios, la herencia material de la abuela, casas de subasta y empeño, sitios web y hasta colecciones ajenas. Luego está el hallazgo, el enamoramiento visual que antecede la revisión exhaustiva (verificar la autenticidad), el regateo, la puja y, finalmente, la adquisición de la obra. Mantenerla intacta para proseguir con la siguiente búsqueda y reiniciar el ciclo. Todo un extenuante proceso para saciar la posesión de objetos, el deseo. </p>
<p>Hace poco prendimos la tele y nos topamos con un comercial que buscaba opacar al coleccionista profesional: mejor usa tu dinero en un fondo de inversión. Lo que en Roma solía ser prestigio, ahora es un pasatiempo poco entendido, casi efímero. Al contrario: esas pocas personas que buscan constantemente aumentar su colección de piezas son, más que fetichistas de objetos, el eslabón comercial de la cultura y las artes, sus más acérrimos promotores. Ya sea a grande o pequeña escala, convertirse en un coleccionista profesional es recopilar y proteger nuestro patrimonio tangible. La colección que supera sus significados personales hacia un panorama más histórico y de relevancia pública. </p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>El no coleccionismo</h3>
<p>Hay quienes coleccionamos sin saber que estamos coleccionando. Compramos pares de zapatos, agregamos sellos aduanales en el pasaporte, acumulamos fiestas de cumpleaños sin buscar la posesión en serie. Son esas colecciones improvisadas —amores fallidos, cicatrices en la piel, fotografías de Instagram— las que construyen nuestra memoria, la extienden en otros planos fuera del cerebro. En algunos casos la cosifican. </p>
<p>Cada objeto, persona y experiencia es un pedazo de nosotros como colección, el resultado de las recopilaciones que jamás planeamos. Somos las credenciales olvidadas en el cajón, los boletos del metro, las cartas recibidas, los regalos que se multiplican en la habitación, las personas que agregamos a nuestro interior. </p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>El próximo objeto</h3>
<p>El coleccionismo establece siempre un paso hacia adelante, una ruta emocional: el objeto más importante de toda la colección es el próximo, el que no se posee todavía. La ansiedad del siguiente ejemplar que comparten por igual el coleccionista profesional o el propietario de tazas y llaveros. </p>
<p>Todo acto de coleccionismo se motoriza por la pieza futura, el pendiente constante; los proyectos interminables que crecen sus metas una tras otra. En el coleccionista está siempre una amenaza latente: toda colección advierte su final. Quizás por eso las colecciones son casi siempre inacabadas, postergadas. ¿Qué caso tiene completar algo? La pasión del coleccionista está en la siguiente pintura por comprar, en el figurín pendiente que hace tanta falta. Coleccionar es combatir el finito.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>La radio, breve muestrario del AM y FM en provincia</title>
		<link>http://sadabombon.com/la-radio-en-provincia/</link>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando empezamos a escribir este artículo nos cayó una certeza de sopetón: hace mucho dejamos de escuchar la radio. Ahora la oímos como se oye la música de fondo en un restaurante, como un ruidito que lo único que hace es entrar y salir por nuestra cabeza. Alguien nos dijo que la verdadera radio se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando empezamos a escribir este artículo nos cayó una certeza de sopetón: hace mucho dejamos de escuchar la radio. Ahora la oímos como se oye la música de fondo en un restaurante, como un ruidito que lo único que hace es entrar y salir por nuestra cabeza.</p>
<p>Alguien nos dijo que la verdadera radio se mudó hace no mucho de las antenas transmisoras al <em>podcast</em> y el internet. Pero si las frecuencias fueron sustituidas por el Soundcloud, ¿qué es eso que nos acompaña todos los días en el automóvil?, ¿el esqueleto de un medio ausente de contenidos?, ¿un formato que ya no cimbra? Acá en provincia manejamos por Bernardo Quintana sin encontrar un programa local que no parezca catálogo de anuncios —los ingresos e intereses que se comen al medio. </p>
<p>Con un panorama semiapocalíptico, hemos decidido hablar de la radio que nos queda, el soundtrack de nuestra urbanidad.<br />
&nbsp;<br />
<h3>De Córdoba a la carretera: breve historia de la radio</h3>
<p>Agosto de 1921. Córdoba, Veracruz. El presidente Álvaro Obregón visita el estado para celebrar el centenario de la firma de los Tratados de Córdoba (la oficialización de la lucha independentista). Entre carros alegóricos, montañas y espectáculos de aviación, la primera transmisión radiofónica se estrena en el país. Ese mismo año, el DF y Monterrey comienzan a experimentar con la amplitud modulada (AM): pequeños realizadores independientes debutando en programas de una o dos horas con canciones y locuciones emitidas desde cabinas caseras (literalmente armadas en la comodidad del hogar). El radiotransmisor como tecnología metálica y futurista: ondas y vibraciones convertidas en palabras y melodías.</p>
<p>Las primeras emisiones de radio fueron los <em>podcasts</em> del siglo XX: iniciativas privadas sin límites de contenido, prendidas por el puro gusto de comunicar y presenciar el viaje de electrones. Luego aparecieron más emisoras, los radioescuchas se multiplicaron y las autoridades llegaron a poner orden en los changarritos sonoros; mientras las estaciones luchaban por convertirse en negocios rentables. Lo malo: en la intrépida búsqueda de nuevos públicos, alguien tuvo la idea de abusar del negocio con la propaganda política y el exceso de espectáculo. </p>
<p>No fue hasta mediados de los sesenta que el sonido monoaural perdió presencia mientras el de frecuencia modulada (FM) se popularizaba bajo la promesa de mejores tecnologías y sonidos de alta fidelidad. Con todo y el avance de otros medios masivos de comunicación (televisión, periódicos y revistas), la radio moderna se había quedado con la mayor audiencia mexicana: desde las costas norteñas de Baja California hasta los pueblos perdidos en la selva chiapaneca. </p>
<p>Pero algo sucedió en las siguientes décadas, el consumismo llegó para arrasar con los espacios publicitarios, los directivos se perdieron en alianzas y favores, el internet adquirió más fuerza y pronto divisamos tres claros ejemplos de programas: los espacios informativos, el top 10 de éxitos en tu idioma y el incallable <em>chit chat</em>. </p>
<p>Exceptuando los programas de denuncia periodística, los locutores confundieron un poco su responsabilidad social. Pararse frente al micrófono y dirigirse a millones de radioescuchas es —inevitablemente— un fomento a la calidad de pensamiento, un derroche de opinión que moldea el discurso interno del oyente. ¿Qué podrá dejarnos un programa donde Adela Micha dedica media hora a hablar de sus futuras vacaciones? ¿Qué hacer con alguien que define al último avión accidentado como algo tristísimo y pasa rápidamente a la boda de Kim Kardashian? El problema es la disonancia: desvalorizar los temas —serios o casuales— como si fuera murmullo barato de Starbucks.</p>
<p>Pero no todo está perdido. El año pasado escuchamos en la oscuridad de la carretera un especial con los grandes éxitos de Café Tacvba. Entre canción y canción, el locutor dedicaba un espacio para hablar del trasfondo musical y, sobre todo, el contexto social y cultural en el que fue estrenado cada sencillo. A lo largo de dos horas, recorrimos la historia moderna de México a través de la evolución del grupo. La locución (narración) acompañaba los acordes de los satelucos para transportarnos a los noventas, el sexenio de Zedillo, la llegada del siglo XXI y el disco compacto. Un ensayo sonoro brillante, imposible de reproducir en otro medio. </p>
<p>Ahí, entre kilómetros recorridos y el <em>paparapapaeueo</em>, descubrimos la gracia (y prevalencia) del radiotransmisor.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Muestrario radiofónico —los tipos de radio en provincia</h3>
<p><span style="color: #ff0000;">La Grandes Éxitos.</span> Musical, populachera y normalmente oída (jamás escuchada) en el tráfico citadino o el estéreo de cocina. Es la gran maravilla de la FM: radiofrecuencias con alta fidelidad para inspirarse a todo volumen con lo último de Camila o los éxitos atemporales de Luis Miguel. Se rige por la novedad y la nostalgia (y los anunciantes): lo mismo está la nieta <em>twerkeando</em> con Hanna Montana o la abuela murmurando un danzón. Su belleza (y deformidad) es la democracia sonora: música para todos. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La botuda.</span> Como la musical pero con mucho, mucho Espinosa Paz. Frecuentemente sintonizada en radios portátiles y poderosas trocas. Es la madre de grandes joyas radiofónicas como el eco pronunciado de «laaaaaaa zeetaaaa» o los locutores tarareando sobre la pista musical. Lo que más agradecemos es su relación en vivo con el radioescucha: las llamadas, bromas y dedicatorias; ese cotorreo al aire, donde casi percibimos el destape de Tecates. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La informativa.</span> Partidaria del medio como fuente informativa (y a veces como espectáculo). Periodística, intrépida e indagadora; a favor de la actualidad y los radioescuchas al tanto de todo. A veces divaga con la jerarquización de las noticias: el nuevo bache de la ciudad, el último escándalo político, el tradicional embotellamiento de Zaragoza, la preocupante desaparición de personas. Terror latente: un locutor con exceso de credibilidad que decida qué comunicar y qué no. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La politiquilla.</span> Rastrera y ventajosa, por momentos confundida con la radio informativa. Se alimenta de comunicados de prensa y sospechosas donaciones. Su gran don es convertir en noticia los desayunos gubernamentales, el último evento oficial o las cifras de inversión y desarrollo. Heredera de la radio como propaganda política y estancada en los noventas —con todo y sillas de dependencia pública. Grillera si la administración en turno lo permite.  </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La chismosa.</span> Parlanchina, como si la hubieran grabado en un café con las amiguis. En teoría: programas ociosos para radioescuchas ociosos. En la práctica: cuatro personas en modo figura pública, opinando sobre el conflicto israelí-palestino campechaneado con el último hit de Beyoncé y carcajeándose (cloqueándose) la mitad del programa. Sobrevive por su formato de chisme: la sensación de estar oyendo una plática que no deberías, algo casi privado. Es la versión auditiva del Facebook o las revistas de sociales: irrelevante pero necesaria, argüendera hasta donde llegue la señal y defensora del «todos pueden opinar». Híjoles. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La cultural.</span> Nocturna y distorsionada, por momentos parece estar en sonido monoaural. Es la radio como difusor cultural: entrevistas con artistas desconocidos seguida de tres horas de huapango, soliloquios y declamaciones. Su labor es titánica: llevar el arte y la cultura hasta rincones insospechados de nuestro territorio. Lo malo: a ratos reniega de la radio comercial y termina con programas complicadísimos de señores que leen a Tolstói como si fuera canción de cuna (!).</p>
<p><span style="color: #ff0000;">La ciudadana.</span> Aguerrida representante de la radio como conductor social y comunitario, sin cuotas de pago por mención o <em>jingles</em> improvisados. El extremo opuesto de la radio politiquilla: pequeñas estaciones —a veces montadas con lo mínimo— donde lo importante es transmitir identidad y pertenencia a través de las antenas. Algunas alfabetizan y sirven de foro para los ciudadanos, otras se exceden en lo local y le inventan a Doña Lulú un programa radiofónico de cocina gourmet. Plop.  </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La AM.</span> Misteriosamente nostálgica. La radio AM son las sobras del sonido que solía dictar la vida social y política de nuestros abuelos. Ahora es un limbo de frecuencias con curiosidades como las transmisiones de partidos de futbol, programas acerca del béisbol, La Mano Peluda, canciones de 1950, los chistes de Trespatines y, de vez en cuando, el transmisor de un bebo dormilón. Toda una aventura sintonizarla.<br />
&nbsp;<br />
<h3>La radio como eco</h3>
<p>Con una fauna sonora donde pululan las estaciones-franquicia y los programas con patrocinios excesivos, nuestra radio provinciana parece el refrito de las estaciones capitalinas, puro reciclaje de contenidos. Aún así, la prendemos —porque algo tendremos que oír —, subimos el volumen y paramos la oreja cerca de la bocina. </p>
<p>Tal vez la radio se construye en la chusca carcajada, el tarareo dominical. Locutor y radioescucha rebotando ideas, ambos volteando la mirada a la ventana, con las antenas hacia el cielo nublado, perdidos en el flujo unilateral, descifrando quiénes somos y a qué sonamos; cada uno en su monólogo inaudible. La radio, eco de nuestra urbanidad.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>«Rincones para la ficción» –un panorama del teatro contemporáneo en Querétaro escrito por el dramaturgo Imanol Martínez</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 13:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Imanol Martínez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Al conocido adagio sobre la silla y un hombre que pasa frente a ella como requerimientos mínimos para que haya teatro, esta ciudad parece haber sumado un par de hileras más y unas cuantas lámparas para hacer de casi cualquier rincón un sitio para la representación dramática. Con casi treinta espacios –entre públicos y privados– [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al conocido adagio sobre la silla y un hombre que pasa frente a ella como requerimientos mínimos para que haya teatro, esta ciudad parece haber sumado un par de hileras más y unas cuantas lámparas para hacer de casi cualquier rincón un sitio para la representación dramática. Con casi treinta espacios –entre públicos y privados– en el centro de la ciudad, Querétaro se sitúa entre las ciudades que, en relación al número de habitantes, más propuestas teatrales tiene en el país. Basta con recorrer unas cuantas calles o echar un vistazo a la cartelera para darse cuenta de ello. Hay, para decirlo pronto, un público para todo: para el teatro precario y para aquel que bordea los límites de algo más parecido al espectáculo que a la dramaturgia misma.</p>
<p>Llegado el momento, uno descubre que no hace falta perder el tiempo en una batalla que se libra entre una butaquería de fantasmas y la solicitud a un extraño para que deje de hacer lo que sea que esté haciendo y venga a escuchar una historia que, de otro modo, apenas y se compartiría. Algo verdaderamente malo debió haber pasado para que decidiéramos un día dedicarnos a este oficio en vez de ser carniceros o médicos. Como dramaturgos, un día descubrimos que abandonar la batalla significa trabajar en lo que trabajaríamos si trabajáramos (como dice Vila-Matas que dice Duras sobre la escritura). No vale la pena pelear por un público con un gusto determinado, sino ocuparnos de otro –el nuestro– con criterios propios; esperando que un día, contra todo pronóstico, los primeros den un salto que consideramos cualitativo y descubran que el teatro, además de entretenimiento, puede ser el umbral para que la ficción nos revele cosas de nosotros mismos.</p>
<p>Querétaro es escenario de un buen número de festivales para las artes escénicas; entre ellos, uno que ha contribuido de manera decisiva para poner a esta ciudad en el mapa del teatro mexicano: el Festival Nacional de la Joven Dramaturgia, el mayor escaparate para autores noveles en el país. La ciudad cuenta, además, con prestigiosos premios literarios convocados por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, como el Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia. Esta cercanía con el teatro ha contribuido a que los creadores de la ciudad, además de participar en una labor constante, estén cerca de las nuevas letras que para la escena se escriben en todo el país. Detrás de la creación del festival y de la consolidación del premio, está un nombre, el de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), quien nos enseñó a escribir al tiempo en que buscaba nuevas formas y estructuras en una dramaturgia poblada por personajes que intentan verbalizar un mundo que no entienden.<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>
No se puede decir que Querétaro sea cuna de dramaturgos porque Querétaro, ciudad de paso por antonomasia, distribuidor vial del centro del país, no puede ser cuna de nada. De los nombres importantes para la dramaturgia nacional que se ostentan queretanos, raros se puede decir que hayamos nacido ahí. Pero Querétaro es, sin duda, un buen lugar para hacer teatro y para escribirlo. </p>
<p>~LEGOM en la revista <a href="http://teatromexicano.com.mx/" target="_blank">teatromexicano.com.mx</a></p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como él, otros directores, autores y teóricos que hicieron de éste su sitio, nos pusieron contra las cuerdas de la comodidad al tiempo en que se ocupaban del perfeccionamiento de su trabajo. Gracias a ellos, hoy esta ciudad puede presumir de una buena salud –catártica– en la constante cantidad y fluctuante calidad de teatro. No amanecimos un día y encontramos a una tropa ejerciendo el reducto de comunidad que es el teatro como mecanismo contra la barbarie. Para que hoy encontráramos una generosa cartelera hizo falta que algunos vinieran a este cruce de caminos y nos señalaran con el dedo todo un cielo estrellado. Fue entonces cuando dejamos de apuntar nuestros telescopios contra otros lentes buscando no sé qué en su reflejo.</p>
<p>En esta ciudad hay, por ejemplo, en la nada despreciable colección del Fondo Editorial de Querétaro, un buen número de obras que ya son parte indispensable para conocer el panorama mexicano actual; obras firmadas por Edgar Chías, Enrique Olmos de Ita o el propio LEGOM.</p>
<p>El otro gran premio nacional de dramaturgia tiene por nombre el de otro queretano: Gerardo Mancebo del Castillo, a quien la perra vida le arrancó los pies del escenario y del mundo demasiado pronto. Gerardo fue autor de obras como <em>Las tremendas aventuras de la capitana Gazpacho</em>, <em>Rebelión</em> y Mamá Gorka, piezas que aún siguen esperando formar parte de una Obra reunida que se ha quedado a medio camino en su edición.<br />
&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/teatro2.jpg" alt="" width="640" height="427" class="aligncenter size-full wp-image-5622" /></p>
<address align="center"><em><span style="color: #B3B3B3;">Fotografía © Elena Baca.</span></em></address>
<p>&nbsp;<br />
En casi cualquier sitio hay teatro, sólo basta señalar en el mapa con círculos rojos aquellos lugares donde podemos encontrar propuestas que se componen de algo más que de trazos y luces. El primer círculo sin duda sería el antiguo convento de Capuchinas: el Museo de la Ciudad, que puede presumir de una calidad constante en las propuestas que alberga. Este museo es el sitio habitual de Uriel Bravo y Leonardo Kosta, directores que han contribuido a situar a Querétaro en el mapa. Ahí también, cada tanto, Omar Alain Rodrigo deja de lado la programación de su adorado dramaturgo sueco –Strindberg– y lleva a escena obras de autores contemporáneos como el mexicano Luis Santillán o el argentino Daniel Veronese. El Museo de la Ciudad es también el sitio que recibe constantemente, en su foro de usos múltiples, presentaciones de grupos del resto de país con un calendario apretado; y que, al mismo tiempo, permite presentarse a diversas compañías que han optado por escribir sus propios textos, firmados por una o más personas, como el caso de Imaginartes, Barón o El Centauro Mecánico, entre otras compañías.</p>
<p>El resto de círculos en nuestro mapa podrían situarse en espacios como el Cineteatro Rosalío Solano, donde uno puede decidirse por ocupar la medianoche en conocer el trabajo de un experimentado director como es Agustín Meza; o en la Casa de la Cultura Ignacio Mena Rosales que, situada en pleno 5 de Mayo, abre sus puertas para los más noveles creadores de la ciudad; o bien apostar por la oferta que alberga una nave industrial convertida en centro cultural como La Fábrica, ubicada en la colonia Álamos, donde Alonso Barrera suele ofrecer, además de su programación habitual, trabajos duros e inteligentes que refrescan a la escena queretana (yo, por ejemplo, sigo sintiendo un escalofrío por la memorable <em>Iluminaciones [0]</em> de Hugo Alfredo Hinojosa que hace años dirigió el joven director queretano). Así mismo, los foros de la Facultad de Bellas Artes, en el Centro Universitario o en el centro de la ciudad, permiten conocer la labor de los creadores emergentes que, con la prisa por hacerse de un nombre, ofrecen de manera constante un panorama de propuestas que de otro modo difícilmente llegarían a presentarse.</p>
<p>Si uno levanta la cabeza, hallará su mapa rayoneado con círculos rojos por aquí y por allá. De esos treinta espacios presumibles, uno puede dibujar unos cuantos círculos entorno a rincones, a espacios para la ficción. Puede entonces uno pensar que el panorama es inmejorable, que el teatro es una más de las disciplinas consolidadas en la región. Pero no seamos ingenuos: aún no aprendemos a ponerle nombre a las estrellas. La consolidación viene con el trabajo, y ése está, pero aún falta mucho para poder tomarnos en serio sin pasar por ridículos cuando en el futuro recuerden que quisimos balbucear nuestro nombre entre un griterío.</p>
<p>Hace falta hallar el camino entre esos círculos que como islas dispusimos en el mapa: hace falta, por ejemplo, que los creadores en formación se ocupen de cubrir lo que las aulas universitarias ni siquiera consideran, que los profesionales acudan a conocer lo que sus contemporáneos hacen a unas cuadras de su espacio, que los directores dirijan actores y no transeúntes, que los actores se ocupen de pensar su trabajo sin que eso signifique renunciar a la entraña, que comience a haber una verdadera crítica y no un rastro de rencillas personales; como también hace falta aprender que escribir para el teatro no significa solamente estar al borde del escenario acomodando palabras, y que dirigir no es una cosa vertical que puede hacer cualquiera. Sólo así, puede entonces uno colgar un letrero de obra en construcción sin pensar que los caminos se trazan solos.</p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>XII Festival de la Joven Dramaturgia</h3>
<p>En Querétaro, desde el 2003, el Festival de la Joven Dramaturgia presenta en escena una muestra representativa del teatro contemporáneo mexicano. Es un espacio que ha permitido la aparición y consolidación de las últimas generaciones de dramaturgos en este país.</p>
<p>Del 15 al 20 de julio<br />
Museo de la Ciudad<br />
Santiago de Querétaro<br />
Facebook: <a href="https://www.facebook.com/pages/Festival-de-la-Joven-Dramaturgia/505309852851301?fref=ts" target="_blank">Festival de la Joven Dramaturgia</a><br />
&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Imanol Martínez nació en Querétaro en 1991. Estudió Filosofía en la UAQ y ha escrito las obras teatrales</em> Siete, Quemar las naves, Poner en pie, Nocaut y Vis a vis.</address>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>No vas a despegar tus ojos de este texto</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Apr 2014 15:16:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julieta Díaz Barrón]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Web]]></category>

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		<description><![CDATA[Con el internet vinieron los medios electrónicos. Con los medios electrónicos, la libertad individual de exposición a dichos medios. Con esa libertad, la competencia especializada por la audiencia. Con la competencia feroz, los títulos atrayentes. Con los títulos atrayentes, el sensacionalismo. ¿Y luego?, ¿el ridículo? ¿Cómo dirigir los clicks para que lean tu texto? Aquí [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con el internet vinieron los medios electrónicos. Con los medios electrónicos, la libertad individual de exposición a dichos medios. Con esa libertad, la competencia especializada por la audiencia. Con la competencia feroz, los títulos atrayentes. Con los títulos atrayentes, el sensacionalismo. ¿Y luego?, ¿el ridículo?</p>
<p>¿Cómo dirigir los clicks para que lean tu texto?</p>
<p>Aquí el viejo y ahora ya clásico Alarma, así como muchos medios tradicionales, nos lleva muchas décadas de experiencia: «<a href="http://alarma.mx/nota/general/2754-Se_lo_llevo_el_tren" target="_blank"><em>¡Se lo llevó el tren!</em></a>», es muestra de esas perlas inolvidables que rondan la memoria del inconsciente colectivo mexicano construido a base de frases que suenan a exclamaciones proferidas por una señora indignada gritando en una esquina. Nunca fallan.</p>
<p>El amarillismo en los encabezados vende cual Kim Kardashian en portada. <em>If it bleeds, it leads</em>, dicen que se dice. En otras palabras: de lo que hablo aquí es negocio viejo, pero vendido en el internet ha alcanzado niveles harto risibles.</p>
<p>Hay <a href="http://www.upworthy.com/" target="_blank">sitios como el Upworthy</a> que han hecho casi una ciencia de titular o encabezar contenidos, de tal manera que dirigen millones de visitas a su sitio simplemente por la elección de palabras precisas con la única consigna de llamar la atención.</p>
<p>Olvídense de que el titulaje corresponda a la importancia o incluso a la lectura factual de los tópicos; eso es lo de menos. Lo de hoy es lograr que tu audiencia haga click: que entren es la consigna. Porque a mayor número de <em>hits</em>, mayor tráfico, mayores ventas, mayores tarifas y así sigue la cadenita.</p>
<p>Y para muestra pongo botones de medios estadounidenses. Disculparán el pochismo, pero son los mejores en este negocio del titulaje. Si se animan a leer los textos, me avisan.</p>
<ol>
<li><a href="http://www.huffingtonpost.com/2014/04/01/new-relationship-advice-happy-relationships_n_5044376.html" target="_blank">The Five Best NEW Pieces of Relationship Advice We’ve Heard</a>.</li>
<li><a href="http://www.slate.com/articles/business/moneybox/2014/03/college_rankings_by_income_should_we_rank_schools_based_on_graduates_earnings.html" target="_blank">Should We Rank Colleges Based on Their Graduates’ Earnings? (You’ll Never Guess Which School is No. 1)</a>.</li>
<li><a href="http://www.salon.com/2014/03/31/im_one_of_the_worst_teachers_in_my_state/" target="_blank">I’m One of the Worst Teachers in my State</a>.</li>
<li><a href="http://www.thedailybeast.com/articles/2014/04/01/anti-anxiety-and-sleeping-pills-increase-risk-of-death-new-study-reports.html" target="_blank">Anti-Anxiety Meds are Killing You</a>.</li>
<li><a href="http://thevane.gawker.com/this-temperature-map-of-the-united-states-is-mesmerizin-1555495394/@sarah-hedgecock" target="_blank">This Temperature Map of the United States is Mesmerizing</a>.</li>
<li><a href="http://jezebel.com/omfg-giant-rats-are-taking-over-the-planet-1555427726" target="_blank">OMFG: Giant Rats Are Taking Over the Planet</a>.</li>
<li><a href="http://www.vanityfair.com/vf-hollywood/actress-judy-greer-oscars-experience" target="_blank">An Oscar Night from Hell</a>.</li>
<li><a href="http://www.upworthy.com/sometimes-people-on-the-internet-are-awful-luckily-this-is-not-one-those-times?c=hpstream" target="_blank">Sometimes, People on the Internet are Awful. Luckily, this is not one of those Times</a>.</li>
<li><a href="http://www.buzzfeed.com/spenceralthouse/this-may-be-the-most-diabolical-april-fools-day-prank-ever" target="_blank">This May Be the Most Diabolical April’s Fool Day Prank Ever</a>.</li>
<li><a href="http://hotpenguin.net/youll-never-look-night-sky-way/" target="_blank">You’ll Never Look at the Sky in the Same Way</a>.</li>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Librerías –espacios que comercializan memoria e imaginación</title>
		<link>http://sadabombon.com/librerias/</link>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2014 19:31:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 21]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[La única profesión que podría quizá parecerse a la del librero es la del agente de viajes. El oficio del librero exige tener un catálogo de viajes tan heterogéneo como cambiante. Aunque se especialice, digamos, en ciertos temas, autores, movimientos, el librero es el primero que sabe que cada libro es un mundo autónomo y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La única profesión que podría quizá parecerse a la del librero es la del agente de viajes. El oficio del librero exige tener un catálogo de viajes tan heterogéneo como cambiante. Aunque se especialice, digamos, en ciertos temas, autores, movimientos, el librero es el primero que sabe que cada libro es un mundo autónomo y que las diferencias entre uno y otro son inconmensurables.</p>
<p>De esta forma, toda librería se construye a partir de tres valores fundamentales: el libro –algo ya no tan obvio–, la multiplicidad y el movimiento. En otras palabras, la personalidad o identidad de una librería se construye a partir de la cantidad, diversidad y rapidez de los viajes que el librero realice. ¿A dónde fue?, ¿qué libros consiguió?, ¿qué recuerdos desenterró?, ¿cómo arma el catálogo que nosotros –los lectores– tenemos que ir desarmando?, ¿con qué libros reemplaza las piezas del rompecabezas que nosotros nos llevamos? En las múltiples y cambiantes respuestas a estas preguntas está la personalidad de cada librería.<br />
&nbsp;<br />
<h3>La librería vs. La biblioteca</h3>
<p>La diferencia principal entre una librería y una biblioteca es el mercado, es decir, el comercio de libros. Una biblioteca conforma un catálogo; una librería se deshace de él para conformar otro que terminará deshecho para formar otro que… El catálogo de libros de una biblioteca, así sea pública o privada, se transforma de manera lenta porque una biblioteca es, a fin de cuentas, un monumento: algo tan pesado y tardo como la Historia misma. Caso contrario, la librería es ágil, ligera: lo que quiere es no tener libros para tener estantes vacíos que rellenar. Podríamos decir entonces que el librero padece de una especie de bulimia editorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.</p>
<p>~Stefan Zweig</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una librería articula la industria editorial: es la bisagra entre las editoriales y los lectores. O, si se quiere, entre las bibliotecas públicas y las privadas, pues muchas librerías nacieron afuera de las bibliotecas: «deje de rentar libros, mejor cómprelos». Las librerías como embajadas comerciales de imprentas y bibliotecas.</p>
<p>Originalmente, cada imprenta conformaba su propia editorial: imprimían libros y ellos mismos los vendían. Poco a poco aparecieron distintos intermediarios, entre ellos las editoriales, los distribuidores y los libreros. Anteriormente, el precio de un libro se conformaba por los honorarios de un autor más el costo de impresión. Ahora la imprenta y el autor son prácticamente los que menos figuran en el costo final del libro. Hoy, el grueso del precio de un libro está conformado por el trabajo que realizan los editores, los distribuidores y los libreros. Una librería, por ejemplo, se lleva entre el 30 y 40% de las ganancias de la venta de un libro. Originalmente, ese 30 o 40% servía para pagar los viáticos de un librero que viajaba en busca de libros que podrían interesarle a sus clientes. Ahora los clientes viajan mucho más que los libreros, pero no regresan con maletas llenas de libros. Todo, por supuesto, se ha vuelto más complejo.<br />
&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/21-6.jpg"></p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Librerías ejemplares</h3>
<p>Así como los libros pueden clasificarse por autores, temas, géneros literarios, lenguas en los que fueron escritos, etcétera, podríamos formar arquetipos libreros para hablar de los rasgos generales de la personalidad de cada librería. Presentamos aquí nueve arquetipos de librerías: nueve visiones distintas de cómo comercializar libros.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería espacio.</strong></span> Una librería donde lo concreto (el salón, el edificio) vale más que lo abstracto (las múltiples conversaciones que producen los libros). Es la librería como atractivo turístico: las visitamos no para comprar un libro, sino para sentir que estamos dentro de una postal. Aunque hay librerías dentro de espacios admirables (El Péndulo de Polanco, por ejemplo), no existen librerías de este tipo en el centro de México. La librería espacio ejemplar es El Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires, una librería dentro de un teatro. Es como si hubiera una librería en el Teatro Juárez o en el Teatro de la República: iríamos más a ojear el edificio que a hojear libros.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería tiempo.</strong></span> Usualmente llamadas «librerías de viejo». De viejos libros, se entiende, pues casi siempre el cliente de estas librerías es un joven universitario en busca de un ejemplar barato, o un recién graduado cambiando todo lo que leyó en la universidad por unas cuantas monedas. Estas librerías tienen, pues, dos facetas: la de comercializar libros usados y la de ser anticuarios editoriales. La calle Donceles, en el centro del DF, está llena de este tipo de librerías. Los centros históricos de Guanajuato y Querétaro también tienen varias. Pero nuestra favorita no está ahí, ni en Donceles ni en los centros provincianos, sino en la Roma Norte, en la calle San Luis Potosí 105: la librería Urbe, especializada en libros raros, antiguos, fuera de comercio.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería social.</strong></span> En estas librerías el diálogo no sólo es con los libros, sino, y sobre todo, con las personas alrededor de los libros. Librerías como espacios culturales. Estas librerías son como bibliotecas públicas con libros a la venta. O sólo como bibliotecas, a secas, pues en ellas se leen y discuten más libros que los que se compran. La librería del Fondo de Cultura Económica Rosario Castellanos en la Condesa es el mejor ejemplo de esto: es una librería que vende más cafés que libros (y libros vende bastantes). En el Bajío, lo más cerca que hemos estado de este tipo de librerías es El Faro de Alejandría, en Querétaro, cuando estaba en Circuito Jardín.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería independiente.</strong></span> Son aquellas que basan toda su actividad en una certeza: un libro, cualquiera que sea, es una creación particularísima que no se rige por ninguna generalidad: todos los libros son sólo ejemplo de sí mismos. En otras palabras, el librero independiente distribuye libros de uno en uno. Son pocas las librerías que ponen toda su atención en cada uno de sus libros –y por lo tanto en cada uno de sus clientes. Mencionaremos dos: la Casa de Lectura Profética en Puebla (que es también una gran librería social) y El Faro de Alejandría en Querétaro (en Plaza Boulevares).</p>
<p><span style="color: #ff0000;"> <strong>La librería fetiche.</strong></span> La mayoría de las librerías, por lo menos en el Bajío, son eso: fetiches. O caprichos. O lugares-bienintencionados-que-distribuyen-cultura. Aunque la mayoría sean autosustentables, no son negocios. Venden libros, quizá incluso tengan a una que otra escuela como cliente y vendan entonces al mayoroo, pero nada más. El dueño o director o librero, oficios casi siempre encarnados en la misma persona, rara vez consigue un libro que le produzca de veras alguna emoción. Son librerías en el sentido que tienen libros qué vender, pero si un día el dueño se levantara y viera sus libros convertidos en helados, no tendría casi ningún problema en convertirse a su vez en heladero. La librería fetiche casi siempre termina siendo una librería genérica, común y corriente. Un comercio más. Se distinguen de las librerías independientes por la raquítica multiplicidad del catálogo y, sobre todo, porque no permiten que sus clientes recorran los estantes: son más bien pequeñas bodegas de libros con un cajero a modo de librero.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"> <strong>La librería monoteísta.</strong></span> Al ser multiformes, todas las librerías deberían de ser politeístas. Pero no, hay algunas misteriosas que son monoteístas, es decir, que venden sólo un libro. Una librería comunista en el Beijing de los 60s, por ejemplo, vendía sólo una visión del mundo: la maoísta. En el Bajío, nuestro monoteísmo no es social, sino espiritual; tenemos varias librerías cristianas o religiosas.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería de librerías.</strong></span> «Librería de librerías»: suena muy profesional, y lo es, pero es algo común: son las librerías de cadena. Gandhi, El Sótano, El Péndulo, la mayoría de las librerías del Fondo de Cultura Económica. Algunas, obviamente, están mejor editadas que otras. Todas reúnen en un mismo espacio a distintas librerías especializadas: la librería de viajes, la librería de fotografía, la gastronómica, la literaria, la infantil, la francesa, la inglesa… incluso ya la mayoría distribuye películas y discos. Son librerías genéricas en el sentido que congregan una y otra vez (en cada sucursal) exactamente las mismas singularidades. Eso sí, algunas logran distinguirse: la Gandhi por los precios que manejan, El Sótano por su sección infantil, El Péndulo por su edición literaria, el Fondo de Cultura Económica por la calidad de su catálogo, y la Librería Nuevos Horizontes por ser queretana.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería política.</strong></span> A través de la edición de su catálogo, todas las librerías conforman una visión política. Aunque existen librerías Estatales (las Educal, la Librería Cultural del Centro de Querétaro), esta visión es cada vez menos clara; ya no existen librerías que funcionen como espacios de resistencia intelectual, y tampoco, por lo menos en el centro de México, librerías que tengan una agenda política patente y beligerante. (Aunque quizá, pensándolo bien, todas las librerías físicas son ahora espacios de resistencia intelectual.)</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La librería virtual.</strong></span> Para muchos, la mejor librería del centro de México se llama Amazon. Puede ser. Pero si ya estamos en esas, recomendamos una mejor: The Book Depository (<a href="http://www.bookdepository.co.uk/" target="_blank">bookdepository.co.uk</a>). Es una librería virtual inglesa que distribuye libros en varios idiomas. Su catálogo no es tan amplio como el de Amazon, pero tiene una ventaja magnánima: los envíos son gratuitos. Sí: pagas el costo del libro y el envío es gratis. Además, regularmente lanzan buenos descuentos. Vale la pena, pues, abrir la página una vez a la semana y pedir un par de libros.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Tres documentales de Ambulante 2014</title>
		<link>http://sadabombon.com/ambulante-2014/</link>
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		<pubDate>Fri, 21 Feb 2014 15:10:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Arroyo Batista]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Eventos y festivales]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Al Bajío a veces no llegan las cosas. Parece que estamos demasiado cerca de la capital, del norte y del poniente como para en realidad hacernos sede de algo. Así fue este año Ambulante: gloria en el Distrito Federal, rumores en el oeste. Objeciones aparte, éste fue un festival de cine documental grande y jugoso, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al Bajío a veces no llegan las cosas. Parece que estamos demasiado cerca de la capital, del norte y del poniente como para en realidad hacernos sede de algo. Así fue este año <a href="http://ambulante.com.mx/" target="_blank">Ambulante</a>: gloria en el Distrito Federal, rumores en el oeste. Objeciones aparte, éste fue un festival de cine documental grande y jugoso, con sedes esparcidas por toda la ciudad y secciones variadísimas, imposibles de recapitular en una oración. WikiLeaks y el narco, Pussy Riot y el ciclismo, todo estaba ahí, en su mayoría con miradas frescas y profundas. Hay que decir también que un festival es bueno –inherentemente– porque logra que espectadores y directores converjan, reivindica el cine como actividad colectiva; por más tranquilo que sea ver Netflix en el sillón, la perspectiva siempre cambia cuando se está en una sala con otras cincuenta personas. Me es imposible reseñar un festival como totalidad, así que a continuación hablaré de las partes –unas cuantas, muy pocas– de Ambulante.</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong><em>The Act of Killing</em>, Joshua Oppenheimer y Christine Cynn, 2012</strong></p>
<p>El documental sobre la violencia se ha hecho mil veces, pero en general se la retrata como algo ajeno, algo que pasó en algún lugar alguna vez y fue terrible. Rara vez se logra, como hacen Oppenheimer y Cynn, entrar a la naturaleza violenta del hombre y retratarla cruda. En <a href="http://www.youtube.com/watch?v=SD5oMxbMcHM" target="_blank"><em>The Act of Killing</em></a>, los directores piden a los exlíderes de la Juventud Pancasila de Indonesia recrear los asesinatos que cometieron contra los comunistas en los años sesenta. El orgullo que los asesinatos representan para los gangsters y el glamour hollywoodense con el que insisten en representarlos dejan ver una violencia atroz y a la vez muy humana: es el asesinato como un logro, la existencia como guerra constante. <em>The Act of Killing</em> tuvo en mí un efecto tarantinesco: lo explícito de la violencia resquebraja años y años de educación occidental clasemediera sobre la contención de los instintos. Deja la naturaleza humana al descubierto.</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong><em>The Square</em>, Jehane Noujaim, 2013</strong></p>
<p>La fuerza de <a href="http://www.youtube.com/watch?v=twB2zAOzsKE" target="_blank"><em>The Square</em></a> es indiscutible por lo frescos que están en nuestra memoria los días de la primavera árabe. 2011 fue el año en que todo el mundo volteó a ver a Egipto, y no podíamos saber a ciencia cierta lo que pasaba porque la información salía intervenida por el régimen militar. El documental expone las vidas de un puñado de revolucionarios, pero añade entrevistas con miembros del ejército, tomas de las protestas, los ataques y las reacciones del gobierno. Estos elementos, intercalados, duplican el impacto de la revolución sobre el espectador: no vemos sólo el ataque militar contra la población civil, sino a las autoridades que lo niegan, el policía que dice estar de acuerdo, la familia que sufre. El resultado es honesto y las tomas personales dan a la revolución egipcia una cara humana. Sé que ya critiqué a Netflix arriba pero este documental lo encuentran ahí porque la empresa compró los derechos.</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong><em>Moon Rider</em>, Daniel Denick, 2012</strong></p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=L6b5rLE1FDM" target="_blank">Este documental</a> –el último del que hablaré– dista de los otros dos en tanto que se centra en una experiencia más personal que colectiva. Cuenta la historia de Rasmus Quaade, un ciclista danés profesional que se prepara para el campeonato mundial. La película es parte de la sección «El tiempo del cuerpo» del festival, pues muestra cómo Rasmus reacciona al entrenamiento y a la presión de un tour –con el primero como una tediosa expectativa para el segundo. Está filmado en formato Super 8 desde el casco de Rasmus y el coche de su entrenador, por minutos y minutos sólo se le ve conduciendo su bicicleta, con el camino delante y el resto de los competidores detrás. Si bien el documental llega a ponerse tan tedioso como los entrenamientos de ciclismo, es una exploración acertada a la volubilidad del tiempo desde la perspectiva individual y a la capacidad del deportista de llevar su cuerpo y mente al límite.<br />
&nbsp;</p>
<p>Ambulante ha recorrido el DF, Acapulco y Zacatecas. En los próximos días recorrerá Puebla y Veracruz. Para saber qué parte sí llegó al Bajío –específiacmente a Querétaro– consulta <a href="http://www.documentaqro.com/#!cartelera/cytx" target="_blank"><em>documentaqro.com</em></a>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Ensayo sin título y otros happenings</title>
		<link>http://sadabombon.com/kaprow/</link>
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		<pubDate>Fri, 07 Feb 2014 19:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Paulina Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Allan Kaprow Ensayo sin título y otros happenings Colección Anómalos Tumbona Ediciones, 2013 112 pp. &#160; Me parece que la palabra pasó por la misma transición. Primero estaba el agua, ahí, sin ser nombrada. Olas, ritmo, reflejo, fluidez, continuidad, consistencia, viscosidad. Toda el agua sin ser agua. No había un vocablo que la nombrara. Imagino [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="padding-left: 30px;">Allan Kaprow<br />
<em>Ensayo sin título y otros happenings</em><br />
Colección Anómalos<br />
Tumbona Ediciones, 2013<br />
112 pp.</address>
<p>&nbsp;<br />
Me parece que la palabra pasó por la misma transición. Primero estaba el agua, ahí, sin ser nombrada. Olas, ritmo, reflejo, fluidez, continuidad, consistencia, viscosidad. Toda el agua sin ser <em>agua</em>. No había un vocablo que la nombrara. Imagino una evolución de años para que los sonidos guturales, los gritos y los gemidos se convirtieran en el sonido <em>agua</em>. Gemidos que cambiaron entre región y región y que se convirtieron en diferentes sonidos: <em>eau</em>, <em>water</em>, <em>aqcua</em>.</p>
<p>Las palabras son poemas: abstracciones de la realidad. Olvidamos luego ese proceso y todo comenzó a ser más complejo. Nacieron los sinónimos, las oraciones, los idiomas. Olvidamos que agua fue una imagen y se convirtió en concepto. Encontramos la necesidad de hacer poemas, de ver la cotidianidad de manera diferente, de detenernos a reflexionar sobre lo que nombrábamos, de volver a la imagen.</p>
<p>Los poemas entonces se depuraron. Fueron dos o tres líneas o dos o tres palabras. Haikus, Monterroso, Pacheco. Los poemas volvieron a ser palabras y las palabras volvieron a estar conectadas con lo que describen.</p>
<p>El happening es el poema del arte; tal vez la palabra del arte que se expone en museos. Creamos la imagen, depuramos las técnicas, exploramos la luz, la perspectiva, la textura, los colores. Luego, destruimos lo aprendido. Volvimos a las formas básicas, nos salimos del lienzo, lo invadimos, lo ensuciamos, lo rompimos y siguió sin ser suficiente. Habíamos olvidado que el arte era una forma de estar en el mundo y no un mundo. Allan Kaprow se dio cuenta y quiso volver: mezclar el arte con la vida. O regresar al arte a donde pertenecía: recordar que el arte fue una representación de la realidad: una palabra.</p>
<p><a href="http://www.tumbonaediciones.com/tumbona/titulos/anomalos-col/ensayo-sin-titulo-y-otros-happenings" target="_blank"><em>Ensayo sin título y otros happenings</em></a> es un compendio de guiones de happenings que sucedieron en la década de los sesentas, un par de textos que explican de manera clara y sin pretensiones la idea de arte de Kaprow y una introducción iluminadora de Luigi Amara.</p>
<p>Cada happening descrito en el libro crea imágenes poderosas (como un poema), humorísticas y tan llenas de extrañeza que parecen cotidianas: una chica bailando twist a la mitad de un estacionamiento, un tipo estrellándole hongos en la boca a una chica con camisón transparente, un baile de choferes que se salen de sus autos para meterse al auto contiguo. Cada happening se titula con una sola palabra. Cada happening nos recuerda que los complejos andamiajes del arte representan algo tan cercano y sencillo –y lejano y complejo– como la realidad.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Let&#8217;s get physical! –de la elíptica al CrossFit: un vistazo al ejercicio en nuestras ciudades</title>
		<link>http://sadabombon.com/deportes/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 22:31:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Ah, el deporte. Esa pasión, esa necesidad y –para algunos– necedad. En una década donde el atractivo físico es vital (#selfie), hacer ejercicio se ha vuelto parte de nuestra urbanidad. Junto a la renta y el súper (o la comer), pagar un gym ya entra en los gastos fijos –algo bastante virtuoso si observamos los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ah, el deporte. Esa pasión, esa necesidad y –para algunos– necedad. En una década donde el atractivo físico es vital (#selfie), hacer ejercicio se ha vuelto parte de nuestra urbanidad. Junto a la renta y el súper (o la comer), pagar un gym ya entra en los gastos fijos –algo bastante virtuoso si observamos los índices de obesidad en los puestos de garnachas.</p>
<p>No basta, no en estos tiempos, con levantar una pesa o subirse en una caminadora. Lo de hoy es dividirse entre la paz mental y la dureza muscular. Somos la versión extrema –y al mismo tiempo espiritual– de Olivia Newton-John y sus aeróbics del &#8217;81.</p>
<p>Durante su retiro-experimento en la laguna de Walden, Henry David Thoreau contempló la metafísica del pescador rutinario: muchos hombres van de pesca todas sus vidas sin saber que no es el pez lo que están buscando. Lo mismo pasa con el deporte: no corremos para llegar a alguna parte, más bien lo hacemos por el desplazamiento, la sensación. Entre la publicidad de Nike y el querer bajar de peso, se nos ha olvidado que hay algo más: una necesidad de movimiento, de acción, de saber que sí se puede huir del vacío y el reposo. Que no somos inmóviles.</p>
<p>Hacer ejercicio es la actividad física sin utilidad: se nada sin buscar la orilla, se levanta un peso porque sí. Y aunque también nos uniformamos para ganar una medalla, jugar en equipo y anotar un punto, lo cierto es que el deporte es la versión corporal de nuestro egoísmo: lo hago para mí y para nadie más; una codicia saludable, un egocentrismo lleno de músculos y sudor.</p>
<p>En estos tiempos, el <em>porque sí</em> atlético es una declaración en contra del sedentarismo. Parece ser que los gimnasios atiborrados suprimen la vida estacionada, y entonces mover los brazos y piernas sin sentido es sentarse menos en las mesas del McDonald&#8217;s o embarrarse todo el día en el iPad. Pero ahí está el error: más bien, nuestra inmovilidad es abstracta, va más allá de las flexiones y los estiramientos físicos. Nos subimos a una elíptica con el cerebro fijo, encerrado. Corremos una pista para «despejar la mente» y el efecto es temporal, finito. Pronto queremos más kilómetros, más velocidad, más peso, más ejercicios. Nada puede ocultar nuestra ansiedad: somos voraces e impacientes –y ahí es donde perdimos un poco el camino del deporte: cambiamos su hedonismo por la demasía y la inmediatez. Ahora andamos en busca de lo más nuevo, de lo más rápido y efectivo. Hemos dejado de movernos por el placer del movimiento.</p>
<p>Corredores en la calle a las 6:00 am, orangutanes que siempre traen faja en el gym, señoras que se juntan en su clase de pilates, veinteañeros dejando la voluntad en el <em>CrossFit</em>. El miedo estático está más presente que nunca: todos queriendo bajar de peso sin saber que lo importante es no ser fijo. El ejercicio citadino como el pescador de Thoreau: buscando el pez en las membresías del club deportivo, en los tapetes de yoga y las tiendas de ropa deportiva –aunque nos rompamos las rodillas.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Muestrario de nuestra locura deportiva</h3>
<p>Desde los gimnasios nudistas en Alemania hasta el hockey subacuático, el terror a no poder movernos ha derivado en un catálogo vasto y por momentos demente. Acá en el Bajío hemos comenzado a contagiarnos con las variaciones del yoga y los ejercicios que, ¡uy!, «te llevan al límite».</p>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">Yogalates.</span> Nada más común para un nuevo deporte que unir distintos entrenamientos: mezclar, juntar y ver qué sale. El yogalates es eso: yoga con pilates, un <em>mash-up</em> de la meditación ancestral con los ejercicios gimnásticos de Brooklyn; «tranquilo pero no tan tranquilo». Casi todos los gimnasios tienen esta modalidad, algunos hasta lo han montado en localitos a la vuelta de tu casa (junto con el Zumba, son los Oxxos del ejercicio urbano). Aviso: basta con leer en voz alta yogalates para sacar la doña posmoderna que llevamos dentro.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Insanity.</span> La versión <em>hardcore</em> del ejercicio en casa. Salió en el 2009 pero sigue siendo un favorito de los impacientes. Basta con que te pasen los videos para rápidamente transformar el ocio hogareño en una sala de saltos, sentadillas, gritos y mucha estamina. El entrenamiento: 3-4 minutos de ejercicios cardiovasculares non-stop con descansos de 30 segundos, 1 hora diaria durante 60 días –y todo esto de la mano de una pantalla que no para de gritarte «<em>¡push, push, push!</em>».</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Pole fitness.</span> Sociedad evolutiva es pasar del téibol al suburbio (?). Este deporte es la versión familiar de lo que se ve en las afueras de Celaya y Apaseo: ¡el tubo, tubo! De unos años para acá, las mujeres entendieron los beneficios del numerito –los hombres ya lo sabían– y decidieron usarlo para tonificar sus cuerpos. Treparse al tubo es, en efecto, una gran prueba de resistencia y estiramiento. Lo que varía es el entorno: diferentes instalaciones, mismos resultados (y sin proxeneta).</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Power Yoga.</span> La forma sintetizada y sofocante del <em>hatha</em> yoga: clases de 90 minutos con 26 posturas tradicionales y dos ejercicios de respiración en un cuarto a 40.6 °C y 40% de humedad. La idea es recrear la temperatura de la India, sudar, estirarse mejor, desintoxicarse y eliminar los pliegues de más. La versión original y certificada es el <em>Bikram</em> yoga, acá se llama <em>power</em> yoga o <em>hot</em> yoga porque transpira en la clandestinidad, pero eso no le quita la exudación o el casi desmayo calórico.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">TRX.</span> Entrenamiento en suspensión con dos cuerdas sujetadas a un arnés. Ejercicios basados en el propio peso corporal y la resistencia a la gravedad. El TRX es la adaptación comercial del entrenamiento de los Navy SEALs (la fuerza armada de operaciones especiales en los Estados Unidos). Filosofía: fuerza y resistencia ad hoc a tu masa corporal y en cualquier lugar (casa, gimnasio o al aire libre). Por ejemplo, los<em> marines</em> intercalan el TRX con balazos en el Medio Oriente (cada quién su neurosis).</li>
<li><span style="color: #ff0000;">CrossFit.</span> El CrossFit es un programa voraz de fuerza y acondicionamiento. Utilizado en un principio para bomberos y militares norteamericanos, la idea es llevar el cuerpo al límite: cargar el peso que nunca haz cargado, correr como nunca, saltar más; si no duele, no sirve. Todo suena bien para un atleta estancado, lo malo es cuando una gordibuena o un mamordo cambia los Cheetos por el CrossFit en un día. Va lo horrible: llevar demasiado al límite tu cuerpo puede traer problemas como la rabdomiólisis (quiebre de las células musculares que puede terminar en insuficiencia renal). En otras palabras, hay que dosificar.</li>
</ol>
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<h3>¿Dónde hacer ejercicio?</h3>
<p>Tanto <em>gym</em>, tantas cuotas y pagos mensuales. Lo malo de los nuevos deportes es su abundancia (¿cuál será el mejor?), lo bueno es que hay para todos: precio, calidad y estilo de vida. Tenemos desde el gimnasio de la colonia hasta el exclusivo Sport City y la bodega de <em>CrossFit</em>. Recomendamos escoger por cercanía –nada más contradictorio que irse en auto al gym– y evitar changarros gastronómicos con fritanga sospechosa.</p>
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<hr />
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<h3><span style="color: #ff0000;">Me prefiero en movimiento</span> –por Paulina Macías</h3>
<p>Siempre salgo mal en las fotos. Tal vez porque pongo una cara rara o porque hago muy adelante el cuello o porque tengo una ceja a medio levantar justo cuando la cámara hace clic. He pasado muchos minutos de mi vida intentando encontrar la razón por la que salgo así de mal y creo que vislumbro una pista: a mí me va mejor el movimiento. Una foto me congela, me paraliza, y en la inmovilidad me veo fatal. Todo esto para explicar que soy una persona que le gusta –y que necesita– moverse. En consecuencia, me gustan los deportes.</p>
<p>He practicado muchos: cuando era niña hacía gimnasia olímpica y atletismo. De adolescente jugué basquetbol y fútbol –en mi insensatez juvenil hasta iba al gimnasio a hacer pesas, guácala. Luego de terminar la universidad fui prefiriendo, no sé si por gusto o porque uno se va quedando más solo en la adultez, los deportes individuales. Ahorra corro, nado y más recientemente hago yoga. Hablemos del último para volver al tema del movimiento y de las impresiones que he ido acumulando al moverme de manera consciente.</p>
<p>Pareciera que moverse es llevarse a uno mismo de un punto a otro: correr de A a B (o de A a A si es un circuito), perseguir algo, cambiar de posición. Haciendo yoga descubrí que puedo moverme sin moverme, es decir, sí moviéndome yo –conmigo–, pero no moviéndome yo con respecto de la posición en la que me encuentro. Entro a una clase y una hora después estoy en el mismo lugar, acostada en lugar de parada, pero en el mismo lugar; sin embargo, me encuentro muchos músculos más cansada y muchas calorías más hambrienta.</p>
<p>Algunas posiciones en estos deportes –yoga, TRX, pilates– dependen mucho más del equilibro que de la fuerza o de la flexibilidad. Yo pensaba que el equilibrio se tenía o no se tenía, que era algo así como un talento. Eso lo pensaba porque yo siempre me caigo y la demás gente no. Un día la maestra se compadeció de mí al verme siempre tambaleante y me dijo que si miraba a un punto fijo ya no me iba a caer o, por lo menos, iba a poder mantener la posición que ella me pedía que hiciera. Lo hice y funcionó. Ver a un punto fijo aísla el resto del ambiente y eso hace que no te distraigas. Si no estás distraído, no te caes. Un día haciendo yoga descubrí que yo me caía por distraída y que eso no tenía que ver con que tuviera o no el supuesto talento del equilibrio.</p>
<p>El descubrimiento más profundo y cursi que he hecho haciendo yoga sucedió gracias a que tuve una maestra tan dulce como nazi. Explico. Cada clase, al final, es necesario hacer algo que se llama <em>inmersiones</em>. No sé muy bien para qué sirva, pero es necesario pararse de manos, pararse de codos, pararse de cabeza o pararse en algo así como la nuca. Esta última posición se llama vela. Para explicar en corto, para hacer la vela hay que acostarse boca arriba, levantar las piernas hacia el cielo y lograr parecer una vela, o imaginarlo al menos. Esto hace que la cabeza siga en posición horizontal, pero el cuello se hace la mar de curvo, es decir, yo me quedo toda torcida. Odio la vela. Mi maestra dulce pero nazi elegía esa posición de inmersión cada clase, y yo, cada clase, estaba a punto de llorar, gritar o de menos bajar las piernas. Un día, no sé si viendo mi desesperación o sólo por casualidad, mi maestra dulce pero nazi dijo algo así como «no es una lucha, es una renuncia». Por supuesto, no dejé de sentirme desesperada y torcida, pero decidí aguantarme y ya. Respiro, olvido que estoy toda torcida, hago la vela esa y salgo de la clase sintiéndome súper mujer (?).</p>
<p>En una hora de yoga me sucede algo así como una agitada interior, estirando mis piernas, respirando para que mi mano toque una parte de mí que normalmente no alcanzo, manteniendo el equilibrio que pensé que no tenía y poniéndome en poses que pensé que no existían. Lo mejor de este deporte –o disciplina o práctica o lo que sea– es que la concentración que necesito para hacerlo –y no hablo de meditación, sino de la simple atención que se necesita para mover un dedo de maneras sospechosas o para hacerlo llegar a donde naturalmente no llega– hace que deje de pensar en lo demás. Lo mejor de esta forma de movimiento es que congela mi cabeza. Le toma una foto a mi cerebro y mientras mi cabeza está paralizada, yo me veo –me percibo, al menos– mucho mejor.<br />
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		<title>DJs locales, los diez mezcladores musicales que nuestras piernas disfrutan escuchar</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Dec 2013 14:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 19]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Top 10]]></category>

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		<description><![CDATA[Recién nos enteramos que don Guillermo, el cajero del Oxxo de la esquina, es DJ: se hace llamar DJ Meme. Cada quien… «Esta semana decidí hacerle un homenaje a Lou Reed, y la próxima semana comienzo ya con los villancicos», nos dijo. Muy desconcertados en lo general, le respondimos: «chale». ¿Existirá todavía alguien que no [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Recién nos enteramos que don Guillermo, el cajero del Oxxo de la esquina, es DJ: se hace llamar DJ Meme. Cada quien… «Esta semana decidí hacerle un homenaje a Lou Reed, y la próxima semana comienzo ya con los villancicos», nos dijo. Muy desconcertados en lo general, le respondimos: «chale». ¿Existirá todavía alguien que no se haya autoproclamado DJ? En esta repentina región de músicos, recomendamos a diez que sí mezclan, es decir, que sí saben empalmar canciones sin ayuda de apps o softwares. Diez DJs que nos recuerdan que la buena música es aquella que se escucha, también, y sobre todo, con la cadera y las piernas.<br />
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<h3><span style="color: #ff0000;">1 &gt;</span> El Moskar</h3>
<p>DJ, productor queretano y el músico de cabecera de esta H. revista. En nuestras fiestas siempre hay por lo menos alguien bailando como desquiciado por su culpa. Solía estar de residente en El Central hasta que lo cerraron :( Ahora va a donde lo inviten; El Moskar es bueno para las fiestas anti-banda-salsa-cumbia. Recomendadísimo. Tiene también un proyecto llamado IAM con Irving RE.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/moskar" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> en su <a href="http://facebook.com/el.moskar" target="_blank">Facebook</a> pone dónde tocará, y en su <a href="https://twitter.com/El_Moskar" target="_blank">Twitter</a> escribe sus impresiones mientras mezcla.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">2 &gt;</span> Levantine (Óscar Avendaño)</h3>
<p>Ser DJ se trata de tres cosas: coleccionar referencias musicales, perfeccionar la técnica y saber leer al público que te está escuchando. Levantine tiene una muy buena dosis de las tres, sobre todo de la última: si en SoundCloud es bueno (escucha, por ejemplo, Addictive relationships), en vivo es mejor.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/levantinee" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> lo invitan seguido a fiestas ocasionales (ha mezclado en Sirilo, por ejemplo). Síguelo en <a href="https://www.facebook.com/levantinefanpage" target="_blank">Facebook</a>.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">3 &gt;</span> Mikey Hernández</h3>
<p>Mikey Hernández: eterno representante de las fiestas del desaparecido «Tour». Si te gusta andar rondando por el Deep House o demás géneros afines, Mikey es buenérrimo: ritmos suaves, envolventes, sensuales; íntimos y a la vez inevitablemente bailables. Escucha, por ejemplo, July: una delicia.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/el-mikey" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> normalmente mezcla los viernes en Sirilo.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">4 &gt;</span> Piti &amp; Mario</h3>
<p>Los buenos DJs, los que mezclan en vivo, tienen algo de Jack the Ripper (o Jacques Derridá): desconstruyen los elementos de una canción para armarla de forma distinta. Y lo hacen en vivo, los muy bárbaros. Así son estos gemelos: todo un show, todo un placer escucharlos.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalos en:</span> <a href="http://dj.beatport.com/profile/277323" target="_blank">Beatport</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalos:</span> actualmente mezclan en los bares Pulp y Sirilo. En su <a href="https://www.facebook.com/PitiMario" target="_blank">Facebook</a> anuncian sus próximas apariciones. Imperdibles.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">5 &gt;</span> 12-BIS (Elias Martínez)</h3>
<p>Buenísimo para la pista de baile: al escucharlo, el tímido se desboca, el tieso gambetea, el sordo se entona y el epiléptico se coordina. No sólo es imposible no bailar cuando 12-BIS está mezclando, sino que, al escucharlo, es imposible bailar mal.</p>
<p>Molière decía que «todos los males de la humanidad, todas las trágicas desgracias que llenan los libros de historia, todos los errores políticos, todos los fracasos de los grandes líderes han surgido simplemente de una falta de habilidad en el baile»; Molière nunca sospechó que alguien como 12-BIS pudiera existir.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/elias-19" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> 12-BIS es residente en la mezcalería La Milagrosa, y mezcla en Lascivo de vez en cuando.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">6 &gt;</span> Irving RE</h3>
<p>Los vinilos se tocan más de lo que se escuchan; es un tema físico más que auditivo; importa cómo los agarras, cómo los sueltas, y es esa sensación la que produce un sonido (o más bien un ritmo) distinto. Esto queda clarísimo con Irving RE, eterno caminante de la escena musical local.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/irvingre" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> Irving RE es DJ residente en Las Guacas Querétaro y en el Mint de San Miguel de Allende.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">7 &gt;</span> Erick TC («Choch»)</h3>
<p>Por su gran oído y generosa personalidad, «Choch» es de los más respetados DJs locales. Ha conformado el gran colectivo Greeencote. Y a juzgar por lo que hace en la tornamesa, sospechamos que en su vida pasada fue un amable y virtuoso alfarero.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/greeencote" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> lo puedes escuchar en Sirilo, generalmente mezcla los viernes.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">8 &gt;</span> Betuel S. Arzate (Clean is Good)</h3>
<p>Excelente productor y DJ local. Intercala distintos géneros, como el House y el Techno, para crear ritmos explosivos y eclécticos, pero siempre conservando un sello distintivo: su fino Groove. El sello italiano Black Magic Récords recientemente lanzó el EP Groovy Consequenses, una selección de tres tracks Disco-House disponibles en prácticamente cualquier tienda digital.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/cleanisgood" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> es DJ residente en Pulp.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">9 &gt;</span> Delorean (Esteban Arista)</h3>
<p>La noche tiene altas y bajas, la música tiene que ser igual. Nunca hay que mantener la misma intensidad y el mismo género. Hay que viajar por los géneros, subir y bajar de intensidad, hacer pausas, mezclar sonidos intensos, jugar con los silencios. Si mezclas música muy parecida, si todo está igual, se vuelve muy aburrido. Delorean es el extremo apuesto de la palabra aburrido; pura potencia.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/estebanarista" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> Delorean está los jueves en Sirilo y los viernes en Silvana.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">10 &gt;</span> DoggieHouser (Arturo Canek)</h3>
<p>Entre tanto nuevo software y con el enorme acceso a todo tipo de música, hoy muchas personas se animan, ponen música en una fiesta y ya se sienten DJs. Y está muy bien. Si tienen referencias musicales y saben leer a la gente, tienen la parte más difícil. Ya sólo les falta la técnica. Estudiar la técnica te lleva a otro nivel, te da otro sentido. DoggieHouser está, definitivamente, en ese otro nivel.</p>
<p><span style="color: #008080;">Escúchalo en:</span> <a href="http://soundcloud.com/doggiehouser" target="_blank">SoundCloud</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Báilalo:</span> lo puedes escuchar en Pulp y en Monosabio.<br />
&nbsp;<br />
<h3>¿Dónde escucharlos / bailarlos?</h3>
<p>El tornamesismo (¿tenemossismo?) se trata más de escuchar –y a veces incluso de ver– que de bailar. La tornamesa como instrumento y la tensión puesta más en el DJ que en la música. Scratchear, remixear: el virtuosismo mu-mu-musi-si-si-musical-lacisum. Aquí los lugares donde se presentan los DJs más virtuosos de la región:</p>
<ul>
<li><a href="http://facebook.com/Sirilobar" target="_blank">Sirilo</a>: Circuito Jardín 1, Álamos Tercera sección, Querétaro.</li>
<li><a href="http://facebook.com/pulpbarqro" target="_blank">Pulp</a>: 5 de Mayo 58, centro histórico, Querétaro.</li>
<li><a href="http://facebook.com/las.g.queretaro" target="_blank">Las Guacas Constituyentes</a>: José Antonio Septién 15, Alameda, Querétaro.</li>
<li><a href="http://facebook.com/MonosabioMX" target="_blank">Monosabio</a>: Crisantemos 108, Prados de la Capilla, Querétaro.</li>
<li><a href="https://www.facebook.com/pages/Lascivo/321168671328453" target="_blank">Lascivo</a>: Andador Libertad 46, centro histórico, Querétaro.</li>
<li><a href="https://www.facebook.com/la.m.mezcaleria" target="_blank">La Milagrosa</a>: Ángela Peralta 5, centro histórico, Querétaro.</li>
<li>Silvana: Prolongación Tecnológico, Mall 950 Corporativo Blanco, frente a la Prepa Tec.</li>
<li><a href="http://facebook.com/sanmigueldeallendemint" target="_blank">Mint San Miguel</a>: Mesones 99, centro histórico, San Miguel de Allende.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>StandUp comedy, un diálogo sobre la comedia autobiográfica</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Dec 2013 00:24:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Además del entretenimiento que nos producen comediantes como Jerry Seinfeld, Louis C.K., Dave Chappelle, entre muchos otros, nos interesa el género del StandUp por tres razones. Primero, por la enorme decencia de poder reírse de uno mismo: la dignidad del autobullying. Segundo, por la capacidad de transformar la cotidianidad en comedia, es decir, por la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Además del entretenimiento que nos producen comediantes como Jerry Seinfeld, Louis C.K., Dave Chappelle, entre muchos otros, nos interesa el género del StandUp por tres razones. Primero, por la enorme decencia de poder reírse de uno mismo: la dignidad del autobullying. Segundo, por la capacidad de transformar la cotidianidad en comedia, es decir, por la atención profunda puesta en cosas ordinarias y pedestres. Y tercero, por la habilidad narrativa, por el trabajo que hay detrás de una buena historia –no un chiste, no una anécdota ingeniosa, sino una historia bien contada. Así, en una (sub)especie de diálogo platónico, pero chacotero, Juan Manuel Nava y Bubu Romo escriben aquí al alimón sobre las gracias y desgracias de ser StandUperos.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Juan Manuel:</strong></span> Bubu, tú que eres master StandUpero queretano… ilústrame, mano: ¿qué es el StandUp?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Bubu Romo:</strong></span> ¿Esto ya es parte del artículo, o me lo estás preguntando nomás porque de plano no sabes?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Jajajaja. No wey, ya es parte.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> ¡Ahhhhh! A mí me gusta decir que el StandUp es comedia en primera persona.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> A mí me gustan las carnitas en primera persona… pero bueno, creo que tienes toda la buchaca llena de razón, a lo mejor podría aderezar tu definición diciendo que es una autocrítica que después se torna ajena y, al serlo, alguien más la hace suya. Como bien dicen, es importante aprender a burlarse de uno mismo, y es lo que el StandUp de entrada logra.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> ¡Uf! ¡Carnitas! Lo que es cierto es que el StandUp es bastante terapéutico (¿terapéutico lleva acento? ¿no te pasa que ves palabras que están raras aunque estén bien escritas?). En general la gente expone con el StandUp cosas que normalmente podrían parecerles penosas, pero las lleva a un extremo que genera risa, y entonces es bastante liberador.</p>
<p>Me acuerdo de un cuate que, por ejemplo, salió del «clóset» y lo platicaba en su StandUp, y eso le ayudó mucho (creo que también ligó muy denso). A mí el StandUp me ha ayudado mucho: ¿tú sabías que yo soy calvo?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> ¿Eres calvo? Dios santo, mira de lo que se viene a enterar uno. En cuanto a las palabras que se ven raras pero están bien escritas, es como las chicas que están bien sabrosas pero medio feonas, las ves, dudas, pero al final lo aceptas. A mí me ha ayudado mucho el StandUp en la casa, ahora saben que las pendejadas que digo no son para ofender, simplemente para liberarme mentalmente (ay sí goe, el creativo en exceso). Debería de haber más gente haciendo StandUp… Bueno, debería haber más gente dándose cuenta que hace StandUp involuntario y animarse a dar el salto (voluntario)… La gente del norte debería dar el Saltillo.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> Creo que lo de las chicas no es políticamente correcto, Mouse. La cosa es que hacer StandUp no es así de enchílame otra (jajaja, me encanta esa frase, porque nunca he escuchado a alguien pedir que «le enchilen otra», supongo que no es tan sencillo; en todo caso, ¿qué es lo que se enchila?). Hacer StandUp comedy tiene todo un proceso y un método, es casi ciencia; deberíamos de hacer StandUp con bata, lentes y guantes.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Sí, la verdad es que hacer StandUp tiene su chiste… (¿viste lo que hice ahí?). Yo creía que era sencillo, que se subía alguien a hablar sin preparación, pero no, cuando hice mis pininos (esa palabra también me causa conflicto… pininos… pinitos… básicamente todo lo que «empine») me di cuenta de que escribir un texto para después hacer reír a la gente es bien complicado.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> Sí, hay dos cosas que la gente debe saber:</p>
<p>1. El StandUp no es actuación: es la crónica o la reflexión de cosas cotidianas, cosas que te pasan a ti… Comedia en primera persona.</p>
<p>2. El StandUp no está basado en la improvisación (aunque se apoye y empolle en ella): hay que trabajar en las historias que cuentas.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Exacto, bien puntualizado, Bubu, por eso mismo creo que es muy sencillo que de las personas salga un StandUpero involuntario, porque todo mundo hacemos reír (bueno, todos menos Memo Ríos), pero nadie prepara formalmente esas risas, y es ahí en donde entra más la rutina del StandUp: preparas tu material, lo vas puliendo, quitando paja, practicas… En mi caso, la primera vez que practiqué fue con mi familia que pedía cada comida que lo hiciera hasta que empecé a cobrar y ya no pidieron más.</p>
<p>Ahora bien, Bubu, ¿qué me dices del StandUp en México?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> ¡Qué bueno que preguntas Juan Manuel! (?). El StandUp llegó tarde a México, más tarde que Seinfeld, más tarde que el final de Breaking Bad, más tarde que las 8 de la tarde; es decir, llegó en la noche. Me parece que el StandUp llegó a México sin muchas ganas de que lo contrataran: tarde (más bien noche) y con malas referencias.</p>
<p>Y es que llegó abanderado más por cuentachistes y gente de la televisión como Adal Ramones, quien se convirtió en el referente de monólogo cómico, género en que la gente engloba al StandUp. Sin embargo, me parece que el rescate del StandUp surge más bien del underground, abanderados por un Pelón Gomís que ha dado mucho por generar un buen y verdadero StandUp en el país, y que ahora tiene a cientos de StandUperos defendiendo el género y dándolo todo en ese campo de batalla de la comedia.</p>
<p>Somos como soldados Mouse, ¡soldados!</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Soldados del StandUp, guerreros de la comedia o gente común diciendo cosas cotorras a la banda. A mí el tema del StandUp en México me parece que va tomando mucha fuerza y que debe enterrar poco a poco los contenidos de comedia que se ven comúnmente en la televisión. Cuestiones como la barra de comedia de Televisa que cuenta los mismos chistes desde hace 20 años.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> Sí, es momento de cambiar la perspectiva de nuevas y viejas generaciones en cuanto a humor. Creo que como mexicanos tenemos la gran capacidad de tomar las cosas primero con humor antes de aceptar la importancia de los problemas que nos rodean, ¿por qué no contagiar de humor a los demás con nuevos métodos y temas?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Y aquí en el Bajío, ¿dónde?</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> En Querétaro, la base es Chava Invita, por lo menos dos veces al mes hay algo: un show y un OpenMic (donde el espectador da el Saltillo y hace sus pininos). El Teatrito La Carcajada tuvo una buena temporada, ojalá la repitan. El Qbo también trae StandUperos de vez en vez. Y en Celaya, el Tiro al Pichón. En facebook.com/StandUpQro nos pueden seguir la corriente.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Corriente sonriente…</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> Aguardiente eficiente…</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>JM:</strong></span> Ingrediente reciente…</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>B:</strong></span> ¡Uf! ¡Carnitas!<br />
</br><br />
<h3>Cómo contar una historia, de Mark Twain [un extracto]</h3>
<p>La historia humorística es americana, la historia cómica es inglesa, la historia ingeniosa es francesa.</p>
<p>La historia humorística, para lograr su efecto, depende de la manera en que se cuenta; la historia cómica y la ingeniosa dependen de la anécdota contada.</p>
<p>La historia humorística puede alargarse, puede divagar tanto como lo desee, y puede no llegar a ningún lugar en particular; pero la historia cómica y la ingeniosa deben ser breves y tener un final claro. La historia humorística se va inflando, las otras explotan.</p>
<p>La historia humorística es estrictamente una obra de arte y sólo un artista puede contarla, pero ningún arte es necesario para contar una historia cómica o ingeniosa: cualquiera puede hacerlo. El arte de contar una historia humorística –entiendan que me refiero a contarla en voz alta, no a escribirla– fue creado en Estados Unidos, y aquí se ha mantenido. […hasta que llegaron Bubu y Mouse]</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Bubu Romo es un StandUp Cómodo. Cuando lo invitamos a colaborar, nos respondió: «yo estoy puestísimo (mi autocorrect siempre pone apuestísimo; hago un gran esfuerzo regresando a quitar la «a»). Síguelo en <a href="http://molkgt.com" target="_blank"><span style="color: #808080;">molkgt.com</span></a>.</address>
<p></em></p>
<address><em>Juan Manuel Nava, mejor conocido como Mouse o como Juan Caballero y Ocio, hace StandUp y SitUp, es decir, hace comedia cuando se para y habla en un escenario y también cuando se sienta y lanza tuits. Síguelo en: <a href="https://twitter.com/mousetung" target="_blank"><span style="color: #808080;">@mousetung</span></a>.</address>
<p></em><br />
&nbsp;</p>
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		<title>Una lista de las listas de fin año</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Dec 2013 23:44:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julieta Díaz Barrón]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Para Jacobo, que entiende esto mejor que nadie. Ha llegado esa época en la que, junto con Santa Claus, los duendes, el arbolito, el nacimiento, llegan las listas de «lo mejor» y «lo peor» del año; las evaluaciones expresadas en gustos de quien compone la lista. Con la autoridad (efímera) que me brinda haber leído [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Para Jacobo, que entiende esto mejor que nadie.<br />
</em><br />
Ha llegado esa época en la que, junto con Santa Claus, los duendes, el arbolito, el nacimiento, llegan las listas de «lo mejor» y «lo peor» del año; las evaluaciones expresadas en gustos de quien compone la lista. Con la autoridad (efímera) que me brinda haber leído algunas, les hago ahora yo mi lista de lo que se puede esperar de las listas de 2013. Si tengo un alto porcentaje de aciertos, todo se lo debo a la predictibilidad de los hacedores de listas. Ya los cachamos.</p>
<p>Me voy a centrar sólo en libros, porque listas de música, arquitectura, marcas, destinos, animales, me exceden. He aquí una probadita:</p>
<ol>
<li>Toda publicación periódica que se precie de serlo, hasta la que publica en portada a Salma Hayek con la falda levantada, va a hacer su lista. De las famosillas, la del New York Times. A veces la lista es de «los mejores» y a veces de «los más vendidos». El problema es cuando los editores confunden (o peor, se convencen de que son lo mismo) lo uno con lo otro.</li>
<li>En esta cita con el destino, van a encontrar la última obra del Nobel en turno. Siempre es así. A Tomas Tranströmer se le leía poco, pero milagrosamente surgieron expertos que aparentemente tenían décadas de leerlo y que milagrosamente colaron sus libros como los esenciales de ese año. Lo mismo pasó con Mo Yan y, este año, va mi apuesta a que en alguna de estas listas se cuela Munro. Van a ver.</li>
<li>Pueden salir los dos Stephen más conocidos: King y Hawking. Ambos han escrito obras notables, no me malinterpreten, pero es súper <em>cool</em> colarlos para hacer de cuenta que la crítica libresca no se riñe con la popularidad en ventas ni en lo literario ni en la divulgación científica.</li>
<li>Siguiendo con la divulgación científica, van a colarse libros que abordan el comportamiento de los virus (el nuevo <em>Guerra de los mundos</em>), de las sondas espaciales, de los cometas, del código genético, de la física cuántica, de la posibilidad de viajar en el tiempo, de la materia negra en el Universo. Entre peor haya sido abordado el tema por Hollywood, más probabilidades tiene de ser considerado como imprescindible para informarse bien. O pretenderlo.</li>
<li>Va a salir alguna de las novelas de sagas. Dependiendo del año, puede ser de vampiritos adolescentes, de princesas seducidas, de maguitos infantiles, de detectives suecos o de seductores que latigan seducidas. Oh. El tema es que cuando hacen la reseña correspondiente, no crean que los hacedores de listas las confiesan como placer culposo (yo soy culpable de haber caído por completo con el personaje del detective sueco); no, señoras y señores. La reseña necesariamente va a reivindicar la capacidad de colarse en el imaginario colectivo y, sobre todo en estas épocas monotemáticas, de no salirse de la conversación.</li>
<li>Siempre saldrá un ensayo de algún notable que escribe cosas semi profundas que se convierten en las biblias de la vida cotidiana <em>millenial</em>. La filosofía puesta en modo de marketing. Aquí los inquilinos muy seguramente son Malcolm Gladwell y, faltaba menos, el felizólogo Dr. Tal Ben-Shahar, entre otros.</li>
<li>Si la publicación es cultural, esperen ver una poeta estadounidense que publica en una editorial independiente y que firma sus libros a mano, o alguna excentricidad por el estilo. Asimismo, nunca les falla la nueva antología temática de algún autor impecable: Reyes, Paz, García Lorca, Lessing (que murió este año y entonces aplica el criterio número 2 de esta lista), etcétera.</li>
<li>Siempre hay una biografía por ahí. Con dos posibles variantes: sobre estadista estilo Margaret Thatcher, o fundador de alguna nación; o bien, general desconocido de la Primera Guerra Mundial que resulta haber sido la clave de la victoria indeleble. Se admite una tercera variante (que en realidad deriva de la dos): un pianista o similar que tenía una grave afección de salud y, aunque ya esté olvidado, compuso una pieza que le salva la vida al escritor. Y al reseñista, se entiende.</li>
<li>Esperen que las listas sean «curadas» por alguien. A veces es un mega archi famoso que resulta que es un gran lector y lo descubrimos gracias a su ecléctica elección en la que se esfuerza en recoger una lista de rango temático tan amplio como quiere que sea apreciado su prestigio de avezado lector. O también puede ser que confeccione la lista un político o alguien que aparentemente no está vinculado directamente con el mundo editorial. Estas listas le gustan mucho a las revistas. ¿Veremos la lista de Kanye? ¿La de Gaga? ¿La de Marina Abramović? Yo paso.</li>
<li>Siempre las listas son de 10, 20 o 100, o números fáciles de recordar. Nunca hay lista de «los dieciséis libros…», «los cuarenta y siete libros…».</li>
<li>Y, obvio, esperen las listas de listas. Como ésta. Nunca fallan.</li>
</ol>
<p></br></p>
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		<title>Cinco razones para ignorar las listas (sobre todo las escritas por desconocidos)</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Dec 2013 19:27:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Jacobo Zanella]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta lista se escribe como respuesta a esta otra. &#160; Cualquier cosa en forma de lista tiene autoridad instantánea. Significa que debe hacerse exactamente así o mejor no hacerse —y eso hace dudar a cualquiera. No es así. La lista, como forma, se ha devaluado. Las listas, como medios, se han usado para llevar mensajes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Esta lista se escribe como respuesta <span style="color: #003366;"><a href="http://sadabombon.com/una-lista-de-las-listas-de-fin-ano/"><span style="color: #003366;">a esta otra</span></a></span>.</em><br />
&nbsp;<br />
Cualquier cosa en forma de lista tiene autoridad instantánea. Significa que debe hacerse exactamente así o mejor no hacerse —y eso hace dudar a cualquiera. No es así. La lista, como forma, <a href="http://sadabombon.com/una-lista-de-las-listas-de-fin-ano/"><span style="color: #003366;">se ha devaluado</span></a>. Las listas, como medios, se han usado para llevar mensajes masivos. Seguramente estaríamos mejor sin ellas. Aquí cinco razones:</p>
<ol>
<li>Las listas son antinaturales. El hombre es un ser orgánico; su cerebro es plástico. Las listas son rígidas, llegan a conclusiones definitivas. Si a mí me pidieran que escribiera una lista en la mañana, y un día después me pidieran que escribiera la misma lista —peor todavía, en la noche—, enlistaría cosas distintas.</li>
<li>Las listas crean ansiedad, pues generalmente hablan de cosas que no tenemos, que debemos hacer, comprar, visitar, arreglar&#8230; Nadie necesita ansiedad. Generan ansiedad incluso si son listas de cosas que ya tenemos, porque nadie necesita una lista de las cosas que ya tiene —y todo lo que no es necesario no es bueno para el hombre.</li>
<li>Las listas matan parte de la experiencia: son como el menú de aviones a prueba de alergias, religiones, etc. Las listas eliminan procesos cognitivos; son atajos que nos previenen del azar, uno de los recursos más genuinos y fáciles que hay para descubrir el mundo. Dicho de otra forma, las listas son impacto, primera y última impresión, principio y final. Imposible que utilicemos nuestra parte <em>sapiens</em> cuando leemos una.</li>
<li>Las listas te meten cosas en la cabeza a través de alguien a quien no quieres y en quien no confías. Tienen el misterioso poder de estar por encima de aquellos en quien sí confías. («Si está en forma de lista, si está en este medio, debe ser cierto.»)</li>
<li>Las listas garantizan que sólo veas —y consumas— lo que todo el mundo ve, dejando fuera todo lo demás.</li>
</ol>
<p>Facebook me acaba de decir cuáles fueron mis mejores 20 momentos del año. Es apenas 9 de diciembre. Ya revisé la lista y no es cierto; no recuerdo cuáles fueron los mejores momentos, pero definitivamente no son esos. Ahora, suponiendo que sí, que la lista fuera totalmente acertada, ¿qué pasa con todo lo que haga entre el 9 y el 31 de diciembre? ¿Lo pondrán en la lista 2014 o simplemente no existirá?</p>
<p>¿Serán las listas cada vez más como la Navidad o la rosca de Reyes, que cada año aparecen una semana antes?<br />
&nbsp;</p>
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