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Una lista de las listas de fin año

Para Jacobo, que entiende esto mejor que nadie.

Ha llegado esa época en la que, junto con Santa Claus, los duendes, el arbolito, el nacimiento, llegan las listas de «lo mejor» y «lo peor» del año; las evaluaciones expresadas en gustos de quien compone la lista. Con la autoridad (efímera) que me brinda haber leído algunas, les hago ahora yo mi lista de lo que se puede esperar de las listas de 2013. Si tengo un alto porcentaje de aciertos, todo se lo debo a la predictibilidad de los hacedores de listas. Ya los cachamos.

Me voy a centrar sólo en libros, porque listas de música, arquitectura, marcas, destinos, animales, me exceden. He aquí una probadita:

  1. Toda publicación periódica que se precie de serlo, hasta la que publica en portada a Salma Hayek con la falda levantada, va a hacer su lista. De las famosillas, la del New York Times. A veces la lista es de «los mejores» y a veces de «los más vendidos». El problema es cuando los editores confunden (o peor, se convencen de que son lo mismo) lo uno con lo otro.
  2. En esta cita con el destino, van a encontrar la última obra del Nobel en turno. Siempre es así. A Tomas Tranströmer se le leía poco, pero milagrosamente surgieron expertos que aparentemente tenían décadas de leerlo y que milagrosamente colaron sus libros como los esenciales de ese año. Lo mismo pasó con Mo Yan y, este año, va mi apuesta a que en alguna de estas listas se cuela Munro. Van a ver.
  3. Pueden salir los dos Stephen más conocidos: King y Hawking. Ambos han escrito obras notables, no me malinterpreten, pero es súper cool colarlos para hacer de cuenta que la crítica libresca no se riñe con la popularidad en ventas ni en lo literario ni en la divulgación científica.
  4. Siguiendo con la divulgación científica, van a colarse libros que abordan el comportamiento de los virus (el nuevo Guerra de los mundos), de las sondas espaciales, de los cometas, del código genético, de la física cuántica, de la posibilidad de viajar en el tiempo, de la materia negra en el Universo. Entre peor haya sido abordado el tema por Hollywood, más probabilidades tiene de ser considerado como imprescindible para informarse bien. O pretenderlo.
  5. Va a salir alguna de las novelas de sagas. Dependiendo del año, puede ser de vampiritos adolescentes, de princesas seducidas, de maguitos infantiles, de detectives suecos o de seductores que latigan seducidas. Oh. El tema es que cuando hacen la reseña correspondiente, no crean que los hacedores de listas las confiesan como placer culposo (yo soy culpable de haber caído por completo con el personaje del detective sueco); no, señoras y señores. La reseña necesariamente va a reivindicar la capacidad de colarse en el imaginario colectivo y, sobre todo en estas épocas monotemáticas, de no salirse de la conversación.
  6. Siempre saldrá un ensayo de algún notable que escribe cosas semi profundas que se convierten en las biblias de la vida cotidiana millenial. La filosofía puesta en modo de marketing. Aquí los inquilinos muy seguramente son Malcolm Gladwell y, faltaba menos, el felizólogo Dr. Tal Ben-Shahar, entre otros.
  7. Si la publicación es cultural, esperen ver una poeta estadounidense que publica en una editorial independiente y que firma sus libros a mano, o alguna excentricidad por el estilo. Asimismo, nunca les falla la nueva antología temática de algún autor impecable: Reyes, Paz, García Lorca, Lessing (que murió este año y entonces aplica el criterio número 2 de esta lista), etcétera.
  8. Siempre hay una biografía por ahí. Con dos posibles variantes: sobre estadista estilo Margaret Thatcher, o fundador de alguna nación; o bien, general desconocido de la Primera Guerra Mundial que resulta haber sido la clave de la victoria indeleble. Se admite una tercera variante (que en realidad deriva de la dos): un pianista o similar que tenía una grave afección de salud y, aunque ya esté olvidado, compuso una pieza que le salva la vida al escritor. Y al reseñista, se entiende.
  9. Esperen que las listas sean «curadas» por alguien. A veces es un mega archi famoso que resulta que es un gran lector y lo descubrimos gracias a su ecléctica elección en la que se esfuerza en recoger una lista de rango temático tan amplio como quiere que sea apreciado su prestigio de avezado lector. O también puede ser que confeccione la lista un político o alguien que aparentemente no está vinculado directamente con el mundo editorial. Estas listas le gustan mucho a las revistas. ¿Veremos la lista de Kanye? ¿La de Gaga? ¿La de Marina Abramović? Yo paso.
  10. Siempre las listas son de 10, 20 o 100, o números fáciles de recordar. Nunca hay lista de «los dieciséis libros…», «los cuarenta y siete libros…».
  11. Y, obvio, esperen las listas de listas. Como ésta. Nunca fallan.



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