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	<title>Sada y el bombón &#187; Edición 20</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>Sada y el bombón 20 –un adelanto</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Feb 2014 02:58:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>

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		<description><![CDATA[La vigésima edición de la revista está en la imprenta, regodeándose en su tinta. Entre hoy y el jueves la secan, la doblan, la cortan y la empastan. Esperamos tenerla por acá entre el viernes y el lunes 10. Por lo pronto, a modo de trailer editorial, va aquí un adelanto. Hicimos un viaje a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La vigésima edición de la revista está en la imprenta, regodeándose en su tinta. Entre hoy y el jueves la secan, la doblan, la cortan y la empastan. Esperamos tenerla por acá entre el viernes y el lunes 10. Por lo pronto, a modo de <em>trailer</em> editorial, va aquí un adelanto.</p>
<p>Hicimos un viaje a Texas. Teníamos muchas ganas de visitar Austin, Houston y Dallas. Así comienza la crónica del viaje:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2524" style="border: 1px solid #DADADA;" alt="Sada y el bombón en Austin, Texas" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/trailer-20/SBXX_2.jpg" width="705" height="473" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escribimos también un artículo que trata de justificar nuestros <em>guilty pleasures</em> musicales: Joan Sebastian, Marco Antonio Solís y Juan Gabriel. Bueno, en realidad no son <em>guilty pleasures</em>: los cantamos sin culpa alguna. En lo que sí sentimos un poco de culpa es que tal es nuestro gusto por estos tres compositores, que los consideramos grandes poetas e incluso filósofos.</p>
<p>De Joan Sebastian, por ejemplo, decimos que es nuestro Heráclito y nuestro Bashô («qué pronto escapó la prófuga felicidad […] hay nubes en mi cielo»), nuestro Camus («lo mas caro que tengo, que es mi libertad»), nuestro Rimbaud («yo siempre he sido ajeno»), nuestro Heidegger («sobre el tiempo el tiempo que te conocí») y nuestro Stevenson («víctima de un álter ego, me voy»). Como diría Juan Gabriel, inocente pobre amigo quien crea lo contrario.</p>
<p>La edición febrero-marzo 2014 viene también una lista de los diez murales queretanos más representativos de la ciudad. Aquí los primeros dos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2525" style="border: 1px solid #DADADA;" alt="Murales urbanos de Querétaro en Sada y el bombón" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/trailer-20/SBXX_3.jpg" width="705" height="473" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y un adelanto más: entrevistamos a Selva Hernández, la directora de Ediciones Acapulco (quizá la editorial comercial más exquisita del país):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2526" alt="Sada y el bombón entrevista a Ediciones Acapulco" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/trailer-20/SBXX_4.jpg" width="705" height="474" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A partir de la próxima semana, <a href="http://sadabombon.com/donde-la-consigo/">busca la revista en estos lugares</a>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Let&#8217;s get physical! –de la elíptica al CrossFit: un vistazo al ejercicio en nuestras ciudades</title>
		<link>http://sadabombon.com/deportes/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 22:31:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Ah, el deporte. Esa pasión, esa necesidad y –para algunos– necedad. En una década donde el atractivo físico es vital (#selfie), hacer ejercicio se ha vuelto parte de nuestra urbanidad. Junto a la renta y el súper (o la comer), pagar un gym ya entra en los gastos fijos –algo bastante virtuoso si observamos los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ah, el deporte. Esa pasión, esa necesidad y –para algunos– necedad. En una década donde el atractivo físico es vital (#selfie), hacer ejercicio se ha vuelto parte de nuestra urbanidad. Junto a la renta y el súper (o la comer), pagar un gym ya entra en los gastos fijos –algo bastante virtuoso si observamos los índices de obesidad en los puestos de garnachas.</p>
<p>No basta, no en estos tiempos, con levantar una pesa o subirse en una caminadora. Lo de hoy es dividirse entre la paz mental y la dureza muscular. Somos la versión extrema –y al mismo tiempo espiritual– de Olivia Newton-John y sus aeróbics del &#8217;81.</p>
<p>Durante su retiro-experimento en la laguna de Walden, Henry David Thoreau contempló la metafísica del pescador rutinario: muchos hombres van de pesca todas sus vidas sin saber que no es el pez lo que están buscando. Lo mismo pasa con el deporte: no corremos para llegar a alguna parte, más bien lo hacemos por el desplazamiento, la sensación. Entre la publicidad de Nike y el querer bajar de peso, se nos ha olvidado que hay algo más: una necesidad de movimiento, de acción, de saber que sí se puede huir del vacío y el reposo. Que no somos inmóviles.</p>
<p>Hacer ejercicio es la actividad física sin utilidad: se nada sin buscar la orilla, se levanta un peso porque sí. Y aunque también nos uniformamos para ganar una medalla, jugar en equipo y anotar un punto, lo cierto es que el deporte es la versión corporal de nuestro egoísmo: lo hago para mí y para nadie más; una codicia saludable, un egocentrismo lleno de músculos y sudor.</p>
<p>En estos tiempos, el <em>porque sí</em> atlético es una declaración en contra del sedentarismo. Parece ser que los gimnasios atiborrados suprimen la vida estacionada, y entonces mover los brazos y piernas sin sentido es sentarse menos en las mesas del McDonald&#8217;s o embarrarse todo el día en el iPad. Pero ahí está el error: más bien, nuestra inmovilidad es abstracta, va más allá de las flexiones y los estiramientos físicos. Nos subimos a una elíptica con el cerebro fijo, encerrado. Corremos una pista para «despejar la mente» y el efecto es temporal, finito. Pronto queremos más kilómetros, más velocidad, más peso, más ejercicios. Nada puede ocultar nuestra ansiedad: somos voraces e impacientes –y ahí es donde perdimos un poco el camino del deporte: cambiamos su hedonismo por la demasía y la inmediatez. Ahora andamos en busca de lo más nuevo, de lo más rápido y efectivo. Hemos dejado de movernos por el placer del movimiento.</p>
<p>Corredores en la calle a las 6:00 am, orangutanes que siempre traen faja en el gym, señoras que se juntan en su clase de pilates, veinteañeros dejando la voluntad en el <em>CrossFit</em>. El miedo estático está más presente que nunca: todos queriendo bajar de peso sin saber que lo importante es no ser fijo. El ejercicio citadino como el pescador de Thoreau: buscando el pez en las membresías del club deportivo, en los tapetes de yoga y las tiendas de ropa deportiva –aunque nos rompamos las rodillas.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Muestrario de nuestra locura deportiva</h3>
<p>Desde los gimnasios nudistas en Alemania hasta el hockey subacuático, el terror a no poder movernos ha derivado en un catálogo vasto y por momentos demente. Acá en el Bajío hemos comenzado a contagiarnos con las variaciones del yoga y los ejercicios que, ¡uy!, «te llevan al límite».</p>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">Yogalates.</span> Nada más común para un nuevo deporte que unir distintos entrenamientos: mezclar, juntar y ver qué sale. El yogalates es eso: yoga con pilates, un <em>mash-up</em> de la meditación ancestral con los ejercicios gimnásticos de Brooklyn; «tranquilo pero no tan tranquilo». Casi todos los gimnasios tienen esta modalidad, algunos hasta lo han montado en localitos a la vuelta de tu casa (junto con el Zumba, son los Oxxos del ejercicio urbano). Aviso: basta con leer en voz alta yogalates para sacar la doña posmoderna que llevamos dentro.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Insanity.</span> La versión <em>hardcore</em> del ejercicio en casa. Salió en el 2009 pero sigue siendo un favorito de los impacientes. Basta con que te pasen los videos para rápidamente transformar el ocio hogareño en una sala de saltos, sentadillas, gritos y mucha estamina. El entrenamiento: 3-4 minutos de ejercicios cardiovasculares non-stop con descansos de 30 segundos, 1 hora diaria durante 60 días –y todo esto de la mano de una pantalla que no para de gritarte «<em>¡push, push, push!</em>».</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Pole fitness.</span> Sociedad evolutiva es pasar del téibol al suburbio (?). Este deporte es la versión familiar de lo que se ve en las afueras de Celaya y Apaseo: ¡el tubo, tubo! De unos años para acá, las mujeres entendieron los beneficios del numerito –los hombres ya lo sabían– y decidieron usarlo para tonificar sus cuerpos. Treparse al tubo es, en efecto, una gran prueba de resistencia y estiramiento. Lo que varía es el entorno: diferentes instalaciones, mismos resultados (y sin proxeneta).</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Power Yoga.</span> La forma sintetizada y sofocante del <em>hatha</em> yoga: clases de 90 minutos con 26 posturas tradicionales y dos ejercicios de respiración en un cuarto a 40.6 °C y 40% de humedad. La idea es recrear la temperatura de la India, sudar, estirarse mejor, desintoxicarse y eliminar los pliegues de más. La versión original y certificada es el <em>Bikram</em> yoga, acá se llama <em>power</em> yoga o <em>hot</em> yoga porque transpira en la clandestinidad, pero eso no le quita la exudación o el casi desmayo calórico.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">TRX.</span> Entrenamiento en suspensión con dos cuerdas sujetadas a un arnés. Ejercicios basados en el propio peso corporal y la resistencia a la gravedad. El TRX es la adaptación comercial del entrenamiento de los Navy SEALs (la fuerza armada de operaciones especiales en los Estados Unidos). Filosofía: fuerza y resistencia ad hoc a tu masa corporal y en cualquier lugar (casa, gimnasio o al aire libre). Por ejemplo, los<em> marines</em> intercalan el TRX con balazos en el Medio Oriente (cada quién su neurosis).</li>
<li><span style="color: #ff0000;">CrossFit.</span> El CrossFit es un programa voraz de fuerza y acondicionamiento. Utilizado en un principio para bomberos y militares norteamericanos, la idea es llevar el cuerpo al límite: cargar el peso que nunca haz cargado, correr como nunca, saltar más; si no duele, no sirve. Todo suena bien para un atleta estancado, lo malo es cuando una gordibuena o un mamordo cambia los Cheetos por el CrossFit en un día. Va lo horrible: llevar demasiado al límite tu cuerpo puede traer problemas como la rabdomiólisis (quiebre de las células musculares que puede terminar en insuficiencia renal). En otras palabras, hay que dosificar.</li>
</ol>
<p>&nbsp;<br />
<h3>¿Dónde hacer ejercicio?</h3>
<p>Tanto <em>gym</em>, tantas cuotas y pagos mensuales. Lo malo de los nuevos deportes es su abundancia (¿cuál será el mejor?), lo bueno es que hay para todos: precio, calidad y estilo de vida. Tenemos desde el gimnasio de la colonia hasta el exclusivo Sport City y la bodega de <em>CrossFit</em>. Recomendamos escoger por cercanía –nada más contradictorio que irse en auto al gym– y evitar changarros gastronómicos con fritanga sospechosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">Me prefiero en movimiento</span> –por Paulina Macías</h3>
<p>Siempre salgo mal en las fotos. Tal vez porque pongo una cara rara o porque hago muy adelante el cuello o porque tengo una ceja a medio levantar justo cuando la cámara hace clic. He pasado muchos minutos de mi vida intentando encontrar la razón por la que salgo así de mal y creo que vislumbro una pista: a mí me va mejor el movimiento. Una foto me congela, me paraliza, y en la inmovilidad me veo fatal. Todo esto para explicar que soy una persona que le gusta –y que necesita– moverse. En consecuencia, me gustan los deportes.</p>
<p>He practicado muchos: cuando era niña hacía gimnasia olímpica y atletismo. De adolescente jugué basquetbol y fútbol –en mi insensatez juvenil hasta iba al gimnasio a hacer pesas, guácala. Luego de terminar la universidad fui prefiriendo, no sé si por gusto o porque uno se va quedando más solo en la adultez, los deportes individuales. Ahorra corro, nado y más recientemente hago yoga. Hablemos del último para volver al tema del movimiento y de las impresiones que he ido acumulando al moverme de manera consciente.</p>
<p>Pareciera que moverse es llevarse a uno mismo de un punto a otro: correr de A a B (o de A a A si es un circuito), perseguir algo, cambiar de posición. Haciendo yoga descubrí que puedo moverme sin moverme, es decir, sí moviéndome yo –conmigo–, pero no moviéndome yo con respecto de la posición en la que me encuentro. Entro a una clase y una hora después estoy en el mismo lugar, acostada en lugar de parada, pero en el mismo lugar; sin embargo, me encuentro muchos músculos más cansada y muchas calorías más hambrienta.</p>
<p>Algunas posiciones en estos deportes –yoga, TRX, pilates– dependen mucho más del equilibro que de la fuerza o de la flexibilidad. Yo pensaba que el equilibrio se tenía o no se tenía, que era algo así como un talento. Eso lo pensaba porque yo siempre me caigo y la demás gente no. Un día la maestra se compadeció de mí al verme siempre tambaleante y me dijo que si miraba a un punto fijo ya no me iba a caer o, por lo menos, iba a poder mantener la posición que ella me pedía que hiciera. Lo hice y funcionó. Ver a un punto fijo aísla el resto del ambiente y eso hace que no te distraigas. Si no estás distraído, no te caes. Un día haciendo yoga descubrí que yo me caía por distraída y que eso no tenía que ver con que tuviera o no el supuesto talento del equilibrio.</p>
<p>El descubrimiento más profundo y cursi que he hecho haciendo yoga sucedió gracias a que tuve una maestra tan dulce como nazi. Explico. Cada clase, al final, es necesario hacer algo que se llama <em>inmersiones</em>. No sé muy bien para qué sirva, pero es necesario pararse de manos, pararse de codos, pararse de cabeza o pararse en algo así como la nuca. Esta última posición se llama vela. Para explicar en corto, para hacer la vela hay que acostarse boca arriba, levantar las piernas hacia el cielo y lograr parecer una vela, o imaginarlo al menos. Esto hace que la cabeza siga en posición horizontal, pero el cuello se hace la mar de curvo, es decir, yo me quedo toda torcida. Odio la vela. Mi maestra dulce pero nazi elegía esa posición de inmersión cada clase, y yo, cada clase, estaba a punto de llorar, gritar o de menos bajar las piernas. Un día, no sé si viendo mi desesperación o sólo por casualidad, mi maestra dulce pero nazi dijo algo así como «no es una lucha, es una renuncia». Por supuesto, no dejé de sentirme desesperada y torcida, pero decidí aguantarme y ya. Respiro, olvido que estoy toda torcida, hago la vela esa y salgo de la clase sintiéndome súper mujer (?).</p>
<p>En una hora de yoga me sucede algo así como una agitada interior, estirando mis piernas, respirando para que mi mano toque una parte de mí que normalmente no alcanzo, manteniendo el equilibrio que pensé que no tenía y poniéndome en poses que pensé que no existían. Lo mejor de este deporte –o disciplina o práctica o lo que sea– es que la concentración que necesito para hacerlo –y no hablo de meditación, sino de la simple atención que se necesita para mover un dedo de maneras sospechosas o para hacerlo llegar a donde naturalmente no llega– hace que deje de pensar en lo demás. Lo mejor de esta forma de movimiento es que congela mi cabeza. Le toma una foto a mi cerebro y mientras mi cabeza está paralizada, yo me veo –me percibo, al menos– mucho mejor.<br />
&nbsp;</p>
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		</item>
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		<title>Los diez murales queretanos más representativos de la ciudad</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 22:10:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Top 10]]></category>

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		<description><![CDATA[Existen tres tipos de murales urbanos: los figurativos, los abstractos y los involuntarios. Los más graciosos son los terceros; hay colonias con una paleta de color tan aventurada, que vistas de lejos resultan fascinantes. Los graffitis tradicionales suelen ser también involuntarios: quien raya una pared en la oscuridad responde más a un instinto que a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Existen tres tipos de murales urbanos: los figurativos, los abstractos y los involuntarios. Los más graciosos son los terceros; hay colonias con una paleta de color tan aventurada, que vistas de lejos resultan fascinantes. Los graffitis tradicionales suelen ser también involuntarios: quien raya una pared en la oscuridad responde más a un instinto que a una reflexión.</p>
<p>Los murales abstractos normalmente los practica el INAH. Creyéndose Rothkos urbanos (¡nálgame dios!), los burócratas del INAH pintan los centros históricos de nuestras ciudades con una envergadura que sólo puede producir ternura y, a veces, una especie de extraño respeto –hacia quien insiste en postergar la ruina.</p>
<p>Los murales que nos interesan aquí son los figurativos, aquellos que van más allá del graffiti salvaje sin caer en la supuesta sensatez de una institución «protectora».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">1 &gt;</span> La ignorancia es capaz de hacernos cenizas</h3>
<p>Dos monos chapeados pintados por Cyrielle Tremblay abren el telón de una especie de teatro guiñol donde un pollo se enfrenta a una mano de cachiporra –que ya le dio su buena tunda al otro pollo, ahora embarrado de cátsup. Remolacha y Cheke, nuestros dos muralistas preferidos, se enfrentan aquí con sus personajes y técnicas pictóricas más representativas.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/1.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Este mural es la síntesis colectiva de cuatro grandes figuras del muralismo queretano: los tres ya mencionados más el equipo de producción y restauración del <a href="http://www.boarddripper.com.mx/" target="_blank">Board Dripper</a>.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación: </span>Pino Suárez esquina con Ezequiel Montes, en el Centro Histórico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">2 &gt;</span> Balance infinito</h3>
<p>El puertoliqueño Alexis Díaz pintó con tinta china y pintura látex este mural para la más reciente edición del festival Board Dripper.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/2.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
El águila y la serpiente teniendo un duelo a muerte nos remite, más que al escudo nacional, a la animación de las flores eróticas de <em>The Wall</em>. Un corazón-calavera que bombea y engendra al mismo tiempo un animal que vuela y otro que se arrastra; diástole y sístole de un mismo anhelo.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> Felipe Ángeles, casi esquina con San Roque, entre Universidad y la Arena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">3 &gt;</span> Punto no correr</h3>
<p>En lo que parece ser el País de los Hombres Magenta, hay dos bandos: los punteados y los rayados. Mientras la bandada rayada desciende corriendo, los punteados –un uniforme que parece tuna– los intentan detener. La escena se asemeja a un duelo entre aficionados –hinchas– de futbol.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/3.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Este fue uno de los murales que más nos gustó del Board Dripper 2013; fue la portada de la edición 18 (octubre-noviembre) de esta revista. Lo pintó el argentino Franco Fasoli, también conocido como JAZ.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> Gutiérrez Nájera esquina con 16 de Septiembre, en el Centro Histórico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">4 &gt;</span> CY</h3>
<p>El distribuidor queretano de pinturas Osel organiza otro gran festival de expresión callejera: <a href="http://nuevearteurbano.com/" target="_blank">Nueve Arte Urbano</a>.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/4.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
La canadiense Cyrielle Tremblay pintó para este festival lo que podría ser su devenir artístico: detrás, montañas nevadas del Quebec; al frente, un corazón y unos motivos mexicanos que remiten al barrio La Cruz, el barrio más tradicional de la ciudad. Quebec en Querétaro.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> Zaragoza esquina 20 de Noviembre, cruzando el último arco del Acueducto, hacia Corregidora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">5 &gt;</span> Tepoztlán</h3>
<p>Si alguien quiere decirle algo a la ciudad, ha de expresarlo en los muros y espacios públicos. Eso lo entienden los artistas urbanos mejor que nadie. En este mural, el queretano Senns denuncia la devastación ambiental generada por la ampliación de la autopista que va hacia Tepoztlán.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/5.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Algo curioso de este mural es su propia devastación: sufre los estragos de una pared con humedades. La versión urbana de aquel óleo de Géricault infestado de termitas.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> Francisco González de Cosío, entre Constituyentes y 20 de Noviembre, al lado de Plaza de las Américas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">6 &gt;</span> Hombre decúbito [inconcluso]</h3>
<p>En su más reciente edición, el festival de cortometrajes animados CutOut Fest invitó a Neuzz. Este ilustrador y artista visual pintó de amarillo el muro de la librería del Fondo de Cultura Económica y luego pintó un monigote que goza de la más placentera posición que existe: la horizontal.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/6.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Al mural le falta todavía, por lo menos, una mano y un pie. De todas formas –manco, cojo e inconcluso– el mural resalta entre los demás de la ciudad por la paleta de color, las líneas geométricas y los trazos sumamente precisos.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> Próspero Vega esquina con 16 de Septiembre, Centro Histórico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">7 &gt;</span> La raíz del juego</h3>
<p>Una raíz que parece zanahoria y que tiene un corazón a modo de afro crea con la ayuda del sol –antes globo de helio– su propio cerebro. Todo esto mientras un niño se trepa en sus ramas porque al parecer el hilo de su globo se quedó ahí atorado.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/7.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Con este mural, el artista visual Cheke ganó el primer festival de Nueve Arte Urbano, allá por el año 2012.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> estacionamiento del Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">8 &gt;</span> Old Man Chaos</h3>
<p>Este fue el mural ganador del festival Nueve Arte Urbano 2013. Lo pintó Miguel Valiñas, un arquitecto y artista plástico queretano.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/8.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Lo que más resalta del retrato de este hombre barbudo y enmarañado es la ausencia de color. Hay muy pocos murales blanco y negro en la ciudad. Éste es, para nosotros, el mejor logrado.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> Zaragoza 114 Ote, esquina con Ejército Republicano, San Francisquito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">9 &gt;</span> Intervención en el Mercado de la Cruz</h3>
<p>En agosto del año pasado, durante una semana, las cortinas de 8 locales del Mercado de la Cruz fueron pintadas por 8 muralistas: Bacse, Olito, Pirax, Satterugly, SiLoMi, Sketch, Senser y Terror.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/9.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Esta galería nocturna –los locales cierran sus cortinas al anochecer– fue un proyecto que hizo la Galería Libertad (en su versión extramuros) y el festival Board Dripper.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> locales de la esquina sureste del mercado (la mitad dan a la calle 15 de Mayo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #ff0000;">10 &gt;</span> Colonias Comparte</h3>
<p>La segunda edición del Congreso del Instituto de Creatividad, Cultura, Arte y Desarrollo trajo al colectivo español Boa Mistura (boamistura.com). Bajo el tema «El arte como agente de cambio», el colectivo intervino la colonia Las Américas.<br />
&nbsp;<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/10.jpg" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-2585" /><br />
Boa Mistura invitó a los habitantes de esta colonia a pintar los muros de sus casas y, al mismo tiempo, a convivir entre ellos. El arte urbano como pretexto<br />
de convivencia entre los vecinos.</p>
<p><span style="color: #008080;">Ubicación:</span> colonia Las Américas (la que está en la esquina del Bulevar Bernardo Quintana y la 5 de Febrero).<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Mascotas –¿por qué tener a un animal de compañero?</title>
		<link>http://sadabombon.com/mascotas/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 21:42:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Propuestas y recomendaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos hemos acostumbrado a los animales domésticos. Sobre todo a los perros. Si nunca hubiéramos visto uno y de pronto nos lo topáramos –elegante, horizontalmente erguido– cruzando una calle, nos quedaríamos asombrados: no sabríamos qué es eso, si es del futuro o si viene de un sueño. Pero no, nos cruzamos con un perro, el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Nos hemos acostumbrado a los animales domésticos. Sobre todo a los perros. Si nunca hubiéramos visto uno y de pronto nos lo topáramos –elegante, horizontalmente erguido– cruzando una calle, nos quedaríamos asombrados: no sabríamos qué es eso, si es del futuro o si viene de un sueño. Pero no, nos cruzamos con un perro, el que sea, de cualquier raza, y lo vemos como algo normal. Hemos perdido la capacidad de verlos como algo exótico porque están –estamos– sobredomesticados.</p>
<p>Quizá esa sea la consecuencia de vivir tanto tiempo en una ciudad: perder la capacidad de asombro. El perro y el gato son los animales urbanos por excelencia –sin contarnos, claro está, a nosotros mismos en el tráfico y en la fila del súper. Fuera de la ciudad el perro y el gato dejan, en cierta forma, de existir. El perro campirano es más un lobo que un perro. Y el gato silvestre es definitivamente un felino.</p>
<p>Hemos domesticado tanto a estos dos animales, que ya nos aburrimos. Ahora estamos intentando dominar a animales que resultan exotiquísimos, por lo menos para tenerlos en la ciudad: hurones, erizos, changos, cerdos, caballos miniatura… Quizá lo hacemos por venganza: lo que la ciudad nos hace todos los días, nosotros se lo hacemos a la naturaleza.</p>
<p>No es que estemos dementes, es que estamos aburridos. Y los animales distraen, a veces muy bien, nuestra desgana. Esa es quizá la primera razón para tener una mascota: para librarnos de nosotros mismos. A continuación otras ocho.</p>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">Disfraza la soledad.</span> «Un hombre solo siempre está en mala compañía», decía Paul Valéry. Un perro, un gato y hasta un pez maquilla muy bien la soledad. En lugar de caminar solo, sacas al perro; en vez de un <em>selfie</em>, <em>instagrameas</em> al gato. La idea es fingir sociabilidad. Las mascotas son en cierta forma la pluma de Dumbo para hacer amigos y –por qué no– conseguir pareja.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Salva un perro callejero.</span> Aquí va un dato atroz: en las ciudades del Bajío, una perrera municipal recoge en promedio 300 perros a la semana y sacrifica casi 15 mil al año. Vaya salvajada. Conviene, pues, adoptar un perro callejero. La mayoría tienen bastantes traumas y algunos complejos y tics, pero eso puede ser algo positivo: suelen ser dóciles, mansos y sumamente cariñosos.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Supera el Tamagochi. </span>Consciente o inconscientemente, todos tenemos ya una mascota. Se llama WhatsApp, Twitter, Facebook. Diario paseamos, alimentamos, acariciamos y le platicamos a ese fetiche llamado <em>smartphone</em>. Seremos anacrónicos, pero creemos que está mucho mejor pasar nuestros ratos libres al lado de un animal de sangre caliente.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Obtén una nueva contraseña. </span>Los sistemas tecnológicos que creamos son tan inteligentes, que necesitamos inventarnos una nueva contraseña cada semana. Con el banco, por ejemplo, ya hemos agotado como contraseña nuestra fecha de nacimiento, el nombre de nuestra ex y el número de empleado de nuestro cartero. Nos urge a todos una nueva contraseña. La solución: hacernos de una mascota y bautizarla.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Cambia de humor.</span> Una mascota bien escogida conforta al intranquilo y tranquiliza al revoltoso. Las mascotas son un poco un espejo de nuestros deseos. Si llegamos cansados a casa y el perro está ansioso, nos estimula a sacarlo a pasear y a hacer ejercicio. Si en el trabajo tuvimos un día tranquilo y estamos inquietos, un gato nos puede poner calmos y templados.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Ve con alguien al psicólogo.</span> La peor parte de ir al psicólogo es que luego quieres platicar con alguien sobre la sesión que tuviste. Como no es conveniente platicarle a tu pareja sobre la sesión, y mucho menos tener dos psicólogos, sugerimos ir con tu mascota. En esta bella, tierna y bondadosa época en la que nos tocó vivir, existen ya psicólogos –hasta psiquiatras– que atienden animales.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Haz negocio. </span>El mercado de las mascotas nunca decrecerá, así estemos hundidos –como estamos– en una crisis mundial. Estamos necesitados de animales que nos escuchen, que nos presten de veras atención y que agradezcan infinitamente el poco caso que les hacemos. Tener un animal, buscarle pareja y procrearlo para después vender sus crías es, sin duda, un gran proyecto de negocio.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Atrasa el hijo.</span> Nada como una mascota para atrasar, suspender o incluso cancelar el hijo que todavía no estás listo para tener. Aunque en realidad uno nunca está preparado para tener un hijo. Pero tampoco para tener una mascota. Así que conviene desnutrir, ofender, olvidar o sobre consentir un animal a hacer todo eso con un ser humano. No se ensaya con una mascota, pero sí dile eso a tu pareja.</li>
</ol>
<p>&nbsp;<br />
<h3>¿Por qué no tener mascotas?</h3>
<p>La razón principal es sencilla: porque en el fondo no necesitas un animal. Pero bueno, encontremos razones concretas: porque su alimento ya paga IVA, porque tendrás que gastar extra en los aviones, buscar hoteles especiales, estar atado a tu casa y conseguirte amigos nuevos que tengan una mascota similar. Antes de tener un animal, prueba si con una planta tienes suficiente.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>La jaula de oro</title>
		<link>http://sadabombon.com/la_jaula_de_oro/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 21:32:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[En diciembre del año pasado, Querétaro aprobó una ley que prohíbe la exhibición de animales en circos. Querétaro es el primer estado del país en hacerlo. Enhorabuena, pues. Ya sólo falta pasar una ley que demuestre lo obvio: que las corridas de toros son circos también. Los activistas en favor del derecho de los animales [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En diciembre del año pasado, Querétaro aprobó una ley que prohíbe la exhibición de animales en circos. Querétaro es el primer estado del país en hacerlo. Enhorabuena, pues. Ya sólo falta pasar una ley que demuestre lo obvio: que las corridas de toros son circos también.</p>
<p>Los activistas en favor del derecho de los animales repiten una y otra vez el valor de su lucha: «protegemos a los que no pueden protegerse por sí mismos». De acuerdo, pero quizá podemos ir más allá: protejamos a los que pueden dañarse a sí mismos, es decir, a nosotros, los bípedos implumes –como nos llamaba Cortázar.</p>
<p>En una corrida de toros, la bestia más temible a la que se enfrenta un torero es aquella que lo empuja por la espalda: el público. En eso consiste la «danza» del matador, en torear a esos dos animales. Más que al toro, al que debemos proteger es a la bestia momentánea que está en las gradas.</p>
<p>El escritor chileno Rafael Gumucio lo dice mucho mejor: «no hay manera más certera de defender a los animales que salvar al hombre».<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Festivales de música: un versus entre los festivales internacionales, nacionales y locales</title>
		<link>http://sadabombon.com/festivales-musica/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 20:20:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Versus]]></category>

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		<description><![CDATA[La música popular contemporánea se ha vuelto complejísima. Para empezar, la música es ya lo de menos. O, mejor dicho, la música no se percibe solamente por el oído. La vestimenta de una banda, el video musical que lanzan, el artista que contratan para decorar su álbum, las parejas sentimentales de sus integrantes, las inclinaciones [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La música popular contemporánea se ha vuelto complejísima. Para empezar, la música es ya lo de menos. O, mejor dicho, la música no se percibe solamente por el oído. La vestimenta de una banda, el video musical que lanzan, el artista que contratan para decorar su álbum, las parejas sentimentales de sus integrantes, las inclinaciones políticas que revelan… todo eso importa tanto como el verso que escriben y el acorde que tocan.</p>
<p>Existen bandas exitosas porque el video –y no la canción– es genial. Y hay otras que tocan música mediocre pero tienen una presencia escénica deslumbrante. Bandas que son malas en el disco pero buenas en los festivales.</p>
<p>Los festivales musicales tienen más puntos en común con la dramaturgia que con la lírica. Un buen festival lo es porque cuidó la escenografía, la iluminación, la intervención de los espacios y la identidad musical del cartel, es decir, el mercado al que le habla y al público que congrega.</p>
<p>Los festivales musicales en EEUU se saben festivales dramáticos. Los mexicanos suelen ser más grandotes que grandiosos: «vamos a escuchar en vivo los mejores 20 discos del año pasado». Y los festivales locales… bueno, esos se hacen como se puede: tratando, con muchísima ingenuidad, de introducir nuevas bandas en la sorda costumbre provinciana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%">
<h3>Internacional</h3>
</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%">
<h3>Nacional</h3>
</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%">
<h3>Local</h3>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Origen:</strong> el National Jazz Festival, en Inglaterra.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Origen:</strong> a congregación de estudiantinas en el Cervantino.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Origen:</strong> el palenque y el teatro del pueblo de la feria ganadera.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong> Ejemplo representativo:</strong> el Coachella (en Indio, California).</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong> Ejemplo representativo:</strong> el Corona Capital (en el DF).</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong> Ejemplo representativo:</strong> el Concurso de Huapango Huasteco (Querétaro).</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Mejor versión ever:</strong> sin duda, Woodstock. Y hoy: Austin City Limits.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Mejor versión jamás:</strong> las cinco ediciones del MX Beat.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Mejor versión –o de menos sorpresiva:</strong> el Indio Emergente.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Peor versión:</strong> MTV Spring Break Miami o algo así, donde la música es lo de menos.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Peor versión:</strong> el Colmena y todos esos festivales imaginarios que te dejan desvestido y alborotado.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Peor versión:</strong> el festival mensual Kinky + Zoé + Molotov en la plaza de toros.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Grupo típico: </strong> Sea of Flames o uno de esos grupos «legendarios» de Wyoming.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Grupo típico:</strong> los Tigres, los Tucanes o la Banda en Turno siendo reivindicada.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Grupo típico:</strong> en San Miguel, Pilaseca; en Querétaro, Cuerdas y Madera.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Gastos totales: </strong>unos $800 USD.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Gastos totales: </strong>unos $3,000 MXP.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Gastos totales: </strong> no más de $1,000 MXP.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Versión folk:</strong> el Country Music Festival de Nashville, Tennessee.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Versión folk:</strong> la Guelaguetza en Oaxaca de Juárez.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Versión folk:</strong> los festivales de huapango en la sierra huasteca.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%">
<h3>Internacional</h3>
</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%">
<h3>Nacional</h3>
</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%">
<h3>Local</h3>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Vestimenta típica:</strong> hippie vintage.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Vestimenta típica:</strong> hipster en drogas.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Vestimenta típica:</strong> hipster en cafeína.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Motivo para ir:</strong> voy nomás para decir que fui.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Motivo para ir:</strong> fiestero: voy más por la fiesta que por la música.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Motivo para ir:</strong> cinematográfico: voy porque no hay nada en la cartelera.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong> Momento extremo:</strong> el <em>wall of death</em> en los festivales de metal.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong> Momento extremo:</strong> el <em>slam</em> y el <em>stage diving</em> fallido.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong> Momento extremo:</strong> el silencio tras el <em>c’mon</em> Celaya, <em>sing long</em>.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong> Momento extraño:</strong> encontrarte a tu vecino.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong> Momento extraño:</strong> encontrarte a ésa prima.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong> Momento extraño:</strong> encontrarte a tu mamá.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>Ciudad musicalmente festiva:</strong> la capital texana: Austin.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Ciudad musicalmente festiva:</strong> la ciudad de México.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>Ciudad musicalmente festiva:</strong> San Miguel de Allende.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="32%"><strong>En una frase:</strong> algo más que el conjunto de bandas.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>En una frase:</strong> el cartel musical es lo más importante.</td>
<td valign="top" width="2%"></td>
<td valign="top" width="32%"><strong>En una frase:</strong> dado el mercado, milagros musicales.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>«Costumbres» –en este país, la filosofía se escribe en estribillos</title>
		<link>http://sadabombon.com/costumbres/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 18:46:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de comenzar este reportaje, una engorrosa pero necesaria aclaración: hablar de una supuesta contraposición entre cultura «alta» y «baja» no sólo es un lugar común, sino una falacia. Esa dicotomía cultural es una trampa para exhibir nuestra simpleza. No existen expresiones culturales altas o bajas, gordas o flacas, peludas o lampiñas; existen lecturas profundas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de comenzar este reportaje, una engorrosa pero necesaria aclaración: hablar de una supuesta contraposición entre cultura «alta» y «baja» no sólo es un lugar común, sino una falacia. Esa dicotomía cultural es una trampa para exhibir nuestra simpleza.</p>
<p>No existen expresiones culturales altas o bajas, gordas o flacas, peludas o lampiñas; existen lecturas profundas y superficiales. Juan Gabriel puede ser –y es– tan agudo como Jürgen Habermas. Inocente pobre amigo quien crea lo contrario, pues lo que importa no es tanto la palabra cantada como el oído múltiple del escucha. Este cliché sí es certero: todo pende del punto de vista. Los productos culturales son espejos.</p>
<p>Aclarado esto, a lo que nos truje, Chencha: Juan Gabriel, Joan Sebastian y Marco Antonio Solís, tres grandes –enormes– poetas y filósofos mexicanos que todavía están en su etapa productiva.</p>
<h3>Eso y más</h3>
<p>Decir que en Latinoamérica el premio <em>Lo nuestro</em> es más relevante que el premio Nobel, o decir que <em>Siempre en domingo</em> fue nuestra Academia de Platón, es algo que no por cierto deja de ser desproporcionado. Pero decir que Joan Sebastian es nuestro Bob Dylan –o incluso, ¡ay!, nuestro Sócrates– resulta irrefutable.</p>
<p>Por lo menos una vez al año leemos un ensayo que demuestra el poder lírico de Bob Dylan. Cada año aparece en la quiniela del premio Nobel de literatura. Sus abogados estéticos aseguran que Dylan es más que un músico popular: un poeta, un artista contemporáneo, un <a href="http://sadabombon.com/kaprow/">happening</a>, una categoría en sí misma. «Dylan es un Dylan». Emily Dickinson decía que si tras leer o escuchar algo sientes que te han decapitado, eso es poesía. Dickinson lo dice y nosotros lo sentimos: Dylan es un poeta.</p>
<p>Joan Sebastian es eso y más. Es un tatuaje lírico y metafísico: un mantra.</p>
<p>Su biografía es entre épica y lastimosa: nace en Juliantla, Guerrero, se pasea en burro para entregar leche fresca y declama en su escuela versos como estos:</p>
<blockquote><p>No porque me vean chiquito<br />
piensen que no tengo amores.<br />
Yo soy como el huizachito,<br />
naciendo y echando flores.</p></blockquote>
<p>De joven, el entonces llamado José Manuel Figueroa decide ser sacerdote. En el seminario compone –cual Bach– una misa y es entonces cuando se arrepiente de su decisión. Deja el hábito, agarra (entre otras cosas) la guitarra («mi problema es bello y son mujeres») y resuelve su primer nombre artístico: Figueroa. Conoce por accidente a Angélica María, le canta seis de sus canciones, fascina a la entonces «Novia de México» y paso a pasito Figueroa comienza el camino del éxito (y del amor).</p>
<p>«Golondrinas viajeras / vamos sin descansar añorando quimeras […] con las alas cansadas de volar / pero con muchas ganas de cantar», cantaría unos años después nuestro Sísifo.</p>
<p>Antes de cambiarle el nombre a glorias propias y ajenas, se lo cambia a sí mismo (a Joan Sebastian le debemos respeto). El nombre Juan lo asocia con la libertad; Sebastián es el Apolo cristiano. Juan Sebastián: el amante libre. Su hermana, influenciada por la numerología, le sugiere cambiar la U de Juan por una O. Y el fervor popular le quita el acento agudo a Sebastián. Así, en 1977 nace el mito: Joan Sebastian.</p>
<p>Su primer éxito, «El camino del amor», se escuchó en todo el continente. El segundo, «El sembrador de amor», fue interpretado en Argentina &#8217;78: se escuchó en todo el mundo. Actualmente existen doce mil versiones de sus distintos éxitos.</p>
<p>Joan Sebastian –el Rey del Jaripéo, el Huracán del Sur– ha escrito canciones rancheras, norteñas, gruperas, huapangos, corridos, baladas, canciones pop y de banda. Es el poeta promiscuo de México. Y no sólo por componer, producir y cantar distintos géneros musicales, sino también por las letras de sus canciones: «tómame sediento de ti / mi cuerpo espera», «por qué no asociamos», o el lorquiano «esa noche las estrellas no brillaban […] cuatro grillos murmuraban». Joan Sebastian se suma cual D&#8217;Artagnan a los tres mosqueteros eróticos de la tradición lírica: Ramón López Velarde, Gonzalo Rojas y Ovidio Nasón.</p>
<p>«Invítame un cigarro, quiero el cáncer / invítame un cigarro que se queme», le cantó, entre otras, a Maribel Guardia (nuestra Cher). Joan Sebastian logró todo lo cantado: el cigarro, el cáncer y la quemazón. Se casó con Maribel, se divorció mientras ambos protagonizaban la novela <em>Tú y yo</em> y, afortunado, «venció en la lucha contra el cáncer».</p>
<p>Dicen que es «sencillo y natural, que sólo le falta un toque de intelectual», pero eso es sólo como cantautor. Como productor es complejo e ingenioso. Nomás hace falta escuchar los discos que ha hecho de Rocío Durcal, Alicia Villarreal y Vicente Fernández.</p>
<p>¿Habrá todavía alguna duda de que Joan Sebastian es nuestro Bob Dylan o incluso –¡ay!– nuestro Sócrates? Joan Sebastian es eso y más. El Poeta de Juliantla es:</p>
<ul>
<li>Nuestro Heráclito y nuestro Bashô: «qué pronto escapó la prófuga felicidad […] hay nubes en mi cielo».</li>
<li>Nuestro Camus: «lo mas caro que tengo, que es mi libertad».</li>
<li>Nuestro Rimbaud: «yo siempre he sido ajeno».</li>
<li>Nuestro Heidegger: «sobre el tiempo el tiempo que te conocí».</li>
<li>Y nuestro Stevenson: «víctima de un álter ego, me voy».</li>
</ul>
<p>Joan Sebastian es un lobo domesticado, un minotauro en su laberinto. Borges escribió que «nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo»; Joan Sebastian es la encarnación de ese deber filosófico y poético:</p>
<blockquote><p>Me he quedado con la duda<br />
si serás o no<br />
la puerta del laberinto<br />
donde me he perdido yo.<br />
[…] Nos quedamos<br />
y aquí estamos<br />
con la duda, la esperanza y la ilusión.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Razón de sobra</h3>
<p>Los filósofos mexicanos piensan en estribillos, reflexionan con serenatas, se hacen preguntas metafísicas mientras cantan. No es una característica exclusiva de nosotros; por lo menos en occidente, esa es la manera clásica de pensar: cantando.</p>
<p>La irracionalidad y la sordera tienen la misma etimología latina. Es decir, pensamos con el oído.</p>
<p>Si quien mejor escucha es quien mejor piensa y quien mejor oído tiene es quien mejor compone, entonces… ¡claro!… entonces, uno de nuestros mayores intelectuales es el Buki –aunque, hay que decirlo, suele ser monotemático: sólo una idea en cientos de canciones.</p>
<p>En 1959, mientras el pequeño Joan Sebastian se paseaba en burro por el pueblo de Juliantla, nacía, en Ario de Rosales, Michoacán, Marco Antonio Solís AKA el Buki. Su historia es por todos los televidentes conocida: a los 10 años debuta en <em>Siempre en domingo</em>, a los 13 crea Los Bukis (que en el norte es algo así como «los chamacos»), a los 36 inicia su carrera como solista y…<em>la historia continúa</em>.</p>
<p>Se ha dicho que Marco Antonio Solís es la versión descafeinada de José Alfredo Jiménez: canciones de despecho para <em>sisis</em>. Puede ser. Mientras el Rey vuela bajo, el Buki compone un disco con canciones cristianas. Marco Antonio Solís siempre ha tenido ese dejo etéreo, casi celestial. Más que baladas, el Buki compone mitos. Eso puede ser un poco molesto: escuchar cómo un nostálgico llora su soledad y canta, con una pena orgullosa, contra el desprecio. El Buki es el mártir del amor sincero.</p>
<p>Aún con estos, digamos, celestes desperfectos, el Buki es grandioso. Es un hombre para quien la palabra es algo más que una vocación o un destino. Marco Antonio Solís ha creado una religión, algo que ni John Lennon logró hacer. Existe una sospecha, por ejemplo, que la canción <em>Tu cárcel</em> es tanto o más escuchada que el <em>Padre nuestro</em>. Y ni qué decir del éxito <em>Si no te hubieras ido</em>.</p>
<p>El filósofo francés Blaise Pascal escribió que «el corazón tiene razones que la razón ignora». El poeta portugués Fernando Pessoa escribió que si «el corazón pudiera pensar, se pararía». Ese es más o menos el canon literario de Marco Antonio Solís. Ir a uno de sus conciertos es como ir a misa al Vaticano en plena Edad Media.</p>
<h3>Querido –siempre en nuestra mente</h3>
<p>Juan Gabriel no necesita defensa alguna –pero qué necesidad. Existen incluso calles con su nombre; de Él hay apologías a granel; hemos escuchado a portugueses, alemanes y hasta japoneses cantar <em>No tengo dinero</em>; no discutamos. Seremos, pues, breves: diremos sólo tres cosas que nos parecen fundamentales:</p>
<p>1. Alberto Aguilera Valadez está lleno de sí –ahíto. Su conciencia se derrama en distintos heterónimos, algunos conocidos –Adán Luna– y otros archiconocidos –Rocío Dúrcal, Lucha Villa. Por aquí y por allá, a través de una voz u otra, Juan Gabriel está siempre en nuestra mente. Aunque intentemos, no podemos olvidarlo. (Hay un poema-homenaje de Luis Felipe Fabre titulado <em>Glamour eterno</em>.)</p>
<p>2. El Divo de Juárez no sólo canta todo, sino que lo es todo: divo y humilde, dama y ranchero, elegante y vulgar, michoacano y fronterizo, orgullo y burla. Nosotros –todos– estamos entre un extremo y el otro. Juan Gabriel nos reconoce y nos sobrepasa; es al mismo tiempo nuestro espejo y nuestra fuente.</p>
<p>Por todo esto, 3. Juanga es el pensamiento y el sentimiento colectivo de nuestra época.</p>
<p>Sin asomo de broma, una pregunta que, aunque lo parece, no es retórica: ¿qué palabras nos retratan, asombran y deslumbran más: las escritas por Octavio Paz en <em>El laberinto de la soledad</em> o estos versos cantados por Juanga: «No cabe duda que es verdad que la costumbre / es más fuerte que el amor…»?</p>
<h3>El ágora lírica mexicana</h3>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">María Grever.</span> (León, 1885 – Nueva York, 1951) Prueba fehaciente de su grandeza: <em>Júrame</em> y –nuestra favorita– <em>Volveré</em>.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Agustín Lara.</span> (Tlacotalpan, 1897 – DF, 1970) Prueba deliciosamente irrefutable: María Félix –oh– cayó rendida a sus flacos brazos.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Manuel Esperón.</span> (DF, 1911 – Cuernavaca, 2011) Prácticamente toda la época de oro del cine mexicano está musicalizada por él.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Consuelo Velázquez.</span> (Zapotlán el Grande, 1916 – DF, 2005) Prueba irrefutable: tal es la grandeza lírica de su canción <em>Bésame mucho</em> que Nat King Cole decidió cantarla en español.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Cuco Sánchez.</span> (Altamira, 1921 – DF, 2000) Sus letras son ya dichos populares: fallaste corazón, arriero somos, la chancla que yo tiro no la vuelvo a levantar.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">José Alfredo Jiménez. </span>(Dolores Hidalgo, 1926 – DF, 1973) El marinero que vivió errante. Cuántas velas dejó encendidas, nosotros no sabemos cómo apagarlas.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Tomás Méndez Sosa.</span> (Fresnillo, 1926 – DF, 1995) Escribió los éxitos de Lola Beltrán: <em>Paloma negra, Puñalada trapera</em> (título insuperable), <em>Cucurrucucú paloma</em>, etcétera.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Roberto Cantoral.</span> (Ciudad Madero, 1935 – Toluca, 2010) A más de 40 años del OTI de 1970, el video de José José cantando <em>El triste</em> no ha perdido ni un ápice de fascinación.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Julián Garza.</span> (Los Ramones, 1935 – Guadalupe, 2013) Le debemos al viejo Paulino el tema más relevante del siglo XXI: el narcotráfico. «Murieron porque eran hombres, / no porque fueran bandidos».</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Juan Gabriel.</span> (Parácuaro, 1950 – Juárez, 2021) Mejor versión: verlo cantar y bailar cual divina tortillera en un palenque.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Joan Sebastian.</span> (Juliantla, 1951 – forever) Mejor versión: arriba de su brioso caballo blanco. ¡Es el Rey del Jaripeo!</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Marco Antonio Solís.</span> (Ario de Rosales, 1959 – Jardines del Edén, ∞) Insuperable versión, todavía no vista: cantando a dueto con el Papa Francisco.</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Austin (Powers) –un viaje por Austin, Houston y Dallas: Texas con mojo</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 18:23:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[En México vemos a Texas con recelo. Para empezar, ese territorio era nuestro; Texas es el hijo pródigo que nunca regresó al hogar porque encontró una casa más próspera (quizá la canción Tu cárcel de Los Bukis se trate justo de eso). Además de esta pena, digamos, nacional, a Texas lo asociamos no con los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En México vemos a Texas con recelo. Para empezar, ese territorio era nuestro; Texas es el hijo pródigo que nunca regresó al hogar porque encontró una casa más próspera (quizá la canción <em>Tu cárcel</em> de Los Bukis se trate justo de eso). Además de esta pena, digamos, nacional, a Texas lo asociamos no con los viajes, sino con las compras. El estado republicano por excelencia se reduce a un enorme centro comercial.</p>
<p>A simple vista, Texas no se antoja. Sobre todo si además uno se entera que de ahí son los Bush, que ahí mataron a Selena y que su comida típica es el chili con carne. Esta es la crónica de un viaje que va, sobre todo, contra el cliché texano.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Destino: Austin</h3>
<p>A menos que uno sea norteño, el viaje a Texas se hace normalmente en avión. Nosotros nos fuimos en auto. Además de ahorrar, queríamos sentir una experiencia de veras texana: recorrer durante horas las <em>state highways</em>. En este sentido, viajar por Texas es como viajar por Guanajuato: no vale nada el viaje, el viaje no vale nada, si no se pasan por tantos pueblos, por los caminos texanos.</p>
<p>Tampoco nos quedamos en un hotel justo al lado del <em>shopping mall</em>. No. En lugar de hotel, rentamos una casa. En <a href="https://www.airbnb.com/" target="_blank">airbnb.com</a> es facilísimo. Y sale más barato.</p>
<p>Las tres razones por las que fuimos a Austin son dos: es una ciudad demócrata. La inclinación política importa, y mucho, sobre todo en las ciudades. En Austin –un oasis liberal en medio de un estado conservador– hay parques, ciclovías, las personas tienden a ser delgadas y letradas, hay pocas camionetotas, muchísimos bares, buenos restaurantes.</p>
<p>La capital de Texas y sede de la Universidad Estatal era reconocida durante los 90s como un importante centro de desarrollo tecnológico: el Silicon Hills. Ahora su fama es musical: con festivales como el South by Southwest, el City Limits y conciertos en distintos auditorios y en casi todos los bares, Austin se presume como «la capital mundial de la música en vivo». Nosotros escuchamos a un par de tríos locales tocar jazz y fuimos a bailar <em>country</em> al Broken Spoke, <em>the last of the true</em> <em>Texas dance halls: beer joint &amp; honky tonk!</em></p>
<p>A falta de grandes festivales musicales, nos organizamos tremendas bacanales. Un día, por ejemplo, nos fuimos rumbo a Fredericksburg a recorrer la <em>wine trail</em> y al siguiente, para convencernos de que no estábamos en la campiña francesa, desayunamos donas, comimos hamburguesas y cenamos pizza. Merlots y gluten: las dos caras de la gastronomía texana.</p>
<p>Fue un viaje disímbolo. Viñedos en la tierra del petróleo, <em>glocal</em> chefs preparando hamburguesas de bisonte, personas con tatuajes y botas bailando country: juventud y estabilidad, riqueza y potencia. Austin no tiene desperdicio. Algo, por cierto, admirable en el país del despilfarro.</p>
<p>Por todo esto, en esta ciudad son irrelevantes las recomendaciones: casi todo está sobradamente bien. Aún así, estos son los lugares a los que regresaríamos –regresaremos:</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La esquina de la calle 6 West y Lamar. </strong></span>En un radio de menos de 1km hay un Whole Foods enorme ideal para desayunar, una librería de varios pisos (BookPeople), una tienda infinita de discos y películas (Waterloo Records), dos o tres tiendas de ropa, una papelería, algunos restaurantes, una heladería y dos parques. <em>Nota bene</em>: el Whole Foods es un súper mercado avasallante, un lugar donde, para decir lo menos, hay diez tipos de quinoa. Si estás rentando una casa y te gusta cocinar, te recomendamos ir también al Central Market.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Baguette et Chocolat. </strong></span>Sandwiches, paninis, panes de calidat y <em>outstanding</em> tartas de chocolat. Todo es hecho <em>from scratch</em>. Está un poco alejado del centro, así que te recomendamos desayunar aquí en tu camino a la <em>wine trail</em>.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>El South Congress (SoCo). </strong></span>Tiendas pequeñas, <em>food trailers</em>, bares, música en vivo, galerías de arte y restaurantes memorables. Nuestro estómago recuerda sobre todo dos comidas: la que hicimos en Home Slice Pizza (<em>the best pizza joint in town</em>) y las hamburguesas del Hopdoddy. El platillo gringo es la hamburguesa, la hamburguesa gringa es la texana y la hamburguesa texana es la de Austin. ¿Hopdoddy sirve la mejor hamburguesa del mundo? Of cors.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Barton Springs Pool. </strong></span>Una sección del río convertida en una gran «piscina natural» que va muy bien con la escala de la ciudad. La luz es cristalina y los colores brillan más de lo normal. Se puede ir sólo a ver y tomar fotos, pero es mejor meterse a nadar con los locales y, así, recordar las escenas de <em>The Tree of Life</em>, de Terrence Malick, quien vive ahí. Y a propósito del cine, el mejor <em>theatre</em> al que hemos ido, tanto por la programación como por las galletas que preparan: The Alamo Drafthouse.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Por último, cuatro recomendaciones gastronómicas más: </strong></span>los pulpos y el <em>sake</em> del Uchi, el <em>pork belly</em> del Ramen Tatsu-Ya, el <em>brisket</em> de Franklin Barbecue y los vinos texanos que nos tomamos en el Contigo. <em>Seconda nota bene</em>: varios viñedos entre Austin y Fredericksburg tienen más de 100 años. Sospechamos esa tradición cuando probamos los merlots locales.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Dos escapadas: Houston y Dallas</h3>
<p>Durante años Houston aspiró a la Luna. Más de medio siglo después logró aterrizar en Nueva Orleans. Explicamos: lo más relevante de Houston ya no es la NASA, sino la gastronomía mestiza que ofrece. Houston compite con Tlacotalpan, Campeche y Mérida por la mejor cocina del Golfo. La prueba irrefutable de esta afirmación se llama Underbelly, un restaurante que, para asegurar la calidad de sus alimentos, compra los animales vivos; ellos mismos hacen la <em>butchery</em>. El Underbelly pone toda la atención donde debe estar: en la materia prima. Un refinamiento gastronómico sólido, vernáculo –sin espumas y betunes.</p>
<p>Por si fuera poco, Houston construye museos con la misma voracidad con la que cocina. Además del Fine Arts Museum (diseñado por Mies van der Rohe), fuimos a la Fundación Menil: cinco complejos museográficos alrededor de un parque. Todos gratuitos. La capilla de Rothko, la galería de Cy Twombly (diseñada por Renzo Piano) y la sala dedicada al Surrealismo de la colección principal ofrecen experiencias conmovedoras.</p>
<p>Dallas está también a dos o tres horas de Austin. La ciudad donde murió John F, nació Jackie O y donde bailan y brincan y jadean las vaqueritas de Dallas –<em>yeah!</em> – no tiene mucho chiste. En realidad no fuimos a Dallas, sino a la ciudad vecina: Fort Worth, que tampoco tendría mucho chiste de no ser por el dinero que se han gastado en museos. El Modern Art Museum (diseñado por Tadao Ando) está justo enfrente de uno de los iconos arquitectónicos del siglo XX: el museo Kimbell de Louis I. Kahn. El edificio –la forma en la que entra la luz– es más que suficiente para quedar fascinado. Sin embargo, el Kimbell no tiene llenadera: frente al edificio original, Renzo Piano acaba de construir dos salas y un auditorio. La fascinación exaltada: cuadros de Caravaggio, Velázquez, Rubens y Goya iluminados por Kahn y Piano. Ni Nueva York, ni Chicago, ni San Francisco pueden superar eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Comida carretera.</strong></span> Prepárate –y despídete– de los restaurantes de Austin y Houston con unas tortas de las Sevillanas en Matehuala y con un <em>smoked brisket</em> de Rudy&#8217;s.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Las distancias.</strong></span> De Laredo a Austin son 380 km (3 horas y media). De Austin a Houston son 260 km (2 horas y media). Y de Austin a Dallas 315 km (3 horas). A Fredericksburg es 1 hora y media, pero entre tanto viñedo <em>in-between</em> nadie llega hasta allá.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>¿Zombie shopping?</strong></span> Si tus compañeros de viaje no pueden no ir a un enorme centro comercial, haz una escala en los outlets de San Marcos. O mejor: ve a The Domain, a las afueras de Austin: un suburbio comercial donde las compras se hacen al aire libre. <a href="http://thedomainaustin.com/" target="_blank">thedomainaustin.com</a></p>
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		<title>El Festival Internacional de Cine de Guadalajara</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 17:43:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Eventos y festivales]]></category>

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		<description><![CDATA[Del 21 al 30 de marzo 2014. Consulta la programación del festival en: ficg.mx. Entre la Feria Internacional del Libro (FIL) y el FICG, Guadalajara es –como diría un cazador de tendencias– el place to be del cine y la literatura. Cada año, en primavera y en otoño, la ciudad reúne lo mejor en libros [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Del 21 al 30 de marzo 2014. Consulta la programación del festival en: <a href="https://www.ficg.mx/29/index.php/es/" target="_blank">ficg.mx</a>.<br />
</em><br />
Entre la Feria Internacional del Libro (FIL) y el FICG, Guadalajara es –como diría un cazador de tendencias– el <em>place to be</em> del cine y la literatura. Cada año, en primavera y en otoño, la ciudad reúne lo mejor en libros y películas, nacionales y extranjeros, talentos universitarios y distribuidores internacionales. Festivales que funcionan como escaparates y punto de reunión de múltiples conversaciones culturales.</p>
<p>La gracia principal de la FIL es ver tanto libro en un solo lugar. El FICG funciona de igual, pero utilizando y promoviendo otro medio y otras plataformas: el cine no se puede concentrar en un centro de convenciones, su formato obliga a que se desborde en salas y grandes paredes al aire libre. Con el FICG, Guadalajara recibe la primavera con una invasión de imágenes cinematográficas y miles de butacas florecientes.</p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>FICG: historia y proyección</h3>
<p>México, 1986: los estrenos y apoyos nacionales escaseaban, el Multicinemas proyectaba <em>Top Gun</em> doblada, la Cineteca era un niño puberto y <em>Amores perros</em> era todavía inimaginable. En los ochentas nuestro cine (el que se hace aquí) carecía de unidad y difusión, andaba entre vagabundo y desganado. Aún con ese panorama, Guillermo del Toro (en ese entonces un tapatío veinteañero sin faunos o fantasmas) visualizó con la Universidad de Guadalajara lo que sería la primera muestra de cine mexicano en el país.</p>
<p>La importancia del FICG está en su evolución: de ser un modesto ciclo de proyecciones, el festival se convirtió en la celebración más representativa del cine mexicano. Antes del Festival de Cine de Morelia o el de San Miguel de Allende, ahí estaba el FICG, premiando a los nuevos talentos, colaborando con la Berlinale y –su atractivo principal– reuniendo en un solo lugar a todos los integrantes de la industria del cine mexicano: estudiantes, creadores, productores, distribuidores y cinéfilos.</p>
<p>El festival comenzó en una época sin Cinépolis y pantallas 4DXPlusMams, sin programas de intercambio en Cannes o productores que se aventaran a filmar algo como <em>Luz silenciosa</em> o –menos grandilocuente– los caprichos de Derbez. Después de 28 años, la muestra se expandió a una serie de empresas y asociaciones dedicadas a encontrar nuevas historias, canalizarlas con los mejores recursos, producirlas y promocionarlas en el extranjero. Más que un festival, el FICG es una institución, una maquinaria que actúa durante todo el año impulsando la creación y la distribución cinematográfica.<br />
&nbsp;<br />
<h3>El Mercado de Cine Iberoamericano</h3>
<p>El FICG es un agasajo para la industria cinematográfica: cientos de películas, encuentros, conferencias, stands, desayunos ejecutivos y cuanta cosa ayude a vender un proyecto. Por una semana, el festival monta un gran centro de negocios donde sienta a los nuevos talentos con agentes de venta, representantes de otros festivales, distribuidores y productores; cualquiera que pueda pasar una historia del papel a la pantalla. Si andas en busca de dinero para tu corto, aquí es un buen comienzo.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Los imperdibles del festival</h3>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">Proyecciones al aire libre.</span> Durante los días del festival, los corredores y explanadas de la ciudad se convierten en salas de cine temporales: proyección de estrenos, nuevos talentos y selecciones oficiales de otros festivales internacionales. Todo en medio de imponentes espacios históricos como la Rambla Cataluña, la Plaza de las Américas y la Plaza Fundadores (a espaldas del Teatro Degollado).</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Quebec, invitado de honor.</span> No todo el cine francés viene de Francia (?): Quebec cuenta con una importante industria cinematográfica. Fiel a la separación geográfica y lingüística, el cine quebequés (<em>québécois</em>) es una interesante mezcla entre la industria americana y la europea –todo esto sin perder el retrato nacionalista de la provincia más grande de Canadá. Tremendo <em>mash-up</em>.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">El Premio Maguey.</span> Desde la edición pasada, el FICG incorporó dentro de sus actividades una sección especial para el cine <em>queer</em>. El proyecto parte de la idea de profundizar en la diversidad sexual de México y otros países a través del cine: una ventana a los proyectos emergentes que casi no llegan a nuestras salas de cine.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">La Sección Oficial.</span> Ir al festival es ver en un solo lugar el cine mexicano que se presentará durante el año. Sus múltiples competencias y reconocimientos son un gran indicador de lo que se está haciendo en la industria cinematográfica nacional. Recomendamos estar atentos con el Premio Mezcal al cine mexicano, el Documental Iberoamericano y el Premio Rigoberto Mora a la animación nacional.</li>
</ol>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Aprovecha el viaje</h3>
<p>Guadalajara es una ciudad dinámica y atractiva. Quédate más de dos días y visita, por ejemplo, el Instituto Cultural Cabañas: una joya tan imponente como cinematográfica. O quédate toda una semana en Jalisco y salta del cine a Vallarta. Acá nuestras recomendaciones de bares, restaurantes y museos en la Perla Tapatía: <a href="http://sadabombon.com/guadalajara-2011/" target="_blank">sadabombon.com/guadalajara-2011</a>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Ediciones Acapulco</title>
		<link>http://sadabombon.com/acapulco/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 17:35:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Jacobo Zanella]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

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		<description><![CDATA[Ediciones Acapulco es una pequeña casa editorial independiente en la calle Acapulco de la Colonia Roma, en el DF. Hacen libros artesanales e íntimos, con un repertorio inesperado. Entrevistamos a su directora, Selva Hernández. Esto es lo que nos contó: &#160; Hacer una revista o hacer libros o cualquier proceso de edición —incluso acomodar los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>Ediciones Acapulco es una pequeña casa editorial independiente en la calle Acapulco de la Colonia Roma, en el DF. Hacen libros artesanales e íntimos, con un repertorio inesperado.</em></span></p>
<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>Entrevistamos a su directora, <span style="color: #ff0000;">Selva Hernández</span>. Esto es lo que nos contó:</em></span></p>
<p>&nbsp;<br />
Hacer una revista o hacer libros o cualquier proceso de edición —incluso acomodar los cuadros de tu casa— es elegir, ordenar, tomar decisiones: qué entra, qué sale, qué va primero, cuáles son los ritmos de lectura que queremos.</p>
<p>La editorial funciona igualito que en la Edad Media: está el editor que dirige, el escritor, el que copia los textos, el que los ilumina, el que hace los márgenes, el que barre el taller, el que prende la chimenea. Aquí en Acapulco digo siempre algo que funciona muy bien con mis alumnos y con mi familia: somos un sistema, y la falla de uno es la falla de todos, así como el acierto de uno también es el acierto de todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>El editor</h3>
<p>Cuando ves todas las propuestas editoriales que hay, todas las convocatorias, te das cuenta que todos los editores existimos un poco por el apoyo que da el Estado a las publicaciones, porque en México nadie compra libros, nadie compra revistas, nadie lee, es una realidad. Creo que los editores somos un poco necios, que hacemos esto porque no queremos hacer otra cosa, nos aferramos, estamos un poco en el camino equivocado pero correcto al mismo tiempo.</p>
<p>Detrás de cada libro hay una decisión que toma una persona, un editor, que tiene sus propios criterios, y cuando lees que a grandes <em>best sellers</em> los rechazaron las mejores editoriales te das cuenta de que hay una persona que toma decisiones de acuerdo a lo que le dicta la empresa, porque las grandes editoriales tienen que reportar números (aunque las pequeñas deberíamos de tener ese compromiso), pues «o vendes tantos ejemplares o consigo un editor que venda más», pero siempre está el que toma la decisión –por gustos, experiencias y criterios personales.</p>
<p>En mi editorial —como creo que sucede en muchas otras— cada año nos preguntamos si vale la pena seguir un año más o poner mejor un restaurante o vender ensaladas orgánicas. Es muy difícil plantear decisiones porque el mercado es muy volátil y el negocio no es nunca negocio —hay que partir del principio que nunca va a ser un negocio, y finalmente vivimos en un mundo en el que hay que pagar muchas cosas. Entonces, a nivel editorial, hay decisiones que le convienen a la editorial a costa de los intereses del editor, que es lo que estoy viviendo yo, porque tengo ese vicio de hacer libros, que tengo ahora que reprimir, según mis terapeutas; así como «deja de comer chocolate», «deja de hacer libros», porque está teniendo una repercusión en mi economía, y estoy generando un <em>stock</em> que —a pesar de que vendemos bien— hay que tomar en cuenta en la planeación para que esto no se vaya a pique en dos años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>El lector y la lectura</h3>
<p>Al editar un libro hay que asumir el papel del lector siempre: cómo lo va a leer una persona que no conoce el tema. Hay que ponerse en los pies del lector y sentir las oleadas a las que se va a enfrentar a través de la lectura. Es también concebir cada página no como un lugar en el que caben textos e imágenes sino como un diseño en el que todo dice, desde el color de fondo, las plecas, la tipografía, los papeles, la encuadernación; cómo recibo el objeto, cómo lo sopeso con las manos, cómo lo abro y lo hojeo antes de entrar en la lectura.</p>
<p>Para diseñar un libro y su portada hay que leer todo el libro primero. Yo comencé haciendo diseño editorial desde antes de terminar la carrera. Ahora que doy clases, con mis alumnos, la parte de leer y entender el texto es fundamental: no se puede ser un buen diseñador editorial si no se es un buen lector.</p>
<p>Hay algo que dice Ulises Carrión: que un texto no hace el libro, que un buen texto no hace un buen libro –diciéndolo con mis palabras, claro. Un libro no está hecho sólo por textos e imágenes, que es lo que vemos; un libro es una cosa muy integrada, desde el momento en que lo sientes, pasas las páginas, ves los colores&#8230; Y, en el proceso de diseño, la parte que más me gusta es estar sintiendo la transformación del texto: leer, releer, probar la tipografía, el espacio entre renglones, la puesta en página. Creo que ese proceso de diseño también se percibe cuando lo lees. Y los poetas lo saben: la forma transforma al texto. Hay un experimento de un alumno del MIT que manda sus ensayos en Comic Sans, en Arial y en Times New Roman, y en los de Times saca A, en los de Arial, B, y en los de Comic Sans, C. Y es mucho más evidente en un libro porque hay más factores que interactúan con el lector, como la encuadernación, etcétera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Los libros de Acapulco</h3>
<p>Tengo una definición que he desarrollado con los años: un libro es un objeto perfecto. Hay ideas del libro de artista, del libro objeto, del libro de editorial independiente –no sé cuántas categorías le ponen al libro–, pero un libro&#8230; ¡es un libro! Es un objeto preciso, una cosa muy definida. La Wikipedia dice que antes de 48 páginas no es un libro, después sí; yo tengo libros de 32.</p>
<p>El libro a veces está rodeado de tanto misticismo&#8230; toda esta cosa del misterio, toda la gente de libros es gente buena, no hay libro malo&#8230; y realmente es algo que no es misterioso ni místico –a pesar de que, hasta hace unas décadas, el libro contuvo el conocimiento de toda la humanidad.</p>
<p>Yo tenía un despacho de diseño que se llamaba Galera, y pensé que teníamos ya muchos años diseñando libros para varias editoriales, museos e instituciones, y se me ocurrió entonces que era buena idea hacer nuestros propios libros. Así saqué los dos primeros, <em>Doce a doce</em>, de Pedro Poitevin y <em>Hechos diversos</em>, de Mónica Nepote. Cuando fue la presentación de los libros, dije: ya llegó el momento, esta experiencia salió tan bien que sí podemos pensar en un sello para hacer libros.</p>
<p>Mi idea de hacer libros era más como un negocio que una editorial; que llegaran los autores, me pagaran y yo hiciera su libro –de hecho así funcionamos mucho todavía. Pero después empezaron, como siempre, a llegar los gustos y las ganas de hacer otro tipo de libros y otro tipo de cosas. La presentación de esos dos primeros libros fue en mayo de 2011. Me tardé casi un año en publicar el siguiente libro, que fue <em>Siempre te amaré</em>, de Alejandro Magallanes. Fue un año de experimentar, de plantear, de sentar las bases y comenzar a hacer muchos números –porque tampoco quería que todo mi trabajo se fuera por amor al arte, o una labor quijotesca; no quería que fuera algo iluso, y sí quería que fuera un modo de vida, que no he logrado todavía.</p>
<p>A mí me fascinaba leer blogs, sobre todo la interacción que podía tener el lector con el autor, decirle: «mira, me encontré tal dato de tal lugar». Entonces el mismo autor cambia el texto, diciendo: «agrego el dato que fulanito me dio sobre este tema». Esta forma que tienen los blogs de estarse transformando –a diferencia de textos en libros, que nadie los mueve–, esta cosa viva con los lectores: yo pensaba que eso era una virtud. Pensaba, con nuestros libros, hacer una mezcla entre la lectura virtual y el objeto, contrastándolo mucho, diciendo: hay esta posibilidad de tener y transformar los textos e interactuar con el autor, ¿cómo interactuamos con el objeto y hacemos con él algo valioso que valga la pena comprar aunque ya lo haya leído en internet? Esta comunión entre la lectura virtual y la lectura en papel era la premisa: estuve pensando mucho en eso y en la fórmula para que el porcentaje del 60% que se quedan entre librería y distribuidor mejor se aprovechara para la calidad del producto y pudiera hacerse venta directa. En 2012 y 2013 encontramos la fórmula, sí funcionó, empezamos a hacer libros, la gente nos empezó a conocer, querían hacer sus libros con nosotros, un libro tras otro. Mi terapeuta dice que exploté después de mucha implosión.</p>
<p>En Acapulco publicamos autores que nadie conoce, hacemos libros que pueden ser muy chocantes, nuestros <em>best sellers</em> son de 400 ejemplares. Ni siquiera es nuestra intención generar un catálogo mucho más pensando hacia el mercado de libros en México. Me encanta hacer un libro de alguien que nunca ha hecho un libro, una exposición, nada –y a quien nadie le haría un libro–, y que se divierte dibujando a sus perros.</p>
<p>Hicimos el balance del año pasado y nos dimos cuenta que nuestros libros se han vendido súper bien, que no está tan mal. Siempre digo: ay, no vendemos nada, qué sufrir. Pero la mayoría de nuestros libros ya se agotaron, o tenemos libros que, antes de salir, ya vendieron 150 ejemplares, que es muchísimo.</p>
<p>Ahora somos seis personas en Acapulco, y es mi equipo ideal; ya estamos muy divididos con las funciones. El año pasado hicimos 22 libros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Productos culturales</h3>
<p>Las cosas pasan porque hay estos impulsos imposibles de contener, o sea, sucede <em>Sada y el bombón</em> porque no podía pasar otra cosa; lo mismo aquí en Acapulco, porque hay personas que tienen estas ganas de hacer cosas. A mí lo que más me gusta de <em>Sada y el bombón</em> es que se ve una región como no pensabas que era –viéndolo desde el DF dices: ay, que increíble vida hay en Querétaro. Se ve esta vida que existe en todas partes, y las redes sociales como el Twitter han ayudado mucho a eso.</p>
<p>Creo que cada región de México tiene sus cosas admirables, sus peculiaridades, y hay gente siempre en todas partes que está haciendo cosas de un modo u otro, y se aferran a sus lugares, que me parece algo valiosísimo, y que deciden no mudarse al DF, porque ese es un camino, digamos, relativamente fácil, y deciden hacer cosas desde su lugar.</p>
<p>Está el caso notable de la editorial Almadía, que está en Oaxaca, y va bastante bien. Almadía es increíble, creo que es un gran ejemplo para todas las editoriales de México y del mundo, todos nos preguntamos cómo le hacen. Su editor, Memo Quijas, es una de las personas más inteligentes que conozco. Es una persona súper atenta a lo que hay que hacer, y hace lo que hay que hacer. Tiene una mentalidad empresarial.</p>
<p>Creo que hay más gente a la que le gusta hacer que a la que le gusta consumir productos culturales. Creo que nunca hay necesidad real de ellos –no a nivel masivo. Nadie dice: ay, yo quiero que haya unos juegos florales de poesía. Son cosas que surgen por las personas, muchas veces a través de las instituciones que tienen el financiamiento, y la gente lo ve y se sorprende. Me fascina ir a los festivales de poesía que hacen en voz alta: de repente están ahí 300 personas escuchando a un portugués hablando en portugués, y piensas: quién estará entendiendo esto. Pero es muy bonito, y todos están con la piel erizada y se dan cuenta que es algo muy emocionante y lo quieren volver a vivir; lo mismo pasa cuando sale una revista. O ves la poesía que se hace en el Norte, por ejemplo, la poesía joven, y dices: esto está increíble, de dónde sacaron tanta vida, tanto mundo, tanta idea.</p>
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<h3>La explicación del oficio editorial</h3>
<p>Mi familia tiene muchas librerías de viejo en el centro. Yo era la típica niña que recibía primeras ediciones en vez de muñecos. Y sufría. Empecé a trabajar vendiendo libros a los doce años. Hubo una época en que íbamos a La Lagunilla y a mí me ponían mi puesto con los libros más baratos, y mis tíos me decían: ¡grita! –yo era una niña–, y gritaba: ¡de a diez, de a veinte! Me daba mucha vergüenza.</p>
<p>Mi tío Mercurio dice que compra mil libros al día, y tengo otro tío que dice que cada libro que vende pasa cuatro veces por sus manos; él tiene diez librerías.</p>
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<hr noshade="noshade" size="1" />
<address><em>Selva Hernández fundó la Asociación Mexicana de Ex Libris en el año 2000, y desde entonces la preside. Actualmente es profesora en Centro y directora de Ediciones Acapulco • Ediciones Acapulco, Acapulco 13-7, Roma Norte, México DF • (55) 5271 6265 • <a href="http://edicionesacapulco.mx/" target="_blank"><span style="color: #808080;">www.edicionesacapulco.mx</span></a></em></address>
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		<title>Reaccionarios</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 17:22:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Degetau]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Somos en gran parte las ideas ante las que reaccionamos; nuestra personalidad se dibuja en la negación. El famoso respondió al entrevistador: «Mi ateísmo es riguroso porque así me enseñaron los jesuitas a hacer las cosas». Por todos los canales y a todas horas, a partir de entonces se acusó al famoso de incinerador y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Somos en gran parte las ideas ante las que reaccionamos; nuestra personalidad se dibuja en la negación.<br />
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El famoso respondió al entrevistador: «Mi ateísmo es riguroso porque así me enseñaron los jesuitas a hacer las cosas». Por todos los canales y a todas horas, a partir de entonces se acusó al famoso de incinerador y reaccionario.</p>
<p>La Real Academia de la Lengua Española establece como reaccionario a todo aquel «opuesto a las innovaciones». Reaccionario es también quien desea «reestablecer lo abolido» (bajo esta luz imagino a un mexicano de filiación monárquica en pleno siglo XXI). Estas definiciones parecen cargadas de tendencia, como si reaccionario no pudiera ser también el sensato sino sólo quien se opone al avance, quien es conservador en lo político o, peor –pensarán los de avanzada–, en lo económico. Se entiende por reaccionario lo contrario a progresista, y ya puede verse en el contraste de estas palabras que nuestra contemporaneidad prefiere ser calificada de lo segundo que de lo primero. Si no me cree, mire cómo en la jerga periodística y pública la palabra <em>reaccionario</em> forma parte del catálogo de insultos.</p>
<p>Si calificar a uno de reaccionario por su apego a lo pasado representa un juicio de valor negativo, es fácil no caer en cuenta que al tiempo se denosta un término que en otro contexto no recibe sino vítores: el de la tradición. Reaccionario y tradicionalista parecen más o menos intercambiables, pero el término tradicionalista está cargado, las más de las veces, de atributos positivos; la alternancia en el uso de ambos términos depende, casi exclusivamente, del juicio de valor que queramos emitir sobre una forma de pensar o actuar.</p>
<p>Hay otra posible acepción más sencilla y quizá por eso más verdadera. Si reaccionario es quien reacciona, y si esto significa resistirse u oponerse a otra acción, queda claro que usado como insulto no es sino otra forma de señalar y deslegitimar a quien se nos opone, y por lo tanto dice más del que lo esgrime como argumento que de quien lo recibe como pretendida ofensa. Entendido así, el término pertenece a la familia de la palabrería maniquea, aquella que se encarga de dividir al mundo en gamas perfectamente claras de buenos y malos. Mírese como ejemplo a otro integrante de esta familia: la palabra Pueblo, con mayúscula. Uno siempre es el Pueblo, los enemigos nunca son Pueblo; el Pueblo goza de legitimidad absoluta, los no-Pueblo no; el Pueblo y su voluntad son la santa palabra, etcétera.</p>
<p>Aún si entendiéramos como reaccionario al «que resiste o se opone», a quien dice no, ello tampoco exime de su mala fama al término, pero sobre eso hay algo qué decir. Las reuniones de intelectuales católicos son un semillero de quienes dicen que los ateos (a, sin; teo, dios: sin dios) son un absurdo, pues se definen mediante la negación de algo que el lenguaje presupone como positivo o verdadero. En otras palabras: los ateos, para descreer de dios, deben negar a dios, lo que presupone existencia. Esto es, por un lado, una falacia semántica, y por el otro un absurdo: todos nos definimos en el enfrentamiento con el mundo, y de este choque surgen lealtades y discrepancias por el hecho simplísimo de que uno no puede estar en acuerdo o desacuerdo con todo. El no no sólo es posible, es inevitable y nos conforma.</p>
<p>El desarrollo de los niños –mis sobrinos– siempre me ha sorprendido, pues en ellos se ve claramente una evolución en cómo van apareciendo, sin demasiado desorden, las primeras palabras: dicen, primero, <em>mamá</em> y <em>papá</em>, y <em>pan</em> o <em>más</em> o <em>popó</em> luego, pero siempre se cuela, en algún estadio temprano, el <em>no</em> como forma de contraponerse a alguna de las facetas de su realidad. Casi podría asegurar que sólo en ese momento el crío abandona su estado larvario y comienza a desenvolverse una personalidad que con los años se irá volviendo nítida en sus preferencias y disgustos.</p>
<p>En estos tiempos prodemocráticos, tan afines a la corrección política y a la moda, tan apegados a la voluntad de la masa, decir <em>no</em> es casi un acto heroico que marca la diferencia entre pertenecer al rebaño o forjarse una personalidad, cosa que equivale a ser –o volverse– persona (alguien ya decía que no se nace humano, sino que se llega a serlo). La verdadera anomalía es no reaccionar: al mundo, a su estandarización apabullante, a las hordas de zombis incapaces de una opinión fuera de norma.</p>
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<address><span style="color: #808080;"><em>Jorge Degetau es un escritor reaccionario y un empresario progresista. Su trabajo ensayístico y narrativo se ha publicado en revistas como Letras Libres, Este País y, evidentemente, Sada y el bombón.</em></span></address>
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		<title>La que debuta</title>
		<link>http://sadabombon.com/debutante/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 17:13:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julieta Díaz Barrón]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Presentarse por primera vez ante el público debe ser algo escalofriante. Me imagino a un novato actor, a una bailarina principiante, hechos madeja de emociones. Pero hay otro tipo de debuts, como el que se celebra ante la sociedad. Sí, ahí se debuta. ¿Qué significa debutar ante la sociedad? Según yo, habríamos debutado en el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Presentarse por primera vez ante el público debe ser algo escalofriante. Me imagino a un novato actor, a una bailarina principiante, hechos madeja de emociones. Pero hay otro tipo de debuts, como el que se celebra ante la sociedad. Sí, ahí se debuta.</p>
<p>¿Qué significa debutar ante la sociedad? Según yo, habríamos debutado en el momento en que el orgulloso padre o madre mueve la cobijita y nos muestra, apenas nacidos, ante cualesquiera otros que hayan ido a visitarnos recién alumbrados.</p>
<p>Pero no. Resulta que la verdadera definición implica que tuvimos un velo intangible (una burka existencial, vamos a imaginarla) que es dado desvelar si y sólo si nos montamos en un vestido de gala, tenemos chambelán, anuncian en un salón nuestro nombre y nos balanceamos al ritmo de una música especial. Quiero decir, debutar es un espectáculo para que las mujeres de cierta edad digan: «ya llegué, aquí estoy, en caso de que no me hubieran visto ya». Y en pleno siglo XXI, sobran chicas dispuestas a pasar por el rito, a pretender que en realidad han arribado como miembros destacados de eso que nombran como su propio círculo social. Bueno, más bien, pretenden que es un paso para seguir estando en donde ya estaban.</p>
<p>Que el imaginario femenino se construye discursivamente con base en convenciones sociales, no habrá de discutirse aquí. Más bien, propongo deleitarnos en un par de espectáculos de debut femenino que me inquietan, a falta de mejor verbo que muestre estupor, curiosidad o mero morbo.</p>
<p>Por razones de territorialidad biográfica, he de mencionar el tradicional Baile de los Lanceros y Presentación en Sociedad que se da cita anualmente en el Club La Lonja de San Luis Potosí. Un club privado que se aloja en uno de los edificios más bellos del centro histórico potosino. En cantera rosa, adusto y señorial. Con decoro y decoración decimonónica, lleva dos siglos presentando señoritas ante los señores y señoras que ya se conocen todos desde hace muchos años pero que les parece éste un buen pretexto para ponerse esmoquin, vestido largo, máscaras y cenar todos juntos por enésima ocasión. Faltaba más.</p>
<p>Las cosas, obvio, cambian con los siglos. Las señoritas de antes usaban crinolinas y las de hoy, no. Los bailes de antes tenían música de orquesta y hoy contratan DJ. Las de antes no enseñaban el tobillo y las de hoy tampoco porque están enseñando otras cosas. Los chambelanes de antes estaban nerviosos por bailar bien y los de hoy por no salir con bráckets. Eso sí, los de hoy y los de antes ensayan mucho. No les vaya a salir mal el baile.</p>
<p>Abundan bailes de debutantes en todos los países, pero los más famosos, aparentemente, son los de Nueva York o los de <em>Le Bal des Débutantes</em> del hoy en renovación Hotel Crillon en París. Uy. No me den cuerda con éste, porque me suelto contando las celebridades que han pasado por ahí: dos hijas de Bruce Willis, la hijastra de Forest Whitaker, las nietas de Gorbachov, Ksénia y Anastasia, la hija de Berlusconi y la de Clint Eastwood. Múltiples princesas, condesas y herederas de fortunas. No piensen mal de todas ellas. Lo bonito no es posar en sus Valentino, Balenciaga, Dior Haute Couture, Chanel. Desde luego que no. Lo bonito es que de ese baile se dona a la caridad. Nada como ejercer la filantropía envuelta en Armani Privé, calzando Louboutin. Se siente tan lindo.</p>
<p>El baile lo retomó una francesa muy lista que se llama Ophélie Renouard. Y pido un aplauso de pie para la señora que cada año les saca a 25 jóvenes (bueno, a los que les pagan a esas veinticinco) suficiente lana como para que Óscar de la Renta o Reem Acra le hagan un vestido único a cada una de ellas. Y como reza su propio panfleto: estas debutantes no necesitan debutar (sí, así como suena) ante la sociedad como antes, porque el baile es el momento inolvidable de su «estreno» en los medios y la alta costura. Ay ay ay.</p>
<p>Aquí no hay ironía que valga. La esencia de estos eventos reside en el glamour que dan miles de fotos de debutantes enfundadas en Jean Paul Gaultier, con tiara y una sonrisa que sólo te la puede dar un chambelán con título nobiliario y apellidos en francés y pagando con muchos, muchos dólares, cada canapé.</p>
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<address><em>Julieta Díaz Barrón es una de las primeras y más celebradas colaboradoras de esta revista. Tanto que es la Presidenta de nuestro H. Consejo Editorial. Lee más artículos de ella en </em><a href="http://sadabombon.com/author/julieta/" target="_blank"><span style="color: #808080;">sadabombon.com/author/julieta</span></a></address>
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