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	<title>Sada y el bombón &#187; Viajes y paseos</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>Ruta de monasterios, un recorrido por los monasterios del siglo XVI alrededor del Popocatépetl</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 13:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 24]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Mucho antes de los monasterios en Oaxaca y la Ruta de la Plata, las primeras órdenes religiosas comenzaron el proyecto de evangelización en lo que hoy son los estados de Morelos y Puebla. A mediados del siglo XVI, los aztecas habían sido derrotados por Hernán Cortés y sus aliados indígenas, la Ciudad de México comenzaba [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mucho antes de los monasterios en Oaxaca y la Ruta de la Plata, las primeras órdenes religiosas comenzaron el proyecto de evangelización en lo que hoy son los estados de Morelos y Puebla. A mediados del siglo XVI, los aztecas habían sido derrotados por Hernán Cortés y sus aliados indígenas, la Ciudad de México comenzaba a construirse y doce frailes franciscanos desembarcaban en el puerto de Veracruz para propagar las enseñanzas cristianas en el Nuevo Mundo. </p>
<p>Si México se fundó a través de la conquista espiritual, sus cimientos se encuentran en la periferia del volcán Popocatépetl: catorce monasterios dedicados a «civilizar» las tribus prehispánicas más inmediatas al virrey; el antecedente de lo que fueron los monasterios en Querétaro o las misiones californianas. Más que un viaje cultural, la ruta que proponemos es un repaso al inicio de lo que somos, como un viaje a las entrañas de nuestro mestizaje.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Arquitectura y patrimonio</h3>
<p>A manera de invasión silenciosa, los franciscanos, dominicos y agustinos levantaron una ruta mercantil y cultural entre la Ciudad de México y el territorio sureño de la Nueva España.<br />
En un país rodeado por templos y edificios religiosos los catorce monasterios de Morelos y Puebla resaltan por ser las primeras construcciones evangelizadoras en el continente americano —de ahí que en 1994 fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. </p>
<p>Cada uno de estos monasterios fue construido bajo un nuevo modelo arquitectónico donde lo importante era el acercamiento con los nativos (mismo que fue repetido en otras partes del territorio). A diferencia de los monasterios europeos, estos comenzaron a trazarse con los muros del atrio, la cruz atrial y las capillas abiertas para adaptar las misas al aire libre. Mientras los extensos atrios servían como explanadas evangelizadoras, los frailes continuaron con la nave del templo, los edificios auxiliares, las torres, capillas laterales, patios y segundos pisos. Construir de afuera hacia adentro.<br />
&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/ruta-de-monasterios/monasterios-2.jpg" alt="" width="780" height="520" class="aligncenter size-full wp-image-6577" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>Maratón conventual</h3>
<p>Once de los monasterios se encuentran en Morelos, los otros tres en territorio poblano. Aunque la travesía suena aparatosa, lo cierto es que el camino entre cada una de las construcciones (y los pueblos) es relativamente pequeño, una hora o menos de camino. Fácilmente puedes aventarte tres o cuatro monasterios y pernoctar en algún pueblo boscoso. Sugerimos comenzar el viaje en Cuernavaca, seguir la ruta por Tepoztlán, dormir ahí, visitar los otros monasterios en Morelos con una noche de descanso en el pueblo de Ocuituco, seguirse con los tres poblanos y terminar en la ciudad de Puebla. A continuación enlistamos los catorce monasterios alrededor del Popo para visitar un fin de semana cualquiera.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de la Asunción </strong></span> (<em>Cuernavaca, 1525</em>): ahora catedral de la ciudad, construido cuatro años después de la conquista por los primeros doce franciscanos que llegaron al Nuevo Continente. Al día de hoy, es uno de las construcciones religiosas más antiguas de México.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de la Natividad </strong></span> (<em>Tepoztlán, 1560</em>): a  30 km de Cuernavaca. En una palabra: buenísimo. Con grandes muros, patios y detalles de los dominicos y dos museos bastante bien montados en su interior: el Museo Histórico y Centro de Documentación de Tepoztlán y el Museo de Arte Prehispánico Carlos Pellicer. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de Santo Domingo de Guzmán </strong></span> (<em>Oaxtepec, 1535</em>): el primer monasterio dominico de México, a veinte minutos de Tepoztlán (lo mejor es aventarse de un jalón desde aquí hasta Ocuituco). Dato cultural: Oaxtepec solía albergar el primer gran jardín botánico del mundo edificado por Moctezuma con árboles, flores, plantas medicinales y aguas termales.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Juan Bautista </strong></span> (<em>Tlayacapan, 1554</em>): construido por la orden de los agustinos, en su interior hay una muestra de momias de niños españoles que se encontraron sepultadas en el edificio, todo un plus para el turismo necrológico. Una curiosidad melómana: en Tlayacapan grabó The Killers su <em>When you were young. </em></p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Guillermo </strong></span> (<em>Totolapan, 1534</em>): otro agustino, menos imponente que los anteriores pero con un patio como en decadencia pausada. Cerca del pueblo de Totolapan se encuentra el Parque Ecoturístico Los Venados con cabañas, restaurante y zona de campamento. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Mateo Apóstol </strong></span> (<em>Atlatlahucan, 1533</em>): uno de los templos agustinos mejor conservados del siglo XVI, tanto que en la parte superior siguen habitando monjes enclaustrados. Con suerte, un fin de semana cualquiera terminas presenciando un canto gregoriano.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Juan Bautista </strong></span> (<em>Yecapixtla, 1535</em>): un monasterio casi fortaleza, de pie pero algo dañado en su interior. Eso sí, la parada vale toda la pena porque sus límites están rodeados de cecina para llenar el tanque. ¡Viva la cecina de Yecapixtla!</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de Santiago Apóstol </strong></span>(<em>Ocuituco, 1534</em>): el primer monasterio agustino de México, aún en uso. Recomendamos descansar en Quinta La Joya (quintalajoya.com.mx), cerca de Ocuituco y a menos de 20 minutos de Tetela del Volcán —como su nombre lo dice, el pueblo más cercano al Popocatépetl. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Juan Bautista </strong></span> (<em>Tetela del Volcán, 1563</em>): dominico, con frescos originales de la época y una vista imperdible del Popo. Ahora sí que como quien dice, en las faldas del volcán; casi se huele la ceniza. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de Santo Domingo de Guzmán </strong></span> (<em>Hueyapan, 1539</em>): otro dominico en los bordes volcánicos. Austero y casi invisible para esta redacción —nuestros corresponsales lo encontraron con todo y candado. El encanto: las vistas durante el trayecto.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de la Inmaculada Concepción</strong></span>  (<em>Zacualpan de Amilpas, 1535</em>): entre pintorescas casas de campo, el Monasterio de la Inmaculada Concepción es el último en Morelos. Como celebrando la travesía, vale la pena tomarse unos tragos de aguardiente en Zacualpan. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de la Asunción de Nuestra Señora </strong></span> (<em>Tochimilco, 1560</em>): el primero de los monasterios poblanos en el camino, franciscano y con un sistema hidráulico antiquísimo con acueducto, caja de agua y fuentes. De aquí derechito a dormir en Puebla (una hora de carretera).</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Miguel Arcángel</strong></span> (<em>Huejotzingo, 1570</em>): a media hora de Puebla y todo un agasajo franciscano: de dimensiones enormes, con entrada a los cuartos de los primeros 12 frailes que llegaron a América, murales y un templo oscurísimo, casi gótico, con uno de los retablos más impresionantes de la Nueva España. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Monasterio de San Francisco de Asís</strong></span> (<em>Calpan, 1548</em>): sobresalen sus capillas posas (al aire libre) y sus avanzadas técnicas en tallado de piedra —los mismos nativos que detallaron estas capillas fueron seleccionados para construir la monumental fachada de la Catedral de Puebla a finales del siglo XVI.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Cuernavaca y Tepoztlán</h3>
<p>En uno de sus viajes épicos por el Nuevo Continente, Alexander von Humboldt llamó a Cuernavaca —valga la cursilería— «la Ciudad de la Eterna Primavera». Pero el piropo se extiende hasta nuestros días: una ciudad cálida, rodeada de altas vegetaciones y el inicio de nuestra ruta (aproximadamente a 3 horas de Querétaro). Después del Antiguo Monasterio de la Asunción, recomendamos una visita al Palacio de Cortés con murales de Diego Rivera, comida en el apacible hotel Las Mañanitas y fuímonos a Tepoztlán. </p>
<p>Además de los chamanes y las nieves de Arrullo de Luna y Encanto de la Montaña (pura comedia), en el místico pueblo de Tepoztlán recomendamos visitar el mercado, comprar amate, comer en el restaurante Los Ciruelos y, con más ganas de aire libre, subir hasta la cima del cerro del Tepozteco. Para dormir está el curiosísimo —y bastante accesible— Tubohotel (<a href="http://www.tubohotel.com/welcome/" target="_blank">tubohotel.com</a>).<br />
&nbsp;<br />
<h3>Puebla express</h3>
<p>La ciudad de Puebla no solo es el final de la ruta sino el inicio de un descubrimiento gastronómico y cultural por una de las colonias novohispanas más importantes. De las decenas de atractivos turísticos (algunos imponentes, otros en lamentable decadencia), recomendamos contemplar la Catedral de Puebla (guao), la Biblioteca Palafoxiana, la imperdible Capilla del Rosario, las cocinas de los monasterios de Santa Rosa y Santa Mónica, el Museo Amparo y alguna casona virreinal como la Casa del Alfeñique. En los alrededores: la pirámide de Cholula, el extravagante Templo de Santa María Tonantzintla y comer en el italianísimo pueblo de Chipilo (donde seguro te atiende un Juan de apellido Bortolini). Para dormir en la ciudad: el hotel La Purificadora diseñado por Legorreta+Legorreta. Y rematando con más comida: chalupas, mole, enchiladas, chileatole, molotes, escamoles y pipián en la tradicional Fonda de Santa Clara o algún puesto, digamos, amigable. Provechito.<br />
&nbsp;</p>
<p><a href="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/ruta-de-monasterios/mapa.gif" target="_blank"><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/ruta-de-monasterios/mapa.gif" alt="" width="780" class="aligncenter size-full wp-image-6546" style="border: 1px solid #DADADA;"/></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Información práctica</h3>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Perímetro volcánico.</strong></span> En los alrededores del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl se encuentran las áreas protegidas de la Sierra Nevada. Si el viaje se estira lo suficiente, además del turismo cultural se pueden realizar expediciones ecológicas a los bosques de pino y oyamel en las faldas de los volcanes, o escalar el Iztaccíhuatl (el Popo es casi impenetrable por su constante actividad volcánica). </p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Los otros monasterios.</strong></span> Además de los catorce monasterios, entre Puebla y Morelos se encuentran otros tantos templos, monasterios y claustros, como los de Jonacatepec y Jumiltepec. Podríamos aventurarnos un poco más allá de Puebla y terminar en los monumentos de Tlaxcala (como el monasterio de San Francisco de Asís) o la zona arqueológica de Cacaxtla.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Hongosto —crónica alucinógena</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 16:40:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Horacio Lozano W]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando era niño me preocupaba que lloviera en mis cumpleaños; es más arriesgado que los invitados se lancen a la fiesta si está cayendo una tormenta. De cualquier manera, siempre llegaban —y siempre llovía. Por esta zona del Bajío, junio, julio y agosto suelen ser meses húmedos y de neblinas mañaneras. Esas nubes en los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era niño me preocupaba que lloviera en mis cumpleaños; es más arriesgado que los invitados se lancen a la fiesta si está cayendo una tormenta. De cualquier manera, siempre llegaban —y siempre llovía. Por esta zona del Bajío, junio, julio y agosto suelen ser meses húmedos y de neblinas mañaneras. Esas nubes en los bosques de coníferas —desde el Cerro del Zamorano hasta Pinal de Amoles— convierten a la región en una granja de hongos alucinógenos refugiados en la mierda de caballo o reposando tranquilos en la corteza de algún árbol. Es la época del Hongosto queretano, cuando varios citadinos se ponen sus botas para el lodo y viajan en auto hacia una alocada expedición en búsqueda del milagro de la percepción. Por eso ya no me preocupa que llueva en mi cumpleaños. Ahora reconozco en el agua dulce el alimento de los equinos, el olor de los musgos jóvenes que empiezan a crecer en las caballerizas de Santo Domingo. </p>
<p>La recolección de hongos comenzó para mí hace apenas siete años. Había escuchado de los «champis» que crecían allá por Huimilpan y Amealco, donde algunos intrépidos iban y llenaban bolsas enteras. Mi amigo Berna fue el que me convenció de ir. Él ya tenía experiencia en la cacería fungi: sabía dónde crecían con mayor plenitud, conocía algunos potreros y era experto en remover el estiércol de caballo sin dañar los hongos —el año pasado había recolectado tantos que los usó hasta en las quesadillas.</p>
<p>Un sábado tomamos su auto y nos dirigimos a los montes. Pasó temprano por mí, cuando el sol apenas hurgaba en la punta del Cimatario. Nos detuvimos a comprar unas donitas Bimbo y café de máquina. La carretera se perdía en la niebla púrpura. Me sentía bien, confiaba en Berna, en su pose de micólogo. Pasamos Huimilpan y nos acercamos a los límites del Cerro de Brava, cerca de Amealco. Como el resto del camino era a pie, dejamos el auto en un vado de espigas cubierto por algunos cactus. Agarramos las mochilas vacías y las botas de plástico —Berna llevaba una navaja en su chamarra de mezclilla—, forjamos varios porros y nos introducimos en el bosque del Bajío como si fuera un portal hacia otra dimensión. La naturaleza de inmediato nos recordó que aquel santuario no era nuestro territorio. Llovía. Ambos seguíamos un pequeño camino de lodo donde el bosque se pronunciaba y algunos silencios parecían latidos. La miel de las plantas silvestres entraba por nuestros poros. </p>
<p>El primer hongo que encontramos brotaba del tronco de un encino. Berna tomó su navaja y lo quitó con delicadeza. Era grande y suave, tenía una línea azul claro que rodeaba a la perfección su circunferencia. Pensé en los pitufos. Luego Berna señaló un prado solitario donde pastaban algunas vacas y ovejas. Nos acercamos, removimos un poco de estiércol y aparecieron varias setas que comenzamos a guardar en las mochilas. A lo lejos del prado estaban las caballerizas. Un hombre salió a darnos los buenos días. Berna le dijo que éramos estudiantes de Botánica de la UAQ y pidió permiso para buscar hongos en su establo con fines investigacionales. El hombre aceptó y de inmediato nos invitó un pulque recién raspado. Cuando terminen de buscar, dijo el ranchero, les doy otro pulquito para llevar porque al rato hará bochorno.  </p>
<p>En el estiércol se veían los cascos delirantes de cientos de hongos. Removimos la mierda suavemente y en cada excavada seguían apareciendo otros de distintos tamaños. ¡Acá hay varios derrumbes!, gritó Berna desde el cubículo rural de un hermoso caballo pinto. Eran fantásticos, casi llenamos las dos mochilas; reíamos como desquiciados. Le pregunté si estaba seguro que eran de los buenos y dijo que si no le creía que comiera algunos. Tomé un puño sin pensarlo, los remojé en agua y luego directo a mi boca. Sabían a tierra y alquitrán. Terminé por pasármelos con pulque, parecían enredaderas apretando mi garganta. Después agradecimos al hombre por dejarnos entrar a su establo. Nos regaló una botella de Coca-Cola de tres litros llena de pulque y dijo que tuviéramos cuidado porque a la policía no le gusta que los jóvenes anden recolectando hongos (aunque sean estudiantes).</p>
<p>Subimos al auto y almorzamos en Amealco. Gorditas de maíz quebrado, sopes verdes, mole, jugo de naranja, verde, rojo, violeta, salsita para la quesadilla, señoras con las manos llenas de masa, sombrerudos bebiendo refresco, pulque y cerveza, dejando una línea de almíbar sobre sus bigotes. Apenas habían pasado unos cuarenta minutos y le dije a Berna que los hongos ya habían hecho efecto. Me tomó de los hombros y </p>
<p>dijo: te voy a llevar a nadar a la pileta del Diablo, ahí te vas a sumergir en el útero del bosque.</p>
<p>Berna condujo por carreteras de doble sentido, comíamos hongos sumergidos en pulque, enterrados en un Gansito o así como estaban, silvestres y maníacos. Nos detuvimos a vomitar, así estuvimos por horas, años, siglos. La cabeza de mi padre revoloteaba en el aire, como un murciélago atormentándome con su terrible estática. Al final, cuando el vómito y las alucinaciones paternales cesaron, el cielo se encendía y la rotación de la Tierra llegaba hasta las suelas de mis botas, como en las películas rusas. Somos terrícolas, le dije a Berna mientras lo abrazaba y seguíamos el camino hasta la pileta del Diablo: un salto de agua rodeado de enormes y ancestrales árboles; los guardias supremos del monte, reptiles de la noche. Entramos a la pileta como recién bautizados. Un fino vaho emanaba de nuestros pulmones y colapsaba con el agua cristalina. Los niños de la localidad llegaron aventándose clavados; párvulos de la tierra y el campo, niños-árbol. Nadamos, aullamos, caminamos entre las plantas y los insectos. Comimos elotes asados, tacos de canasta y más hongos. La luz del día comenzaba a desaparecer y emprendimos nuestro regreso. El punto más alto de nuestras alucinaciones ya había pasado y sólo nos quedaba la resaca de los cromatismos y sus refracciones metálicas. Dejamos el pueblo de Escolásticas con el agua mística escurriendo por nuestros cuerpos.  </p>
<p>La carretera se deformaba como plastilina, las luces de los autos eran naves espaciales trasladándose en órbitas atómicas. Varios kilómetros antes de llegar a Querétaro, nos detuvimos en un atasco de autos; era un retén de la policía estatal. Berna se puso muy nervioso y sugirió que tiráramos los hongos que sobraban (casi la mitad de la mochila). En un acto desesperado devoramos los que pudimos y el resto fueron arrojados hacia el campo —ahora que lo pienso, sentí mucha tristeza. Habremos comido unos veinte cada uno, de todos los tamaños. Bebimos agua, encendimos cigarros, pusimos música e intentamos parecer normales. Me miré en el espejo retrovisor con las pupilas dilatadas. Parecía un extraterrestre, mi cuerpo era carne de otro plano. Las sirenas de las patrullas me deslumbraron con dolor y un par de oficiales armados pidieron que nos orilláramos; apuntaban con las armas cargadas mientras revisaban el auto y nos hacían preguntas. En el cateo exigieron que vaciáramos los bolsillos —Berna había olvidado que traía su navaja y algo de marihuana. Ya valieron madres, dijo el policía quitándole la bolsa de hierba y guardándose la navaja. Podía sentir a los policías como centauros deformes: las metrallas como cuernos, sus babas callendo sobre mis botas y un intenso olor a fermentado. Era el infierno. ¿Cómo le podemos hacer?, dijo Berna con su último ápice de lucidez. Nos amenazaron, especularon que traíamos más sustancias; uno de ellos, el más desagradable, alumbró mi cara con una lámpara y le dijo al otro: éste anda hasta la madre, a ver cómo le va en los separos. Al final, después de varias amenazas, nos quitaron las botas y celulares, una mochila, doscientos pesos y la medalla de San Francisco que colgaba del pecho de Berna. Tuvieron suerte cabrones, dijo el centauro uniformado antes de liberarnos. </p>
<p>La noche ya había caído en el Cimatario y sus antenas refulgían como electrodomésticos olvidados. Después de un silencio sepulcral —que duró mientras se nos pasaba el miedo—, comenzamos a reír a carcajadas, a burlarnos de los policías, a mentarles la madre a gritos. Antes de introducirnos en la ciudad, Berna paró el auto en un mirador de Centro Sur. La ciudad se deslizaba como una marea de luces. Buscamos nuestras casas. Encontramos satélites abandonados. El Estadio Corregidora se iluminaba como una estación espacial soviética y los dragones de la urbe vibraban desde la Cuesta China. Comenzó a llover. Nos purificamos.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>El casete y el vinilo</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un elogio al negocio del melómano y la música como objeto. &#160; A los primeros asesores musicales que tomé en cuenta los conocí en 1994, en un local que vendía casetes grabados en El Chopo. Al menos una vez al mes me presentaba frente al puesto de armazón metálico y esperaba junto a los adolescentes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Un elogio al negocio del melómano y la música como objeto. </em><br />
&nbsp;<br />
A los primeros asesores musicales que tomé en cuenta los conocí en 1994, en un local que vendía casetes grabados en El Chopo. Al menos una vez al mes me presentaba frente al puesto de armazón metálico y esperaba junto a los adolescentes de cabello largo y ropa negra para alcanzar una posición cómoda y mirar las portadas a color. Lo atendían dos hermanos, y nadie en el tianguis colocaba tanto detalle para las copias como ellos. Una vez que lograbas llegar al mostrador, era cuestión de minutos para que alguno de los dos identificara quién eras y te dijera las novedades. En cuanto se aprendían tus gustos eran capaces de hacer recomendaciones bien colocadas. Yo en esa época escuchaba <em>melodic black metal</em> y por ese rumbo iban las sugerencias. Se tenía alrededor de medio minuto para escuchar una prueba del casete y decidir si te lo llevabas o no. Más de una vez la prueba del casete no convencía y ellos insistían con elogios que me lo llevara, que estaba bueno. Casi siempre agradecí la insistencia; entendía que los tipos querían vender pero, sobre todo, estaba su deseo por agradar, por la satisfacción de enterarse en la siguiente visita que su recomendación había gustado. Luego me mudé de género y empecé a aficionarme a otros locales del Chopo donde la oferta podía ir desde la electrónica bailable hasta las rarezas extranjeras; pero en ellos no encontré consejeros musicales del calibre de los primeros, acá eran mercaderes: podrían haber vendido cualquier otra cosa, la música era una casualidad. </p>
<p>Hace años entré a una tienda de vinilos y comencé a repasar las cajas donde las colecciones se dividían por género. Busqué en los <em>soundtracks</em> y encontré el de <em>París, Texas </em>producido por Ry Cooder. Me lo llevé a casa y esa tarde escuché el disco varias veces. Fue la primera de muchas visitas que hice a la tienda, repasando los estantes hasta aprender a codiciar cada una de sus maravillas. El dueño, Marcos Oliveira, siempre tenía alguna novedad para mostrarme: el disco despreciado por una generación para ser descubierto por la siguiente, el primer álbum de una banda que nada más conocían sus parientes, el material oculto de esa celebridad que ahora sólo graba cosas ruines. La tienda se llamaba Plan B, como el plan de vida que mantenemos bajo el agua en espera de que no se ahogue. Era una tienda de discos hecha para conversar, intercambiar ideas. Marcos generaba un ambiente de apertura para cualquier cosa que fuera buena música. Nunca he conocido a nadie con ese apetito por ampliar sus límites, con memoria y pasión, con esa capacidad de compartir. </p>
<p>Aún no vuelvo a comprar tanta música como ese año en el que recorrí decenas de puestos en la calle, arriesgándome por tan sólo ver una portada. Y el salto fue así, del casete al vinilo, con un largo intermedio dominado por el CD. Ahora entiendo que para mí era una continuación natural, inversa históricamente pero alineada en mi proceso de aficionado a la música. Mi inicio de coleccionista había estado ligado al siseo de la cinta, al chirrido del carrete, a un acompañamiento natural del ruido sobre el que andaba la música. Con el vinilo estaba esa voluptuosa fricción de la aguja sobre el disco, ese encuentro físico que liberaba las impresiones del surco. Al final, un acto mecánico como el de la cinta tensa en el grabador hacía que el sonido tuviera un sentido alejado de la pureza que no deseo, con las imperfecciones que el CD no posee. </p>
<p>El casete y el vinilo: Marcos y los hermanos del Chopo cumpliendo su plan B.<br />
&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Antônio Cabadas, además de melómano, es uno de los primeros colaboradores de esta revista. Lee más artículos de él en <a href="http://sadabombon.com/author/antonio/" target="_blank"><span style="color: #808080;"> sadabombon.com/author/antonio</span></a></em></address>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La sierra en moto, una odisea de fin de semana por la curvilínea Sierra Gorda</title>
		<link>http://sadabombon.com/la-sierra-en-moto/</link>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[A la Sierra Gorda la conocemos por su reserva natural y las misiones franciscanas. Lo que casi no sabemos es que la carretera hacia Jalpan de Serra es una de las más aclamadas por los viajeros motociclistas: un circuito poco transitado, en excelentes condiciones y con vistas panorámicas al relieve montañoso. Esta edición proponemos el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A la Sierra Gorda la conocemos por su reserva natural y las misiones franciscanas. Lo que casi no sabemos es que la carretera hacia Jalpan de Serra es una de las más aclamadas por los viajeros motociclistas: un circuito poco transitado, en excelentes condiciones y con vistas panorámicas al relieve montañoso.</p>
<p>Esta edición proponemos el primer viaje que limita a nuestros lectores (porque no todos andamos en moto). Aún así, a la Sierra Gorda vale la pena recorrerla en primera persona, sin vidrios de automóvil, oliendo la humedad y la neblina mientras el motor acelera y uno se menea entre sus prominentes curvas (las de la sierra).</p>
<p>Gracias a las recomendaciones de Daniele Dell&#8217;Erba  —amigo, motociclista y fan de las acamayas— proponemos una gran y voluptuosa aventura para este o cualquier fin de semana.<br />
&nbsp;<br />
<h3>La demasía serrana</h3>
<p>La Sierra Gorda es un destino múltiple y avasallador. Hay tantos atractivos como caminos y rincones. Un viaje a la región puede ser de dos días o extenderse por semanas, yendo y viniendo por riachuelos, cascadas, misiones, cañones y pueblos. En una de esas te enamoras en Arroyo Seco y nunca vuelves a la ciudad. </p>
<p>Con esa vastedad, importan más los kilómetros recorridos que la cantidad de atractivos. Lo mejor de viajar en moto está en la carretera, en los tanques de gas que se consumen hacia el horizonte. ¿A dónde vamos? Da igual. </p>
<p>Una advertencia que no está de más: la belleza de las curvas serranas es, al mismo tiempo, un tramo de alto riesgo no apto para primerizos —aunque uno de nuestros colaboradores asegura que la Vespa en asfalto citadino es igual de mortal.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Día 1: Jalpan de Serra</h3>
<p><em>Desde Querétaro: 204 km / 3 hrs aprox.</em><br />
&nbsp;<br />
El viaje comienza, tal vez, una o dos semanas antes de salir (escoger la ruta, hacer la maleta adecuada, revisar la moto, organizar todo el equipo). El mismo día, proponemos salir temprano de Querétaro con rumbo hacia Ezequiel Montes y luego desviarse por la carretera 120 hacia Jalpan de Serra. En el camino, pasando Cadereyta, es imprescindible hacer una parada glotona en las gorditas de Vizarrón de Montes. Entre garnacha y garnacha, retomar el camino a través de paisajes áridos que pronto se transforman en bosques tropicales, de niebla, coníferas y encinos. Viajar a la Sierra Gorda significa cambiar de paisaje cada 15 o 20 minutos —y nada escenifica mejor este panorama como el mirador de Cuatro Palos con vistas a los pliegues montañosos de la sierra, antes de llegar a Pinal de Amoles (un pueblo por momentos sepultado en la niebla).</p>
<p>Como a 20 minutos después de Pinal de Amoles se encuentra la desviación a El Chuveje, una impresionante cascada de casi 30 metros de altura, rodeada por helechos, musgos, arroyos y una apacible poza para refrescarse en el camino hacia el norte del estado. </p>
<p>Lo ideal es ver a Jalpan como la base de la sierra. Para visitar: el remodelado Museo Histórico de la Sierra Gorda, la cercana Misión de Jalpan (la primera construcción franciscana levantada entre 1751 y 1758) y —obviamente— la comida (zacahuil, cecina con enchiladas serranas y atole de puzcua).</p>
<p>Para el hospedaje recomendamos el hotel El Económico, que, efectivamente, tiene un precio bastante razonable y cumple con sus funciones de descanso.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Día 2: Más allá de Jalpan</h3>
<p><em>Desde Jalpan a Conca: 38 km / 30 min aprox.</em><br />
&nbsp;<br />
Partiendo de Jalpan uno puede ir y venir por el circuito serrano. Dependiendo de la duración del viaje, los recorridos motorizados pueden extenderse por el resto de las misiones franciscanas (Concá, Tilaco, Landa y Tancoyol) o hasta lugares como el Sótano del Barro, un impresionante abismo natural, hogar de las últimas guacamayas verdes, con 500 metros de diámetro y 450 de caída libre. </p>
<p>Para este itinerario, proponemos madrugar con el motor y dirigirse a la más lejana de las misiones: la Misión de Concá en el municipio de Arroyo Seco, contemplar su fachada mestiza y, de regreso, estacionar la moto en Las Adjuntas —la unión entre los ríos Ayutla y Santa María— y sumergirse en su dualidad de aguas, temperaturas y colores. Paréntesis gastronómico: cerca de los ríos existen varios restaurantes que preparan un manjar de platillo: las acamayas, unos deliciosos langostinos cocinados al mojo de ajo y avalados por nuestros paladares como el <em>highlight</em> de la travesía.</p>
<p>La sierra también es el hogar de la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda, una de las áreas naturales protegidas más importante de Latinoamérica. Proponemos visitar la cascada de El Salto, un brinco de agua a mitad del bosque tropical, cerca de la comunidad de San Pedro Escanela (a unos 30 minutos de Jalpan).<br />
&nbsp;<br />
<h3>Día 3: Misión de Bucareli</h3>
<p><em>Desde Pinal de Amoles: 35 km / 90 min aprox.</em><br />
&nbsp;<br />
Subirse a la moto en medio de la sierra abruma: tantísimo por descubrir hacia cualquier extremo cardinal; incontables tesoros naturales y culturales resguardados entre la tierra abombada. De todos, Bucareli es uno de los sitios más ocultos de la Sierra Gorda. Basta con tomar el circuito de regreso hacia Cadereyta, pasar Pinal de Amoles y seguir la desviación hacia la última de las misiones franciscanas en la región, edificada algún tiempo después de la llegada de Fray Junípero Serra y abandonada a mitad del paisaje serrano.</p>
<p>Es realmente una odisea llegar hasta Bucareli: más de 30 kilómetros de terracería pedragosa y lodo para poder contemplar los restos de una construcción fundada por los franciscanos alrededor de 1797, desolada desde 1926 por la Guerra Cristera y antiguo hogar de frailes y seminaristas. Con tanta historia y abandono, caminar por los pasillos de Bucareli es lo más cercano a un recorrido fantasma alrededor de montes y riachuelos. </p>
<p>Aunque el lugar es solitario, no muy lejos se encuentra el campamento El Jabalí con cabañas de lujo (indispensable hacer reservación). Esta es la mejor forma de cerrar una larga jornada de velocidades y volver —tristemente— a la plana y cacariza calle de tu colonia. O en una de esas y uno duerme tan bien que amanece con ganas de acelerar hasta el neblinoso San Joaquín y las llantas ruedan, ruedan, ruedan.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Información práctica</h3>
<p><span style="color: #008080;"><strong>La identidad serrana. </strong></span> Gran parte de la riqueza regional está en su patrimonio intangible: los pueblos serranos, huastecos, arribeños y norteños que conviven en un mismo espacio. Con tanto ruido motorizado, vale la pena detenerse ante el primer acorde de un son o el zapateado inaugural del huapango.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>¿Cuándo ir? </strong></span> Lo mejor es evitar la sierra en temporada de lluvias por los deslaves, los ríos desbocados y el derrape carretero. De ahí en fuera, hay que tener en cuenta que la diversidad climática obliga a empacar una chamarrita junto al traje de baño. También, por momentos, la neblina puede invadir hasta los retrovisores. </p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Tip de viaje: busca un compañero. </strong></span> Aunque andar en moto es un acto solitario, dicen que dos cascos piensan mejor que uno. Viaja con otro amigo motoneto, vigílense en las curvas, eliminen la <em>selfie</em>  y háganse a la idea que, entre tanta terracería, alguna llanta se ponchará en el camino.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Río de Janeiro: sol, playas espectaculares, cuerpos encendidos y un ambiente ardiente: ¡Río, a cidade maravilhosa!</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 14:50:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Río de Janeiro sorprende por el obvio contraste entre lo inabarcable –su geografía– y lo perfectamente escalado a la proporción humana –la ciudad. Y todo eso habitado por una de las sociedades más famosas y peculiares del mundo: los cariocas. En todos los momentos que uno pasa en Río, en cualquier sitio, esas tres fuerzas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Río de Janeiro sorprende por el obvio contraste entre lo inabarcable –su geografía– y lo perfectamente escalado a la proporción humana –la ciudad. Y todo eso habitado por una de las sociedades más famosas y peculiares del mundo: los cariocas. En todos los momentos que uno pasa en Río, en cualquier sitio, esas tres fuerzas se sienten: el paisaje, la mano del hombre y el hombre mismo. Río entra en la misma categoría que Lisboa, San Francisco y Sarajevo, en donde el lugar y sus características naturales son la condición urbana primordial; en donde la sensación de lugar –de <em>estar</em> en un espacio– es superior.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Un poco de historia</h3>
<p>Gaspar de Lemos zarpó de Lisboa en mayo 1501. En enero de 1502 entró a la gran bahía y la confundió con un río, así que la nombró: río de enero: Río de Janeiro. </p>
<p>En 1807 el ejército de Napoleón invadió Lisboa. Dos días antes de la invasión, 40 barcos zarparon hacia Brasil, en donde viajaba el príncipe João VI y su corte de 15,000 personas. Cuando llegó a Río, sus súbditos brasileiros lo celebraron intensamente bailando en las calles. Dom João se enamoró de Brasil de inmediato. Tomó el poder de virrey para después convertirse en rey de Portugal. Fue la única colonia de América con un monarca europeo gobernando en su territorio. Y Portugal el único país cuya capital se encontraba en una de sus colonias.</p>
<p>Río de Janeiro fue la capital política de Brasil hasta 1960, cuando el gobierno se mudó a Brasilia.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Paseos turísticos</h3>
<p>El día ideal de vacaciones en Río podría ser el siguiente: después de desayunar, caminar las dos cuadras a la playa e instalarse ahí toda la mañana. Comer en el barrio. Explorar una zona de la ciudad por la tarde. Finalizar las actividades con un jugo o licuado  natural de alguna fruta exótica. Encontrar un bar pequeño lleno de locales para cenar. Repetir por varios días.</p>
<p>Si es fin de semana, invertir el plan anterior: ciudad por la mañana, playa por la tarde. Y jugos todo el tiempo. La playa es muy ancha y muy larga, se mide en kilómetros. Naturalmente, cada kilómetro de playa da placeres distintos. Deben de probarse todos.</p>
<p>Aunque son momentos turísticos maximalistas, hay que subir a los dos puntos altos de Río para entender la definición de ciudad: a las terrazas del Cristo Redentor y al Pan de Azúcar.<br />
&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/rio2.jpg" alt="Viaje a Río de Janeiro - Sada y el bombón" width="640" height="427" class="aligncenter size-full wp-image-5618" /></p>
<address align="center"><em><span style="color: #B3B3B3;">El Museo de Arte Contemporáneo en Niteroi.</span></em></address>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Arquitectura del paisaje</h3>
<p>Muy cerca de Río de Janeiro (como 30 minutos en barco) está Niterói. Ahí se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo diseñado y construido (con poquísimo presupuesto) por el afamado arquitecto Oscar Niemeyer. Desafortunadamente, su administración y sus exposiciones siguen con poquísimo presupuesto. Aunque es un edificio que técnicamente no está en la ciudad, representa muy bien el espíritu y la geografía de Río: la relación entre el espacio físico y la sensibilidad humana.</p>
<p>En Río se comprende fácilmente –se observa, se percibe, se vive– la arquitectura del paisaje. Este concepto abstracto y a veces mal utilizado aquí vive su máxima expresión. Basta ver y recorrer los parques al lado de la playa para tener un momento de lucidez: «esto es la arquitectura del paisaje, para esto sirve, estas son sus correctas proporciones, esto hace en las personas». La arquitectura del paisaje es donde el hombre se encuentra con el hombre al aire libre, un espacio imaginario que es creado por el paisaje pero que sólo existe en la mente de los participantes: es arquitectura tangible, aunque inexistente. Es la sensación pasiva de estar en un contexto generado especialmente para esa contemplación y estancia. Ese es el humanismo de Río, la ciudad donde uno está mejor, donde el verbo <em>estar</em> adquiere su perfecta dimensión.</p>
<p>Por esto, Río de Janeiro podría ser la ciudad más espectacular del continente. El paisaje urbano y la geografía de la ciudad sorprenden tanto como los detalles: jardines, pavimentos, barrios y playas impecables.</p>
<p>Al menos en el aspecto urbano, Río es el ejemplo perfecto de una ciudad viva en el siglo XXI, como Nueva York lo fue en el XX y Londres en el XIX. Si quieres definir ciudad, humanidad, paisaje urbano, colonización del territorio, entonces vas a conocer Río de Janeiro.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Río y los cariocas</h3>
<p>Río de Janeiro es una ciudad llena de nostalgia, glamour, en constante efervescencia, muy viva, incluso extravagante. Los cariocas son personas muy sociables, necesitan todo el tiempo estar en la calle, hacen deportes en la playa, comen al aire libre y desde media semana están de fiesta permanente. Así lo canta Adriana Calcanhotto, una de las estrellas de Bossa Nova actual:</p>
<blockquote><p><em>Cariocas são bonitos<br />
Cariocas são dourados<br />
Cariocas são modernos<br />
Cariocas são espertos<br />
Cariocas são diretos<br />
Cariocas não gostam de dias nublados.</em></p></blockquote>
<p>Río es la ciudad en donde todo sucede en la calle. Lo importante lo encuentras siempre en el espacio público. Y no tanto por el carácter expresivo de los cariocas, sino porque, al parecer, la ciudad se diseñó para la efusividad, con amplios malecones, más de 100 km de ciclovías, vegetación exuberante, 37 playas que bordean la ciudad; diversión y música siempre.</p>
<p>Los cariocas son muy alegres, tratan a todos –incluso a extraños– como su mejor amigo. Salen de fiesta en Havaianas y con el pelo mojado. Se emocionan y aplauden la puesta del sol. Aseguran que Río es la ciudad más bella del mundo, aunque no conozcan ninguna otra.</p>
<p>Adoran el horario de verano porque eso significa una hora más de playa. La playa lo es todo. En ella, exhiben sus cuerpos perfectos, exhiben sus curvas y músculos como si fuera cualquier cosa. Siempre están haciendo ejercicio, corren, andan en bicicleta junto al mar, juegan futbol o voleibol en la playa. Discuten de futbol las 24 horas del día y son extremadamente apasionados cuando se trata de su equipo: el Flamengo o el Vasco da Gama.</p>
<p>Y sigue la Calcanhotto:</p>
<blockquote><p><em>Cariocas nascem craques<br />
Cariocas são alegres<br />
Cariocas são atentos<br />
Cariocas são tão sexys<br />
Cariocas são tão claros<br />
Cariocas não gostam de sinal fechado.</em></p></blockquote>
<p>Los cariocas están orgullosos de su ciudad: <a href="http://sadabombon.com/el-traidor/">aman Río… y odian São Paulo</a>.<br />
&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/rio4.jpg" alt="Viaje a Río de Janeiro - Sada y el bombón" width="640" height="367" class="aligncenter size-full wp-image-5620" /></p>
<address align="center"><em><span style="color: #B3B3B3;">Una de las playas del centro de Río.</span></em></address>
<p>&nbsp;<br />
<h3>La provincia brasileira en la imagen internacional</h3>
<p>Con frecuencia Río de Janeiro se siente tan provincial que decepciona un poco. Si Brasilia es la capital política, São Paulo debe ser la económica. ¿Dónde queda Río? Quizá es la capital para los que no somos brasileiros, el <em>soft power</em> de Brasil. A veces la ciudad se siente como si fuera la capital de algo, pero la mayoría de las veces no, sobre todo en las particularidades: en el interior de un museo, en la habitación del hotel, en las tiendas.</p>
<p>Río es más conocido por el carnaval que por todas las cosas anteriores juntas. No le sugeriríamos a nadie que su primera visita a Río sea durante el carnaval. Tal vez para la segunda o la tercera visita. El carnaval opacaría las sensaciones que la ciudad otorga por sí sola.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Un viaje imposible de replicar</h3>
<p>Por su paisaje, sus ondulaciones, su situación geográfica, por la cercanía del mar, Río de Janeiro es una de las ciudades americanas que más impresiona al visitante desprevenido. Hay ciudades intercambiables (bueno, casi); Río no es así: está «hecha a la medida» para el lugar donde está. La simbiosis perfecta entre paisaje y urbanidad.</p>
<p>A primera vista, Río impresiona por su escala humana, sus playas monumentales e impecables, sus espacios públicos y por la presencia de todos los elementos en cualquier punto de la ciudad: aire, cielo, montaña, jardín y mar siempre visibles.</p>
<p>En una segunda revisión, Río impresiona por su atención al detalle, las proporciones del carioca promedio, los altísimos precios (como en Europa), la mala hotelería y, sobre todo, porque permite imaginar una vida o una larga estancia ahí. También hay mucha decadencia, graves contrastes, algunas desilusiones, pero esas características son representativas de ciudades más grandes y caóticas, ciudades como São Paulo, Los Ángeles o la ciudad de México.</p>
<p>Seguramente, los habitantes de Río de Janeiro son los que más sufren cuando tienen que mudarse, los que más extrañan su ciudad. Saudade, dirían los brasileiros. Uno se reencuentra muy humano en Río, y, aunque el viaje dure sólo unos días, se siente un vacío al dejarla, como dejando una gran experiencia urbana imposible de replicar en otro viaje.<br />
&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/rio3.gif" style="border: 1px solid #DADADA;" alt="Mapa de Río de Janeiro - Sada y el bombón" width="780" height="624" class="aligncenter size-full wp-image-5619" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>Información práctica</h3>
<p><span style="color: #008080;"><strong>¿Cuándo ir?</strong></span> Entre diciembre y marzo (el verano austral) es la temporada alta: tumultos y precios altísimos. Recomendamos ir entre mayo y junio o entre agosto y septiembre. De octubre a enero llueve bastante.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>¿Cómo volar?</strong></span> Aeroméxico opera el único vuelo directo entre la ciudad de México y Río de Janeiro. Las otras opciones recomendables: vía Lan con escala en Santiago de Chile. O por Continental desde el aeropuerto del Bajío o Querétaro con una escala en Houston. Un tip: evita a toda costa la escala en São Paulo. Y una buena noticia: ya no necesitas visado para entrar al Brasil.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Ve al centro.</strong></span> Visita el Cinema Odeón, los centros culturales de Banco Caixa y Banco do Brasil, el Teatro Municipal, la Catedral y la cafetería Colombo. Si en la franja de playa está la diástole urbana, en el centro está la sístole.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Baja California –un viaje por Tijuana, Ensenada y el Valle de Guadalupe</title>
		<link>http://sadabombon.com/baja-california/</link>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2014 16:43:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 21]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Baja California es el David Bowie de los destinos de México. Con sierras, playas, desiertos, dos litorales, cultura fronteriza, estudios cinematográficos y miles de hectáreas de viñedos, ninguna región del país es tan polifacética, disímbola y huidiza como ésta. Este carácter múltiple de Baja California ha generado una cultura gastronómica compleja y alucinante. Nunca, por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Baja California es el David Bowie de los destinos de México. Con sierras, playas, desiertos, dos litorales, cultura fronteriza, estudios cinematográficos y miles de hectáreas de viñedos, ninguna región del país es tan polifacética, disímbola y huidiza como ésta.</p>
<p>Este carácter múltiple de Baja California ha generado una cultura gastronómica compleja y alucinante. Nunca, por ejemplo, un aroma boscoso estuvo tan cerca de un sabor costero. Viajamos a Tijuana y bajamos hasta el Valle de Guadalupe para hablar, sobre todo, de comida y bebidas. Pocos viajes son tan placenteros, incluso dichosos, como éste.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Tijuana (y San Diego)</h3>
<p>Hay una frase de Carlos Monsiváis sobre la amistad con Sergio Pitol que describe muy bien la ciudad de Tijuana: «el festejo común de la excentricidad». Hay tantos visitantes buscando cada uno cosas tan específicas que, en suma, Tijuana resulta un destino curioso, peculiar y desaliñado. Sobre todo si luego se compara con San Diego, la ciudad mejor proporcionada y equilibrada de Norteamérica.</p>
<p>Una noche en Tijuana y un día en San Diego es una parte indispensable de este viaje. En Tijuana recomendamos cenar en alguno de los restaurantes con cocina Baja Med, que es algo así como la versión mexicana de la comida mediterránea. Un risotto con nopalitos y pulpo carbonizado, por ejemplo. Recomendamos los burritos y los pescados del restaurante La Querencia y las pizzas de mariscos de El Taller. Y más tarde, después de la media noche, unos tragos en la cantina El Dandy del Sur (recordemos <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=OnbVMZvuL5Y" target="_blank">Down in Mexico</a></em>).</p>
<p>En San Diego, además del <em>shopping</em>, el zoológico, SeaWorld, LegoLand y los malecones costeros, recomendamos caminar, comer y beber en el Gaslamp Quarter, conocer una misión franciscana y visitar alguno de los viñedos cercanos.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Ensenada</h3>
<p>Tras Tijuana y San Diego –el prólogo o el aperitivo del viaje– nos dirigimos rumbo a Ensenada y el Valle de Guadalupe. El camino a los viñedos está plagado de tentaciones gastronómicas; si no le ponemos un alto a la gula y nos dejamos ir como gorda en tobogán, nunca llegaremos a ver una vid. Quizá sea mejor así:</p>
<ul>
<li>Detenernos en Puerto Nuevo a probar una de las langostas fritas en manteca de puerco acompañada de frijoles refritos.</li>
<li>Ya en Ensenada, probar en Muelle 3, a la vuelta del mercado, los ostiones y la sopa de cuatro almejas: blanca, chocolata, pismo y pata de mula.</li>
<li>Caminar a La Guerrerense, la carreta de la esquina de las calles Primera y Alvarado, en el centro, y comer un par de tostadas de almeja chiluda y una de erizo.</li>
<li>Si es fin de semana, ir al suculento, alucinante y nada caro buffet del hotel Coral &amp; Marina.</li>
<li>Si ya agarraste vuelo y tu voracidad resulta incurable, recomendamos comer cualquier cosa –todo es exquisito– que salga de la cocina del restaurante Corazón de Tierra.</li>
<li>Y por último, para hacer la digestión, pasar a la cantina Hussong&#8217;s, la más famosa de la península.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/21-3.jpg"></p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>El Valle de Guadalupe</h3>
<p>Entre tanto platillo nos desviamos del objetivo principal del viaje: la visita a los viñedos del Valle de Guadalupe. La ruta del vino de Baja California no sólo comprende los viñedos del Valle de Guadalupe, sino que se extiende hacia otros valles, como el Valle de San Antonio de las Minas y el Valle de Santo Tomás. Sin embargo los valles están tan pegados y con cada cata se disuelven tanto las fronteras, que tomaremos el nombre de Valle de Guadalupe como si todos los viñedos estuvieran ahí.</p>
<p>Entre semana, la mayoría de las casas vitivinícolas cierran a las 13:00 hrs. Y en muchas hay que hacer previa cita. Recomendamos visitar, por lo menos, Casa de Piedra y Paralelo (del reconocido enólogo Hugo d’Acosta), la enorme L.A. Cetto, Adobe Guadalupe, Pijoan, Mogor-Badan, Sinergi-VT, Emevé, Tres Valles, Château Camou, Barón Balché y nuestras dos preferidas: J.C. Bravo y la Vinícola Torres Alegre y Familia.</p>
<p>Conviene hacer dos escalas antes de comenzar con el primer viñedo. La primera, en una farmacia para comprar un recubrimiento estomacal. La segunda, en San Antonio de las Minas para probar y llenar el estómago con un delicioso pay de manzana.</p>
<p>A media tarde, recomendamos comer en el restaurante Laja –hay que reservar– o en el restaurante Almazara. El primero sirve platillos de temporada con ingredientes endémicos de la región y productos cosechados en su propio huerto. Para nosotros, Laja es el mejor restaurante de México. Lo decimos sin asomo alguno de exageración.</p>
<p>El restaurante Almazara no tiene una cocina tan exquisita como Laja, pero sí una materia prima sobrecogedora. Y tiene, además, un paisaje imponente, pues está en medio de cientos –quizá miles– de olivos. Por esa vista, por el eco de los ingredientes todavía flotando en el paladar y por los vinos que ofrecen en su carta, sospechamos que el concepto de sobremesa se creó en este lugar.</p>
<p>Debido a la oferta de vinos y platillos, sugerimos recorrer la ruta del vino durante dos o tres días. Y entre uno de esos días proponemos dormir en alguno de los hoteles boutique que están en el valle; por ejemplo, en el viñedo Adobe Guadalupe. Y las demás noches en un hotel en Ensenada, pues está muy cerca de los viñedos.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Top 10 de vinos de Baja California</h3>
<p>Vinos de veras exquisitos, sobre todo si se prueban en su propio viñedo y se toman en alguno de los restaurantes del Valle de Guadalupe o Ensenada:</p>
<ul>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Maat.</strong></span> Tinto, uva Grenache Noir, de la vinícola Tres Valles.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Rafael.</strong></span> Tinto, uvas Cabernet Sauvignon y Nebbiolo, de la vinícola Adobe Guadalupe.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>J.C. Bravo Carignan.</strong></span> Tinto, uva Carignan, de la vinícola J.C. Bravo.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Del Viko.</strong></span> Blanco, uvas Colombard y Chenin Blanc, de la vinícola Torres Alegre y Familia.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Emevé Malbec.</strong></span> Tinto, uva Malbec, de la vinícola Emevé.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Cru Granache.</strong></span> Tinto, uva Grenache, de la vinícola Torres Alegre y Familia.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Ensamble Colina I.</strong></span> Uvas Merlot, Cabernet Sauvignon, Petite Syrah y Zinfandel, de la vinícola Paralelo.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Ícaro.</strong></span> Tinto, uva Nebbiolo, de la vinícola Sinergi-VT.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Mogor -Badan.</strong></span> Tinto, uvas Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, de la vinícola Mogor-Badan.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"><strong>Contraste.</strong></span> Tinto, Cabernet Sauvignon, Merlot y Tempranillo, de la vinícola Casa de Piedra.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/21-4.jpg"></p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Información práctica</h3>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Vuelos.</strong></span> Todos los jueves y domingos despega y aterriza en Querétaro un avión que va y viene de Tijuana. La salida es nocturna (21:30 hrs.) y el regreso es a medio día (14:30 hrs). El aeropuerto de León (BJX, del Bajío) tiene dos vuelos diarios a Tijuana, uno madrugador (6:30 hrs.) y otro a medio día (13:50 hrs.). Los regresos son también dos y son también diarios: el desvelado (para llegar a las 6:00 hrs.) y el mañanero (para llegar a la 13:30 hrs.).</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Problema carretero. </strong></span>La carretera escénica Tijuana-Ensenada (la vía más corta y rápida hacia el Valle de Guadalupe) continúa en reparación, por lo que es necesario desviarse por La Misión. La distancia por esta vía alterna es casi la misma, pero el tiempo de llegada –sobre todo si hay tráfico– puede ser del doble.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Distancias.</strong></span> Ensenada está a una hora de Tijuana (109 km). De Ensenada al primer viñedo (en el Valle de San Antonio de las Minas) se hace menos de 20 minutos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/mapa.gif"></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Épocas vínicas.</strong> </span>El vino está conformado por bacterias: es un ser vivo. Por lo mismo, no tiene una «mejor» o una «peor» época para tomarse. Lo mismo pasa con los viñedos. Después de ir a dos o tres vendimias, por ejemplo, nosotros preferimos visitar los viñedos cuando prácticamente no hay nadie, es decir, entre enero y marzo. Son, junto con diciembre, los meses lluviosos. Los viñedos están ralos, deshojados y despojados, lo que nos permite enfocarnos en lo verdaderamente importante: no lo que el vino aparenta, sino lo que el vino hace adentro de nosotros. Y ahí, dentro, revolviéndose entre ostiones, erizos y aceitunas, el paisaje es bastante soleado.</p>
<p>Si es la primera vez que vas a los viñedos, recomendamos ir durante las vendimias (agosto). Si quieres evitar el gentío, ve entre abril y junio. O en septiembre. En cualquiera de estos meses la lluvia es prácticamente nula.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Austin (Powers) –un viaje por Austin, Houston y Dallas: Texas con mojo</title>
		<link>http://sadabombon.com/austin/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 18:23:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[En México vemos a Texas con recelo. Para empezar, ese territorio era nuestro; Texas es el hijo pródigo que nunca regresó al hogar porque encontró una casa más próspera (quizá la canción Tu cárcel de Los Bukis se trate justo de eso). Además de esta pena, digamos, nacional, a Texas lo asociamos no con los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En México vemos a Texas con recelo. Para empezar, ese territorio era nuestro; Texas es el hijo pródigo que nunca regresó al hogar porque encontró una casa más próspera (quizá la canción <em>Tu cárcel</em> de Los Bukis se trate justo de eso). Además de esta pena, digamos, nacional, a Texas lo asociamos no con los viajes, sino con las compras. El estado republicano por excelencia se reduce a un enorme centro comercial.</p>
<p>A simple vista, Texas no se antoja. Sobre todo si además uno se entera que de ahí son los Bush, que ahí mataron a Selena y que su comida típica es el chili con carne. Esta es la crónica de un viaje que va, sobre todo, contra el cliché texano.<br />
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<h3>Destino: Austin</h3>
<p>A menos que uno sea norteño, el viaje a Texas se hace normalmente en avión. Nosotros nos fuimos en auto. Además de ahorrar, queríamos sentir una experiencia de veras texana: recorrer durante horas las <em>state highways</em>. En este sentido, viajar por Texas es como viajar por Guanajuato: no vale nada el viaje, el viaje no vale nada, si no se pasan por tantos pueblos, por los caminos texanos.</p>
<p>Tampoco nos quedamos en un hotel justo al lado del <em>shopping mall</em>. No. En lugar de hotel, rentamos una casa. En <a href="https://www.airbnb.com/" target="_blank">airbnb.com</a> es facilísimo. Y sale más barato.</p>
<p>Las tres razones por las que fuimos a Austin son dos: es una ciudad demócrata. La inclinación política importa, y mucho, sobre todo en las ciudades. En Austin –un oasis liberal en medio de un estado conservador– hay parques, ciclovías, las personas tienden a ser delgadas y letradas, hay pocas camionetotas, muchísimos bares, buenos restaurantes.</p>
<p>La capital de Texas y sede de la Universidad Estatal era reconocida durante los 90s como un importante centro de desarrollo tecnológico: el Silicon Hills. Ahora su fama es musical: con festivales como el South by Southwest, el City Limits y conciertos en distintos auditorios y en casi todos los bares, Austin se presume como «la capital mundial de la música en vivo». Nosotros escuchamos a un par de tríos locales tocar jazz y fuimos a bailar <em>country</em> al Broken Spoke, <em>the last of the true</em> <em>Texas dance halls: beer joint &amp; honky tonk!</em></p>
<p>A falta de grandes festivales musicales, nos organizamos tremendas bacanales. Un día, por ejemplo, nos fuimos rumbo a Fredericksburg a recorrer la <em>wine trail</em> y al siguiente, para convencernos de que no estábamos en la campiña francesa, desayunamos donas, comimos hamburguesas y cenamos pizza. Merlots y gluten: las dos caras de la gastronomía texana.</p>
<p>Fue un viaje disímbolo. Viñedos en la tierra del petróleo, <em>glocal</em> chefs preparando hamburguesas de bisonte, personas con tatuajes y botas bailando country: juventud y estabilidad, riqueza y potencia. Austin no tiene desperdicio. Algo, por cierto, admirable en el país del despilfarro.</p>
<p>Por todo esto, en esta ciudad son irrelevantes las recomendaciones: casi todo está sobradamente bien. Aún así, estos son los lugares a los que regresaríamos –regresaremos:</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La esquina de la calle 6 West y Lamar. </strong></span>En un radio de menos de 1km hay un Whole Foods enorme ideal para desayunar, una librería de varios pisos (BookPeople), una tienda infinita de discos y películas (Waterloo Records), dos o tres tiendas de ropa, una papelería, algunos restaurantes, una heladería y dos parques. <em>Nota bene</em>: el Whole Foods es un súper mercado avasallante, un lugar donde, para decir lo menos, hay diez tipos de quinoa. Si estás rentando una casa y te gusta cocinar, te recomendamos ir también al Central Market.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Baguette et Chocolat. </strong></span>Sandwiches, paninis, panes de calidat y <em>outstanding</em> tartas de chocolat. Todo es hecho <em>from scratch</em>. Está un poco alejado del centro, así que te recomendamos desayunar aquí en tu camino a la <em>wine trail</em>.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>El South Congress (SoCo). </strong></span>Tiendas pequeñas, <em>food trailers</em>, bares, música en vivo, galerías de arte y restaurantes memorables. Nuestro estómago recuerda sobre todo dos comidas: la que hicimos en Home Slice Pizza (<em>the best pizza joint in town</em>) y las hamburguesas del Hopdoddy. El platillo gringo es la hamburguesa, la hamburguesa gringa es la texana y la hamburguesa texana es la de Austin. ¿Hopdoddy sirve la mejor hamburguesa del mundo? Of cors.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Barton Springs Pool. </strong></span>Una sección del río convertida en una gran «piscina natural» que va muy bien con la escala de la ciudad. La luz es cristalina y los colores brillan más de lo normal. Se puede ir sólo a ver y tomar fotos, pero es mejor meterse a nadar con los locales y, así, recordar las escenas de <em>The Tree of Life</em>, de Terrence Malick, quien vive ahí. Y a propósito del cine, el mejor <em>theatre</em> al que hemos ido, tanto por la programación como por las galletas que preparan: The Alamo Drafthouse.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Por último, cuatro recomendaciones gastronómicas más: </strong></span>los pulpos y el <em>sake</em> del Uchi, el <em>pork belly</em> del Ramen Tatsu-Ya, el <em>brisket</em> de Franklin Barbecue y los vinos texanos que nos tomamos en el Contigo. <em>Seconda nota bene</em>: varios viñedos entre Austin y Fredericksburg tienen más de 100 años. Sospechamos esa tradición cuando probamos los merlots locales.<br />
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<h3>Dos escapadas: Houston y Dallas</h3>
<p>Durante años Houston aspiró a la Luna. Más de medio siglo después logró aterrizar en Nueva Orleans. Explicamos: lo más relevante de Houston ya no es la NASA, sino la gastronomía mestiza que ofrece. Houston compite con Tlacotalpan, Campeche y Mérida por la mejor cocina del Golfo. La prueba irrefutable de esta afirmación se llama Underbelly, un restaurante que, para asegurar la calidad de sus alimentos, compra los animales vivos; ellos mismos hacen la <em>butchery</em>. El Underbelly pone toda la atención donde debe estar: en la materia prima. Un refinamiento gastronómico sólido, vernáculo –sin espumas y betunes.</p>
<p>Por si fuera poco, Houston construye museos con la misma voracidad con la que cocina. Además del Fine Arts Museum (diseñado por Mies van der Rohe), fuimos a la Fundación Menil: cinco complejos museográficos alrededor de un parque. Todos gratuitos. La capilla de Rothko, la galería de Cy Twombly (diseñada por Renzo Piano) y la sala dedicada al Surrealismo de la colección principal ofrecen experiencias conmovedoras.</p>
<p>Dallas está también a dos o tres horas de Austin. La ciudad donde murió John F, nació Jackie O y donde bailan y brincan y jadean las vaqueritas de Dallas –<em>yeah!</em> – no tiene mucho chiste. En realidad no fuimos a Dallas, sino a la ciudad vecina: Fort Worth, que tampoco tendría mucho chiste de no ser por el dinero que se han gastado en museos. El Modern Art Museum (diseñado por Tadao Ando) está justo enfrente de uno de los iconos arquitectónicos del siglo XX: el museo Kimbell de Louis I. Kahn. El edificio –la forma en la que entra la luz– es más que suficiente para quedar fascinado. Sin embargo, el Kimbell no tiene llenadera: frente al edificio original, Renzo Piano acaba de construir dos salas y un auditorio. La fascinación exaltada: cuadros de Caravaggio, Velázquez, Rubens y Goya iluminados por Kahn y Piano. Ni Nueva York, ni Chicago, ni San Francisco pueden superar eso.</p>
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<p><span style="color: #008080;"><strong>Comida carretera.</strong></span> Prepárate –y despídete– de los restaurantes de Austin y Houston con unas tortas de las Sevillanas en Matehuala y con un <em>smoked brisket</em> de Rudy&#8217;s.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Las distancias.</strong></span> De Laredo a Austin son 380 km (3 horas y media). De Austin a Houston son 260 km (2 horas y media). Y de Austin a Dallas 315 km (3 horas). A Fredericksburg es 1 hora y media, pero entre tanto viñedo <em>in-between</em> nadie llega hasta allá.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>¿Zombie shopping?</strong></span> Si tus compañeros de viaje no pueden no ir a un enorme centro comercial, haz una escala en los outlets de San Marcos. O mejor: ve a The Domain, a las afueras de Austin: un suburbio comercial donde las compras se hacen al aire libre. <a href="http://thedomainaustin.com/" target="_blank">thedomainaustin.com</a></p>
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		<title>Quintana Roo, un viaje más allá de la Riviera Maya: descubriendo el otro Caribe mexicano</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Dec 2013 15:21:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 19]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre las playas nudistas y el descanso tropical, Quintana Roo es nuestro gran escape vacacional. Lo malo: los cruceros se multiplican, las gringas se desbordan y nuestro espíritu de viajero se concentra en ese cuarteto de destinos: Cancún, Playa del Carmen, Cozumel y Tulum; luego se nos acaba la península. ¿Qué pasa si extendemos el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Entre las playas nudistas y el descanso tropical, Quintana Roo es nuestro gran escape vacacional. Lo malo: los cruceros se multiplican, las gringas se desbordan y nuestro espíritu de viajero se concentra en ese cuarteto de destinos: Cancún, Playa del Carmen, Cozumel y Tulum; luego se nos acaba la península. ¿Qué pasa si extendemos el viaje hasta la frontera con Belice?</p>
<p>Este fin de año proponemos un viaje menos engentado, sin tanto Royal Caribbean y turistas enchanclados. Dejamos el enclaustro de resort, cruzamos la muralla de Tulum y nos aventuramos a ver qué pasa si bajamos –¡ay!– un poco más.</p>
<p>He aquí el resultado: un viaje por las playas, pirámides y selvas más al sur de la costa de Quintana Roo.</p>
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<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Del Bajío a la Península.</strong></span> A menos que busques hacer un titánico viaje por tierra, el avión es la mejor opción para llegar a la península. Desde los aeropuertos de Querétaro (QRO) y León (BJX) existen vuelos directos a Cancún (de tu casa a la puerta del hotel son menos de 4 horas). Aunque, por eficiencia y logística, recomendamos volar primero desde la Ciudad de México hasta Chetumal, rentar un auto, hacer el viaje por la costa, subirla y regresar al Bajío desde Cancún. Tiempo aproximado del viaje: 10 días, mínimo.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Chetumal (2 días).</strong></span> Capital del estado, ciudad con poco turismo y hogar de la burocracia quintanarroense. Aquí lo mejor es pasearse en la noche por el Boulevard Bahía –para combatir el sofoco– y comer: La Casita del Chef para desayunos y comidas (tienen un chilpachole obligatorio) y la antojadiza fonda La Costa para cenar unos salbutes o panuchos.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Oxtankah y Kohunlich (1 día).</strong></span> Entre comidas viene la exploración: un día en las ruinas de Oxtankah, a 15 minutos de Chetumal y a un paso de la frontera con Belice: el río Hondo; otro día en Kohunlich, la zona arqueológica más conservada de la zona y a menos de 2 horas de la ciudad. Vas y vienes. Lo importante es usar a Chetumal de cocina y hospedaje, como el nuevo Noor Hotel (con renta de autos en su lobby) o el noventero Hotel Los Cocos.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Bacalar (3 días).</strong></span> Bacalar es un pueblo pintoresco a orillas de una extensa laguna con vistas paradisíacas: tonos entre verde y azul, con arena fina, un agua que casi se puede beber (pero no). Con actividades que van desde el desparrame total en una hamaca hasta el kayak, predecimos que en veinte años será el San Miguel de Allende de Quintana Roo –así que mejor ir ahora. Aquí hay mucha oferta hotelera, como el Akalki (unas cabañas sobre el agua) o el Hotel Laguna. Para comer, el memorable restaurante del hotel Los Aluxes y unas pizzas italianas a media cuadra de la plaza principal.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Kinichná y Dzibanché (1 día).</strong></span> A una hora de la Laguna de Bacalar existen dos zonas arqueológicas vecinas: Kinichná y Dzibanché, antiguos centros mayas con pirámides, templos y murales. Al contrario de Chichen Itzá, estas ruinas son menos concurridas pero igual –o hasta más– enigmáticas: en medio de la selva, con vistas panorámicas a la vegetación. Recorrerlas es un ejercicio de exploración y descubrimiento, la contraparte del sopor bacalerense.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Chacchobén (1 día).</strong></span> A un costado de la carretera a Mahahual, Chacchobén sobresale como un antiguo asentamiento con monumentos, edificios y una pirámide central. La zona también es famosa por su flora y fauna regional: se puede caminar entre árboles de zapote, higueras y corozos sobrevolados por tucanes y aves canoras.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Mahahual (3 días).</strong></span> Entre los corales y la calma, Mahahual es la nueva parada de los cruceros gringos. Un Cancún en miniatura, menos prostituido: hotelitos en medio de una gran costa caribeña, compartida con pescadores locales y una sólida barrera de arrecife. Después de los turistas, uno se queda con todas las playas y atardeceres; la quietud antes de volver al semidesierto.<br />
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<p><span style="color: #008080;"><strong>Tip de viaje: no pares de comer.</strong></span> La gastronomía de Quintana Roo es imprescindible en esta ruta. Empanadas de cazón, platillos con langosta, pipián, salsas, tamales, postres de coco y calabaza, los antojitos más típicos de la península y hasta cocinas internacionales con toques regionales.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Las distancias.</strong></span> Quintana Roo es de caminos comprimidos: Chetumal está a 20 minutos de Bacalar, de ahí son como 20 minutos a Chacchobén, luego otros 50 hasta Mahahual. Las zonas arqueológicas son igual de cercanas. Nada cansa en esta costa –más bien costita– sureña.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Fin de año en Tulum.</strong></span> El fin de año debería llevarse los últimos excesos del 2013. Después de Mahahual, sube a Tulum, alócate y remata este 31 de diciembre con la velada más prometedora de la riviera: fiesta non-stop a un brinco del mar y amenizada por The XX, Grimes, entre otros. <a href="http://theyoungturks.co.uk/nye2013" target="_blank"><span style="color: #22284f;">Más info</span></a>.<br />
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		<title>Paseos sonoros: imágenes y espacios que cambian con otros sonidos</title>
		<link>http://sadabombon.com/paseos-sonoros/</link>
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		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 21:21:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Supongamos que la frase de Godard es válida: «el cine es la realidad a 24 cuadros por segundo». El cine es luz y sonido. La realidad, por supuesto, involucra otros sentidos además de la vista y el oído. Pero a fin de cuentas, en un paseo cotidiano, nuestra experiencia se resume a lo que vemos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Supongamos que la frase de Godard es válida: «el cine es la realidad a 24 cuadros por segundo». El cine es luz y sonido. La realidad, por supuesto, involucra otros sentidos además de la vista y el oído. Pero a fin de cuentas, en un paseo cotidiano, nuestra experiencia se resume a lo que vemos y escuchamos.</p>
<p>Ahora bien, en una caminata ordinaria, pedestre, auténtica, ¿qué sentido es más importante, la vista o el oído? La cámara y las postales dirían que la vista, <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s06_ruidos_urbanos" target="_blank">el suplemento que encartamos en esta edición</a> diría que el oído. De los viajes y paseos que hacemos, regresamos con <a href="http://sadabombon.com/tumultocracia/">cientos de fotos</a>, y sin ninguna grabación sonora.</p>
<p>Volvamos a la anología con el cine: en una película, ¿qué es más relevante, las imágenes o la mezcla de audio? Si hacemos el experimento de ver una película nunca vista en <em>mute</em> y luego escuchamos otra pero con la pantalla apagada, ¿cuál de las dos películas entenderíamos mejor? David Lynch concluiría que la pista de audio es, quizá no más significativa, pero sí más expresiva. Una pésima imagen es sólo una pésima imagen, pero una mala pista de audio hace que la imagen sea más que pésima: inverosímil.</p>
<p>Como lo dijimos en el suplemento de los ruidos urbanos, vemos con el oído. Siguiendo esta lógica, presentamos aquí tres paseos donde el <em>soundtrack</em> transforma el espacio.<br />
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<h3>Centro histórico de Querétaro con música punk</h3>
<p>Hace falta pasearse dos o tres veces por las calles del centro de Querétaro para saber que la música que preferiblemente acompaña al adoquín, la cantera y el adobe es aquella que se hace con el órgano, el clavecín, el salterio y el violín. El <em>soundtrack</em> queretano es idéntico a las postales de plazas y templos: tradicional y eclesiástico.</p>
<p>Ir en Querétaro a un recital de Gastón Lafourcade o asistir al Festival Internacional de Salterio es redundante. Como acompañar unas tunas con pulque: un pleonasmo.</p>
<p>La imagen del centro histórico no va a cambiar, la Unesco y los defensores de las fuentes en las plazas se encargarán de conservar este lindo patrimonio. Pero con un poco de música punk los espacios pueden representarse de forma distinta. Por ejemplo, este <em>soundtrack</em>, con el lugar específico y la canción correspondiente:</p>
<ul>
<li>Museo de Arte: <em>Smash it Up</em>, de The Damned.</li>
<li>El Arcángel: <em>Where Eagles Dare</em>, de los Misfits.</li>
<li>Calle Hidalgo: <em>Detroit</em>, de Rancid.</li>
<li>Jardín Zenea: <em>I Wanna Be Sedated</em>, de los Ramones.</li>
<li>La Mariposa: <em>Waiting Room</em>, de Fugazi.</li>
<li>Plaza de Armas: <em>Police Story</em>, de Anti-Flag.</li>
<li>5 de Mayo: <em>Psycho Killer</em>, de los Talking Heads.</li>
<li>Don Amado: <em>Gloria</em>, de Patti Smith.</li>
<li>Mirador del Acueducto: <em>London Calling</em>, de The Clash.</li>
</ul>
<p>&nbsp;<br />
<h3>San Miguel de Allende con audio diálogos</h3>
<p>San Miguel y Guanajuato son las dos ciudades más caminables del Bajío. Esto se debe no sólo a la anchura de las banquetas y a los múltiples andadores, sino a los habitantes que prefieren transportarse a pie.</p>
<p>San Miguel, además, tiene el centro histórico más parlanchín y lenguaraz del centro de México. Sus habitantes no sólo hablan y discuten mientras caminan –como lo hacen los estudiantes en Guanajuato–, sino que además hablan y platican en dos o tres lenguas distintas.</p>
<p>Proponemos cambiarle los diálogos a los sanmiguelenses y, por qué no, también a sus turistas. Colocar palabras en la boca ajena, como si vieras una película y escucharas otra, o como si en un autocine omitieras el audio para inventarte tú los diálogos. Por ejemplo:</p>
<p>Escucha la película <em>Annie Hall</em>. De todas las películas de Woody Allen, <em>Annie Hall</em> es quizá la que tiene más diálogos. Implántale los diálogos de Alvy Singer a un joven mexicano y los de Annie Hall a una señora gringa. Este experimento funciona también, y quizá mejor, con <em>Zelig</em>.</p>
<p>Busca en YouTube «chinese conversation». Elige el video más largo y voltea a ver a una pareja de sanmiguelenses. Quién sabe qué estén diciendo los chinos, pero lo dicen con un tono y un timbre tan extraño que hace que San Miguel parezca una ciudad de la Dinastía Han, Shun, Ming o Song.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Paseo en RedQ con ópera</h3>
<p>RedQ es lo mejor que nos ha pasado desde <em>Che originali!,</em> la farsa de Johann Simon Mayr. Descifrar las nuevas rutas, hacer el prepago, conseguir asiento en el camión y llegar a tu destino es un <em>dramma per musica</em>, como dicen los conocedores. Para este transporte público con evidentes características épicas, recomendamos las siguientes óperas:</p>
<p>Mientras esperas el camión: <em>Madama Butterfly</em>, de Giacomo Puccini, sobre todo el acto dos, cuando Butterfly espera de forma paciente y hasta necia la llegada de Pinkerton. La criada Suzuki te intentará convencer de que el camión Pinkerton no llegará, de que te conviene irte en taxi, o ya de plano caminando, pero no hagas caso, tú espera y ten fe.</p>
<p>Estás sentado y se sube un bombón. El asiento de al lado está vacío y ella viene hacia ti. El camión frena y ella se aleja de ti. Pon <em>Rigoletto</em>, de Giuseppe Verdi, adelántale al último acto y canta: ♫ La donna è mobile ♪ qual piuma al vento ♫</p>
<p>El camión toma una ruta extrañísima y parece que el trayecto durará una eternidad. Escucha <em>Parsifal</em>, de Richard Wagner: la melodía sin fin.</p>
<p>El camión por fin llega a tu destino. Pon a todo volumen <em>Il ritorno d’Ulisse in patria</em>, de Claudio Monteverdi, salta del camión, pon los brazos en alto y dirígete a tu casa a abrazar a tu Penélope.<br />
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		<title>Fin de semana metropolitano –Las recomendaciones de un neoyorkino en la ciudad de México</title>
		<link>http://sadabombon.com/fin-df-2013/</link>
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		<pubDate>Thu, 01 Aug 2013 18:45:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Javier Jiménez-Belmonte]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 17]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[En el Bajío tenemos una relación casi enfermiza con el DF. Aunque logramos escaparnos de ahí hace 10, 20 o 30 años, seguimos regresando cada que podemos. Somos como el asesino que vuelve al lugar del crimen. Hay algo patológico en volver, incluso como turista, a la ciudad de México. Pero no hay remedio: el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el Bajío tenemos una relación casi enfermiza con el DF. Aunque logramos escaparnos de ahí hace 10, 20 o 30 años, seguimos regresando cada que podemos. Somos como el asesino que vuelve al lugar del crimen.</p>
<p>Hay algo patológico en volver, incluso como turista, a la ciudad de México. Pero no hay remedio: el DF es fatídicamente inevitable. Es una ciudad fascinante. Y no lo decimos con el asombro del provinciano ante la capirucha. No, lo decimos con conocimiento de causa y consecuencia: de ahí venimos y ahí volvemos.</p>
<p>De todos modos, para que nuestro posible asombro pueblerino no entorpezca la mirada hacia la ciudad de México, le pedimos a Javier Jiménez-Belmonte que nos recomendara algunos paseos de fin de semana. Javier es el extremo opuesto a un provinciano mexicano: un español que vive en Nueva York y que visita regularmente –casi, incluso, como nosotros– la ciudad de México. Esta es, pues, una mirada intermetropolitana (?).<br />
&nbsp;<br />
<h3>San Ángel y Coyoacán</h3>
<p>Cuando llegué por primera vez al DF, lo hice con la firme intención de visitar un lugar: la tumba de Luis Cernuda en el Jardín Panteón de San Ángel (muy cerca de Televisa). La visita a la tumba se acabó postergando cuatro años. Tal vez no es una recomendación muy festiva, pero a mí no me defraudó: la vía de tren que sirve de antesala al camposanto y que parece perderse entre patios, árboles y perros de una de esas ciudades-espejo en las que se multiplica y esfuma el DF; la perspectiva de la escalera de acceso a la avenida principal desde los arcos de entrada; el trasiego cotidiano de muertos y vivos (no encuentro mejor forma de explicarlo) en la oficina de información; y el resto a gusto personal del mitómano. En mi caso, fue la tumba de Luis Cernuda (me quedó pendiente la de Emilio Prados). Para otros podría ser la de Jorge Negrete, Remedios Varo, Pedro Infante o las que te ponga delante una caminata al azar (como ésta, cortazariana: «René. Te quisimos muchísimo»).</p>
<p>Después de la visita al cementerio, y dependiendo de los gustos y ánimos, recomiendo San Ángel o Coyoacán, ambos cercanos. Si San Ángel, una visita al atrio de la Iglesia de San Jacinto. Si Coyoacán, un paseo desde Miguel Ángel de Quevedo hasta el Jardín Centenario por Tres Cruces (en el número 11 murió y vivió Cernuda, para continuar con la mitomanía). Yo elegí el segundo. Como los cementerios suelen dar hambre, recomiendo un alto en el restaurante oaxaqueño La bella Lula (sobre Miguel de Quevedo). Exquisitos moles y tlayudas.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Palmas y Polanco</h3>
<p>A pesar de que en Prado Norte se corre el peligro del acento insufrible, los flequillos lánguidos y los bolsos de marca de las fresas y fresos de las megacasas de las Lomas, todavía merece la pena pasear por la calle, curiosear los imposibles arreglos florales de las tiendas del mercadito, comerse una hamburguesa en Rubens y hasta sentarse a la puerta del Society a tomarse un té de manzana y arándanos. Si el té le abre a uno las ganas de postre, merece la pena el siguiente paseo: seguir por Prado Norte hasta Reforma, cruzar Reforma hasta Prado Sur y de allí seguirse hasta Lomas de Virreyes. En el cruce de Aguiar y Seijas con la calle Vosgos (frente a un Soriana) está el mejor pastel de elote del DF (en la humilde opinión de un servidor): el del Finesse. No lejos de allí, en Monte Líbano, está el Café O. Un lugar un poco snob (librería, vinería, restaurante, <i>you name it</i>) que (si hay suerte y las señoras de las Lomas deciden quedarse en sus casas) puede resultar muy agradable para cenar.</p>
<p>En Polanco yo siempre acabo en el mismo sitio: la Cafebrería El Péndulo (a pesar del nefasto título). La selección de libros no es tan buena como la del Péndulo de Condesa, pero el lugar (sobre todo la terraza y las mesitas del segundo piso) es más agradable. Muy recomendable sentarse a leer y tomar algo en el segundo piso una tarde de lluvia. En cuanto a restaurantes, los hay a patadas. Yo prefiero la comida y el ambiente de Los Panchos (en Anzures), el fabuloso mole del Bajío (en Alejandro Dumas) y las tostadas de atún del Entremar (igual de buenas que las del Contramar en la Roma). Para comida y bebida internacional, los pisco sours del Osaka (en Masaryk) y cualquier cosa de la carta del Astrid &amp; Gastón en Tennyson. Para pasear, sin duda, Horacio.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Condesa y Roma</h3>
<p>Aquí la cosa se complica. Voy a intentar resumir mis actividades y lugares favoritos:</p>
<ul>
<li>Dar vueltas por Ámsterdam hasta completar el mapa imaginario del Hipódromo (recomiendo ver antes un mapa antiguo de la zona cuando todavía existía el hipódromo).</li>
<li>Sentarse un rato en los bancos de la fuente de Culiacán con Ámsterdam (un chorro gigante sobre un espejo de agua, como se dice ahora, con un encanto medio zen).</li>
<li>Curiosear en la librería FCE Rosario Castellanos.</li>
<li>Comer cochinita pibil en La Capital u ostiones a la francesa en Lampuga.</li>
<li>Pasear por Álvaro Obregón (si hay algún recital o cualquier otro pretexto, usarlo para entrar en la casa de Ramón López Velarde).</li>
<li>Visitar el David falso de la Plaza Río de Janeiro.</li>
<li>Echar un vistazo a la cartelera del Foro Shakespeare (en Zamora). Allí he visto el mejor teatro en el DF (con diferencia).</li>
</ul>
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<h3>Centro histórico</h3>
<p>En el centro histórico me quedo con todo lo que hay y lo que dejó de haber en los alrededores de Santo Domingo, en especial con las antiguas imprentas del lateral porticado de la plaza. Un lugar que recomiendo para comer es el restaurante libanés Al-Andalus en Mesones 172, no muy lejos del Zócalo. Un lugar especial, en todos los sentidos.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>El inicio de las vendimias en el centro de México: la celebración vínica de Viñedos La Redonda</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jul 2013 18:24:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[En México la época de vendimias se da entre julio y septiembre. Durante esos meses, cada viñedo cosecha las uvas maduras y organiza una gran fiesta alrededor del vino. Las vendimias son la mejor forma de conocer un viñedo, el momento ideal donde converge la abundancia con la celebración y el gusto por el vino. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En México la época de vendimias se da entre julio y septiembre. Durante esos meses, cada viñedo cosecha las uvas maduras y organiza una gran fiesta alrededor del vino.</p>
<p>Las vendimias son la mejor forma de conocer un viñedo, el momento ideal donde converge la abundancia con la celebración y el gusto por el vino. La exuberancia del festejo se traduce en el evento ideal para degustar las etiquetas de la región, conocer el proceso de producción del vino y hacer un viaje fuera de la ciudad.</p>
<p>Acá, en el centro del país, <a href="http://www.laredonda.com.mx/" target="_blank">La Redonda</a> es de las primeras casas vitivinícolas en celebrar la cosecha de uvas. Cada año invitan a todas las personas a recorrer sus instalaciones, participar en el tradicional pisado de la uva y unirse a la fiesta vínica más importante del año.</p>
<p>Este 20 y 21 de julio 2013, asiste a su celebración y comienza las fiestas de la vendimia en sus extensos y rebosantes viñedos.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Fiestas de la Vendimia en Viñedos La Redonda</h3>
<ul>
<li><strong>¿Cuándo?</strong> Sábado 20 y domingo 21 de julio desde las 11:00 am.</li>
<li><strong>¿Costo?</strong> $200 por persona (incluye recorrido por la casa vitivinícola, copa, degustación de vino y pisado de la uva). La entrada es libre para niños menores de 12 años.</li>
<li><strong>¿Más info?</strong> <a href="http://www.laredonda.com.mx/vendimia2013.html" target="_blank">www.laredonda.com.mx</a> o en su <a href="https://www.facebook.com/la.redonda.14" target="_blank">Facebook</a>.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Pueblos fantasma –una ruta por los pueblos que presienten el futuro de los nuestros</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Jun 2013 18:30:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un fantasma es, más que un espanto, la sensación efímera de algo que fue, el recuerdo ajeno que se inserta en la memoria. A esta definición se acercan los pueblos fantasma de México. Pozos, San Pedro, Real de Catorce, Ojuela: espacios colmados de calma y desolación, personas y edificios interrumpidos en el tiempo. Todos los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un fantasma es, más que un espanto, la sensación efímera de algo que fue, el recuerdo ajeno que se inserta en la memoria. A esta definición se acercan los pueblos fantasma de México. Pozos, San Pedro, Real de Catorce, Ojuela: espacios colmados de calma y desolación, personas y edificios interrumpidos en el tiempo.</p>
<p>Todos los pueblos mineros que incluimos aquí fracasaron. Construyeron un paraíso económico y social en medio de cerros, rocas y extensos yacimientos minerales. Se enriquecieron, pero en seguida se confiaron: sobreexplotaron sus recursos y acabaron en la ruina. Ahora viajamos a ellos, caminamos su decadencia y, en el mejor de los casos, la examinamos detenidamente para tratar de retrasar la nuestra.</p>
<p>Viajar a un pueblo fantasma es enfrentar la ausencia y la desaparición, entender nuestro paso por el tiempo a través de sus casas olvidadas, cantinas derruidas, templos desolados y tierras baldías. Para tener una experiencia nostálgica e introspectiva durante el verano, he aquí cuatro de los pueblos más melancólicos de México.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Mineral de Pozos</h3>
<p>A 45 minutos de San Miguel de Allende (más o menos lo mismo de Querétaro) se encuentra el nostálgico Pueblo Mágico de Mineral de Pozos, los vestigios de una ciudad minera que atrajo numerosas comunidades extranjeras durante el siglo XIX. Tras la Revolución y una desastrosa inundación, las vetas de las minas colapsaron, la fortuna se restó y el pueblo se olvidó. Ese es justo el encanto de Pozos: los recuerdos descuidados, la calma y la desolación.</p>
<p>Aunque Pozos se descubre caminando sin rumbo, recomendamos visitar las ruinas de la hacienda (y mina) Santa Brígida, sus hornos y el antiguo hospital. También vale la pena hospedarse en alguno de los hoteles-boutique de la plaza principal, cerca de las nuevas galerías de arte.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Cerro de San Pedro</h3>
<p>Enclavado en el paisaje desértico y montañoso de San Luis Potosí, Cerro de San Pedro fue sinónimo de exceso y abundancia minera. Pero al igual que nosotros con nuestra quincena, su pésima administración financiera llevó al pueblo a la decadencia (oh, el eterno y desastroso fin de mes).</p>
<p>Recomendamos pasar el día en las ruinas del pueblo, visitar lo que queda del templo de San Pedro y descansar en la capital del estado (a poco menos de una hora de camino).<br />
&nbsp;<br />
<h3>Real de Catorce</h3>
<p>Real de Catorce es el pueblo fantasma menos olvidado del país. Ubicado a 260 km al norte de la ciudad de San Luis Potosí, esta colonia española solía ser –allá en 1803– el segundo lugar de mayor producción de plata en el mundo. Eventualmente, las vetas de las minas se agotaron y el pueblo no volvió a ver fama y fortuna hasta la llegada de Julia Roberts y Brad Pitt (el cine todo lo revive).</p>
<p>Ahora Real de Catorce es un Pueblo Mágico con hoteles, restaurantes, tiendas y antojitos potosinos –pruébense las enchiladas mineras y las gorditas de guisos. De atractivos históricos resaltan el túnel de Ogarrio, el panteón local y la Parroquia de la Purísima Concepción. Proponemos extender la experiencia con un paseo por Wirikuta, el desierto huichol.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Puente de Ojuela</h3>
<p>A una hora de Torreón, cerca de Mapimí, se encuentra Ojuela, un pueblo dividido por dos cerros que se conectaban por un imponente puente –que aún cuelga pero a duras penas se soporta. En Ojuela, entre un paisaje montañoso, se encuentra un antiguo casino que fue abandonado tras el cierre de las minas de Santa Rita.</p>
<p>De Real de Catorce a Ojuela son más de 6 horas, así que esta ruta propone la mejor excusa para pasar una noche en la ciudad colonial de Zacatecas (casi a la mitad del camino).<br />
&nbsp;<br />
<img class="size-full wp-image-7643 aligncenter" alt="Mapa - Pueblos fantasma de México - Sada y el bombón" src="http://sadabombon.files.wordpress.com/2013/06/mapa.gif" width="620" height="380" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>Tip de viaje: mantén una actitud fantasma</h3>
<p>No vayas en busca de una <em>fiestuki</em> con los zapatos recién boleados. El destino es nostálgico, introspectivo y desértico (terroso y con un clima extremoso). Lleva ropa adecuada y una actitud como si fueras en busca de Pedro Páramo. Como dicen los versos de Amado Nervo: «Tú lo sabes hoy todo…, ¡yo, en cambio, no sé nada! / Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!».<br />
&nbsp;<br />
<h3>Hospédate con estilo</h3>
<p>El abandono de los pueblos fantasma es lo mejor que nos pudo haber pasado en el siglo XXI. Últimamente existen hoteles/refugios que filtran las comodidades del mundo moderno: nos cambian el Sky por masajes y mimos. Recomendamos ampliamente el <a href="http://posadadelasminas.com" target="_blank">Hotel Posada de las Minas</a> en Mineral de Pozos y el <a href="http://hotelelreal.com.mx" target="_blank">Hotel El Real</a> en Real de Catorce.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Un viaje fotográfico</h3>
<p>Todos estos pueblos han sido escenarios de películas y documentales; su dirección de arte natural los convierte en un destino obligado para fotógrafos profesionales y aficionados. Llévate tu cámara al viaje y retrata fantasmas; a veces la cámara capta cosas que el ojo nomás no alcanza a ver.<br />
&nbsp;</p>
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