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	<title>Sada y el bombón &#187; Antônio Cabadas</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>El casete y el vinilo</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un elogio al negocio del melómano y la música como objeto. &#160; A los primeros asesores musicales que tomé en cuenta los conocí en 1994, en un local que vendía casetes grabados en El Chopo. Al menos una vez al mes me presentaba frente al puesto de armazón metálico y esperaba junto a los adolescentes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Un elogio al negocio del melómano y la música como objeto. </em><br />
&nbsp;<br />
A los primeros asesores musicales que tomé en cuenta los conocí en 1994, en un local que vendía casetes grabados en El Chopo. Al menos una vez al mes me presentaba frente al puesto de armazón metálico y esperaba junto a los adolescentes de cabello largo y ropa negra para alcanzar una posición cómoda y mirar las portadas a color. Lo atendían dos hermanos, y nadie en el tianguis colocaba tanto detalle para las copias como ellos. Una vez que lograbas llegar al mostrador, era cuestión de minutos para que alguno de los dos identificara quién eras y te dijera las novedades. En cuanto se aprendían tus gustos eran capaces de hacer recomendaciones bien colocadas. Yo en esa época escuchaba <em>melodic black metal</em> y por ese rumbo iban las sugerencias. Se tenía alrededor de medio minuto para escuchar una prueba del casete y decidir si te lo llevabas o no. Más de una vez la prueba del casete no convencía y ellos insistían con elogios que me lo llevara, que estaba bueno. Casi siempre agradecí la insistencia; entendía que los tipos querían vender pero, sobre todo, estaba su deseo por agradar, por la satisfacción de enterarse en la siguiente visita que su recomendación había gustado. Luego me mudé de género y empecé a aficionarme a otros locales del Chopo donde la oferta podía ir desde la electrónica bailable hasta las rarezas extranjeras; pero en ellos no encontré consejeros musicales del calibre de los primeros, acá eran mercaderes: podrían haber vendido cualquier otra cosa, la música era una casualidad. </p>
<p>Hace años entré a una tienda de vinilos y comencé a repasar las cajas donde las colecciones se dividían por género. Busqué en los <em>soundtracks</em> y encontré el de <em>París, Texas </em>producido por Ry Cooder. Me lo llevé a casa y esa tarde escuché el disco varias veces. Fue la primera de muchas visitas que hice a la tienda, repasando los estantes hasta aprender a codiciar cada una de sus maravillas. El dueño, Marcos Oliveira, siempre tenía alguna novedad para mostrarme: el disco despreciado por una generación para ser descubierto por la siguiente, el primer álbum de una banda que nada más conocían sus parientes, el material oculto de esa celebridad que ahora sólo graba cosas ruines. La tienda se llamaba Plan B, como el plan de vida que mantenemos bajo el agua en espera de que no se ahogue. Era una tienda de discos hecha para conversar, intercambiar ideas. Marcos generaba un ambiente de apertura para cualquier cosa que fuera buena música. Nunca he conocido a nadie con ese apetito por ampliar sus límites, con memoria y pasión, con esa capacidad de compartir. </p>
<p>Aún no vuelvo a comprar tanta música como ese año en el que recorrí decenas de puestos en la calle, arriesgándome por tan sólo ver una portada. Y el salto fue así, del casete al vinilo, con un largo intermedio dominado por el CD. Ahora entiendo que para mí era una continuación natural, inversa históricamente pero alineada en mi proceso de aficionado a la música. Mi inicio de coleccionista había estado ligado al siseo de la cinta, al chirrido del carrete, a un acompañamiento natural del ruido sobre el que andaba la música. Con el vinilo estaba esa voluptuosa fricción de la aguja sobre el disco, ese encuentro físico que liberaba las impresiones del surco. Al final, un acto mecánico como el de la cinta tensa en el grabador hacía que el sonido tuviera un sentido alejado de la pureza que no deseo, con las imperfecciones que el CD no posee. </p>
<p>El casete y el vinilo: Marcos y los hermanos del Chopo cumpliendo su plan B.<br />
&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Antônio Cabadas, además de melómano, es uno de los primeros colaboradores de esta revista. Lee más artículos de él en <a href="http://sadabombon.com/author/antonio/" target="_blank"><span style="color: #808080;"> sadabombon.com/author/antonio</span></a></em></address>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El ruido de los otros</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 01:12:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[En los primeros años de la era cristiana el filósofo Séneca escribe una epístola a Lucilio y hace un recuento de los ruidos urbanos: los gemidos de los atletas que entrenan bajo su casa, el cantante que berrea en el baño, la interminable conversación del barbero, los gritos de vendedores ambulantes y el rumor de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En los primeros años de la era cristiana el filósofo Séneca escribe una epístola a Lucilio y hace un recuento de los ruidos urbanos: los gemidos de los atletas que entrenan bajo su casa, el cantante que berrea en el baño, la interminable conversación del barbero, los gritos de vendedores ambulantes y el rumor de los carros que pasan. Después da un consejo de estoicismo para los intolerantes al ruido urbano que huyen al campo: el verdadero escándalo lo lleva un alma con desasosiego a donde quiera que vaya.</p>
<p align="center">§</p>
<p>He vivido en varias zonas de Querétaro, cada una con sus particularidades sonoras: el ferrocarril y el agua del río en Calesa. La voz de Jorge Ben con «<em>Ela vem chegando e feliz vou esperando</em>» anunciando a una empresa de gas en el centro. La fiesta de unos loros prófugos de la sierra que se refugiaban en un nogal en Jardines de Querétaro y ahora, en El Refugio, son los zanates los que me acompañan siempre. En todas esas colonias estaba el ubicuo sonido de los autos.</p>
<p align="center">§</p>
<p>Ahora se cumplen 10 años del lanzamiento de <em>Pop street sound</em>, el disco de Jorge Govea (aka Wakal) que le puso ritmo electrónico a acordeonistas, merolicos, gritones y charangueros errantes de DF. Un homenaje a todo eso que aisladamente puede parecer contaminación auditiva. En una línea de Accordion Lover, uno de los sencillos, se escucha «<em>Hey, I hate the way you fucking talk, your voice is pissing me of</em>f». El fin de la paciencia.</p>
<p align="center">§</p>
<p>En la ciudad me gusta la calma pero me entedia el silencio puro. Yo no quiero una ermita intelectual en San Dónde Sea ni en Coyotepec. Prefiero la presencia gentil de los demás, el vaso que se rompe, el murmullo de las voces bajas, el sonido de otra puerta que no sea la mía. Esa convivencia aislada me reconforta, me da un tipo de felicidad. Hoy repito unas líneas de Fabio Morábito, un especialista de la vecindad con reservas: «No quiero, pese a todo, / muros gruesos, / tan gruesos que no oiga / el silencio de los otros».<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Episodios de lectura</title>
		<link>http://sadabombon.com/leer-ac/</link>
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		<pubDate>Thu, 27 Jun 2013 15:45:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo decidimos qué libro leer? ¿Qué tanto influye el clima, el estado de ánimo, el último libro que leímos? ¿Qué leemos cuando leemos? Seguimos con la serie «¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores». En esta cuarta entrada, Antônio Cabadas escribe sobre sus tiempos y enfermedades de lectura. &#160; I «No pensaba estar haciéndole justicia a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>¿Cómo decidimos qué libro leer? ¿Qué tanto influye el clima, el estado de ánimo, el último libro que leímos? ¿Qué leemos cuando leemos? Seguimos con la serie «<a href="http://sadabombon.com/?s=%C2%BFc%C3%B3mo+leo%3F"><span style="color: #999999;">¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores</span></a>». En esta cuarta entrada, <a href="http://sadabombon.com/author/antonio/"><span style="color: #999999;">Antônio Cabadas</span></a> escribe sobre sus tiempos y enfermedades de lectura.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>I</h3>
<p>«No pensaba estar haciéndole justicia a un escritor si no lo leía en días consecutivos, en sesiones no inferiores a las tres o cuatro horas. De otro modo, a pesar de sus notas y sus subrayados, perdía contacto con la vida interior del libro, y, para eso, mejor no empezarlo». Es El Narrador describiendo el hábito de lectura de El Maestro ante El Aprendiz. Ante determinaciones así no quedan muchos lectores para ser considerados serios, yo no, al menos. Nunca he tenido rutinas de lectura, planes, proyectos, esquemas. Salto de un libro comprado recientemente a uno que lleva años esperando a ser leído, evito leer completamente a un autor que me importe (me ahogaría la infelicidad de saber que ya no queda más Flaubert o Kafka por conocer) y exploro lagunas de temas, géneros y estilos con la misma minuciosidad de un barquero ebrio.</p>
<p>Antes que hábitos tengo antojos. Leo acostado en la cama, a veces temprano por la mañana, a veces tarde por la noche. Leo subido en árboles o tendido en el pasto. Leo quieto, en un sillón, o en el traslado del autobús. En ocasiones tengo dos o tres lecturas paralelas, o hago sólo una. Puedo leer por varias horas en días consecutivos y después abandonar la lectura, como si no importara. No sé qué leeré el día siguiente, mis elecciones no están ligadas a ningún compromiso, se encuentran contaminadas de fobias a ciertos nombres, de afinidades a ciertos géneros, de gustos que se van modificando: por años leí mayoritariamente poesía y con el tiempo esa preferencia se ha ido adelgazando, dejando brecha abierta a la narrativa; hace unos meses comencé a leer una antología de Seamus Heaney y en una línea me sentí incapaz de continuar, no porque los poemas no me gustaran, sino que sentí que no tenía la paciencia de ir tocando esa brevedad. Sé que habrá otro ánimo después para continuarlo.</p>
<p>La posibilidad del libro siguiente me plantea algunas preguntas: ¿he leído demasiado de esta editorial?, ¿mejor probar a un autor desconocido o darle otra oportunidad a alguien que no me atrapó en el primer disparo?, ¿es momento de regresar al canon?, ¿vale probar a un autor joven?, ¿cómo va la cuenta de libros escritos por mujeres? Y las respuestas pueden influir, hacer que las dos, tres, cuatro posibilidades originales se amplíen o se reduzcan. O puede suceder que me valgan madres los resultados y lea una cuarta novela consecutiva y postergue nuevamente el regalo de un amigo, aquella recomendación juiciosa, el autor querido que me espera con una novedad. Lo mejor es tirarse de cabeza sin esperar nada, sólo el seco golpe de la sorpresa.<br />
&nbsp;<br />
<h3>II</h3>
<p>Una comentario sobre la lectura del mismo autor de la nota inicial: «El problema es que el hábito de la lectura se ha esfumado. Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal. La concentración, la soledad, la imaginación que requiere el hábito de la lectura. Hemos perdido la guerra. En veinte años, la lectura será un culto». Quito del párrafo la palabra hábito y la suplanto por enfermedad, me quedo con soledad e imaginación, añado que es un motivo delicioso para estar con uno mismo. Del tipo de obligaciones que nadie nos impone y que da gusto cumplir.</p>
<p>¿Qué leo? La mayor parte de mis elecciones son alrededor de la literatura, con escasos acercamientos a otras disciplinas; leo ficción, y para evitar empantanarme tomo dos líneas de un ensayo de Juan José Saer: «La ficción se mantiene a distancia tanto de los profetas de lo verdadero como de los eufóricos de lo falso». Amén. Aquí tengo que añadir que una parte de mi trabajo regular consiste en leer decenas de normas y regulaciones de ingeniería de varios países: los profetas de la verdad. Por otra puerta huyo de libros inocuos: los eufóricos de lo falso. Leo en esa frontera donde la capacidad de crear un mundo distinto se conecta con realidades profundas o simplemente inadvertidas. Leo como sostenido de un féretro en un naufragio. Leer es cubrirse la cara para después mostrarla llena de palabras.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>El placer vs. los beneficios en las carreras urbanas</title>
		<link>http://sadabombon.com/corredor-corporativo/</link>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 23:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Correr está de moda. Qué novedad. Cada fin de semana es más frecuente encontrar calles parcialmente cerradas mientras los corredores completan el trayecto. El acto de correr se convierte en una plática cada vez más frecuente: «Ayer corrí 5 kilómetros», «No pude entrenar esta semana porque tengo una lesión en la rodilla». Me da gusto [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://sadabombon.com/correr/">Correr está de moda</a>. Qué novedad. Cada fin de semana es más frecuente encontrar calles parcialmente cerradas mientras los corredores completan el trayecto. El acto de correr se convierte en una plática cada vez más frecuente: «Ayer corrí 5 kilómetros», «No pude entrenar esta semana porque tengo una lesión en la rodilla». Me da gusto que la carrera se vuelva popular, que haya interés por conocer el placer del ritmo y el equilibrio y además disfrutar los beneficios que ofrece: control de peso, fortalecimiento muscular, terapia para la cabeza, mejora en el sistema cardiovascular y decenas de elogios más.</p>
<p>Placer vs. beneficios, aquí entra la figura de los corredores que a partir de ahora llamaré corporativos. Toman uno de los beneficios de la carrera y lo extrapolan; la disciplina, por ejemplo. Tener una rutina para ponerse los tenis y salir a la calle se puede proyectar en otras áreas de la vida; el orden, la linealidad a procedimientos, la constancia, todas estas características son apreciadas para completar muchos tipos de tareas; esto es el inicio para que el corredor del que hablamos comience a construirse dispositivos mentales de cumplimiento: «Si es bueno empezar a correr a las 6 de la mañana, debe ser mejor aún comenzar a las 5», «Si entrenando 1 hora cada tercer día puedo hacer carreras de 10 km, entrenando 2 horas seguramente podré completar un medio maratón». Y empieza a propagar la noticia que en la semana corrió 28 km y que le reclamó al encargado del gimnasio por no abrir a las 5 am en punto. Todo esto en el interés de ir marcando que las actividades propuestas fueron realizadas, con las ideas sólo levantadas en el futuro. Sigue por compararse con otros corredores que lo rodean; si alguno de ellos planea hacer un maratón, seguramente replanteará su entrenamiento para poder hacer uno. La importancia está en cumplir, en la capacidad de seguir pegado a un plan y llegar al objetivo, entre más difícil sea, más orgullo debe dar.</p>
<p>En el corredor corporativo no escucho placer por lo que hace, le da satisfacción narrar su rutina y demostrar a los demás de lo que es capaz, de lo que su dedicación le ha llevado a completar. No encuentro la capacidad de describir los árboles que vio mientras corría, o el simple hecho de decir que fue feliz, transmitir el placer de sentir el aire en la cara y enfocarse en la mecánica de levantar un pie, después el otro y establecer un balance con los brazos. Hay sólo la persecución ciega de la meta, sin tomarse la molestia de mirar a los lados y adentro para saber qué está pasando. Se cancela la posibilidad de la ocurrencia, como correr un domingo en la noche, por la premisa de ir justo atrás de uno mismo.</p>
<p>Placer vs. beneficios. Más que una elección entre uno u otro, vale tomar una fracción de los dos. Disfrutar <a href="http://sadabombon.com/suplemento-el-caminante/">la simplicidad de hacer algo que se encuentra tan cerca</a>, en una mañana de sábado mientras el frío se va alejando, en la elección de una orilla con el único goce de la inmediatez.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Los libros acumulados</title>
		<link>http://sadabombon.com/libros-y-libreros/</link>
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		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 22:56:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Me cambié de casa hace poco y tuve que empacar mi biblioteca, guardarla en cajas y esperar con paciencia para volver a acomodarla. Ante la posibilidad de un nuevo orden, he pasado largas horas con las cajas a mis pies y los nuevos estantes frente a mí. Primero alineo lo que más me gusta y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Me cambié de casa hace poco y tuve que empacar mi biblioteca, guardarla en cajas y esperar con paciencia para volver a acomodarla. Ante la posibilidad de un nuevo orden, he pasado largas horas con las cajas a mis pies y los nuevos estantes frente a mí. Primero alineo lo que más me gusta y dejo en posiciones cómodas –arriba de mi cintura– los libros a los que quiero regresar con frecuencia. Eso es fácil. Después voy acomodando, en estantes inferiores, lecturas que ahora me emocionan menos, al menos en primera instancia. Invariablemente, después de un rato, tomo distancia e intercambio volúmenes de abajo con los que están en la parte de arriba. Esto ya crea un problema. A veces juzgo que sólo uno o dos libros de un autor merecen estar arriba de mi cintura, pero entonces los intentos de clasificación –por región, por época, por género literario– se derrumban y hay que empezar de nuevo: intercambiar filas de izquierda a derecha, de arriba a abajo, de atrás hacia adelante (esta es una modalidad que no había mencionado) y justo en ese momento surge una incomodidad. Cuando un libro se va a la parte de atrás en los libreros de fondo largo es porque tengo bronca con él; a veces ya no me gusta nada, en otras es de un autor del que ya leí algo y que no me ha enganchado, y a veces simplemente es una mala lectura. Entre este juego de direcciones en la que los libros se mueven, los que esperan en la caja para ser acomodados después de las primeras cribas y que sólo aspiran, en el mejor de los casos a los estantes inferiores, me dan ansia.</p>
<p>¿Cuántos libros buenos se pueden leer entre un universo de lecturas? Reviso lo que leí el año pasado: pocos destellos entre varias elecciones que ahora pienso se pudieron haber hecho en otra cosa. Una pausa. ¿Y por qué no acomodar todos los libros de una vez? La verdad es que no tengo suficiente espacio y me parece que si ahora lo tuviera me temblaría la mano en acomodar quince títulos seguidos que no me dicen nada y que ya no tengo ganas de ver. Viene entonces la duda de cómo deshacerse de ellos. Estoy escogiendo la más sencilla: ocultarlos y postergar una decisión definitiva. Así hay libros que me han acompañado por varias mudanzas, justificando el indulto que les he otorgado por la calidad de edición, por el prestigio del autor, por la falsa promesa que en el futuro tendré ojos distintos para ellos.</p>
<p>¿Qué queda? Regalarlos, ¿pero quién quiere libros que no podemos recomendar? Venderlos en una librería de viejo, aunque se sienta rabia recibir el 4% del valor original y soportar todavía la auscultación de un empleado que los sopesa para encontrar defectos que seguramente no influirán en los centavos que piensa ofrecer. El único estúpido alivio que he encontrado en esas librerías es pensar que de alguna manera estoy compensando los hallazgos que he tenido en las pilas llenas de polvo con las que ahora contribuyo. ¿Por qué decidieron llevar a vender la segunda novela de Mishima?, ¿o <em>Benito Cereno</em> de Melville?, ¿o <em>Las afinidades electivas</em> de Goethe? Tal vez una herencia mal entendida (eso me da miedo), o una necesidad de dinero, o un episodio de locura. La pregunta me ofusca y vuelvo al ansia de las lecturas que preferiría no haber hecho. Tal vez esos escalones de lecturas menores sean necesarios a manera de transición entre títulos poderosos. ¿Mi aprecio por la primera novela que conocí de Joseph Roth hubiera sido el mismo si antes hubiera terminado de leer <em>El mundo alucinante</em>? Probablemente no con esa fuerza. Además la apuesta por un escritor desconocido, por una obra olvidada en el catálogo de un autor me ha deparado sorpresas como <em>Conversatorio de Yaxilán</em>, <em>El verano</em> o <em>El éxtasis de la transformación</em>.</p>
<p>Ante la luz de estas ideas veo las hileras de lomos coloreados y pienso un nuevo reacomodo, la elección de las siguientes lecturas, nuevas postergaciones.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Treinta y seis años sin Chéjov</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Mar 2013 23:06:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Por una de esas decisiones caprichosas que a veces tomo, no había leído a Chéjov. Dejé pasar el consejo leído en un libro que disfruto mucho: «lean a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo». La historia con Carver es para otro día, con [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por una de esas decisiones caprichosas que a veces tomo, no había leído a Chéjov. Dejé pasar el consejo leído en un libro que disfruto mucho: «lean a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo». La historia con Carver es para otro día, con el ruso tenemos bastante. Y sí, por momentos me cruzaba con antologías de cuento en donde de manera infaltable aparecían <em>La dama del perrito</em>, <em>La Cigarra</em>, <em>La grosella</em>, <em>El pabellón número 6</em>. Todos de nuestro escritor en cuestión, Anton Chéjov. Siempre dejé esos libros en los estantes hasta que hace unos meses por una cuestión un tanto fortuita me compré una antología con veinte relatos de Anton.</p>
<p>Empecé por leer el último del libro: <em>La dama del perrito</em>. Al terminarlo me di cuenta que había sido un error no haberlo conocido antes; sentí excitación, vértigo, vergüenza, admiración. El relato es sobre una historia de amor, difícil como deben ser las historias de amor. En ese lapso de tiempo, mientras conocemos a los enamorados con sus acercamientos y dudas, Chéjov aprovecha para hacer observaciones de la conducta humana: de las mentiras en nuestras relaciones, de las máscaras y el desprecio con que nos presentamos antes los demás, del juego de imposturas en donde todos salimos lastimados. En las últimas líneas el relato deja un final abierto, sin ninguna conclusión, con un montón de posibilidades dando vueltas y una serie de cuentos posibles destinada a quien decida escribirlos. Con esta pieza bastaría para estar completos, para decir que Chéjov es un grandísimo escritor, pero hay más: en los otros diecinueve textos da la posibilidad de una novela compuesta por trozos independientes, columnas que se sostienen por sí solas pero que al mismo tiempo levantan una estructura común que permite el diálogo entre ellas, enriqueciendo nuestra perspectiva de los personajes, iluminando las inquietudes que nos quiere lanzar a la cara.</p>
<p>Hay estampas en donde el único objetivo es ridiculizar a un gremio que conocía muy bien: el de los escritores. No tiembla ante la posibilidad de dar una lección y se mete con la incomodidad burguesa ante el triste espectáculo de la autocomplacencia, de las traiciones a todo eso que en algún momento de la vida nos prometemos como lo verdadero, de nuestros inocuos refugios en objetivos que nosotros mismos no valoramos. Chéjov sabe cómo se toman los discursos aleccionadores y da una representación del aburrimiento poniendo el fastidio en dos personajes que escuchan ese relato: un espejo empañado al fondo de una habitación reflejando nuestra silueta.</p>
<p>Otro detalle: mientras algunos escritores escriben novelas armadas con voces distintas, con puntos de vista encontrados para demostrar la subjetividad de la opinión, el derrocamiento de la verdad, a nuestro ruso le bastan pocas páginas para hacer transformaciones radicales, para contradecir la primera descripción del narrador o para disfrazar nuevamente la visión genérica de un personaje.</p>
<p>Me pregunto con qué empezaba a escribir, ¿con la intuición de que en una historia se podían plantear preguntas?, ¿o comenzaba a armar la historia hasta después de tener claro el tema? Me encantaría saberlo. Al final, entre tantos personajes que caminan en la nieve, que se enamoran de una ilusión, que tienen miedo de dar el paso hacia adelante y no hablan, de hijos que les reclaman a su padre la mezquindad, de esposas que menosprecian a sus maridos, de médicos que demuestran su capacidad de odio y su prolijidad para los consejos inútiles que ellos mismos no sabrían seguir; entre todos estos personajes, hay una representación del mundo íntimo que da terror.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Bibliotecas: la pública y la personal</title>
		<link>http://sadabombon.com/la-biblioteca-personal/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Oct 2011 17:01:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; I Tengo que comenzar con una confesión: nunca he sido un usuario recurrente de las bibliotecas públicas. Me pregunto ahora por qué y me salen estas respuestas: porque me han quedado lejos, porque las sillas son incómodas, porque me molesta el ruido de los otros, porque me disgusta el espacio. Paro, ahí hay algo. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br />
<h3>I</h3>
<p>Tengo que comenzar con una confesión: nunca he sido un usuario recurrente de las bibliotecas públicas. Me pregunto ahora por qué y me salen estas respuestas: porque me han quedado lejos, porque las sillas son incómodas, porque me molesta el ruido de los otros, porque me disgusta el espacio.</p>
<p>Paro, ahí hay algo. ¿Por qué me disgusta el espacio? Por la desolación que me da en los espacios que son enormes y pulcros, por la tristeza que me ataca en los lugares descuidados e impersonales. Para mí no hay como leer en casa o en un jardín, santa respuesta.</p>
<p>No tendría más qué decir si no hubiera visitado recientemente la biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), uno de los tantos proyectos que Francisco Toledo sostiene. La sorpresa fue grande, en las habitaciones de una vieja casa restaurada pintada de blanco se acomodan los libros en sobrios anaqueles empotrados en los muros; de piso a techo –un techo no tan alto– los protagonistas absolutos son los libros; ya por los lomos se sugiere la calidad de los contenidos, las editoriales prestigiosas, los empastados exquisitos, los gustos absolutos. Salí del mareo y me paseé un poco, por un momento me pareció caminar por una cocina enorme, una cocina de ideas, en el centro de las habitaciones había mesas de madera sólida dialogando tranquilamente con la dignidad del edificio, no había mucho espacio entre los muros, unos metros solamente, y la sensación de los libros cayendo sobre mí me inundó. Un espacio que de alguna manera tengo que calificar de envolvente y discreto. Baudelaire lo dijo hace algunos años: «Los sentimientos íntimos sólo se recogen cómodamente en un espacio muy estrecho». Él hablaba de la sensualidad y yo hablo de lo mismo. ¿Cuántas intimidades mayores puede haber a ser sorprendido por la palabras en un libro? Muy pocas, y de nuevo hablo con las palabras de otros y recuerdo dos voces de cantina: «Los libros son el último refugio de un hombre solo, y el primero también». Pero tengo que parar ahora, Oaxaca queda muy lejos y las bibliotecas que están en la ciudad en la que vivo no se le parecen nada. Mejor pasemos a la opción que nos queda a los que vivimos distantes del IAGO, pasemos a la biblioteca personal.<br />
&nbsp;<br />
<h3>II</h3>
<p>¿Cómo se construye una biblioteca personal? No quiero dejar de ser romántico y tengo que decir que azarosamente. Lo que tengo son algunas ideas para que la fortuna torne su lado más bueno con nosotros.</p>
<p>Primero lo fundamental: una biblioteca en casa debe de tener el tipo de libros que nos gusta leer o que pensamos que en algún momento nos podrían interesar. Sería un desperdicio comprar los treinta tomos de las obras completas de un autor que no conocemos mas que por recomendación, mejor comenzar por un volumen y de ahí tomar decisiones. Después de tener esa base, recomendaría un buen sustento de clásicos –y aquí apunto que desde ahora me referiré exclusivamente al terreno literario.</p>
<p>El repertorio se debe aprender perfectamente en un aula de literatura; para aquellos que como yo nunca han tomado una clase así, siempre están los suplementos culturales de algunos periódicos, las antologías bien hechas, las revistas especializadas. El músculo de los clásicos se vuelve fundamental en tanto crezcan las ambiciones de la biblioteca y del lector. Conocer las lecturas que subyacen en un texto desemboca en un placer secreto. Así, cuando leemos en una novela publicada en 1999 «ese wáter es el cubículo que nunca tuve, ese wáter fue mi trinchera y mi palacio del Duino…» y entendemos las reverberaciones de la idea, nos creamos un momento luminoso, algo cercano a la felicidad.</p>
<p>Ya tenemos dos pasos, el gusto personal y los clásicos, ahora viene la cuestión de la compra: ¿a dónde ir? La recomendación es no tener prejuicios, recorrer las librerías estatales, las grandes cadenas, los remates de supermercado, las librerías de viejo. Con el tiempo irás formando un criterio para buscar las novedades de una editorial, escuchar a ciertos vendedores que tienen un gusto verdadero por los libros, afinar la intuición.</p>
<p>Nuestra biblioteca es una extensión de nosotros, una urna donde depositamos nuestras promesas y nuestra memoria, un bien al que como todos los bienes estamos sujetos a perder en la incertidumbre. Un lugar que nos permite partir y navegar colgados de una idea, siempre tamizada por nuestra experiencia. Su construcción, brevemente delineada en estas líneas, no se debe emprender sin la nostalgia por lo que no leeremos nunca y sin el sueño de alguna rara vez encontrar los libros que nos pertenecen.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Reducidos por la ley (Down by Law)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 17:59:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un pregunta: ¿qué hay en <em><a href="http://mubi.com/films/down-by-law" target="_blank">Reducidos por la ley</a></em>? Algunos detalles que se han comentado: una fotografía impecable que utiliza tonos grises para cortar una arquitectura decadente, personajes extravagantes, una impresión honda; la música martillada con clavos gruesos que penetran hasta el otro lado del hueso; una película de encuentros y separaciones; más separaciones y escupitajos que encuentros. Entonces pienso algo: el personaje italiano de Roberto Benigni me cambia de sentido la película. En donde sólo hay necesidad fastidiosa, pero al fin necesidad de comunicarse, aparece un alma que parece buena. Lo pondré así de inicio.</p>
<p>Roberto (Benigni) aterriza en una celda donde ya hay dos presidiarios instalados. Después nos enteramos que es un lector de poesía; le gusta la poesía norteamericana y la dice en italiano. Hay que anotar que comienza con Walt Whitman y ya no habría que extenderse mucho más. Yo estoy seguro que le gustan muchos poetas, pero menciona a los norteamericanos para encontrar un punto de contacto con sus dos compañeros. Ninguno parece conocer la poesía, o rehúyen el lugar de encuentro. Hasta que llega el helado: en un avance a tropezones, Roberto va construyendo un idioma, adhiriendo una música familiar a una lengua que conoce a partes; el lector de poesía rescata una canción viejísima: <em>I scream, you scream, we all scream for ice cream</em>. Comienza como una frase hasta que lentamente se va convirtiendo en cántico, haciendo que por un momento las diferencias desaparezcan. Se canta en alto hasta que de las celdas contiguas se encuentra la repetición. Tam, el sonido endulzando a los hombres.</p>
<p>Ya antes había existido un encuentro, muy apretado pero al fin desanudado, cuando uno de los compañeros del italiano, el locutor y DJ, decide soltarse: inventar una ficción, esas ficciones que necesitamos para rescatarnos. Pero la fuerza no es mucha en este personaje, hay que esperar a que Roberto aparezca para encontrar, más que confianza, una voluntad completa de existir por medio del lenguaje.</p>
<p>¿Qué película nos están contando? ¿Es sobre el azar y el infortunio? ¿Una historia de fuga carcelaria? No, para mí es una plegaria sobre las palabras: cómo nos salvan, nos crean, nos representan. Más adelante, después de un truco de Jarmush, un salto inmenso a los obstáculos de la trama, el lenguaje adquiere nuevamente la calidad de bien preciado, de compañía del hombre solo, de bálsamo contra la verdadera locura: la de ser ajeno a los otros. Un conejo girando contra el fuego es testigo.</p>
<p>Del desenlace diría que para algunos está reservado un encuentro trascendental, aún después de oscuros infortunios; para otros, está el camino corto y sin pausas a la muerte.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>La gracia y los golpes efectivos: libros de Andrés Neuman y Gonçalo M. Tavares</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jun 2011 15:50:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Andrés Neuman Bariloche España, Editorial Anagrama, 1999 176 pp. &#160; Y sí, hay que hablar de Andrés Neuman. Tocado por la gracia, eso dijo de él uno de los jurados en el XVII concurso Anagrama de novela, ahí donde Andrés salió finalista con Bariloche. Tenía sólo veintidós años y por la nota final uno se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="padding-left: 30px;">Andrés Neuman<br />
<em>Bariloche</em><br />
España, Editorial Anagrama, 1999<br />
176 pp.</address>
<p>&nbsp;<br />
Y sí, hay que hablar de Andrés Neuman. Tocado por la gracia, eso dijo de él uno de los jurados en el XVII concurso Anagrama de novela, ahí donde Andrés salió finalista con <em>Bariloche</em>. Tenía sólo veintidós años y por la nota final uno se entera que la comenzó a escribir con diecinueve. Ahora, con treinta y cuatro años, tiene publicaciones en varios géneros y editoriales: traducción, poesía y aforismos en Acantilado, novela en Alfaguara y cuento en Páginas de espuma; además de Anagrama y algunas otras.</p>
<p>Tocado por la gracia. Recién terminé la novela y la abro sin fijarme para encontrar cosas así: «Asomada a las aguas del Perito Moreno, la faz del cerro López se sorprende decrépito. Vagan los vientos al azar, cerca de los pujantes picos, de la nieve esporádica, bajo las nubes desangradas en muerte violeta». Hay muchas maneras de narrar ese momento y Neuman elabora una, la de él. Grupos de líneas así se encuentran en el libro, grupos que construyen una realidad distinta a la que un apego a la comodidad hubiera obtenido.</p>
<p>Tocado por la gracia, esa es una manera de decir las cosas. Otra es que es un lector atento, un hijo de la forma y el ritmo. Otra, carajo, es que tiene una capacidad inmensurable de rotar, subir, entrar y describir escenas desde un punto de vista único: tocado por la gracia. Las pisadas flojas son varias (¿habría que nombrarlas?): una trama vulgar, trucos simples de atención al lector, un final innecesario y varios momentos de voces falsas (carajo de nuevo, ¿se le puede exigir todo esto a un escritor de veintidós años?).</p>
<p>Sobre todo esto, encima de estos apuntes, en <em>Bariloche</em> se levanta una escritura con la capacidad de mostrar pliegues ocultos, de presentar un rompecabezas donde las combinaciones son infinitas y la marea de palabras va, viene y nos arrastra. ¿Qué sigue? Una cosa que no le pediría a cualquiera y que me atrevería a pedirle a Andrés Neuman: que no ceda, que no se diluya, que en un ejercicio de valentía siga los tirones que hacen los mejores momentos de la novela, en donde no importa demasiado lo que nos está contando y en vuelta tenemos un repertorio de posibilidades narrativas inmenso. Ahí, en equilibrio entre el riesgo y el control, entre la ampliación y la contención, es donde me gustaría verlo jugar, sin entregarse a una demanda de argumentos que imagino ya tendrá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
&nbsp;</p>
<address style="padding-left: 30px;">Gonçalo M. Tavares<br />
<em>Historias falsas</em><br />
México, Editorial Almadía, 2008<br />
77 pp.</address>
<p>&nbsp;<br />
Atrevimiento. Serenidad. Inteligencia. Estos son algunos de los destellos que encuentro en el libro de Tavares, angoleño que a los treinta y cinco años publicó nueve relatos con el nombre de <em>Historias falsas</em>. Apoyado brevemente en un fragmento de verdad, como lo dice él en su mínima nota introductoria, da un salto hacia el continente de la ficción.</p>
<p>¿Por qué habría que leerlo? Por su capacidad para elaborar episodios falsos de Platón, Diógenes y Marco Aurelio acotados con comentarios bíblicos o referencias a Montaigne, y todo sin asomo de arrogancia. También diría que por su levedad y su peso; levedad para atravesar el tiempo y desprenderse de lastres de academia (impartió clases de epistemología en Lisboa) para narrar con un lenguaje discreto; peso para caminar la delgada línea de la confianza en una moral propia, sin tambalear en vanidad y excesos: una ampliación de la sabiduría de sus personajes.</p>
<p>¿Qué cuentan sus historias falsas? Historias de amor, del amor imposible que inspira; relatos donde los filósofos son inmensamente mayores a la avalancha del poder, del dinero, de las pasiones. Hago una pausa y pienso que ahora estos temas se abordan más desde la ventanilla de la ironía: unos dientes amarillos que se muestran maliciosos. Aquí Tavares se planta sólido: hay conceptos que sabe defender y entiendo que no se arredraría ante un farsante con pose y mala leche. Eso es para admirarse. Y para crear respeto. Quizá esta punta tomó Saramago para lanzar aquel comentario sobre el deseo de darle un puñetazo a Tavares por tener esa licencia de escribir tan bien a los treinta y cinco años. Ahora pienso que el de los puñetazos es Gonçalo, es él que a través de nueve episodios va atizando golpes efectivos que al menos a mí me han tomado desprevenido.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>El sol alto acoge ritmos calientes</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 17:56:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[El calor comienza a ponerse sabroso. Para todos aquellos que preferimos el sudor en el cuerpo y odiamos los aires acondicionados nivel frigorífico, llegó el mejor clima del año: el sol alto acoge a los ritmos calientes. Aquí una muestra de lo que se puede escuchar en esta época del año, ¡a gozar! Feelin&#8217;, de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El calor comienza a ponerse sabroso. Para todos aquellos que preferimos el sudor en el cuerpo y odiamos los aires acondicionados nivel frigorífico, llegó el mejor clima del año: el sol alto acoge a los ritmos calientes. Aquí una muestra de lo que se puede escuchar en esta época del año, ¡a gozar!</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=ymho9QHr_Ds" target="_blank">Feelin&#8217;, de Bomba Estéreo</a>. Onda costeña que enamora a los cachacos. Barranquilla en hip hop y tiradas electrónicas. Habrá que escucharlos en el Vive Latino.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=D_66PNH_ZPk" target="_blank">Hacha y machete, de Héctor Lavoe</a>. Un puertorriqueño bravo en Nueva York: Lavoe y su voz apuñalada en un himno a los guapos en traje blanco hartos de mujeres y cocaína.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=I-xuD1yjyJc" target="_blank">Buenos días por la mañana, de Galápago</a>. Pieza de un minuto que da para repetirse diez veces. Una muestra de lo que fue la escena de electro-latin-jazz en Guadalajara hace algunos años. Hay que tener un mojito helado cerca.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=YvMJVDFeA7k" target="_blank">Cumbion Mountain, de Up, Bustle &amp; Out</a>. Los ingleses de Up, Bustle &amp; Out escucharon el movimiento Cholombiano de Monterrey y con la suma de un par de rimadores pusieron la cosa candente.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=Q8nYzAzASxs" target="_blank">Fiesta de barrio, de Tijuana No</a>. La participación de Roco y Manu Chao en una canción memorable llena de percusiones y metales.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=JSqSZeSHs6A" target="_blank">Ongaku, del Señor Coconut</a>. La voz del venezolano Argenis Brito cantando un cha-cha-chá en japonés. El homenaje a la Yellow Magic Orchestra.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=kb5-7i8QwAU" target="_blank">La Kebradita, del Instituto Mexicano del Sonido</a>. El easy-noise del IMS le pone sampleos de cumbia a una d<em>anza muy antigua que se baila de Reynosa hasta Zihua</em>.</p>
<p>Mi confesión, de Sandrinho Remix. Unos faveleros se mudaron a una villa porteña y se trajeron unos acordeones para hacer una versión sucia del original de Gotan Project. [Nos disculpamos, pero esta no la encontramos. Lo sentimos, SB. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=JXUIfOOHTio" target="_blank">Aquí la de Gotan Project</a>.]</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=yZoiNKnnR0Q" target="_blank">Como arrullo de palmas, de Beny Moré</a>. Para saltar de la hamaca y cantársela a la mujer amada. <em>Suave y rica como el arrullo de palmas</em>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Beaucoup Fish, de Underworld</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Mar 2011 19:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Antônio Cabadas, en aras, quizá, de convertirse en nuestro reseñista más renacentista (ya reseñó un libro y una película), nos recomienda lo que al parecer es un gran disco: Beaucoup Fish, de Underworld. &#160; Recordé este disco por una escena de Biutiful, la última película de Iñárritu. Un trasero con pezones hipnotiza y King of [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>Antônio Cabadas, en aras, quizá, de convertirse en nuestro reseñista más renacentista (ya reseñó <a href="http://sadabombon.com/siempre-juntos/"><span style="color: #999999;">un libro</span></a> y <a href="http://sadabombon.com/el-cisne-negro/"><span style="color: #999999;">una película</span></a>), nos recomienda lo que al parecer es un gran disco: <em><a href="http://www.lastfm.es/music/Underworld/Beaucoup%2520Fish?ac=beauc" target="_blank"><span style="color: #999999;">Beaucoup Fish</span></a></em>, de <em>Underworld</em>.</em></span></p>
<p>&nbsp;<br />
Recordé este disco por una escena de <em>Biutiful</em>, la última película de Iñárritu. Un trasero con pezones hipnotiza y <em>King of snake</em> ayuda a la saturación de la escena, al clima de ferocidad elegante que se debió perseguir. Como nota al margen menciono que la supervisora musical del filme es Lynn Fainchtein, parte del espléndido equipo del que González Iñárritu gusta de reunir alrededor suyo. Vuelvo al disco y escucho el tema que lo inicia: <em>Cups</em>, la suavidad de una voz distorsionada que ensaya líneas sobre una base sensual; ese es el inicio. Después de la mitad de los casi doce minutos, viene un giro para reventar el tema en otra dirección. Ese es el preludio, una caricia que se transforma en mordida que aprieta y no suelta. ¿El disco es sólo de música electrónica? Medito un momento y pienso que quizá no, que el trío que fue <em>Underworld</em> en ese disco se abandonó por momentos a la simpleza de una voz y a una arquitectura donde el silencio es el mejor marco para el movimiento. Nos sacuden para después soltarnos. En los once temas hay al menos cinco que se desprenden del ánimo de acapararnos, en el resto las fieras andan sueltas y se sienten las punzadas, los brillos y el pie que se levanta para comenzar a agitarse. Aun con más brevedad sintetizo el disco como un experimento afortunado, la agitación del desahogo convive con la estética del sofá, una oportunidad para bailar y después reposar el sentimiento.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Aronofsky: el cisne negro</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2011 19:48:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antônio Cabadas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[El cisne negro, la quinta película de Aronofsky. Después de la crudeza sangrante (así, literal) de El luchador, Aronofsky regresa con un guión filmado en Nueva York, principalmente en el Lincoln Center. Una película sobre ballet, sobre una bailarina de ballet. La historia es eficiente y engancha desde el inicio, contada por medio de una [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>El cisne negro</em>, la quinta película de Aronofsky. Después de la crudeza sangrante (así, literal) de <em><a href="http://www.imdb.com/title/tt1125849/" target="_blank">El luchador</a></em>, Aronofsky regresa con un guión filmado en Nueva York, principalmente en el Lincoln Center. Una película sobre ballet, sobre una bailarina de ballet.</p>
<p>La historia es eficiente y engancha desde el inicio, contada por medio de una cámara que casi no abre planos amplios y en cambio se mueve pegada a los cuerpos, pensada para extraer la médula. El planteamiento es sobre la frustración de la tenacidad, disminuida por la premisa de la película: para lograr la perfección hay que desatar la parte oscura, escuchar el delirio de las musas que relató Platón: «la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino».</p>
<p>La protagonista de la película, una magnífica Natalie Portman, es una aspirante a sabia, dedicada a mecanizar sus movimientos para lograr la perfección. Ya le advierten: la perfección es otra cosa, no la tediosa voluntad imponiendo una programación. Aquí se cuela el ímpetu de Aronofsky de, a sus cuarenta años, condensar una escultura cinética de los temas que aparecen desde su primera película, <em><a href="http://www.imdb.com/title/tt0138704/" target="_blank">π</a></em>: la enfermedad, la obsesión, el placer sexual, la transformación, y con eso hacer un filme sobre las dualidades y los espejos: el cisne blanco que debe ser negro.</p>
<p>Es complicado y delicioso seguirlo en un mundo de alucinaciones que va girando en espiral hasta estrangular el final. La última escena es casi idéntica a la de Ram, el héroe de <em>El luchador</em> que se entrega, en un momento catártico, a su público.</p>
<p>Las representaciones en el arte pueden funcionar como deseos de los realizadores. Me pregunto si esa es la muerte que desea Aronofsky, una muerte aclamada por una multitud de fieles que reconocen a un cisne negrísimo, un ave oscura que inunda de emociones.<br />
&nbsp;</p>
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