<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Sada y el bombón &#187; Eduardo de la Garma</title>
	<atom:link href="http://sadabombon.com/author/eduardo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://sadabombon.com</link>
	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
	<lastBuildDate>Wed, 17 Dec 2014 16:40:30 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
		<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
		<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.8</generator>
	<item>
		<title>El cine vacío</title>
		<link>http://sadabombon.com/cine-vacio/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/cine-vacio/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 23:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=6650</guid>
		<description><![CDATA[Debo mi primera noción del «cine vacío» al ensayo sobre un cineasta húngaro que me regaló un taxista potosino. Tengo la costumbre de fingir nacionalidades extrañas cada vez que me subo a un taxi. Lo hago porque me parece aburridísimo hablar del clima y el tráfico, pero sobre todo porque al simular ser lituano, armenio, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Debo mi primera noción del «cine vacío» al ensayo sobre un cineasta húngaro que me regaló un taxista potosino. Tengo la costumbre de fingir nacionalidades extrañas cada vez que me subo a un taxi. Lo hago porque me parece aburridísimo hablar del clima y el tráfico, pero sobre todo porque al simular ser lituano, armenio, tasmaniático o, en este caso, húngaro, me obligo a inventar una historia más o menos verosímil sobre mi supuesto origen y mi paradero en México, y eso me entretiene. El punto, pues, es que un día me subí a un taxi, recordé más o menos cómo hablaba el futbolista Ferenc Puskás y —con una imaginación deslumbrante— me cambié el nombre a Ferenc Gulash. Cuando el taxista supo que su «56» (es decir, yo) era húngaro, frenó de sopetón, se bajó, consultó extravagantemente «la cajuela de los objetos perdidos» y me regaló un libro titulado <em>Üres mozi</em>. «Quizá no le guste, pero por lo menos usted sí lo va a entender».</p>
<p>Fuera del cañoncito Puskás y de la sopa Gulash, no sé nada de húngaro. Pero sé, eso sí, algo de Google Translate. Traduje «Üres mozi» y me salió «cine vacío». Traduje un poco más y me salió el manifiesto cinematográfico de un tal László M. Tót, firmado en 2003 (un número primo). Ahí comencé de veras a interesarme: ¿quién escribe un manifiesto —de lo que sea— en 2003? <em>Üres mozi</em> es una monografía de 761 páginas (otro primo) sobre el, digamos, cine conceptual de László M. Tót. Según investigué, está muerto: para empezar. Murió en 2011 (otro más). Pero lo importante —dice el libro— no es su vida, sino su obra. A saber.</p>
<p>Como bien supone el lector perspicaz, László M. Tót se dedicó al cine vacío. En otras palabras, al cine sin cine. Por ejemplo, escribió guiones imposibles de producir, editó cientos de secuencias con negativos en blanco, subtituló películas ficticias, diseñó pósters de festivales hipotéticos, clasificó material cinematográfico de películas inexistentes y organizaba cada tanto cástings para supuestas producciones. Tiene por ahí un cortometraje, si es que lo podemos llamar así; se trata de los créditos de una película imaginaria.</p>
<p>En su manifiesto, László M. Tót dice que lo que le interesa es el cine independientemente del cine: «Cualquier producto cinematográfico es el testimonio de la lucha entre la luz y la oscuridad, entre el sonido y el silencio; a mí me interesa la lucha, no su testimonio». Irónicamente, el libro entero es la suma de testimonios. Más adelante, en una de las entradas de su diario, leo: «[…] y vi esa extraordinaria película con el sometimiento a un abismo entre lo que es y lo que sería si no tuviera que pasar por el cine mismo». László M. Tót confeccionó una ideología elocuente acerca de la negación del cine.</p>
<p>Ocupó su todavía millonaria herencia restante y siete años de vida a rodar una película al estilo de Ambrosio y su carabina: sin nada dentro. Es decir, filmó cientos de escenas ¡sin carrete en la cámara! Escribió un guión titulado <em>Quiero la cabeza de Sergio Leone</em>, dibujó un storyboard, contrató a docenas de artistas y técnicos, construyó maquetas y escenarios, iluminó cuartos y esperó la luz precisa en exteriores, repitió (según leo) por lo menos 17 veces cada toma, se puso durante dos años a editar algo inexistente e incluso firmó contratos para distribuir su <em>película</em>. Cuando en el festival regional de cine de Kecskemét se proyectó aquella <em>nada</em> y los 23 asistentes exigieron inútilmente sus 191 minutos de vuelta (porque la función era gratis), nuestro anticineasta húngaro, borrachísimo por la angustia del estreno, se defendió con argumentos de inercias visuales y persistencias retinianas: «El cine está siempre, en todos lados, y sobre todo fuera del cine; y si no, ¡resistan al tiempo sin ese soporte, cobardes!».</p>
<p>«El cine es como los sueños, y los sueños son, quizá, la expresión estética más antigua», hubiera dicho Borges. «Las palabras ya fueron escritas, los silencios no», hubiera dicho Mallarmé. László M. Tót decidió vivir en un sueño para producir solo silencios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</em></address>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/cine-vacio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Charlatanerías</title>
		<link>http://sadabombon.com/charlatanerias/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/charlatanerias/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 13:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=5587</guid>
		<description><![CDATA[Dumbo, el arte y el futbol; sobre la fascinación que tenemos con los fraudes, las farsas y la ilusión de realidad. Creo que comencé a interesarme en los charlatanes cuando dejé de creer en Dios. Cuando mis propias mentiras dejaron de ser verosímiles, sobre todo para mí. O quizá fue al revés y me sucedió [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Dumbo, el arte y el futbol; sobre la fascinación que tenemos con los fraudes, las farsas y la ilusión de realidad.</em></p>
<p>Creo que comencé a interesarme en los charlatanes cuando dejé de creer en Dios. Cuando mis propias mentiras dejaron de ser verosímiles, sobre todo para mí. O quizá fue al revés y me sucedió lo que a Dumbo: preferí creer en la ridícula pluma que me ofrecía un ratón antes que en mis orejotas. De ese tamaño es mi zoquetería. Elefantesca.</p>
<p>Es como un falso candor o una necia ingenuidad. Más que engañar, me gusta sentirme ligeramente timado. El pintor británico Lucian Freud decía que «la promesa de la felicidad se siente en el acto de creación, pero desaparece antes de finalizar la obra, pues es cuando el pintor se da cuenta que es tan solo una pintura lo que está haciendo; hasta entonces casi se había atrevido a esperar que la pintura podría brotar en vida». Esa ilusión-desilusión que creo conforma el trabajo de cualquier artista la veía de forma clarísima, casi vívida, en algunas charlatenerías.</p>
<p>Empecé así a coleccionar imposturas, fraudes y todo tipo de farsas. En mi casa tengo una caja más o menos grande con notas periodísticas, libros, películas, fotos de pinturas, reportes financieros, récords olímpicos… Cualquier timo con el que me topo va a dar a esa caja. Eso sí, antes de echar el material ahí, le saco una copia. Tengo, pues, puras copias originales. Algunas son más elaboradas que otras. Por ejemplo, para <em>F for Fake</em>, el antidocumental de Orson Welles, conseguí una copia pirata y mandé a hacer una cajita de madera y un folleto especial para que pareciera la edición de lujo de la película. Colecciono falsificaciones auténticas.</p>
<p>Hace cuatro años, durante el Mundial en Sudáfrica, me di cuenta que a mi caja le faltaba un tipo de embuste que hasta entonces no había considerado: la copia que se forma y aparece antes que el original. Lo auténtico no existe sin su contraparte falsa, eso ya me había quedado claro, pero lo que todavía no sabía era que esa sentencia funciona también a la inversa: existen posibles fraudes en busca de algo real y verdadero que los defina. Hay por ahí un montón de esperanzas esperándonos.</p>
<p>La copia esperanzada que pedía mi caja de farsas consistió en <a href="http://sadabombon.com/jugadas-de-pared/">un libro sobre el Mundial</a>. Durante Sudáfrica 2010, el escritor mexicano Juan Villoro y el argentino Martín Caparrós intercambiaron de forma pública cartas para comentar cada partido. Al ritmo de los pases, de los goles, al ritmo de las expectativas y los resultados, Villoro y Caparrós se enviaron impresiones sobre el Mundial, se dirigieron cizañas, esbozaron gambetas lingüísticas para intensificar ese juego que sucede en la memoria de las tribunas. Durante un par de meses copié esas cartas, las edité, me pirateé otros textos para tener algún prólogo y epílogo, me inventé una editorial, un ISBN, un depósito legal, le pedí a un amigo que me ayudara con el diseño e hicimos un libro. Imprimí ocho ejemplares: seis para mis amigos (reales e imaginarios), uno para Villoro y otro para Caparrós.</p>
<p>Como no expliqué el embuste, recibí a cambio una amenaza real de demanda por violación de derechos de autor. Lo bueno es que como la editorial, el número de ejemplares y casi todo lo que tiene el libro es falso, la demanda, de existir, se convertiría en una cotorra contrademanda. Grítale al vacío y obtendrás tu propio eco. Sucede como en <em>Fight Club</em>: si te peleas con algo o alguien imaginario, sólo (y solo) terminarás peleándote contra ti mismo.</p>
<p>Dos años después del, digamos, Villorogate, la editorial Planeta publicó el libro original. Se llama <em>Ida y vuelta</em> y se vende casi en cualquier librería. En las primeras páginas hay una brevísima nota donde se menciona el libro pirata que –no olvidemos– se formó y se publicó dos años antes.</p>
<p>Lo que me interesa de este caso –que bien podría ser imaginario– es la conversación que puede generar sobre el concepto de autenticidad. Pensamos que quien pega primero pega dos veces, pero luego se mete a la pelea un Goliat editorial llamado Planeta y hace que la primicia sea irrelevante. Hay copias que existen antes que su original.</p>
<p>La realidad, en el fondo, es sólo un truco. O tal vez no. Pero lo que sí es cierto es que lo falso contamina lo auténtico. Lo ensalsa, lo suaviza y lo intensifica. Todo al mismo tiempo. Así, defraudándola, es como la realidad se vuelve quizá no infinita, pero sí mucho más potente. Si ponemos una manzana imaginaria dentro de la canasta de manzanas reales, la manzana imaginaria obtendrá ciertas cualidades reales, pero también sucederá el proceso contrario: las manzanas reales se tornarán un poco difusas, levemente imaginarias. Lo mismo, creo, sucede con las ideas y con los sentimientos.<br />
&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Eduardo de la Garma de la Rosa es el editor de esta revista. Lee más artículos firmados por él en <a href="http://sadabombon.com/author/eduardo/" target="_blank"><span style="color: #808080;"> sadabombon.com/author/eduardo.</span></a></em></address>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/charlatanerias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Centros palimpsestos</title>
		<link>http://sadabombon.com/centros-palimpsestos/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/centros-palimpsestos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Apr 2014 18:30:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 21]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=5114</guid>
		<description><![CDATA[Esta imagen es casi un cartón humorístico. Parece que las lámparas están formadas. ¿Serán lámparas jubiladas que van por su dotación de focos? Tal vez eso es lo que se pregunta el señor que viene caminando en sentido contrario. El señor hace algo más que observarlas; hay en él cierto reconocimiento, incluso un dejo de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Esta imagen es casi un cartón humorístico. Parece que las lámparas están formadas. ¿Serán lámparas jubiladas que van por su dotación de focos? Tal vez eso es lo que se pregunta el señor que viene caminando en sentido contrario. El señor hace algo más que observarlas; hay en él cierto reconocimiento, incluso un dejo de simpatía. Seguramente el señor trae ese fólder azul en la mano porque él mismo se dirige a hacer un trámite. En unos minutos estará como las lámparas: formado en una lenta y premiosa fila. La imagen es una prosopopeya en potencia. </p>
<p>Nos recordó una muy simpática cuenta de tuiter: <a href="https://twitter.com/FacesPics" target="_blank">@FacesPics</a>.</p>
<p>Y hay algo más: ese marco de cantera que expone la ausencia de una puerta. Hay varias «puertas» así en los centros de Guanajuato, San Miguel y Querétaro. Son como puertas fantasma: ya no son, ya no viven como puertas, pero de alguna u otra manera siguen estando ahí.</p>
<p>Así están hechos nuestros centros históricos. Parecen piezas de arte contemporáneo, donde gran parte del valor está en hacer evidente el proceso de su formación. Esta casa transformó una puerta en muro, pero dejó las huellas –una estela permanente– de su mutación.</p>
<p>En esta foto vemos, a la vez, una puerta del siglo XVIII y un muro del 2014. Por eso nuestro centro es histórico y no sólo viejo. Y por eso puede ser al mismo tiempo el barrio más antiguo y el más moderno, la colonia más reaccionaria y la más progresista. Como un palimpsesto urbano.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/centros-palimpsestos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La jaula de oro</title>
		<link>http://sadabombon.com/la_jaula_de_oro/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/la_jaula_de_oro/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 21:32:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=2497</guid>
		<description><![CDATA[En diciembre del año pasado, Querétaro aprobó una ley que prohíbe la exhibición de animales en circos. Querétaro es el primer estado del país en hacerlo. Enhorabuena, pues. Ya sólo falta pasar una ley que demuestre lo obvio: que las corridas de toros son circos también. Los activistas en favor del derecho de los animales [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En diciembre del año pasado, Querétaro aprobó una ley que prohíbe la exhibición de animales en circos. Querétaro es el primer estado del país en hacerlo. Enhorabuena, pues. Ya sólo falta pasar una ley que demuestre lo obvio: que las corridas de toros son circos también.</p>
<p>Los activistas en favor del derecho de los animales repiten una y otra vez el valor de su lucha: «protegemos a los que no pueden protegerse por sí mismos». De acuerdo, pero quizá podemos ir más allá: protejamos a los que pueden dañarse a sí mismos, es decir, a nosotros, los bípedos implumes –como nos llamaba Cortázar.</p>
<p>En una corrida de toros, la bestia más temible a la que se enfrenta un torero es aquella que lo empuja por la espalda: el público. En eso consiste la «danza» del matador, en torear a esos dos animales. Más que al toro, al que debemos proteger es a la bestia momentánea que está en las gradas.</p>
<p>El escritor chileno Rafael Gumucio lo dice mucho mejor: «no hay manera más certera de defender a los animales que salvar al hombre».<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/la_jaula_de_oro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>«Costumbres» –en este país, la filosofía se escribe en estribillos</title>
		<link>http://sadabombon.com/costumbres/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/costumbres/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 18:46:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=2484</guid>
		<description><![CDATA[Antes de comenzar este reportaje, una engorrosa pero necesaria aclaración: hablar de una supuesta contraposición entre cultura «alta» y «baja» no sólo es un lugar común, sino una falacia. Esa dicotomía cultural es una trampa para exhibir nuestra simpleza. No existen expresiones culturales altas o bajas, gordas o flacas, peludas o lampiñas; existen lecturas profundas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de comenzar este reportaje, una engorrosa pero necesaria aclaración: hablar de una supuesta contraposición entre cultura «alta» y «baja» no sólo es un lugar común, sino una falacia. Esa dicotomía cultural es una trampa para exhibir nuestra simpleza.</p>
<p>No existen expresiones culturales altas o bajas, gordas o flacas, peludas o lampiñas; existen lecturas profundas y superficiales. Juan Gabriel puede ser –y es– tan agudo como Jürgen Habermas. Inocente pobre amigo quien crea lo contrario, pues lo que importa no es tanto la palabra cantada como el oído múltiple del escucha. Este cliché sí es certero: todo pende del punto de vista. Los productos culturales son espejos.</p>
<p>Aclarado esto, a lo que nos truje, Chencha: Juan Gabriel, Joan Sebastian y Marco Antonio Solís, tres grandes –enormes– poetas y filósofos mexicanos que todavía están en su etapa productiva.</p>
<h3>Eso y más</h3>
<p>Decir que en Latinoamérica el premio <em>Lo nuestro</em> es más relevante que el premio Nobel, o decir que <em>Siempre en domingo</em> fue nuestra Academia de Platón, es algo que no por cierto deja de ser desproporcionado. Pero decir que Joan Sebastian es nuestro Bob Dylan –o incluso, ¡ay!, nuestro Sócrates– resulta irrefutable.</p>
<p>Por lo menos una vez al año leemos un ensayo que demuestra el poder lírico de Bob Dylan. Cada año aparece en la quiniela del premio Nobel de literatura. Sus abogados estéticos aseguran que Dylan es más que un músico popular: un poeta, un artista contemporáneo, un <a href="http://sadabombon.com/kaprow/">happening</a>, una categoría en sí misma. «Dylan es un Dylan». Emily Dickinson decía que si tras leer o escuchar algo sientes que te han decapitado, eso es poesía. Dickinson lo dice y nosotros lo sentimos: Dylan es un poeta.</p>
<p>Joan Sebastian es eso y más. Es un tatuaje lírico y metafísico: un mantra.</p>
<p>Su biografía es entre épica y lastimosa: nace en Juliantla, Guerrero, se pasea en burro para entregar leche fresca y declama en su escuela versos como estos:</p>
<blockquote><p>No porque me vean chiquito<br />
piensen que no tengo amores.<br />
Yo soy como el huizachito,<br />
naciendo y echando flores.</p></blockquote>
<p>De joven, el entonces llamado José Manuel Figueroa decide ser sacerdote. En el seminario compone –cual Bach– una misa y es entonces cuando se arrepiente de su decisión. Deja el hábito, agarra (entre otras cosas) la guitarra («mi problema es bello y son mujeres») y resuelve su primer nombre artístico: Figueroa. Conoce por accidente a Angélica María, le canta seis de sus canciones, fascina a la entonces «Novia de México» y paso a pasito Figueroa comienza el camino del éxito (y del amor).</p>
<p>«Golondrinas viajeras / vamos sin descansar añorando quimeras […] con las alas cansadas de volar / pero con muchas ganas de cantar», cantaría unos años después nuestro Sísifo.</p>
<p>Antes de cambiarle el nombre a glorias propias y ajenas, se lo cambia a sí mismo (a Joan Sebastian le debemos respeto). El nombre Juan lo asocia con la libertad; Sebastián es el Apolo cristiano. Juan Sebastián: el amante libre. Su hermana, influenciada por la numerología, le sugiere cambiar la U de Juan por una O. Y el fervor popular le quita el acento agudo a Sebastián. Así, en 1977 nace el mito: Joan Sebastian.</p>
<p>Su primer éxito, «El camino del amor», se escuchó en todo el continente. El segundo, «El sembrador de amor», fue interpretado en Argentina &#8217;78: se escuchó en todo el mundo. Actualmente existen doce mil versiones de sus distintos éxitos.</p>
<p>Joan Sebastian –el Rey del Jaripéo, el Huracán del Sur– ha escrito canciones rancheras, norteñas, gruperas, huapangos, corridos, baladas, canciones pop y de banda. Es el poeta promiscuo de México. Y no sólo por componer, producir y cantar distintos géneros musicales, sino también por las letras de sus canciones: «tómame sediento de ti / mi cuerpo espera», «por qué no asociamos», o el lorquiano «esa noche las estrellas no brillaban […] cuatro grillos murmuraban». Joan Sebastian se suma cual D&#8217;Artagnan a los tres mosqueteros eróticos de la tradición lírica: Ramón López Velarde, Gonzalo Rojas y Ovidio Nasón.</p>
<p>«Invítame un cigarro, quiero el cáncer / invítame un cigarro que se queme», le cantó, entre otras, a Maribel Guardia (nuestra Cher). Joan Sebastian logró todo lo cantado: el cigarro, el cáncer y la quemazón. Se casó con Maribel, se divorció mientras ambos protagonizaban la novela <em>Tú y yo</em> y, afortunado, «venció en la lucha contra el cáncer».</p>
<p>Dicen que es «sencillo y natural, que sólo le falta un toque de intelectual», pero eso es sólo como cantautor. Como productor es complejo e ingenioso. Nomás hace falta escuchar los discos que ha hecho de Rocío Durcal, Alicia Villarreal y Vicente Fernández.</p>
<p>¿Habrá todavía alguna duda de que Joan Sebastian es nuestro Bob Dylan o incluso –¡ay!– nuestro Sócrates? Joan Sebastian es eso y más. El Poeta de Juliantla es:</p>
<ul>
<li>Nuestro Heráclito y nuestro Bashô: «qué pronto escapó la prófuga felicidad […] hay nubes en mi cielo».</li>
<li>Nuestro Camus: «lo mas caro que tengo, que es mi libertad».</li>
<li>Nuestro Rimbaud: «yo siempre he sido ajeno».</li>
<li>Nuestro Heidegger: «sobre el tiempo el tiempo que te conocí».</li>
<li>Y nuestro Stevenson: «víctima de un álter ego, me voy».</li>
</ul>
<p>Joan Sebastian es un lobo domesticado, un minotauro en su laberinto. Borges escribió que «nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo»; Joan Sebastian es la encarnación de ese deber filosófico y poético:</p>
<blockquote><p>Me he quedado con la duda<br />
si serás o no<br />
la puerta del laberinto<br />
donde me he perdido yo.<br />
[…] Nos quedamos<br />
y aquí estamos<br />
con la duda, la esperanza y la ilusión.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Razón de sobra</h3>
<p>Los filósofos mexicanos piensan en estribillos, reflexionan con serenatas, se hacen preguntas metafísicas mientras cantan. No es una característica exclusiva de nosotros; por lo menos en occidente, esa es la manera clásica de pensar: cantando.</p>
<p>La irracionalidad y la sordera tienen la misma etimología latina. Es decir, pensamos con el oído.</p>
<p>Si quien mejor escucha es quien mejor piensa y quien mejor oído tiene es quien mejor compone, entonces… ¡claro!… entonces, uno de nuestros mayores intelectuales es el Buki –aunque, hay que decirlo, suele ser monotemático: sólo una idea en cientos de canciones.</p>
<p>En 1959, mientras el pequeño Joan Sebastian se paseaba en burro por el pueblo de Juliantla, nacía, en Ario de Rosales, Michoacán, Marco Antonio Solís AKA el Buki. Su historia es por todos los televidentes conocida: a los 10 años debuta en <em>Siempre en domingo</em>, a los 13 crea Los Bukis (que en el norte es algo así como «los chamacos»), a los 36 inicia su carrera como solista y…<em>la historia continúa</em>.</p>
<p>Se ha dicho que Marco Antonio Solís es la versión descafeinada de José Alfredo Jiménez: canciones de despecho para <em>sisis</em>. Puede ser. Mientras el Rey vuela bajo, el Buki compone un disco con canciones cristianas. Marco Antonio Solís siempre ha tenido ese dejo etéreo, casi celestial. Más que baladas, el Buki compone mitos. Eso puede ser un poco molesto: escuchar cómo un nostálgico llora su soledad y canta, con una pena orgullosa, contra el desprecio. El Buki es el mártir del amor sincero.</p>
<p>Aún con estos, digamos, celestes desperfectos, el Buki es grandioso. Es un hombre para quien la palabra es algo más que una vocación o un destino. Marco Antonio Solís ha creado una religión, algo que ni John Lennon logró hacer. Existe una sospecha, por ejemplo, que la canción <em>Tu cárcel</em> es tanto o más escuchada que el <em>Padre nuestro</em>. Y ni qué decir del éxito <em>Si no te hubieras ido</em>.</p>
<p>El filósofo francés Blaise Pascal escribió que «el corazón tiene razones que la razón ignora». El poeta portugués Fernando Pessoa escribió que si «el corazón pudiera pensar, se pararía». Ese es más o menos el canon literario de Marco Antonio Solís. Ir a uno de sus conciertos es como ir a misa al Vaticano en plena Edad Media.</p>
<h3>Querido –siempre en nuestra mente</h3>
<p>Juan Gabriel no necesita defensa alguna –pero qué necesidad. Existen incluso calles con su nombre; de Él hay apologías a granel; hemos escuchado a portugueses, alemanes y hasta japoneses cantar <em>No tengo dinero</em>; no discutamos. Seremos, pues, breves: diremos sólo tres cosas que nos parecen fundamentales:</p>
<p>1. Alberto Aguilera Valadez está lleno de sí –ahíto. Su conciencia se derrama en distintos heterónimos, algunos conocidos –Adán Luna– y otros archiconocidos –Rocío Dúrcal, Lucha Villa. Por aquí y por allá, a través de una voz u otra, Juan Gabriel está siempre en nuestra mente. Aunque intentemos, no podemos olvidarlo. (Hay un poema-homenaje de Luis Felipe Fabre titulado <em>Glamour eterno</em>.)</p>
<p>2. El Divo de Juárez no sólo canta todo, sino que lo es todo: divo y humilde, dama y ranchero, elegante y vulgar, michoacano y fronterizo, orgullo y burla. Nosotros –todos– estamos entre un extremo y el otro. Juan Gabriel nos reconoce y nos sobrepasa; es al mismo tiempo nuestro espejo y nuestra fuente.</p>
<p>Por todo esto, 3. Juanga es el pensamiento y el sentimiento colectivo de nuestra época.</p>
<p>Sin asomo de broma, una pregunta que, aunque lo parece, no es retórica: ¿qué palabras nos retratan, asombran y deslumbran más: las escritas por Octavio Paz en <em>El laberinto de la soledad</em> o estos versos cantados por Juanga: «No cabe duda que es verdad que la costumbre / es más fuerte que el amor…»?</p>
<h3>El ágora lírica mexicana</h3>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">María Grever.</span> (León, 1885 – Nueva York, 1951) Prueba fehaciente de su grandeza: <em>Júrame</em> y –nuestra favorita– <em>Volveré</em>.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Agustín Lara.</span> (Tlacotalpan, 1897 – DF, 1970) Prueba deliciosamente irrefutable: María Félix –oh– cayó rendida a sus flacos brazos.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Manuel Esperón.</span> (DF, 1911 – Cuernavaca, 2011) Prácticamente toda la época de oro del cine mexicano está musicalizada por él.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Consuelo Velázquez.</span> (Zapotlán el Grande, 1916 – DF, 2005) Prueba irrefutable: tal es la grandeza lírica de su canción <em>Bésame mucho</em> que Nat King Cole decidió cantarla en español.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Cuco Sánchez.</span> (Altamira, 1921 – DF, 2000) Sus letras son ya dichos populares: fallaste corazón, arriero somos, la chancla que yo tiro no la vuelvo a levantar.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">José Alfredo Jiménez. </span>(Dolores Hidalgo, 1926 – DF, 1973) El marinero que vivió errante. Cuántas velas dejó encendidas, nosotros no sabemos cómo apagarlas.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Tomás Méndez Sosa.</span> (Fresnillo, 1926 – DF, 1995) Escribió los éxitos de Lola Beltrán: <em>Paloma negra, Puñalada trapera</em> (título insuperable), <em>Cucurrucucú paloma</em>, etcétera.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Roberto Cantoral.</span> (Ciudad Madero, 1935 – Toluca, 2010) A más de 40 años del OTI de 1970, el video de José José cantando <em>El triste</em> no ha perdido ni un ápice de fascinación.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Julián Garza.</span> (Los Ramones, 1935 – Guadalupe, 2013) Le debemos al viejo Paulino el tema más relevante del siglo XXI: el narcotráfico. «Murieron porque eran hombres, / no porque fueran bandidos».</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Juan Gabriel.</span> (Parácuaro, 1950 – Juárez, 2021) Mejor versión: verlo cantar y bailar cual divina tortillera en un palenque.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Joan Sebastian.</span> (Juliantla, 1951 – forever) Mejor versión: arriba de su brioso caballo blanco. ¡Es el Rey del Jaripeo!</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Marco Antonio Solís.</span> (Ario de Rosales, 1959 – Jardines del Edén, ∞) Insuperable versión, todavía no vista: cantando a dueto con el Papa Francisco.</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/costumbres/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Austin (Powers) –un viaje por Austin, Houston y Dallas: Texas con mojo</title>
		<link>http://sadabombon.com/austin/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/austin/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 18:23:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 20]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=2477</guid>
		<description><![CDATA[En México vemos a Texas con recelo. Para empezar, ese territorio era nuestro; Texas es el hijo pródigo que nunca regresó al hogar porque encontró una casa más próspera (quizá la canción Tu cárcel de Los Bukis se trate justo de eso). Además de esta pena, digamos, nacional, a Texas lo asociamos no con los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En México vemos a Texas con recelo. Para empezar, ese territorio era nuestro; Texas es el hijo pródigo que nunca regresó al hogar porque encontró una casa más próspera (quizá la canción <em>Tu cárcel</em> de Los Bukis se trate justo de eso). Además de esta pena, digamos, nacional, a Texas lo asociamos no con los viajes, sino con las compras. El estado republicano por excelencia se reduce a un enorme centro comercial.</p>
<p>A simple vista, Texas no se antoja. Sobre todo si además uno se entera que de ahí son los Bush, que ahí mataron a Selena y que su comida típica es el chili con carne. Esta es la crónica de un viaje que va, sobre todo, contra el cliché texano.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Destino: Austin</h3>
<p>A menos que uno sea norteño, el viaje a Texas se hace normalmente en avión. Nosotros nos fuimos en auto. Además de ahorrar, queríamos sentir una experiencia de veras texana: recorrer durante horas las <em>state highways</em>. En este sentido, viajar por Texas es como viajar por Guanajuato: no vale nada el viaje, el viaje no vale nada, si no se pasan por tantos pueblos, por los caminos texanos.</p>
<p>Tampoco nos quedamos en un hotel justo al lado del <em>shopping mall</em>. No. En lugar de hotel, rentamos una casa. En <a href="https://www.airbnb.com/" target="_blank">airbnb.com</a> es facilísimo. Y sale más barato.</p>
<p>Las tres razones por las que fuimos a Austin son dos: es una ciudad demócrata. La inclinación política importa, y mucho, sobre todo en las ciudades. En Austin –un oasis liberal en medio de un estado conservador– hay parques, ciclovías, las personas tienden a ser delgadas y letradas, hay pocas camionetotas, muchísimos bares, buenos restaurantes.</p>
<p>La capital de Texas y sede de la Universidad Estatal era reconocida durante los 90s como un importante centro de desarrollo tecnológico: el Silicon Hills. Ahora su fama es musical: con festivales como el South by Southwest, el City Limits y conciertos en distintos auditorios y en casi todos los bares, Austin se presume como «la capital mundial de la música en vivo». Nosotros escuchamos a un par de tríos locales tocar jazz y fuimos a bailar <em>country</em> al Broken Spoke, <em>the last of the true</em> <em>Texas dance halls: beer joint &amp; honky tonk!</em></p>
<p>A falta de grandes festivales musicales, nos organizamos tremendas bacanales. Un día, por ejemplo, nos fuimos rumbo a Fredericksburg a recorrer la <em>wine trail</em> y al siguiente, para convencernos de que no estábamos en la campiña francesa, desayunamos donas, comimos hamburguesas y cenamos pizza. Merlots y gluten: las dos caras de la gastronomía texana.</p>
<p>Fue un viaje disímbolo. Viñedos en la tierra del petróleo, <em>glocal</em> chefs preparando hamburguesas de bisonte, personas con tatuajes y botas bailando country: juventud y estabilidad, riqueza y potencia. Austin no tiene desperdicio. Algo, por cierto, admirable en el país del despilfarro.</p>
<p>Por todo esto, en esta ciudad son irrelevantes las recomendaciones: casi todo está sobradamente bien. Aún así, estos son los lugares a los que regresaríamos –regresaremos:</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La esquina de la calle 6 West y Lamar. </strong></span>En un radio de menos de 1km hay un Whole Foods enorme ideal para desayunar, una librería de varios pisos (BookPeople), una tienda infinita de discos y películas (Waterloo Records), dos o tres tiendas de ropa, una papelería, algunos restaurantes, una heladería y dos parques. <em>Nota bene</em>: el Whole Foods es un súper mercado avasallante, un lugar donde, para decir lo menos, hay diez tipos de quinoa. Si estás rentando una casa y te gusta cocinar, te recomendamos ir también al Central Market.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Baguette et Chocolat. </strong></span>Sandwiches, paninis, panes de calidat y <em>outstanding</em> tartas de chocolat. Todo es hecho <em>from scratch</em>. Está un poco alejado del centro, así que te recomendamos desayunar aquí en tu camino a la <em>wine trail</em>.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>El South Congress (SoCo). </strong></span>Tiendas pequeñas, <em>food trailers</em>, bares, música en vivo, galerías de arte y restaurantes memorables. Nuestro estómago recuerda sobre todo dos comidas: la que hicimos en Home Slice Pizza (<em>the best pizza joint in town</em>) y las hamburguesas del Hopdoddy. El platillo gringo es la hamburguesa, la hamburguesa gringa es la texana y la hamburguesa texana es la de Austin. ¿Hopdoddy sirve la mejor hamburguesa del mundo? Of cors.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Barton Springs Pool. </strong></span>Una sección del río convertida en una gran «piscina natural» que va muy bien con la escala de la ciudad. La luz es cristalina y los colores brillan más de lo normal. Se puede ir sólo a ver y tomar fotos, pero es mejor meterse a nadar con los locales y, así, recordar las escenas de <em>The Tree of Life</em>, de Terrence Malick, quien vive ahí. Y a propósito del cine, el mejor <em>theatre</em> al que hemos ido, tanto por la programación como por las galletas que preparan: The Alamo Drafthouse.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Por último, cuatro recomendaciones gastronómicas más: </strong></span>los pulpos y el <em>sake</em> del Uchi, el <em>pork belly</em> del Ramen Tatsu-Ya, el <em>brisket</em> de Franklin Barbecue y los vinos texanos que nos tomamos en el Contigo. <em>Seconda nota bene</em>: varios viñedos entre Austin y Fredericksburg tienen más de 100 años. Sospechamos esa tradición cuando probamos los merlots locales.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Dos escapadas: Houston y Dallas</h3>
<p>Durante años Houston aspiró a la Luna. Más de medio siglo después logró aterrizar en Nueva Orleans. Explicamos: lo más relevante de Houston ya no es la NASA, sino la gastronomía mestiza que ofrece. Houston compite con Tlacotalpan, Campeche y Mérida por la mejor cocina del Golfo. La prueba irrefutable de esta afirmación se llama Underbelly, un restaurante que, para asegurar la calidad de sus alimentos, compra los animales vivos; ellos mismos hacen la <em>butchery</em>. El Underbelly pone toda la atención donde debe estar: en la materia prima. Un refinamiento gastronómico sólido, vernáculo –sin espumas y betunes.</p>
<p>Por si fuera poco, Houston construye museos con la misma voracidad con la que cocina. Además del Fine Arts Museum (diseñado por Mies van der Rohe), fuimos a la Fundación Menil: cinco complejos museográficos alrededor de un parque. Todos gratuitos. La capilla de Rothko, la galería de Cy Twombly (diseñada por Renzo Piano) y la sala dedicada al Surrealismo de la colección principal ofrecen experiencias conmovedoras.</p>
<p>Dallas está también a dos o tres horas de Austin. La ciudad donde murió John F, nació Jackie O y donde bailan y brincan y jadean las vaqueritas de Dallas –<em>yeah!</em> – no tiene mucho chiste. En realidad no fuimos a Dallas, sino a la ciudad vecina: Fort Worth, que tampoco tendría mucho chiste de no ser por el dinero que se han gastado en museos. El Modern Art Museum (diseñado por Tadao Ando) está justo enfrente de uno de los iconos arquitectónicos del siglo XX: el museo Kimbell de Louis I. Kahn. El edificio –la forma en la que entra la luz– es más que suficiente para quedar fascinado. Sin embargo, el Kimbell no tiene llenadera: frente al edificio original, Renzo Piano acaba de construir dos salas y un auditorio. La fascinación exaltada: cuadros de Caravaggio, Velázquez, Rubens y Goya iluminados por Kahn y Piano. Ni Nueva York, ni Chicago, ni San Francisco pueden superar eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Comida carretera.</strong></span> Prepárate –y despídete– de los restaurantes de Austin y Houston con unas tortas de las Sevillanas en Matehuala y con un <em>smoked brisket</em> de Rudy&#8217;s.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Las distancias.</strong></span> De Laredo a Austin son 380 km (3 horas y media). De Austin a Houston son 260 km (2 horas y media). Y de Austin a Dallas 315 km (3 horas). A Fredericksburg es 1 hora y media, pero entre tanto viñedo <em>in-between</em> nadie llega hasta allá.</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>¿Zombie shopping?</strong></span> Si tus compañeros de viaje no pueden no ir a un enorme centro comercial, haz una escala en los outlets de San Marcos. O mejor: ve a The Domain, a las afueras de Austin: un suburbio comercial donde las compras se hacen al aire libre. <a href="http://thedomainaustin.com/" target="_blank">thedomainaustin.com</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/austin/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El cementerio de autos</title>
		<link>http://sadabombon.com/el-cementerio-de-autos/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/el-cementerio-de-autos/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Dec 2013 00:19:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 19]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/beta/?p=887</guid>
		<description><![CDATA[Fue hasta la tercera vez que vimos Gravity –semos lentos– que caímos en la cuenta que, contrario a lo que se dice al principio de la película, la vida en el espacio no es imposible por las temperaturas extremas, el estridente silencio o la nula gravedad. No. La vida en el espacio es imposible por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fue hasta la tercera vez que vimos <em>Gravity</em> –semos lentos– que caímos en la cuenta que, contrario a lo que se dice al principio de la película, la vida en el espacio no es imposible por las temperaturas extremas, el estridente silencio o la nula gravedad. No. La vida en el espacio es imposible por lo mismo que en la Tierra: por la basura que insistentemente creamos. En <em>Gravity</em> un astronauta se muere, otro se pierde en el infinito y Sandra Bollocks habla como Deepak Chopra por culpa de la chatarra espacial que hemos puesto en órbita. La basura es lo que te mata.</p>
<p>En esta linda, tierna y diligente cultura del desecho en la que vivimos, hemos visto cómo proliferan los basureros de autos. No sólo no nos hemos conformado con ser el basurero automovilístico de Estados Unidos, sino que hemos ido abriendo, a diestra y sobre todo siniestra, distintos «cementerios vehiculares», unos más sospechosos que otros.</p>
<p>Linda, tierna y diligente es la industria y la cultura automotriz. Esa –todavía vigente, tristemente actual– metáfora de la modernidad y el progreso. ¡Ay, mis autos!<br />
</br></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/el-cementerio-de-autos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Trazos finos y humor inteligente –sobre «Bajar la guardia», el libro de cartones de Ros</title>
		<link>http://sadabombon.com/bajar-la-guardia/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/bajar-la-guardia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 11 Oct 2013 20:05:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=1554</guid>
		<description><![CDATA[Ros Bajar la guardia Tumbona Ediciones, 2013 192 pp. &#160; La palabra «humor» es como las palabras «poesía» o «gracia»: palabras tornadizas, caprichosas, esquivas. «No hay un ahí en el ahí», escribió Gertrude Stein sobre la poesía. El humor funciona igual: si explicas un chiste, se va (el chiste). Pero a veces no. A veces [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="padding-left: 30px;">Ros<br />
<em>Bajar la guardia</em><br />
Tumbona Ediciones, 2013<br />
192 pp.</address>
<p>&nbsp;<br />
La palabra «humor» es como las palabras «poesía» o «gracia»: palabras tornadizas, caprichosas, esquivas. «No hay un ahí en el ahí», escribió Gertrude Stein sobre la poesía. El humor funciona igual: si explicas un chiste, se va (el chiste).</p>
<p>Pero a veces no. A veces la explicación del humor genera más humor. Así de veleidoso e iconoclasta –y humano– es este sentido. <span style="color: #003366;"><a href="http://www.youtube.com/watch?v=FKxaL8Iau8Q" target="_blank"><span style="color: #003366;">Aquí, por ejemplo, Bob Mankoff, el editor de los cartones del New Yorker, habla sobre cómo se diseña el humor</span></a></span>. Y lo hace con el mismo tipo de humor que intenta develar.</p>
<p>Bob Mankoff dice que en algo humorístico siempre hay un sentimiento de peligro, algo que está a punto de ser violado. No existe, pues, el humor benigno. En toda sonrisa hay una víctima. Digo esto porque <span style="color: #003366;"><a href="http://ros-ink-mx.blogspot.mx/" target="_blank"><span style="color: #003366;">los cartones de Ros</span></a></span> se presentan como cartones de humor blanco, ilustraciones que no buscan la burla maleva. Por supuesto, si comparamos a Ros con un cartonista político mexicano, entonces su humor no es ni siquiera blanco, sino casi traslúcido. Pero si observamos sus cartones con una atención medianamente inteligente, entonces veremos que su humor sí tiene una víctima, y una infinitamente más grande y real que el político en turno: uno mismo.</p>
<p>El buen humor –el agudo y certero, el que permanece después de la risa, el que tiempo después sigue provocando una que otra mueca o sonrisa– es siempre autorreflexivo. El humor inteligente funciona como un espejo: provoca que nos burlemos de nosotros mismos. Por lo menos eso es lo que pasa con los cartones de Ros. Con trazos finos, composiciones elegantes y observaciones sutiles sobre la vida cotidiana, sus cartones son espejos y fuentes en los que nuestro sentido del humor se reconoce y se sobrepasa, simultáneamente. Pero de forma leve y tenue.</p>
<p>«No es humor de carcajada –dice Ros–, yo me conformo con que el lector sonría». En sus cartones hay dos personajes que se repiten con cierta frecuencia: el oficinista y el náufrago. Esos dos mundos, la oficina y la isla desierta, son completamente opuestos, pero Ros utiliza en ambos el mismo tipo de humor, cotidiano y absurdo. «En mis cartones hay escenas muy extremas o muy extrañas: cómicas, pero que pueden suceder casi en cualquier lugar». Son enfrentamientos entre dos personas solas. «Escenas cotidianas forzadas; en una mesa de restaurante, por ejemplo, se dicen cosas tremendas: se piden matrimonios, se anuncian hijos, se deciden familias, cosas así».</p>
<p>Seguidores de este tipo de humor cotidiano, acá en la revista recibimos con una muy bien delineada sonrisa <span style="color: #003366;"><a href="http://www.tumbonaediciones.com/tumbona/titulos/anfibios-col/bajar-la-guardia" target="_blank"><span style="color: #003366;"><em>Bajar la guardia</em></span></a></span>, un libro con 180 cartones de Ros que Tumbona Ediciones acaba de publicar. Y con este pretexto hablamos con Ros para preguntarle algunas cosas:<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>En México es muy común el cartón con ideas políticas y trazos barrocos, no el cartón, digamos, anglosajón o <em>newyorkerino</em>: de trazo fino y humor cotidiano. ¿Cómo llegaste a este tipo de humor?</em></span></p>
<p>De chico mi padre tenía un libro de un cartonista que era muy famoso: Saul Steinberg, un rumano que se nacionalizó gringo después de la guerra y que para mí sigue siendo el mejor cartonista de esta escuela. Ese libro para mí fue muy especial. De chico mis padres me regalaron unas plumas y me dediqué a redibujar ese libro. Desde entonces tengo esa afición a este tipo de cartón, el tipo de humor gringo o europeo de la revista New Yorker.</p>
<p>Los gringos lo llaman el <em>gag cartoon</em>. Es un cartón apolítico que al no ser coyuntural, es atemporal. Un mismo cartón lo puedes ver en cinco años y debería funcionar de la misma manera.<br />
<img class="aligncenter" alt="© Ros" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/ros1.jpg" width="630" height="629" /><br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cómo es el proceso de elaboración de un cartón?</em></span></p>
<p>Cuando empecé a dedicarme con regularidad a publicar cartones de humor, me sorprendía que no me llegara con más facilidad la idea. Yo pensé que con el tiempo el trabajo sería más fluido, pero nunca pasó. Y sigue sin pasar, por desgracia. Lo que hay que hacer es sentarse en un restirador y trabajar, ponerse con una hoja blanca y empezar a dibujar y a divagar.</p>
<p>Encuentro que mis cartones vienen de dos modos: una es imaginándome una escena que a lo mejor he visto y quisiera divagar por ahí; dos personas en alguna situación que es un poco extrema, por ejemplo. El otro modo es simplemente dibujando. Muchas veces pienso que me gustaría dibujar un barco, por decir algo, o unos piratas, o una tormenta, y entonces parto de ahí y a ver qué pasa. Ya de ahí una cosa empuja a otra, y el cartón se empieza a transformar. Siempre que empiezo con una idea, termino con otra muy distinta.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="© Ros" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/ros2.jpg" /><br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cuántos cartones hay detrás del cartón que publicas, digamos, <a href="http://www.huffingtonpost.es/ros/" target="_blank"><span style="color: #008080;">en el Huffington Post</span></a>? ¿Cuánto humor malogrado está en tu basura?</em></span></p>
<p>Fácilmente suelo desechar la mitad. Y a lo mejor, de la otra mitad que pensé que sí funcionaría, se cae algún otro cartón.</p>
<p>Cada cartón pasa por un proceso relativamente largo. Hago dos dibujos del mismo cartón, en uno de ellos trabajo las proporciones, lo hago un poco más grande, y después hago un dibujo muy simple ya en el papel final. En el proceso hay muchos cambios, y ahí aprovecho para cambiar la postura de un personaje o trabajar el texto o cosas así.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="© Ros" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/ros3.jpg" /><br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Por qué sientes tanta simpatía hacia los oficinistas y los burócratas?</em></span></p>
<p>No sé. No es mi mundo, aunque ahora soy burócrata y sí he pasado tiempo en oficinas, aunque no tanto. La oficina es un universo donde ocurren muchas cosas; es muy fácil encontrar escenas extremas que se dan en ese pequeño espacio en el que tiene que convivir la gente. A veces se dicen cosas brutales; grandes amistades, grandes desencuentros. En fin, es además un mundo muy común para el lector de los periódicos o las revistas. Yo creo que muchos lectores deben sentirse de alguna manera identificados.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="© Ros" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/ros5.jpg" /><br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿En las fiestas o reuniones te piden que cuentes chistes?</em></span></p>
<p>No, yo no soy de estar contando chistes. Soy una persona bastante tímida, introvertida. Soy como mis cartones, que los encuentro trabajándole.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="© Ros" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/ros_6.jpg" /><br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Se puede educar el sentido del humor?</em></span></p>
<p>Es difícil… No sé… Probablemente algo. El humor es más bien un estado: hay que estar receptivo, despierto a esto. Aquí en mi estudio tengo muchos libros, por ejemplo. La lectura y la inquietud por conocer otras cosas despierta el humor. Es un estado y también cierta inquietud.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="© Ros" src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/ros6.jpg" /><br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/bajar-la-guardia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Low 5: estatuas y monumentos –las cinco peores esculturas públicas de las ciudades del Bajío</title>
		<link>http://sadabombon.com/estatuas-y-monumentos/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/estatuas-y-monumentos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 19:05:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Top 10]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=1641</guid>
		<description><![CDATA[La Historia de una ciudad está registrada en sus documentos y monumentos. Eso somos como sociedad: las cosas que escribimos y las obras que edificamos. Eso son nuestros productos culturales que nos representan y que, ¡ay!, nos trascenderán. No hay que estar obsesionados con cómo nos recordarán (el futuro pasma y apabulla), pero sí conscientes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La Historia de una ciudad está registrada en sus documentos y monumentos. Eso somos como sociedad: las cosas que escribimos y las obras que edificamos. Eso son nuestros productos culturales que nos representan y que, ¡ay!, nos trascenderán. No hay que estar obsesionados con cómo nos recordarán (el futuro pasma y apabulla), pero sí conscientes de lo que estamos haciendo. No por el bien de nuestra supuesta trascendencia, sino por nuestra presente salud mental.</p>
<p>De entre todas las curiosas y hasta tiernas esculturas públicas, reunimos aquí a las cinco peores. Fue de verás difícil llegar a estas cinco; por ejemplo, tuvimos que dejar atrás el monumento al migrante en Huimilpan, la estatua de don Pedro Escobedo, los monitos saltarines de la UAQ y todos los triques voladores de Leonardo Nierman.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">1 ></span> La arpista en éxtasis</h3>
<p><img class="size-full wp-image-7114 alignleft" alt="" src="http://sadabombon.files.wordpress.com/2013/10/estatuas1.jpg" width="242" /><em>Andador Vergara, al lado del Jardín del Arte, en el bohemio centro queretano.</em></p>
<p><em></em>Una señora impúdica toca el fálico instrumento mientras, extasiada, tira la cabeza hacia atrás. Oh, la música. Oh, el arte. ¡Oh! La inspiración, la lira, la musa, el arrebato. Las cuerdas del arpa como gotas de agua. Oh, la metáfora. Oh, oh.</p>
<p>¡For pavor, qué cochinada! Querétaro tiene uno de los centros históricos más limpios del mundo, pero también, mírenlo, tiene uno de los más sucios. Arpista puerca: sólo tus semejantes, las palomas, comprenden tu armonía.</p>
<p>Si a ti sí te gusta esta escultura (como dice una amiga, «cada quien sus cochinadas»), entra entonces al Jardín del Arte. Huele la primorosa fragancia de este creativo y bohemio espacio y admira la estatua de la señora encuerada tendida en el piso. Gozoso, tira la cabeza hacia atrás y quédate encantado entre tanta hermosura. Oh, oh.</p>
<p>¡Oh!<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">2 ></span> La siniestra Josefa Vergara</h3>
<p><img class="size-full wp-image-7114 alignleft" alt="" src="http://sadabombon.files.wordpress.com/2013/10/estatuas2.jpg" width="242" /><em>Reforma esquina con Vergara, en el centro de Querétaro.</em></p>
<p>Después de la Corregidora, Josefa Vergara es la mujer más reconocida de Querétaro. Tuvo una vida ejemplar: nació pobre en 1747, se casó con un rico, se quedó viuda y, con todas las propiedades y toda la fortuna de su marido, fundó el Monte de Piedad, organizó una casa de expósitos, patrocinó proyectos educativos y dejó una amplia fortuna –que continúa siendo administrada– para ayudar a los más desamparados.</p>
<p>La mujer, evidentemente, merece un reconocimiento público. Su nombre debe aparecer en escuelas, hospicios, calles y hasta parques. Su figura quizá también. En una de esas, una estatua no era una mala idea. Pero esta es una pésima estatua; Josefa Vergara parece una señora tétrica, y su empresa fue todo menos funesta.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">3 ></span> Monumento al centro geográfico del país</h3>
<p><img class="size-full wp-image-7114 alignleft" alt="" src="http://sadabombon.files.wordpress.com/2013/10/estatuas3.jpg" width="242" /><em>Centenario y 5 de Mayo, en Tequisquiapan.</em></p>
<p>En el Bajío somos fanáticos de los nombramientos grandilocuentes: la plaza comercial más grande de Latinoamérica, el pueblo con la enchilada minera más grande del mundo, la cuchara con cajeta más grande de Celaya, etc.</p>
<p>En 1916, Venustiano Carranza decretó a Tequisquiapan «Centro geográfico del país». Orgullosos de tal mérito (?), los tequisquiapanenses de entonces construyeron un monumento alusivo: tres palos que confluyen en un punto que, ¡oh!, es Tequisquiapan.</p>
<p>Lo peor de este monumento no es su estética o su forma, que también, sino la idea que hay detrás. Aunque el centro geográfico de lo que sea es algo irrelevante para cualquiera, Tequis no es siquiera eso; el centro del país está en el desierto de Zacatecas. Este es, pues, un monumento doblemente fallido y tríplemente desgraciado.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">4 ></span> Querubín de la Independencia</h3>
<p><img class="size-full wp-image-7114 alignleft" alt="" src="http://sadabombon.files.wordpress.com/2013/10/estatuas4.jpg" width="242" /><em>Pequeña glorieta al lado del Parque de las Ranas, en Guanajuato.</em></p>
<p><em></em>Supongamos que un turista va al DF. Recorre Reforma, ve el Ángel de la Independencia, le cuentan dos o tres mitos urbanos y queda fascinado: quiere un Ángel en miniuatura. Le recomiendan ir al centro, a una tienda de tiliches; va, encuentra su pequeño Ángel y, feliz, regresa a su natal Guanajuato a ponerlo en una glorieta provinciana «similar» a la de Reforma. Supongamos que ese turista es gobernante o empresario o alguien con cierto poder en Guanajuato. Poder, por lo menos, para hacer el (pequeño) ridículo.</p>
<p>Esta es más o menos la historia –por lo menos en potencia– del Querubín de la Independencia que, desde el Bicentenario, está en Guanajuato. Es muy simpático. Alguien debería seguir con esta lógica y construir una pequeña Torre Latinoamericana. Quizá así los guanajuatenses se convencen de que lo pequeño es mejor y se decidan a reducir el Goliat deforme que tienen a modo de Pípila.<br />
&nbsp;<br />
<h3><span style="color: #ff0000;">5 ></span> El Quijote 2000, de Sebastián</h3>
<p><img class="size-full wp-image-7114 alignleft" alt="" src="http://sadabombon.files.wordpress.com/2013/10/estatuas5.jpg" width="242" /><em>Pasaje del campanero, en el centro histórico y cervantino de Guanajuato.</em></p>
<p>Grande es el trauma que tenemos con Sebastián, el escultor chihuahuita que convirtió la escultura abstracta en arte popular y en máxima decoración urbana. Trauma en el sentido de choque emocional. Y choque en el sentido de que nos topamos por lo menos con unas 100 o 1,000 toneladas de escultura en casi todas las ciudades mexicanas. «La escultura como epidemia», dice Guillermo Sheridan sobre Sebastián.</p>
<p>Hace un par de años, en el centro de Guanajuato, fue inaugurado el corredor de esculturas del Quijote. En esta «galería al aire libre» resalta –¡cómo no!– los 4.62 metros del Quijote de Sebastián. Resultan igualmente fascinantes el librote de Lorenzo Rafael, la Giganta de José Luis Cuevas, el Ángel-Quijote de José Sacal y el otro Ángel de Leonardo Nierman. Literalmente, imperdibles.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/estatuas-y-monumentos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Paseos sonoros: imágenes y espacios que cambian con otros sonidos</title>
		<link>http://sadabombon.com/paseos-sonoros/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/paseos-sonoros/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 21:21:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=1671</guid>
		<description><![CDATA[Supongamos que la frase de Godard es válida: «el cine es la realidad a 24 cuadros por segundo». El cine es luz y sonido. La realidad, por supuesto, involucra otros sentidos además de la vista y el oído. Pero a fin de cuentas, en un paseo cotidiano, nuestra experiencia se resume a lo que vemos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Supongamos que la frase de Godard es válida: «el cine es la realidad a 24 cuadros por segundo». El cine es luz y sonido. La realidad, por supuesto, involucra otros sentidos además de la vista y el oído. Pero a fin de cuentas, en un paseo cotidiano, nuestra experiencia se resume a lo que vemos y escuchamos.</p>
<p>Ahora bien, en una caminata ordinaria, pedestre, auténtica, ¿qué sentido es más importante, la vista o el oído? La cámara y las postales dirían que la vista, <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s06_ruidos_urbanos" target="_blank">el suplemento que encartamos en esta edición</a> diría que el oído. De los viajes y paseos que hacemos, regresamos con <a href="http://sadabombon.com/tumultocracia/">cientos de fotos</a>, y sin ninguna grabación sonora.</p>
<p>Volvamos a la anología con el cine: en una película, ¿qué es más relevante, las imágenes o la mezcla de audio? Si hacemos el experimento de ver una película nunca vista en <em>mute</em> y luego escuchamos otra pero con la pantalla apagada, ¿cuál de las dos películas entenderíamos mejor? David Lynch concluiría que la pista de audio es, quizá no más significativa, pero sí más expresiva. Una pésima imagen es sólo una pésima imagen, pero una mala pista de audio hace que la imagen sea más que pésima: inverosímil.</p>
<p>Como lo dijimos en el suplemento de los ruidos urbanos, vemos con el oído. Siguiendo esta lógica, presentamos aquí tres paseos donde el <em>soundtrack</em> transforma el espacio.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Centro histórico de Querétaro con música punk</h3>
<p>Hace falta pasearse dos o tres veces por las calles del centro de Querétaro para saber que la música que preferiblemente acompaña al adoquín, la cantera y el adobe es aquella que se hace con el órgano, el clavecín, el salterio y el violín. El <em>soundtrack</em> queretano es idéntico a las postales de plazas y templos: tradicional y eclesiástico.</p>
<p>Ir en Querétaro a un recital de Gastón Lafourcade o asistir al Festival Internacional de Salterio es redundante. Como acompañar unas tunas con pulque: un pleonasmo.</p>
<p>La imagen del centro histórico no va a cambiar, la Unesco y los defensores de las fuentes en las plazas se encargarán de conservar este lindo patrimonio. Pero con un poco de música punk los espacios pueden representarse de forma distinta. Por ejemplo, este <em>soundtrack</em>, con el lugar específico y la canción correspondiente:</p>
<ul>
<li>Museo de Arte: <em>Smash it Up</em>, de The Damned.</li>
<li>El Arcángel: <em>Where Eagles Dare</em>, de los Misfits.</li>
<li>Calle Hidalgo: <em>Detroit</em>, de Rancid.</li>
<li>Jardín Zenea: <em>I Wanna Be Sedated</em>, de los Ramones.</li>
<li>La Mariposa: <em>Waiting Room</em>, de Fugazi.</li>
<li>Plaza de Armas: <em>Police Story</em>, de Anti-Flag.</li>
<li>5 de Mayo: <em>Psycho Killer</em>, de los Talking Heads.</li>
<li>Don Amado: <em>Gloria</em>, de Patti Smith.</li>
<li>Mirador del Acueducto: <em>London Calling</em>, de The Clash.</li>
</ul>
<p>&nbsp;<br />
<h3>San Miguel de Allende con audio diálogos</h3>
<p>San Miguel y Guanajuato son las dos ciudades más caminables del Bajío. Esto se debe no sólo a la anchura de las banquetas y a los múltiples andadores, sino a los habitantes que prefieren transportarse a pie.</p>
<p>San Miguel, además, tiene el centro histórico más parlanchín y lenguaraz del centro de México. Sus habitantes no sólo hablan y discuten mientras caminan –como lo hacen los estudiantes en Guanajuato–, sino que además hablan y platican en dos o tres lenguas distintas.</p>
<p>Proponemos cambiarle los diálogos a los sanmiguelenses y, por qué no, también a sus turistas. Colocar palabras en la boca ajena, como si vieras una película y escucharas otra, o como si en un autocine omitieras el audio para inventarte tú los diálogos. Por ejemplo:</p>
<p>Escucha la película <em>Annie Hall</em>. De todas las películas de Woody Allen, <em>Annie Hall</em> es quizá la que tiene más diálogos. Implántale los diálogos de Alvy Singer a un joven mexicano y los de Annie Hall a una señora gringa. Este experimento funciona también, y quizá mejor, con <em>Zelig</em>.</p>
<p>Busca en YouTube «chinese conversation». Elige el video más largo y voltea a ver a una pareja de sanmiguelenses. Quién sabe qué estén diciendo los chinos, pero lo dicen con un tono y un timbre tan extraño que hace que San Miguel parezca una ciudad de la Dinastía Han, Shun, Ming o Song.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Paseo en RedQ con ópera</h3>
<p>RedQ es lo mejor que nos ha pasado desde <em>Che originali!,</em> la farsa de Johann Simon Mayr. Descifrar las nuevas rutas, hacer el prepago, conseguir asiento en el camión y llegar a tu destino es un <em>dramma per musica</em>, como dicen los conocedores. Para este transporte público con evidentes características épicas, recomendamos las siguientes óperas:</p>
<p>Mientras esperas el camión: <em>Madama Butterfly</em>, de Giacomo Puccini, sobre todo el acto dos, cuando Butterfly espera de forma paciente y hasta necia la llegada de Pinkerton. La criada Suzuki te intentará convencer de que el camión Pinkerton no llegará, de que te conviene irte en taxi, o ya de plano caminando, pero no hagas caso, tú espera y ten fe.</p>
<p>Estás sentado y se sube un bombón. El asiento de al lado está vacío y ella viene hacia ti. El camión frena y ella se aleja de ti. Pon <em>Rigoletto</em>, de Giuseppe Verdi, adelántale al último acto y canta: ♫ La donna è mobile ♪ qual piuma al vento ♫</p>
<p>El camión toma una ruta extrañísima y parece que el trayecto durará una eternidad. Escucha <em>Parsifal</em>, de Richard Wagner: la melodía sin fin.</p>
<p>El camión por fin llega a tu destino. Pon a todo volumen <em>Il ritorno d’Ulisse in patria</em>, de Claudio Monteverdi, salta del camión, pon los brazos en alto y dirígete a tu casa a abrazar a tu Penélope.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/paseos-sonoros/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Los vecinos, en peligro de extinción –¿qué significará ahora la palabra coincidencia?</title>
		<link>http://sadabombon.com/vecinos-extincion/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/vecinos-extincion/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 21:17:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[En peligro de extinción]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/?p=1664</guid>
		<description><![CDATA[Según nuestros vecinos los periódicos, en Querétaro recibimos 40 familias nuevas cada día. (Otra cifra alusiva: seis de cada diez empleos son solicitados por personas recién llegadas a este lugar de piedras y peñascos.) Si la familia mexicana está conformada, según el INEGI, por cuatro integrantes, eso quiere decir que en esta ciudad recibimos diariamente [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Según nuestros vecinos los periódicos, en Querétaro recibimos 40 familias nuevas cada día. (Otra cifra alusiva: seis de cada diez empleos son solicitados por personas recién llegadas a este lugar de piedras y peñascos.) Si la familia mexicana está conformada, según el INEGI, por cuatro integrantes, eso quiere decir que en esta ciudad recibimos diariamente a 160 personas; casi 5 mil al mes; más de 50 mil al año.</p>
<p>Con un poco de retórica, las cifras podrían decir justo lo opuesto que este artículo: tenemos un superávit de vecinos. Nada más falso. Jorge Ibargüengoitia decía que León es una ciudad «donde hay muchísima gente, pero muy pocas personas». La frase aplica para casi cualquier ciudad. El que mucho abarca poco aprieta; o, en otras palabras, entre más juntos, más desconectados.</p>
<p>Frente a nuestras casas y nuestros trabajos hay cada día más personas, pero también cada día menos vecinos. El vecino es aquel que habita <em>con</em> su coincidente. Con el que vive enfrente intercambiamos miradas y quizá algún saludo, pero ha dejado de habitar <em>en</em> nosotros, para bien y para mal.</p>
<p>Y para peor. Pues no sólo nos hemos quedado sin el pastel de bienvenida a la colonia y el recurso del «vecina, me regala un poco de azúcar», sino que hemos reducido nuestro marco identitario. Nos construimos a partir del otro. Solos, en nuestras casas y oficinas, hemos dejado de existir <em>en</em> los otros. Somos menos, pues.</p>
<p>Como diría el subtítulo de una gran película de Werner Herzog: «cada quien para sí y Dios contra todos». Pfff, pues desde hace mucho nos quedamos también sin Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://sadabombon.com/category/en-peligro-de-extincion/">Esta sección está en peligro de extinción</a>. Si estás de acuerdo y quieres que desaparezca, tuitea «sí»; de lo contrario, tuitea «¡nooo!»: <a href="https://twitter.com/SadaBombon" target="_blank">@SadaBombon</a><br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/vecinos-extincion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Ruidos urbanos</title>
		<link>http://sadabombon.com/ruidos-urbanos/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/ruidos-urbanos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 06:39:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sadabombon.com/beta/?p=826</guid>
		<description><![CDATA[Life&#8217;s but a walking shadow, a poor player That struts and frets his hour upon the stage And then is heard no more. It is a tale Told by an idiot, full of sound and fury Signifying nothing ~Macbeth &#160; ¿Las ciudades se ven o se escuchan? ¿La fotografía urbana o el Noise? ¿Qué unidad [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Life&#8217;s but a walking shadow, a poor player<br />
That struts and frets his hour upon the stage<br />
And then is heard no more. It is a tale<br />
Told by an idiot, full of sound and fury<br />
Signifying nothing</p>
<p>~Macbeth</p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
¿Las ciudades se ven o se escuchan? ¿La fotografía urbana o el Noise? ¿Qué unidad mide mejor una ciudad, los decibeles o los lúmenes? Si las ciudades se miden además por su vida nocturna, entonces la respuesta es clara, pero ruidosa: cuando se pone el sol, las ciudades resuenan, y una ciudad nunca está tan muerta como al amanecer. La luz congrega, pero es la palabra (la oral) la que crea comunidad.</p>
<p>Se piensa mejor en los extremos: reformulemos: ¿quién comprende mejor una ciudad, un ciego o un sordo? Muchos tipos de sordera generan desorientación espacial, mareo, vértigo. La sordera tiende al vacío. Deshabita. La ceguera es la nota opuesta: como murciélagos, los ciegos se orientan en medida que sus propios ruidos rebotan y hacen eco en los distintos recovecos de un espacio. Ecolocación. El ciego habita los espacios complejos, urbanos.</p>
<p>Algunas referencias: ¿quién fue primero, Eco o Narciso? Ray Charles compuso ciego, Blind Willie Johnson también. Pero Goya pintó sordo. ¿Cómo es el Moondog de las ciudades del Bajío?</p>
<p>Quienes hablan de los privilegios de la vista suelen ser poetas, expertos de la voz (Homero, Góngora, Borges, Paz). Y es que el oído ve mejor. En el oráculo de Delfos, Tiresias es ciego y andrógino, es decir, plenamente urbano. Tiresias ve más porque oye más. La plasticidad de su cerebro depende de los ruidos que escucha.</p>
<p>Hace un par de años <span style="color: #003366;"><a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s02_bibliotecas" target="_blank"><span style="color: #003366;">este suplemento trató sobre las bibliotecas</span></a></span>, esos telescopios incapaces de escuchar. Publicamos ahora –en las próximas nueve entradas– el reflejo de aquél: un radar que trata de percibir la vida urbana en el Bajío.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://sadabombon.com/ruidos-urbanos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
