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La comida orgánica; lo absurdo del adjetivo

Todos nos acordamos del momento en que empezamos a escuchar el término «comida orgánica». No lo recordamos con exactitud pero sí sabemos que fue hace unos años. Somos conscientes que hubo un antes y un después de la introducción de ese concepto: antes sólo teníamos una opción, la comida; ahora tenemos (al menos) dos opciones: la comida y la comida orgánica.

Hace unos meses entendí lo absurdo e irónico de la idea. Mi familia siempre ha vivido en un rancho; no producen todos los alimentos que consumen pero sí cultivan y cosechan algunos; desde niños han comido casi exclusivamente productos naturales, mucho antes de que se llamaran orgánicos. El otro día les escuché preguntarse qué sería eso de la agricultura y la comida orgánica. Les dije que era lo que ellos siempre habían hecho y comido, aunque me pareció que no me creyeron del todo, pues para ellos parecía como algo novedoso, que se acababa de inventar: ¿cómo era posible, entonces, que llevaran más de 60 años consumiendo «comida orgánica»?

Si hace unas décadas el mundo pasó de la producción en pequeña escala a la producción industrial de alimentos (respondiendo a la migración humana del campo a las zonas urbanas), ¿por qué no se llamaron estos nuevos alimentos «comida industrializada»? ¿Por qué la comida industrializada se apropió de los conceptos comida, alimentos y productos, así, sin recurrir a ningún adjetivo? ¿Pero sobre todo por qué, ahora, a la comida que es comida (sin nada más) tenemos que agregarle el adjetivo orgánico?

Mientras lo industrializado se asocia con la vida urbana, lo orgánico se asocia con el campo o con una vida urbana sofisticada. Es confuso y molesto, y responde directamente a las ironías del modelo capitalista. Me disgusta la idea de entrar a una tienda «sofisticada» en donde tocan los huevos con guantes y tratan a las zanahorias con mimo, y dice «orgánico» por todos lados. Cómo me gustaría ir a la sección de alimentos del Walmart (o cualquiera de sus tiendas «nicho») y encontrar letreros gigantes que digan «comida procesada» o «comida industrializada» como advertencia en cada estante.

Esta confesión en la revista apartamento lo resume de otra manera. La dueña de una tienda de esquina de barrio narra su experiencia:
 

All the foodstuffs we have in my shop are incredibly basic, mostly unpackaged and unlabelled, but it’s amazing how many people come into the shop and ask us if we have any “normal food”. And that’s important for me because I think, ‘Wow, they really think this is weird food’, i.e the packaged stuff in the supermarket is now normal food.

 
Propongo que en lugar de etiquetar lo orgánico como «producto orgánico» se etiquete todo lo industrializado como «producto industrializado». O que en las cartas de los restaurantes se marquen con una estrellita no los platillos orgánicos, sino aquellos que contienen más de un ingrediente industrial. Haría más justicia. Y todos podríamos entenderlo.
 


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