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Planea un viaje de fin de semana a un lugar cercano y tranquilo: al Santuario de Atotonilco

En enero uno traga saliva, aguanta y resiste como los más valientes. La cruda después de las fiestas de fin de año es brutal; la resaca no sólo es alcohólica sino también económica y social. Uno sobrevive enero como auténtico asceta: con noches sin fiesta, con comida simple y llana y con la cartera vencida.

Para premiar semejante estoicismo, febrero y marzo deben reanudar poco a poco los ánimos: salir de casa, comer fuera, hacer algunas compras y retomar los viajes. Ir, por ejemplo, a un lugar cercano, conocer o reconocer un sitio atractivo, tomar algunas fotos y descansar de arduas semanas donde uno sólo buscaba pagar la tarjeta de crédito.

Los alrededores de San Miguel de Allende cumplen perfectamente con este objetivo renovador: un templo construido al más puro estilo jesuita –el brazo reformista de la Iglesia–, un tranquilo balneario que no acepta pelotas e inflables, restaurantes donde a uno le dan ganas de tener una sobremesa de horas y uno de los hoteles más agradables del Bajío: Casa de Aves.

El santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco se encuentra a diez minutos de San Miguel de Allende. La nave principal, la sacristía y las seis pequeñas capillas del templo están decoradas con pinturas de Rodríguez Juárez y con frescos de Miguel Antonio Martínez Pocasangre. Así el santuario estuviera en medio del desierto de Sonora, uno debe ver esa maestría del Barroco Novohispano, considerado por la Unesco como Patrimonio Mundial. En resumen, no tiene desperdicio.

Poco antes de llegar al santuario está el balneario La Gruta, un pequeño oasis entre uno de los paisajes más secos y polvosos de México. Entra a la poza que conduce a una gruta cubierta por un domo de piedra, desde donde brota el manantial con aguas de 38 ºC. Llega temprano para evitar el gentío.

Saliendo del balneario o del santuario, come en cualquier restaurante de San Miguel de Allende. Si no quieres entrar al centro, te recomendamos uno que está a las afueras: el Ristorante Da Andrea. Está del otro lado del santuario, en la carretera a Dr. Mora, en el km 2.5, dentro de la hacienda La Landeta. Si te pierdes, llama al (415) 120 3481.

Si no quieres moverte mucho, vete directo a Casa de Aves. El hotel tiene un restaurante bastante atractivo con una carta no menos estimulante.

Lo que sigue es puro regocijo: paisaje campestre, habitaciones exclusivas (sólo hay ocho), alberca, jacuzzi y todo tipo de comodidades que hacen que este plan se repita cada dos o tres meses.
 


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