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	<title>Sada y el bombón &#187; Cine</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>Shakespeare en la pantalla</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 00:27:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Giacomo d'Alelio]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Han pasado 450 años desde el fallecimiento de William Shakespeare el 26 de abril de 1564 —una fecha incierta, como su nacimiento o su mismísima existencia. Los eventos organizados para celebrarlo atraviesan el globo terráqueo, desde México con el Cervantino hasta llegar a Italia con el Festival de Cine de Venecia. Los textos que se le han atribuido —de la comedia a la tragedia— primero invadieron los palcos de todo el mundo con esa capacidad de poder hablar de las múltiples facetas y distorsiones del ánimo humano, sus alegrías y dolores. Luego llegaron al cine para permitirle al público —cada vez más amplio— comparar la tragicomedia que le pertenece al hombre. En su eterna necesidad de encontrar una válvula de escape, de rememorar la catarsis de la tragedia griega que solía llenar los antiguos teatros, el ser humano siguió a Shakespeare con gran atención hasta las salas cinematográficas.</p>
<p>En el lanzamiento de las primeras películas históricas italianas, una casa productora estadounidense (American Vitagraph Company) empezó a comisionar películas inspiradas en las obras del dramaturgo inglés. Una de las primeras cintas, la tragedia de <em>Julio César</em>, fue filmada en 1914 por el director Enrico Guazzoni en el mejor escenario: Roma. Y aunque al principio el séptimo arte era mudo, Guazzoni fue capaz de dar voz a los diálogos escritos por Shakespeare. Luego, con la introducción del sonido, se volvieron legendarios los alucinantes encuadres en blanco y negro de Orson Welles en sus <em>Macbeth</em>, <em>Falstaff</em> y <em>Othello</em>. También están las películas de Laurence Olivier que, con su adaptación de <em>Enrique V</em> en 1946 y <em>El mercader de Venecia</em> en 1970, pasó a la tragedia del blanco y negro al color. Después, el mismo Olivier inspiró al irlandés Kennet Branagh con su magnífica interpretación en la versión de 1989 de <em>Enrique V</em>.</p>
<p>Shakespeare también fue parte de la inspiración cinematográfica fuera de Inglaterra. En Japón, Akira Kurosawa filmó su propia versión de <em>Macbeth</em> con la película <em>El trono de sangre</em>. Por su parte, el alemán Ernst Lubitsch dirigió <em>Ser o no ser</em> que, bajo el pretexto de una puesta en escena de <em>Hamlet</em>, hace una sátira de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.  Y en México, la ligera adaptación de <em>Romeo y Julieta</em>, dirigida por Miguel M. Delgado y protagonizada por Cantinflas.</p>
<p>Además del cine clásico, las obras del dramaturgo inglés también inspiraron otros proyectos como el musical <em>West Side Story</em> de Jerome Robbins y Robert Wise que, partiendo de <em>Romeo y Julieta</em>, ofrecieron su propia interpretación al drama de amor por excelencia. También encontramos a Shakespeare en el cine de ciencia ficción con <em>Forbidden Planet</em> de Fred M. Wilcox, donde vemos una variante de la obra <em>La tempestad</em>; y en una de las películas más experimentales de Gus Van Sant, <em>My Own Private Idaho</em> con Keanu Reeves y River Phoenix. Otro caso son los cuadros de <em>La Tempestad</em> de Peter Greenaway con la música obsesiva de Michael Nyman para embellecerlos.</p>
<p>La obra de Shakespeare también es capaz de introducir la vida en el arte; o viceversa: el arte que se infiltra en la vida, donde un actor es capaz de interpretarse a sí mismo, en el drama y la verdad que se reconstruye en el escenario. Por ejemplo, el sorprendente <em>Ricardo III</em> de Al Pacino, con el cual el actor indaga sobre la vida a través de la ficción. Incluso la representación no acepta ser relegada en la simple bidimensionalidad de la pantalla grande: empuja, lucha, se agita. Lo demuestra <em>La rosa púrpura del Cairo</em> de Woody Allen con una Mia Farrow que huye del blanco y el negro de la ficción para entrar al color de la realidad. Lo mismo sucede con la tragedia: supera los límites del final feliz y se encuentra con las almas frágiles de grandes actores. Nos lo han enseñado Philip Seymour Hoffmann, Robin Williams y hasta Heath Ledger. ¿Cuántos más faltarán? Cada muerte como un recordatorio del hombre que puede convertirse en víctima de sí mismo al no poner fronteras entre la vida y la ficción; una demostración de la crueldad del ser humano ante la tragedia ajena, utilizando instrumentos como las redes sociales y el poder de la web para transformarse en directores cobardes y atacar las memorias de los actores. </p>
<p>Parece ser que la única forma de sobrevivir con la tragedia es regresando a la catarsis que nos enseñaron los antiguos griegos, entregados a la representación, ayudándose a enfrentar sus demonios. Nos lo muestra el documental <em>César no debe morir</em> realizado por Paolo y Vittorio Taviani en 2012, donde un grupo de encarcelados ensayan una representación dramática de <em>Julio César</em> en una prisión de Roma. Condenados de por vida a permanecer en su jaula de concreto, el teatro se convierte en una forma de soportar el destino (y quizás salvarse). Algo así nos pasa a nosotros con el cine, salimos más ligeros de la tragedia, de la oscuridad de la sala, para volver a nuestras simples vidas. Y eso también hay que agradecérselo a Shakespeare.</p>
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<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
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		<title>A ciegas</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 00:22:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Jacobo Zanella]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre soy un invitado al cine. Sé que vamos un día a cierta hora, pero no sé nada más. Nunca selecciono la película, nunca sé que voy a ver: voy porque respondo a una invitación, a una especie de blind date. (Hay algunas películas muy esperadas y famosas; de esas por supuesto que sé algo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre soy un invitado al cine. Sé que vamos un día a cierta hora, pero no sé nada más. Nunca selecciono la película, nunca sé que voy a ver: voy porque respondo a una invitación, a una especie de <em>blind date</em>. (Hay algunas películas muy esperadas y famosas; de esas por supuesto que sé algo antes, pero son casos raros.)</p>
<p>Tampoco me interesa leer reseñas antes ni necesito conocer al director: creo que le agrega mucha emoción ir descubriendo todo mientras sucede en la oscuridad. Si los créditos salen hasta el final, como es común ahora, la sensación se multiplica.</p>
<p>Me parece extrañísimo documentarse antes de ir al cine, conocer los puntos de vista que se contraponen, saber cuánto costó el rodaje, si es la primera película que usa no-sé-qué-tencología. Todo eso yo nunca lo haría, creo que diluye la experiencia dentro de la sala. Después de verla, es posible que investigue o quiera leer algo, pero casi nunca lo hago.</p>
<p>A las librerías o bibliotecas uno puede entrar vagamente, sin grandes ánimos, y recorrer los volúmenes a ver cuál nos llama… o podemos ir con una lista en la mente y dedicarnos ávidamente a encontrar esos títulos. Al cine yo prefiero ir desprovisto de todo, sin cosas en los bolsillos, sin conocimientos previos. Al cine y a las librerías podemos ir con la mente en blanco; a un viaje tal vez no.</p>
<p>A veces creo que cuanto más sabemos de cine menos lo disfrutamos. Cuando el espectador deja de ser sólo un espectador —y todo lo sabe y todo lo piensa—, comienza a ver las películas desde un lugar distante, y así cualquier cosa se aprecia de manera distinta. (Nunca he podido apreciar <em>Sada y el bombón</em> como un lector más, por ejemplo, así que encontrarme de sorpresa con una revista nueva de la que no sé nada —o con una película— me causa una alegría relajada y desenfadada.)</p>
<p>Saber poco sobre algo también implica un acercamiento con los sentidos mucho más receptivos. Si voy mañana al cine a ver una nueva película mexicana, la veré de manera muy distinta a como la vería mi doble australiano o uruguayo, simplemente porque estoy dentro del contexto en que la película sucede y se presenta. Este cambio geográfico hace toda la diferencia porque podemos ser más críticos —incluso sin desearlo. Y creo que pasa lo mismo con los actores, directores, productores, guionistas: saber poco de ellos te lleva a conocerlos más profundamente durante la proyección de sus películas, sacar propias conclusiones, quererlos —o no— de manera espontánea.</p>
<p>Me emociona mucho estar sentado ahí, en la sala del cine, esos segundos antes de que inicie la proyección misteriosa. ¿Me gustará lo que voy a ver? ¿Será este momento previo uno que recordaré durante muchos años porque habrá un antes y un después de esa película? ¿Se escribió la historia hace tres años, cincuenta, quinientos? ¿Cuántos meses pasó el libreto en una oficina anónima, cuántos cientos de miles de horas-hombre están condensadas en los siguientes 120 minutos que estoy a punto de ver? ¿Cuántos años desde la primera idea hasta este momento? Es una emoción tan exquisita y lujosa: soy el destinatario final de algo que no sé qué es, de una obra de la creación humana.</p>
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<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
<p></em></p>
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		<title>Cinco escenas</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 00:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Plano cerrado, Adéle sumergiéndose en el mar de Lille. La piel bronceada y el bañador completo bajo el cielo acuático. Es ella en el azul, en el calor ultramarino que es Emma; flotando con los ojos bien cerrados, reencontrándose con ella, meciéndose juntas por última vez. La sal en los labios y la marea en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Plano cerrado, Adéle sumergiéndose en el mar de Lille. La piel bronceada y el bañador completo bajo el cielo acuático. Es ella en el azul, en el calor ultramarino que es Emma; flotando con los ojos bien cerrados, reencontrándose con ella, meciéndose juntas por última vez. La sal en los labios y la marea en sus mechones castaños. Adéle en el azul, en Emma. Cuerpo contra agua, la carne que se inunda; dos entes traspasándose. Yo te sigo hasta las profundidades del océano. En mi cabeza Karen O cantando «Turn into / Hope I do / Turn into you».</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Durante los noventa, una parte de mi familia —acérrimos comerciantes— encontró una minita de oro en los videoclubs. Más de ocho sucursales del Video Compacto distribuidas en Xalapa (a.k.a. Estridentópolis), una ciudad donde la lluvia y la neblina hace del cine y el café una necesidad básica. El negocio fluyó junto con el cambio de formato: del VHS al DVD y la eventual decadencia de los videoclubs. La crisis del Blockbuster fue, también, una crisis familiar. Aún quedan las torres de películas amontonadas en bodegas, estudios, salas y cuartos. Una inmensa cineteca regada en casas, cajas, personas y sobremesas.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Un plano secuencia: Edith (nunca Marion), yendo y viniendo por su departamento en París. Alucinando a Marcel, reviviéndolo del Atlántico. Los gritos que se ahogan: ¡Marcel!, ¡Marcel!, ¡Marcel! y la penumbra, el amor arrebatado. Y uno viendo la tragedia, fulminado por la teatralidad. El gorrión se levanta y avanza por el vestíbulo, envuelto en las tinieblas del escenario. Las manos contrayéndose, el llanto que se ahoga en trompetas y tambores; la gran actuación. <em>Dieu réunit ceux qui s’aiment</em>.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Pablo murió hace seis años. Tres (o cuatro) años antes de eso —en plena pubertad—, su tía dirigió una película con Ana de la Reguera. Él anduvo en el set un verano y regresó contándonos cómo se hace una película y presumiéndonos su logro: salió en una escena. Hace unos días volví a ver la película y, sin acordarme de nada, me encontré con Pablo en la pantalla. Por cinco segundos aparece un primer plano de su cara. Pausé. Era extrañísimo, ahí estaba él, inmortalizado en una secuencia de fotogramas, encerrado en el 2006, resucitado en un cameo. Y yo del otro lado del vidrio, tan ficticio.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>La película que más he visto —arriesgándome a la cursilería— es <em>Eterno resplandor de una mente sin recuerdos</em>. Siempre me ha fascinado la idea de alguien viendo la misma película más de diez veces, repitiendo los diálogos hasta volverlos suyos. En mi caso: Jack y Clementine escondiéndose en el interior de sus memorias, la casa en la playa despedazándose con una despedida inventada, Montauk. <em>This is it, Joel. It’s going to be gone soon</em>. Hay guiones que te entumen los huesos. Tal vez eso es el cine: un temblor que va de la espalda al estómago, como un cosquilleo de luz y celuloide.</p>
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<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
<p></em></p>
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		<title>Los grandes actores</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 23:55:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juventino M]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay algo que hace tiempo pensé sobre el cine, bueno, no sobre el cine, sino sobre los actores, esencialmente, sobre nosotros. Cuando miramos una película, ¿qué sabemos de un personaje cuando lo miramos por primera vez? Evidentemente, nada; los actores dan vida a los personajes que desconocemos, sin embargo, al final de la historia, el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay algo que hace tiempo pensé sobre el cine, bueno, no sobre el cine, sino sobre los actores, esencialmente, sobre nosotros. Cuando miramos una película, ¿qué sabemos de un personaje cuando lo miramos por primera vez? Evidentemente, nada; los actores dan vida a los personajes que desconocemos, sin embargo, al final de la historia, el público (nosotros) juzgará si la interpretación ha sido buena o mala. No es solo que si nos gusta está bien y si no nos gusta está mal. No existe tal cosa como una epistemología de la actuación. No hay elementos objetivos que nos permitan determinar si una actuación es buena o mala.</p>
<p>Tomaré el siguiente ejemplo: veía una película en clase cuando el profesor, sin previo aviso, le puso pausa y dijo: «Esto es una mala actuación»; luego la volvió a dejar correr y, en el transcurso de la misma escena, puso de nuevo pausa y dijo: «Esto es una buena actuación». De aquí quiero partir, ¿qué es una buena actuación?, ¿qué es una mala actuación? Tenemos estándares, parámetros, expectativas de cómo las cosas <em>deberían ser</em>, de cómo las personas tienen que comportarse para creerles. Sabemos de convincentes charlatanes, pero no es hasta que cotejamos sus verdades y mentiras con la realidad que las interpretaciones nos deslumbran. En el caso de las dos pausas, no había modo de decir que aquel mal actor era un mal actor, ni que aquel buen actor era un buen actor, o todo lo contrario. Mi profesor esperaba que el buen actor se desenvolviera de una manera y el <em>mal actor</em> de otra. Pensemos en esto: ¿qué pasa si llorar de un modo poco convincente es el llanto genuino de alguien?, ¿nos resulta algo inconcebible?</p>
<p>Alguna vez en la escuela fui obligado a tomar un taller de Corporalidad, que bien pudo haberse llamado «Sobre cómo hacer que nuestras expresiones sean elocuentes con nuestras palabras». Tal vez lo sabíamos desde siempre, pero el propósito de quien lo impartía era enseñarnos a actuar para la vida diaria, aprender el dominio del lenguaje corporal en pos de algún propósito (algo razonable en un mundo de actores). Aristóteles dijo que el hombre es un animal político; antes de eso, creo yo, el hombre es un animal histriónico. Para hacer política, lo primero que hay que hacer es fingir un interés en los demás, actuar con algún propósito. Si las palabras están completamente desposeídas de verdad, tenemos que gesticular y representar algún papel para ser convincentes. Y si logramos convencer, o ser convencidos, es porque sabemos qué esperan ver los demás —y nosotros. Lo mismo pasa cuando miramos una película. Decía el instructor del curso: «Vamos al cine y pagamos para ser engañados»; y así asumía la naturaleza ficticia del cine, al tiempo que nos instruía para una realidad calculada y fingida. Toda expectativa es una maldad, una perversión, y, sin embargo, lo asumimos con total ingenuidad. Pagamos para ser engañados y pagamos, también, por ser engañados.</p>
<p>Cuando mi mamá se inquieta o conmueve con el cine, le digo que es una película. Mientras ella sigue en la pantalla, pongo una pausa imaginaria y doy un paseo por el set, miro enfrente de los actores a un tipo con un micrófono, otro con una cámara, algunos más con luces. Seguramente, un tipo habrá repetido esa misma escena tres veces hasta identificarla como verosímil y convincente; hasta que, de acuerdo a sus estándares, crea que eso es lo que la gente va a creerse. En medio de esta película, de esta historia, hagamos una pausa. Somos buenos y malos actores, lo hemos aprendido; mentimos piadosa y despiadadamente, actuamos con algún propósito, escribimos con algunas palabras y modos particulares para presentarnos como buenos escritores, nos comportamos y vestimos de cierto modo para parecer respetables e importantes, decimos lo que otros quieren escuchar para no quedarnos solos, para salirnos con la nuestra y sentir que nos llevamos a la casa una estatuilla de oro. Somos artificiosos y, más triste aún, de vez en cuando el miedo y el pudor nos contienen y actuamos con esforzada indiferencia; porque también el recogimiento y la contención son una actuación, nos convertimos en personajes indispuestos a sufrir. Tal vez por eso nos sentamos con devoción a mirar dos horas de alguna película, pasando de largo toda la gente y todas las historias que se nos cruzan cada día. Aún en las tragedias fílmicas, podemos lidiar con la muerte del héroe o la historia de amor que termina en alguna distancia infranqueable o desengaño porque, a fin de cuentas, sabemos que al final pasarán los créditos y podremos decir que fue una buena película, un gran engaño.</p>
<p>A mí, que no me interesa el cine, me olvidaría de las grandes actuaciones y preferiría que nos bastaran las palabras; creo que nos sobran los actores y escasean los buenos personajes, los buenos hombres. Nos deslumbran tanto los grandes montajes que pasamos por alto las verdades más naturales, las más próximas y simples.</p>
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<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
<p></em></p>
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		<title>El cine vacío</title>
		<link>http://sadabombon.com/cine-vacio/</link>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 23:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo de la Garma]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Debo mi primera noción del «cine vacío» al ensayo sobre un cineasta húngaro que me regaló un taxista potosino. Tengo la costumbre de fingir nacionalidades extrañas cada vez que me subo a un taxi. Lo hago porque me parece aburridísimo hablar del clima y el tráfico, pero sobre todo porque al simular ser lituano, armenio, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Debo mi primera noción del «cine vacío» al ensayo sobre un cineasta húngaro que me regaló un taxista potosino. Tengo la costumbre de fingir nacionalidades extrañas cada vez que me subo a un taxi. Lo hago porque me parece aburridísimo hablar del clima y el tráfico, pero sobre todo porque al simular ser lituano, armenio, tasmaniático o, en este caso, húngaro, me obligo a inventar una historia más o menos verosímil sobre mi supuesto origen y mi paradero en México, y eso me entretiene. El punto, pues, es que un día me subí a un taxi, recordé más o menos cómo hablaba el futbolista Ferenc Puskás y —con una imaginación deslumbrante— me cambié el nombre a Ferenc Gulash. Cuando el taxista supo que su «56» (es decir, yo) era húngaro, frenó de sopetón, se bajó, consultó extravagantemente «la cajuela de los objetos perdidos» y me regaló un libro titulado <em>Üres mozi</em>. «Quizá no le guste, pero por lo menos usted sí lo va a entender».</p>
<p>Fuera del cañoncito Puskás y de la sopa Gulash, no sé nada de húngaro. Pero sé, eso sí, algo de Google Translate. Traduje «Üres mozi» y me salió «cine vacío». Traduje un poco más y me salió el manifiesto cinematográfico de un tal László M. Tót, firmado en 2003 (un número primo). Ahí comencé de veras a interesarme: ¿quién escribe un manifiesto —de lo que sea— en 2003? <em>Üres mozi</em> es una monografía de 761 páginas (otro primo) sobre el, digamos, cine conceptual de László M. Tót. Según investigué, está muerto: para empezar. Murió en 2011 (otro más). Pero lo importante —dice el libro— no es su vida, sino su obra. A saber.</p>
<p>Como bien supone el lector perspicaz, László M. Tót se dedicó al cine vacío. En otras palabras, al cine sin cine. Por ejemplo, escribió guiones imposibles de producir, editó cientos de secuencias con negativos en blanco, subtituló películas ficticias, diseñó pósters de festivales hipotéticos, clasificó material cinematográfico de películas inexistentes y organizaba cada tanto cástings para supuestas producciones. Tiene por ahí un cortometraje, si es que lo podemos llamar así; se trata de los créditos de una película imaginaria.</p>
<p>En su manifiesto, László M. Tót dice que lo que le interesa es el cine independientemente del cine: «Cualquier producto cinematográfico es el testimonio de la lucha entre la luz y la oscuridad, entre el sonido y el silencio; a mí me interesa la lucha, no su testimonio». Irónicamente, el libro entero es la suma de testimonios. Más adelante, en una de las entradas de su diario, leo: «[…] y vi esa extraordinaria película con el sometimiento a un abismo entre lo que es y lo que sería si no tuviera que pasar por el cine mismo». László M. Tót confeccionó una ideología elocuente acerca de la negación del cine.</p>
<p>Ocupó su todavía millonaria herencia restante y siete años de vida a rodar una película al estilo de Ambrosio y su carabina: sin nada dentro. Es decir, filmó cientos de escenas ¡sin carrete en la cámara! Escribió un guión titulado <em>Quiero la cabeza de Sergio Leone</em>, dibujó un storyboard, contrató a docenas de artistas y técnicos, construyó maquetas y escenarios, iluminó cuartos y esperó la luz precisa en exteriores, repitió (según leo) por lo menos 17 veces cada toma, se puso durante dos años a editar algo inexistente e incluso firmó contratos para distribuir su <em>película</em>. Cuando en el festival regional de cine de Kecskemét se proyectó aquella <em>nada</em> y los 23 asistentes exigieron inútilmente sus 191 minutos de vuelta (porque la función era gratis), nuestro anticineasta húngaro, borrachísimo por la angustia del estreno, se defendió con argumentos de inercias visuales y persistencias retinianas: «El cine está siempre, en todos lados, y sobre todo fuera del cine; y si no, ¡resistan al tiempo sin ese soporte, cobardes!».</p>
<p>«El cine es como los sueños, y los sueños son, quizá, la expresión estética más antigua», hubiera dicho Borges. «Las palabras ya fueron escritas, los silencios no», hubiera dicho Mallarmé. László M. Tót decidió vivir en un sueño para producir solo silencios.</p>
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<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</em></address>
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		<title>El método Tarantino (para acabar con el mundo real en cinco simples pasos)</title>
		<link>http://sadabombon.com/el-metodo-tarantino/</link>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 23:44:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[César García]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Quentin Tarantino es un cineasta sutil para temas brutales. No, un momento, tal vez sea, más bien, un cineasta brutal para temas sutiles. La incertidumbre a su alrededor no daña en lo más mínimo su enorme capacidad para desarrollar un método de análisis de la cultura popular, para liquidar de una vez por todas al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Quentin Tarantino es un cineasta sutil para temas brutales. No, un momento, tal vez sea, más bien, un cineasta brutal para temas sutiles. La incertidumbre a su alrededor no daña en lo más mínimo su enorme capacidad para desarrollar un método de análisis de la cultura popular, para liquidar de una vez por todas al mundo tal como aparece en CNN y colocar en su lugar una eterna pelea con katanas.</p>
<p>Ya escucho algunas voces indignadas declarando: «¡Tarantino es un cineasta desestructurado, caótico, violento y con muy mal gusto para mezclar música!». Odio sonar cínico, pero esa gentil y generosa reacción me inquieta. El método Tarantino no es ignorar la realidad y sustituirla con una fantasía desarticulada, sino su particular interés en reintroducirla y, en el mejor de los casos, narrarla de tal forma que se despoje por completo del rostro aburrido y repetitivo.</p>
<p>Para demostrar lo anterior, he aquí los cinco pasos del método Tarantino para acabar con el mundo real:</p>
<h3>PASO UNO: SUPERMAN</h3>
<p>Durante los últimos minutos de <em>Kill Bill Vol. 2</em> podemos ver a David Carradine (Bill) dialogando con mucho entusiasmo mientras espera que el «suero de la verdad» haga efecto en Beatrix Kiddo: «Como sabes, soy bastante aficionado a los cómics. Especialmente a los de superhéroes. Encuentro fascinante toda la mitología que envuelve a los superhéroes. Elijamos a mi superhéroe favorito, Superman. No es un gran cómic. No está especialmente bien dibujado. Pero la mitología no es solamente grandiosa, es única. Uno de los elementos principales de la mitología del superhéroe es que hay un superhéroe y hay un alter ego. Batman es en realidad Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se levanta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un disfraz para convertirse en Spiderman. Y es ahí, en esa característica, donde Superman es único. Superman no se convirtió en Superman. Superman nació Superman. Cuando Superman se levanta por la mañana, él es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Su traje con la gran <em>S</em> roja es la manta que le envolvía siendo un bebé cuando los Kent lo encontraron. Esa es su ropa. Lo que lleva Kent —las gafas, el traje de negocios— es el disfraz. Es el disfraz que Superman lleva para integrarse entre nosotros. Clark Kent es tal como Superman nos ve a nosotros. ¿Y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, es inseguro, es un cobarde. Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana». Tarantino, muy proclive a las conversaciones erráticas y sincopadas, establece un profundo análisis alrededor del universo de los superhéroes y demuestra poseer un gran dominio para el análisis de la cultura popular: Superman, el superhéroe por excelencia, el mismo que usa los calzones sobre los pantalones, es elevado a la categoría de Personaje-Concepto —no solo es capaz de salvar al mundo varias veces al día antes de la hora de la comida, sino también de ser su más acérrimo crítico e íntimo enemigo.</p>
<h3>PASO DOS: MACGUFFINS</h3>
<p><em>Pulp fiction</em> es un film que presenta una de las mejores ofertas de MacGuffins en la historia del cine. (Para quienes no saben qué es un MacGuffin, me permito hacer un paréntesis recordando la mítica entrevista que François Truffaut le hizo a Alfred Hitchcock. Truffaut dice: «El MacGuffin es el pretexto, ¿no?», Hitchcock responde: «Es un rodeo, un truco, una complicidad, lo que se llama un <em>gimmick</em>. Es algo vacío. No necesita ser serio, sino que, además, es mejor que sea algo irrisorio».)</p>
<p>Y lo irrisorio tiene muchas representaciones según Tarantino: (1) el maletín que con inusual torpeza recuperan Vincent Vega y Jules Winnfield en más de una ocasión —y previa iluminación bíblica; (2) el reloj de bolsillo que Butch recibe como único legado de su padre muerto en la guerra, gracias al empeño anal del Capitán Koons; y (3) la caja con café y donas que carga Marsellus Wallace cuando se topa con Butch a mitad de la calle.</p>
<h3>PASO TRES: NO POLICE</h3>
<p>La absoluta ausencia de policías, en todas las masacres escenificadas a lo largo y ancho de su obra fílmica, le permite a Tarantino presentar un mundo sin más justicia que la poética. (Nota: <em>Reservoir dogs</em> está plagado de policías desde el principio —Mr. Orange es un policía encubierto—, pero en mi defensa diré que la policía siempre está vestida de delincuente y, cuando llega a capturar a los malos, lo hace en voice-over; es decir, en realidad nunca la vemos.)</p>
<h3>PASO CUATRO: SANGRE</h3>
<p>La estilización máxima de la sangre y la violencia en los filmes de Tarantino puede parecerse más —según el ojo conservador— a la primera plana del <em>¡Alarma!</em> que a los ríos de sangre en <em>El resplandor</em>. Pero Tarantino no está más que ejecutando la premisa «No es sangre, es rojo» (<em>Ce n’est pas du sang, mais du roug</em>) de ese Godard que tanto admira. Incluso la lleva a otro nivel cuando Beatrix Kiddo pelea con los Crazy 88 y la segunda parte de la secuencia va del color al blanco y negro. El rojo, que antes era sangre, ahora es pura composición en elaboradas coreografías de lucha.</p>
<h3>PASO CINCO: RESURRECCIÓN</h3>
<p>En este punto, la consistencia del método nos cuenta un chiste aun más espléndido: ningún personaje tarantinesco parece estar en condiciones de aparecer en cualquier historia, pero sí están en todas esas historias como resurrectos. <em>Reservoir Dogs</em>: Laurence Tierney, <em>Pulp fiction</em>: John Travolta, <em>Jackie Brown</em>: Pam Grier, <em>Kill Bill</em>: David Carradine, <em>Death Proof</em>: Kurt Rusell, <em>Bastardos sin gloria</em>: Brad Pitt, <em>Django sin cadenas</em>: Don Johnson. Todas, estrellas en <em>fade out</em> que recibieron una segunda oportunidad para regresar a la vida (actoral).</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<p>El método Tarantino añade al sustraer: elimina un superhéroe (Superman) y arroja un extraterrestre cínico a un mundo confundido; cambia los motivos profundos de sus personajes y añade los mejores pretextos (MacGuffins) para la carnicería; resta la sangre de la última colecta de la Cruz Roja y suma todo el rojo que jamás pudo imaginar Rothko en una composición a blanco y negro; detrae las fuerzas del orden y agrega la justicia explícita; aparta prejuicios de glorias pasadas y retorna viejos rostros con nuevas expresiones; sustrae la melancolía de nuestro mundo y nos añade otra realidad, en donde todas nuestras preocupaciones se resuelven con el filo de la katana de Hattori Hanzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</em></address>
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		<title>Tener un cine club —entrevista a Gabriel Hörner</title>
		<link>http://sadabombon.com/cine-club/</link>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 00:04:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Sánchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

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		<description><![CDATA[Este año, el Cine Club del Museo de la Ciudad de Querétaro cumple 20 años. A propósito del aniversario, entrevistamos a Gabriel Hörner, director del museo y principal impulsor del proyecto desde 1994. Podríamos decir que el Cine Club es Gabriel: él ha sido el motor de la idea, ha puesto infinidad de veces el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Este año, el Cine Club del Museo de la Ciudad de Querétaro cumple 20 años. A propósito del aniversario, entrevistamos a Gabriel Hörner, director del museo y principal impulsor del proyecto desde 1994. Podríamos decir que el Cine Club es Gabriel: él ha sido el motor de la idea, ha puesto infinidad de veces el proyector, los DVDs, las relaciones con cinetecas y mucho más para proyectar cientos de películas que de otra manera no hubiéramos podido ver en Querétaro.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Con qué película comenzó el Cine Club del Museo de la Ciudad?</em></span></p>
<p>La primera proyección fue en el auditorio del Museo Regional, el 2 de febrero de 1994, una copia en 16 milímetros de <em>Las noches de Cabiria</em> de Fellini. Llegaron poco más de 400 espectadores.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cuál era el panorama cinéfilo de Querétaro en 1994? ¿Cómo ha cambiado?</em></span></p>
<p>Ha cambiado mucho. Justamente en 1994 se privatizaron los cines de COTSA —la compañía estatal que manejaba casi todos los cines del país— y eso aceleró su decadencia: casi todos acabaron en cines porno. En Querétaro quedaban cuatro cines de COTSA en el centro y había tres Cinemas Gemelos de la Organización Ramírez (que luego se convirtió en Cinépolis). Incluso como cartelera comercial, el panorama era muy pobre. El único refugio del cinéfilo en esa época eran los video clubs, que para entonces ya no tenían un catálogo tan amplio como cuando empezaron, a mediados de los ochentas. Ahora es muy diferente, por un lado cada vez hay más pantallas comerciales y por otro puedes acceder a casi cualquier película desde tu computadora.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cuál es la diferencia entre el «buen» y el «mal» cine? ¿Qué películas definitivamente no se proyectarían en el Cine Club?</em></span></p>
<p>El propósito del Cine Club es ofrecer al público otras opciones a la cartelera comercial y promover películas con valor artístico o histórico o con algún otro tipo de interés. Me resultaría muy difícil establecer una diferencia entre el «buen» y el «mal» cine a la hora de programar. En términos estrictamente históricos toda película es importante, aunque sólo sea por el hecho de que retrata su época de una u otra forma —esa es un poco la idea detrás de las cinematecas y los archivos fílmicos. No se me ocurre qué películas definitivamente no programaría; si algún título «malo», digamos, fuera relevante al tema de un ciclo, no dudaría en ponerlo; o incluso un ciclo completo programado con criterios distintos a la calidad. Hace unos años programé un ciclo de comedias de los ochenta y, un poco para que no pensaran mal de mí, le puse «Cine de horror de los ochenta». Eran bastante malas casi todas, pero el valor nostálgico era muy alto. Fue un ciclo muy exitoso. Podría decir que no programaría películas aburridas, pero ese también sería un buen ciclo: «Las películas más aburridas de la historia» (y ahí lo divertido sería poner títulos muy prestigiosos).</p>
<p>Otro factor es que no nos dirigimos a un público homogéneo sino a públicos muy diferentes. Desde hace un tiempo, procuro que el cine club tenga otros programadores para atender esta diversidad y ofrecer un servicio más amplio. Los lunes por la tarde, «Otro Cine Querétaro» programa películas de carácter social y político, y por la noche Manuel Oropeza ofrece un programa extraordinario de ópera en video. Los martes ponemos la programación, digamos, <em>oficial</em>, que en su mayoría es cine de autor. Los miércoles son para el «Freak Show», un grupo de jóvenes interesados en el cine de culto. Y también están los ciclos que se programan en el Cine-Teatro Rosalío Solano y otros que solicitan escuelas o instituciones.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cuál ha sido el ciclo más exitoso?</em></span></p>
<p>Hemos tenido bastantes, veinte años son muchos años. Recuerdo uno de cine de horror extremo que tuvimos que mover a una sala más grande porque el público ya no cabía. La última película del ciclo era <em>Ichi, el asesino</em> en función de medianoche; había personas sentadas hasta en el suelo. Otro que funcionó muy bien era de clásicos excéntricos del cine norteamericano, que iban desde <em>La emperatriz escarlata</em> hasta <em>Miedo y asco en Las Vegas</em>, pasando por <em>Pink Flamingos</em> y <em>Eraserhead</em>.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cuántas películas se han proyectado sin absolutamente nadie en la audiencia?</em></span></p>
<p>Tiene que llegar por lo menos una persona para que se proyecte la película; no recuerdo ni una sola función cancelada porque no llegó nadie. Uno o dos por lo menos sí llegan. A veces se suspende la función porque se van todos antes de que se acabe, eso sí. Me gusta cuando programo cosas que exigen mucho del espectador, en tiempo o complejidad. Hemos hecho varios maratones; el primero fue una función continua de <em>Berlin Alexanderplatz</em>, la serie de televisión de Fassbinder de 15 densas horas de duración. La proyectamos en el auditorio de Bellas Artes en una copia en 16 milímetros. Al principio estaba llena la sala, al final quedaban como veinticinco personas. En ese tiempo todavía había prostitutas en la Plaza Constitución, y como regalábamos café y empanadas, en los intermedios se juntaban en el vestíbulo y entraban a ver a las prostitutas alemanas de la República de Weimar&#8230; fue muy especial.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Tiene el Cine Club alguna pretensión social; crecer la audiencia, motivar ciertas conversaciones, reunir distintos grupos de personas?</em></span></p>
<p>Siempre ha cumplido una función social importante: el Cine Club amplía horizontes, crea conciencia, crea comunidad. Durante muchos años estuvimos exhibiendo películas y series de televisión en la cárcel de San José el Alto con frecuencia semanal. Les mandábamos cuestionarios encaminados a que reflexionaran sobre sus vidas a partir de la selección de películas que hacíamos. Nos daban una libertad increíble, podíamos programar lo que quisiéramos. (Fue la época en que producían musicales adentro.)Ahora me gustaría trabajar en asilos de ancianos: aunque tienen televisiones y reproductores de DVD, es difícil que accedan a las películas que vieron en su juventud; creo que eso podría darles mucho placer.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>Recomiéndanos un ciclo de películas infalible.</em></span></p>
<p>Lo que sea de Alfred Hitchcock. Godard dijo alguna vez que las películas que Hitchcock realizó para Universal Pictures eran tan importantes en la historia de la civilización como la Capilla Sixtina, con la diferencia de que aquéllas habían sido vistas por decenas de millones de personas y ésta por un número mucho más reducido. Es algo infalible, Hitchcock siempre te llenará la sala y no estás haciendo ninguna concesión. La última vez que lo programé llegó un público muy joven a verlo. Cuando pasamos <em>Psicosis</em>, no tenían ni idea de que asesinaban a la protagonista a los quince minutos de empezada la película. Fue muy emocionante ver su desconcierto y envidiarlos. ¿Qué no daríamos por recuperar esa sorpresa? Billy Wilder también es infalible pero el público novel no lo ubica tanto como a Hitchcock.<br />
&nbsp;<br />
<span style="color: #008080;"><em>¿Cuál ha sido tu motivación a lo largo de estos años?</em></span></p>
<p>Cuando era niño, y a pesar de que en mi casa se iba mucho al cine, siempre quería ver más películas pero el principal obstáculo era el costo de las entradas. Para el niño que fui, una función de cine gratis era la dicha absoluta; a lo mejor por eso me he pasado la vida organizando funciones gratuitas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
<p></em></p>
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		<title>Cine para sentir</title>
		<link>http://sadabombon.com/cine-para-sentir/</link>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2014 22:42:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Francisco Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Prefiero que la gente sienta una película antes que entenderla. ~Robert Bresson &#160; Una fuerte influencia que proviene de Hollywood —y la mayoría del cine de todo el mundo— tiene al espectador promedio demasiado acostumbrado a la estructura narrativa lineal, la rápida edición, el lenguaje fácilmente digerible y la evolución constante e ilimitada de los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Prefiero que la gente sienta una película antes que entenderla.</p>
<p>~Robert Bresson</p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
Una fuerte influencia que proviene de Hollywood —y  la mayoría del cine de todo el mundo— tiene al espectador promedio demasiado acostumbrado a la estructura narrativa lineal, la rápida edición, el lenguaje fácilmente digerible y la evolución  constante e ilimitada de los efectos (cada vez más y más) especiales.</p>
<p>La manera en que consumimos películas también evoluciona. Las vemos a través de todos los medios electrónicos a nuestro alcance y, por eso, encontramos cine prácticamente a cualquier hora y en cualquier lugar. Esto nos lleva a otro fenómeno: la volatilidad de las imágenes; ver cine para matar tiempo en lugar de apartar tiempo para ver cine.</p>
<p>El ritual de asistir a una sala de cine prevalece, y seguramente perdurará muchos años más. Sigue siendo la mejor forma de disfrutar al máximo una película, sea buena o mala. El público sigue pagando por disfrutar el gran formato, los vanguardistas sistemas de audio, la sorprendente calidad de las proyecciones (alguna vez leí en un blog que cada vez están más cerca de reinventar el teatro).</p>
<p>Pero, ¿y los contenidos o la retención de los mismos? Para eso la edición es fundamental. Hace 50 años el corte final de las películas de Hollywood se montaba con un promedio total de 500 tomas, cada una con una duración promedio de 10 segundos. Hoy existe una gran cantidad de películas construidas por más de 4000 tomas, cada una con una duración de menos de 2 segundos —y la velocidad sigue aumentando.</p>
<p>Luego está el abuso de los recursos espectaculares que terminan minimizándose a sí mismos: tantas grúas, tomas aéreas y cámaras en movimiento convierten a las imágenes en algo habitual y normal. La consecuencia: el espectador ya no se sorprende fácilmente, no tiene tiempo de reflexionar, de evaluar, de realmente adentrarse en los personajes, en las situaciones, en los lugares; no tiene tiempo de gozar. Es como conducir un automóvil a una velocidad cada vez más alta y solamente estar concentrado en ir más y más rápido, cuando tal vez lo divertido sería disfrutar el paisaje durante el recorrido. Lo contemplativo y orgánico está a la baja mientras que la velocidad y lo sintético a la alta. </p>
<p>Una película promedio de Hollywood es como una relación fugaz, una noche de fiesta con acostón incluido donde, al día siguiente, la pareja se acuerda de poco o de algunos pasajes medio borrosos. Prevalece la sensación de que tal vez se la pasaron bien pero sin recordar exactamente qué sucedió, ni en dónde, ni cómo. Las películas de Stanley Kubrick, Terrence Malick o Bernardo Bertolucci son lo opuesto: una larga y duradera relación sentimental, donde se disfruta de un cortejo, un tiempo a solas, y los silencios que pueden ser reflexivos. Son películas pensadas, planeadas y producidas para audiencias sin prisas, con tiempo y, sobre todo, con ganas de disfrutar, de sentir.</p>
<p>Existe mucho cine para sentir pero nunca ha sido el más popular. Muchas veces es criticado por incomprensible, porque no le ofrece al público ni la espectacularidad ni la fácil digestión a la que está habituado.</p>
<p>Para sentir está —a parte de las cintas de Malick y Kubrick— lo de Nicolás Winding, Paolo Sorrentino o lo que hacen los mexicanos Amat Escalante y Carlos Reygadas; directores que  provocan sensaciones profundas con sus películas, ese mismo tipo de películas que, si ponemos atención, pasaremos días, semanas y años recordándolas, analizándolas y reflexionando sus contenidos.</p>
<p><em>El árbol de la vida</em>, esa maravillosa película de Malick (y que, cabe mencionar, fue fotografiada por el mexicano Emmanuel Lubezki), se estrenó en Cannes el 2011. La película recibió la Palma de Oro, el máximo galardón del festival, junto con otros múltiples reconocimientos y nominaciones al Óscar. Digno de análisis: cuando la proyección estaba a punto de terminar en Cannes, algunos sectores del público comenzaron a abuchear en el interior de la sala. ¿Será que ya no sabemos, no podemos o no tenemos tiempo de contemplar, de sentir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
<p></em></p>
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		<title>El CutOut Fest 2014, un vistazo al Festival Internacional de Arte y Animación Digital en Querétaro</title>
		<link>http://sadabombon.com/el-cutout-fest-2014/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 13:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Diseño]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>
		<category><![CDATA[Eventos y festivales]]></category>

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		<description><![CDATA[Al CutOut Fest lo conocimos en el 2009, cuando Steve Jobs presentaba el iPhone 3GS, la Academia premiaba a Up como Mejor Película de Animación y a un amigo le dijeron: «Qué bueno que eres animador, ellos siempre se la pasan muy bien en los hoteles» cuando sus tías supieron que estudiaba LAD. En una [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al CutOut Fest lo conocimos en el 2009, cuando Steve Jobs presentaba el iPhone 3GS, la Academia premiaba a <em>Up</em> como Mejor Película de Animación y a un amigo le dijeron: «Qué bueno que eres animador, ellos siempre se la pasan muy bien en los hoteles» cuando sus tías supieron que estudiaba LAD. En una época donde la animación era más o menos un misterio, Querétaro celebró la primera fiesta del arte digital en México. Desde entonces nos la pasamos bomba entre tantas proyecciones y cervezas.</p>
<p>Sobra decirlo pero ahí va: la sexta edición promete mucho para este otoño. A continuación examinamos al CutOut Fest de adentro hacia afuera: uno de sus más asiduos colaboradores escribe sobre la experiencia desde el interior y rematamos con los imprescindibles del programa 2014.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Yo y el CutOut Fest —por Mariela Patiño</h3>
<p>No sé si fue coincidencia o todo estuvo planeado, pero justo me encontraba en clase de animación, por ahí del 2008, cuando un extraño entró al salón. No mostré mucho interés hasta que uno de mis compañeros me interrumpió y dijo: «Se ve que ese cuate es igual de rarito que tú». Levanté la mirada y vi a un chico alto de lentes que vestía camisa a cuadros. Era Ulises Santamaría, el director de Medios de un nuevo festival de animación llamado CutOut Fest. Andaba buscando estudiantes que cubrieran el evento.</p>
<p>Lejos de la animación, pues aún sabía muy poco al respecto, el CutOut Fest me atrapó porque sonaba diferente, lejos de los eventos que se producían en la ciudad y más cerca de las propuestas del D.F. Aunque la web solo tenía unos cuantos archivos en PDF sobre el festival (como la convocatoria para voluntarios y los artistas que serían parte del programa), todo el proyecto tenía una imagen poderosa que rescataba al View-Master para construir el concepto de «nuevas formas de ver».</p>
<p>Según recuerdo, las actividades que podías realizar como voluntario del área de Comunicación eran fotografía, detrás de cámaras, vox populi y entrevistas. Como no tenía tanta experiencia con el manejo de la cámara y mis aptitudes sociales —como bien dijo mi compañero, a veces era «rara»—, elegí encargarme de las entrevistas.</p>
<p>Las primeras reuniones del equipo de Medios ocurrieron mientras yo servía café en un restaurante. Preparé los guiones de las entrevistas que me tocaban cubrir y empecé a sentir que podía hacer un buen trabajo. Luego llegó el primer día del festival y fui devorada por un hoyo negro que me arrojó a una dimensión desconocida, un mar de extraños de distintas partes de México y el mundo, yendo y viniendo en todas direcciones, hablando en múltiples idiomas y acentos sobre temas tan ajenos a mí.</p>
<p>Por lo menos durante algunos minutos logré alejarme del caos y encontré refugio en la sala de proyecciones del Cine-Teatro Rosalío Solano, hasta que las luces se apagaron y en la pantalla surgió una ráfaga de colores, texturas, personajes y sonidos que me transportaron a un mundo ácido que deseé jamás abandonar. Luego de varias horas de autosometerme a una especie de método Ludovico, me di cuenta de todo el trabajo que requería una animación, las horas invertidas, el desarrollo de ideas y la magnitud creativa. Estaba rodeada de talento y había descubierto que el CutOut Fest no era ese pequeño evento con cortos «bonitos» que yo imaginé, sino un gran monstruo lanzando bombas de creatividad e innovación sobre los edificios barrocos de Querétaro. Entonces dudé de mi guión de preguntas y pensé en huir, pero cuando salí del trance las luces de una cámara me apuntaban, y Lorenzo Fonda, un reconocido director de animación y arte digital, se encontraba a mi lado. Reuní el poco valor que me quedaba, el camarógrafo me dio la señal comencé a entrevistarlo. Lorenzo y el equipo del festival lo negaron, pero estoy segura de que fue una de las peores entrevistas que habían visto. Aún así, me hicieron sentir feliz y confiada de haberlo intentado, Lorenzo hasta hizo un pequeño dibujo sobre la hoja en donde estaba impreso el guión que había preparado.</p>
<p>Después de tres intensos días en los que puse a prueba mis capacidades humanas y profesionales, el festival terminó. Mis emociones estaban deshechas, mis sentidos trastornados y en la ciudad ya no se respiraba el mismo aire. Observé a mi alrededor y sentí la felicidad de vivir ese momento, rodeada de nuevos amigos mientras bailaba al ritmo de las luces. Entonces pensé que estar ahí era como estar dentro del View-Master y que todos éramos como un engranaje que, en conjunto, era capaz de cambiar la imagen para ir hacia otra realidad; como un visor filtrando nuestra panorama con stop motion, ilustraciones y secuencias digitales. </p>
<p>Lejos de ser un festival de animación y arte digital, el CutOut Fest es una celebración a la creatividad y las nuevas propuestas, un lugar donde uno tiene la oportunidad de aprender, conectar con gente nueva, compartir una cerveza con algunos de sus ídolos y descubrir su propio talento —o al menos sentarse en una butaca y descubrir lo que significa el arte digital. </p>
<p>Hace seis años me enamoré del festival y desde entonces es uno de esos romances adictivos que simplemente no puedo dejar. Cada vez que intento escapar me sorprende y envuelve con algo nuevo. Es una experiencia que le dio luz a mi carrera profesional y, de paso, me enseñó a pensar y sentir con la imaginación.<br />
&nbsp;<br />
<h3>El line-up 2014</h3>
<p>Si algo define al CutOut Fest es su multiplicidad. En un lapso de tres horas puede haber una proyección especial de cortometrajes en el Cine-Teatro Rosalío Solano, dos conferencias magistrales y una instalación artística en alguna plaza del centro histórico. Además de las fiestas y la selección oficial, he aquí los invitados imprescindibles de este año:</p>
<ol>
<li><span style="color: #ff0000;">Gary Baseman </span>(<a href="http://garybaseman.com/" target="_blank">garybaseman.com</a>). Un peso pesado del pop surrealista contemporáneo. Su trabajo se expande más allá de la ilustración: art toys, juegos de mesa, colaboraciones con marcas de lujo y hasta una serie animada de Disney (<em>Teacher’s Pet</em>).</li>
<li><span style="color: #ff0000;">GMUNK</span> (<a href="http://gmunk.com/" target="_blank">gmunk.com</a>). GMUNK se dedica a los motion graphics (animaciones digitales con efectos gráficos multimedia). Han hecho comerciales, intros y secuencias para clientes como FOX, HBO, SONY, Adidas, Nickelodeon, Marlboro y las películas de <em>TRON</em> y <em>Terminator 3</em>.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Pixar</span> (<a href="http://www.pixar.com/" target="_blank">pixar.com</a>). Para el mundo de la animación, Pixar es como el Vaticano de los católicos. Con 27 premios Óscar, este año el estudio californiano impartirá una conferencia magistral sobre sus proyectos animados como <em>Buscando a Nemo, Monster Inc., Toy Story, WALL-E</em> y <em>Cars</em>.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">COCOLAB</span> (<a href="http://cocolab.mx/" target="_blank">cocolab.mx</a>). Una red mexicana de colaboradores especializados en ambientes inmersivos, espectáculos e instalaciones interactivas. Entre sus proyectos destaca el mapping sobre monumentos de Puebla y la colaboración con Pedro Reyes para su exposición <em>DISARM</em>.</li>
<li><span style="color: #ff0000;"> Las proyecciones especiales.</span> Como es costumbre, el CutOut Fest trae tres funciones imperdibles: la cinta brasileña <em>The Boy and the World</em>, la producción en stop motion de <em>O Apóstolo</em> y el <em>Biophilia Live</em> de Björk con la experiencia multisensorial de su último tour.</li>
</ol>
<p>&nbsp;<br />
<h3>¿Qué hacer en Querétaro?</h3>
<p>El CutOut Fest es un festival urbano, disperso en los museos, galerías, cines y teatros de Querétaro. Lo que más disfrutamos en cada una de sus ediciones es la forma en que la pantalla se traspasa a la ciudad: podemos estar observando a un artista intervenir un muro del centro o tomar un mezcal con alguno de los ponentes entre estrenos y proyecciones. El festival también es un pretexto para revisitar la ciudad y sus atractivos culturales: asistir a la inauguración de otras exposiciones en el Museo de la Ciudad, encontrarse con la temporada otoñal de la Galería Libertad, tomarse unas cervezas de la fábrica El Hércules, zapatear un rato en Gracias a Dios, disfrutar de una cena en 5DMAYO o hasta volver a ser turista en el patio de San Agustín. Por algunos días de noviembre, la ciudad se anima de más.<br />
&nbsp;<br />
<h3>¿Cuándo?</h3>
<p>La sexta edición del festival se celebrará del 13 al 16 de noviembre en la ciudad de Querétaro. Para más información sobre el programa, las sedes y las fiestas, entra a <a href="http://www.cutoutfest.com/" target="_blank">cutoutfest.com</a>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>El cine: lecturas cinematográficas</title>
		<link>http://sadabombon.com/el-cine/</link>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 23:35:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Como cada año, la edición otoñal se deshoja en dos: la revista tradicional y un suplemento literario que esta vez trató sobre el cine. La versión impresa de este suplemento la puedes ver aquí. Francis Ford Coppola dijo alguna vez: «Las primeras personas que hicieron cine fueron los magos». Quizá no en el sentido místico [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><span style="color: #c0c0c0;"><em>Como cada año, la edición otoñal se deshoja en dos: la revista tradicional y un suplemento literario que esta vez trató sobre el cine. La versión impresa de este suplemento la puedes ver <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s8"><span style="color: #c0c0c0;">aquí</span></a>.</em></span></address>
<p><span style="line-height: 1.5em;"><br />
Francis Ford Coppola dijo alguna vez: «Las primeras personas que hicieron cine fueron los magos». Quizá no en el sentido místico de la hechicería sino en la maravilla de la producción: escenas, secuencias, diálogos, planos, actuaciones, filtros y luces recorriendo las pupilas del espectador. El asombro como entretenimiento.</span></p>
<p>El cine es un rollo de celuloide, un disparo de fotogramas. Pero su verdadera esencia no está en la sala de proyección o la penumbra de la matiné, sino en los ojos absortos en los destellos de la pantalla. Como todo espectáculo, el cine se completa en la función. La magia cinematográfica sucede cuando perdemos la noción de estar sentados en la butaca.</p>
<p>Lo mismo sucede con este suplemento: una recopilación de palabras que construyen escenas y emociones. Basta con leer el título de una película y comenzar a recordar diálogos memorables, planos cerrados descomunales y tramas revisitables.</p>
<p>«¿El cine es más importante que la vida?», preguntó François Truffaut. Extendiendo la pregunta, los siguientes textos contemplan al cine que se expande en nuestras vidas —o la vida que se entromete en la pantalla. Como la mirada de Mia Farrow en los últimos minutos de <em>La rosa púrpura del Cairo</em>.</p>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cine-vacio/">El cine vacío</a></em>, por Eduardo de la Garma.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cine-club/">Tener un cine club —entrevista a Gabriel Hörner</a></em>, por Mauricio Sánchez.<a href="http://sadabombon.com/cine-club/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cine-para-sentir/">Cine para sentir</a></em>, por Francisco Bernal.<a href="http://sadabombon.com/cine-para-sentir/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/a-ciegas/">A ciegas</a></em>, por Jacobo Zanella.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href=" http://sadabombon.com/cine-territorio/">El cine y el territorio</a></em>, por Paulina Macías.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/shakespeare/">Shakespeare en la pantalla</a></em>, por Giacomo d&#8217;Alelio.</li>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cinefilia/">Cinefilia</a></em>, por Cristina Bringas.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cinco-escenas/">Cinco escenas</a></em>, por Luis Bernal.<a href="http://sadabombon.com/cinco-escenas/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/grandes-actores/">Los grandes actores</a></em>, por Juventino M.<a href="http://sadabombon.com/grandes-actores/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><a href="http://sadabombon.com/el-metodo-tarantino"><em>El método Tarantino (para acabar con el mundo real en cinco simples pasos)</em></a>, de César García.<a href="http://sadabombon.com/el-metodo-tarantino-para-acabar-con-el-mundo-real-en-cinco-simples-pasos/"><br />
</a></li>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/asesor-o-rasuradora/">Asesor o rasuradora eléctrica, no importa, todo está conectado</a></em>, de Pancho Westendarp.<a href="http://sadabombon.com/asesor-o-rasuradora/"><br />
</a></li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h3>LA CINETECA PERSONAL</h3>
<p>Con tantos años de boletos, funciones y dvds, nuestra memoria es una estantería intangible de diálogos y fotogramas, a prueba de incendios y cambios de formato. Hay películas que se estancan en la mente, las almacenamos y rebobinamos una y otra vez. A continuación nuestros colaboradores seleccionan algunos esenciales del cine, como un ciclo de clásicos individuales.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Fargo</em> de Joel y Ethan Cohen</span><br />
Un secuestro express planificado en un pueblo nevado de Dakota del Norte, la ineptitud de un par de criminales y el irrisorio Steve Buscemi; una clásica comedia negra de los hermanos Cohen.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>La zona</em> de Andréi Tarkovski</span><br />
El Profesor y el Escritor son guiados por un tercero a «la zona», un misterioso lugar capaz de conceder deseos a los desesperados. Ciencia ficción intercalada con imagenes poéticas y diálogos filosóficos.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Los amantes del círculo polar</em> de Julio Medem</span><br />
Una película sobre el amor, las casualidades, el destino y los círculos de la vida contado a través de Ana, Otto, el círculo polar, el sol de medianoche y las metáforas visuales del director vasco.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>2001: Odisea del espacio</em> de Stanley Kubrick</span><br />
Un equipo de astronautas investiga el origen de un extraño monolito en la Luna. Todo un ensayo sobre la evolución humana, la tecnología, la inteligencia artificial y la vida extraterrestre, con épicas secuencias interespaciales.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Barry Lyndon</em> de Stanley Kubrick</span><br />
Otra de Kubrick (y la favorita de Martin Scorsese). <em>Barry Lyndon</em> es una especie de clase magistral sobre la luz y la fotografía a través de una historia situada en la Europa del siglo XVIII.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Dogville</em> de Lars Von Trier</span><br />
Un pequeño pueblo en Colorado durante la Gran Depresión se convierte en el escenario de una tragedia alrededor de la moral, la humildad y la naturaleza humana en «la tierra de las oportunidades».</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Pina</em> de Wim Wenders</span><br />
Entre documental y homenaje, Wim Wenders intercala cuatro danzas contemporáneas de Pina Bausch con entrevistas sobre su legado como artista. Todo un elogio cinematográfico al cuerpo en movimiento.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>El cisne negro</em> de Darren Aronofsky</span><br />
Entre la locura y la realidad, Nina busca perfeccionar su papel protagónico rumbo al estreno de <em>El lago de los cisnes</em>. Un thriller psicológico sobre el <em>doppelgänger</em>, la perfección y la disciplina corporal del ballet.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Le Samouraï</em> de Jean-Pierre Melville</span><br />
Jef Costello es un asesino a sueldo solitario y existencialista, envuelto en un drama de crimen y suspenso con un trabajo estético exacto y múltiple. Todo un clásico del cine noir europeo.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Luz silenciosa</em> de Carlos Reygadas</span><br />
Johan, un hombre de familia en una pequeña comunidad menonita de Chihuahua, mantiene un amorío con otra mujer, transgrediendo las leyes de su religión. Puro Reygadas: planos largos, ritmos pausados y actores «reales».</p>
<hr />
<p>¿Más cine? Amplía tu colección fílmica con Woody Allen, Alfred Hitchcock, David Cronenberg, Wes Anderson, Steve McQueen, Martin Scorsese, Danny Boyle, Gus Van Sant, Rainer Werner Fassbinder, Charlie Kaufman, Éric Rohmer y la lista sigue.</p>
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		<title>Cinefilia</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 18:54:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cristina Bringas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi vida nunca ha sido una película, pero desde que tengo uso de razón han circulado en mi familia títulos de historias fantásticas como Rapsodia, Algo para recordar o La princesa que quería vivir. Todos clásicos románticos, con las más grandes estrellas de cine de todos los tiempos. Mis tías y mi mamá crecieron en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mi vida nunca ha sido una película, pero desde que tengo uso de razón han circulado en mi familia títulos de historias fantásticas como <em>Rapsodia</em>, <em>Algo para recordar</em> o <em>La princesa que quería vivir</em>. Todos clásicos románticos, con las más grandes estrellas de cine de todos los tiempos.</p>
<p>Mis tías y mi mamá crecieron en Querétaro, que tenía en su momento un par de salas de cine con horarios continuos de programación. Para ellas, acudir a las funciones era un entretenimiento que no se despreciaba nunca: podían gozar del cine gratuito gracias a un beneficio que tenían los trabajadores de ferrocarriles mexicanos y que mi abuelo y su familia disfrutaban. Se pasaban los días enteros en la permanencia voluntaria, viendo película tras película, sin importar la clasificación, el género o el idioma. (Es más, una de mis tías, aprendió a hablar inglés viendo películas en el cine.) Esa sed de filmes fue tan explotada en la familia que desarrolló un gusto por el cine tan profundo y no sólo como entretenimiento. Se convirtió en una actividad compartida y plática obligada en la sobremesa. Mi mamá y sus hermanas desarrollaron en su momento —porque ahora es diferente— una cinefilia natural, justo en el período cuando los clásicos aún no eran clásicos sino la única opción de diversión a mediados del siglo XX. También vivieron la plenitud y apogeo del cine de oro mexicano y se regocijaban con los estrenos multitudinarios que se convertían en el evento social más importante de la ciudad.</p>
<p>Todos sus hijos crecimos escuchando las historias del Cine Plaza o del Teatro de la Ciudad, de cuando mi mamá fue levantada por la multitud en el estreno de <em>Marcelino, pan y vino</em> o aquella ocasión en que las vecinas de mi abuela la cuestionaban porque permitía que sus hijas vieran una película clasificación Z como <em>Por siempre Ámbar</em>, en donde una mujerzuela trataba de robarle el marido a una señorita decente</p>
<p>Como no queriendo, ese fervor cinematográfico se heredó y —sin darnos cuenta— permeó hasta nuestra generación, una nueva camada de cinéfilos que presenciamos cambios trascendentales como la clausura de los cines del centro de la ciudad (el Reforma, el Plaza, el Premiere 70 o hasta los Alameda), la llegada del video BETA, el VHS, el DVD y el Blu-ray, pasando por la televisión por cable, el PPV, los Multicinemas y el <em>streaming</em>.</p>
<p>No obstante, todas estas posibilidades tecnológicas sólo han permitido dos cosas: (1) que tengamos al alcance muchos más títulos de películas de los que podríamos imaginar ver —¡vaya! más opciones que en el Videocentro— y (2) recordarnos que aún nos sigue encantando ir a una oscura sala de cine a desconectarnos del mundo por un par de horas.</p>
<p>Pero formar parte de una familia de cinéfilos genéticos no nos convierte a todos en apasionados del cine, ni en hipsters, estudiosos de la materia o puristas de la <em>alta</em> cinematografía. Al contrario, nos hace aún más humanos y nos recuerda la diversidad de nuestras personalidades; porque así como mi prima no puede vivir sin ir al cine una o dos veces por semana a ver los estrenos del momento —y comprar películas con el mismo fervor que hay memes en Facebook—, yo, por ejemplo, trato de ver veinte películas al mes y me receto churros contemporáneos, cine mexicano, documentales, palomeras; prácticamente, veo la cartelera completa sin discernir o despreciar el género, país, año o tema. Vemos mucho, pero observamos diferente y siempre desde lugares tan distintos.</p>
<p>Lo que heredamos no ha sido un gusto específico por un tipo de película. No. Nuestro patrimonio es poder disfrutar del acto cinematográfico de una forma tan única en la que hemos descubierto el impacto y la fuerza que tiene en nuestras vidas y el mundo entero. Hemos hallado una pausa ante la realidad, una válvula de escape, una posibilidad de reflexión, una proyección de nuestros propios problemas, un tema de conversación, una cita para el momento indicado, una anécdota vivida a través de la pantalla, una experiencia multisensorial, incluso unas buenas palomitas. Para nosotros, el cine es una cita perfecta, un martes por la noche, un montón de recuerdos, un pasatiempo y una colección; una forma de vida.</p>
<p>Dicen por ahí que —como en casi todo— un cinéfilo no nace, se hace; y no puede haber nada más cierto, la vida nos conduce por caminos. Sin embargo, en nuestro caso así nacimos; el celuloide corre por nuestro sistema nervioso y se convierte en pulsaciones, que se traducen en emociones y sentimientos ante el fenómeno óptico que sucede en ese cuarto oscuro con aroma a «cine nuevo».</p>
<p>Vamos por la vida dando recomendaciones a quien pregunta, leyendo libros de cine o revistas de chismes de los actores de Hollywood; vemos los premios de la Academia y estamos pendientes del simbólico cartel de la última edición del Festival de Cannes; hablamos, enseñamos y escribimos sobre cine porque, queremos compartirlo con tanto fervor, que buscamos la manera de enamorar al mundo entero con su magia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo es parte del suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>.</address>
<p></em></p>
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		<title>Asesor o rasuradora eléctrica, no importa, todo está conectado</title>
		<link>http://sadabombon.com/asesor-o-rasuradora/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/asesor-o-rasuradora/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 18:46:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Pancho Westendarp]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de trabajar cinco años en festivales de cine, me he dado cuenta de algo: el cine es efímero por naturaleza y, por desgracia, esa inmaterialidad ha hecho que buena parte de la industria a su alrededor sea tan carente de sustancia como las imágenes que produce. Tal vez me equivoque pero, de todas las [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Después de trabajar cinco años en festivales de cine, me he dado cuenta de algo: el cine es efímero por naturaleza y, por desgracia, esa inmaterialidad ha hecho que buena parte de la industria a su alrededor sea tan carente de sustancia como las imágenes que produce.</p>
<p>Tal vez me equivoque pero, de todas las personas que asisten a Cannes, más de la mitad jamás han pisado un set de filmación y, muy probablemente, nunca lo harán (yo mismo me incluiría en esta estadística si no fuera por algunos cortos en los que participé al terminar la universidad). Viendo las cosas con practicidad, la lógica del mercado impera como lo haría en cualquier otra industria: el que sobrevive y genera más con la menor cantidad de recursos, no es el que crea, produce, compra o vende, sino el que funge como intermediario; aquel que ayuda a unir los puntos y cobrar por ello, aquel cuyo principal capital es la agenda de contactos y su reputación.</p>
<p>A pesar de este mar de asesores, representantes, agentes, managers y cargos con nombres más sofisticados como «autoridad fílmica» o «liaison», puedo decir que la industria cinematográfica me ha regalado episodios en donde sus reglas se vuelven en contra de sí misma para generar momentos, oficios y, sobre todo, películas donde el arte existe por un breve instante sin <em>fees</em>, contratos o acuerdos. Tres ejemplos:<br />
&nbsp;<br />
<em>1. El proyeccionista de la Cineteca Nacional<br />
</em><br />
Lo que más me gusta de este personaje es que jamás lo conocí, solo he oído hablar de él. Quizás hay más de un proyeccionista en la Cineteca, pero para mí no es una persona sino un símbolo que representa a todos los proyeccionistas del mundo; o al menos el que todos deberían aspirar a ser. Según lo que me contaron, al recibir la copia de una película en 35 mm, este proyeccionista se dedicaba a estudiarla minuciosamente, revisando cuándo se salía de foco, en qué momento el volumen subía demasiado o la imagen se volvía oscura. Lo hacía de tal manera que tenía bien cronometrada la cinta y podía ir corrigiendo esos pequeños detalles durante la proyección. Aunque fuera prácticamente imperceptible, él editaba la película sobre la marcha, generaba el último corte y le hacía la mayor justicia posible a todas las cintas que pasaron por sus manos.<br />
&nbsp;<br />
<em>2. La Playa D.C.<br />
</em><br />
Esta película de Juan Andrés Arango retrata la vida de una pequeña comunidad afro-colombiana viviendo en un Bogotá donde los peinados de los personajes reflejan sus transformaciones y sirven de metáfora dentro de la trama. Mientras la historia avanza, el protagonista decide raparse por completo; y es que solo quien puede entender el potencial poético de una rasuradora eléctrica es capaz de iniciar una película con el siguiente diálogo: «Esta trenza es como un mapa, ella te lleva por buen camino, sin hacerte perder, te ataja de los peligros y te lleva a donde querés ir».<br />
&nbsp;<br />
<em>3. El topo<br />
</em><br />
Se trataba de una clase magistral con Jodorowsky en el Museo de Arte y Diseño de Nueva York, precedida por su famosa película <em>El topo</em>. Logramos ser de los pocos que obtuvieron un boleto junto con un selecto grupo de sus seguidores más devotos. Durante la proyección, escuché a gente rezar y llorar —o al menos eso creo que hacían. Al terminar la película, Jodorowsky subió al escenario; junto a él estaba La traductora, una mujer sin nombre que, esa noche, quedó marcada por su profesión. Jodorowsky empezó a hablar y ella a traducir, en algún momento él se desesperó con el tono tan políticamente correcto con el que lo traducían y la invitó a que se liberará, a que tuviera una voz propia y se alejara de lo correcto. Luego él le pidió que dejara de traducir cuando ella se equivocó mientras narraba el suicidio de su abuelo, pero ella insistió en seguir. Se hizo un silencio incómodo, Jodorowsky le dijo algo al oído, ella empezó a llorar, lo abrazó y se quedó parada junto a él. La gente aplaudió, un amigo aprovechó para levantarse y darle un regalo que traía desde Colombia (jamás me dijo qué era), Jodorowsky lo aceptó con gusto, se despidió de la audiencia y dijo: «Sólo soy un farsante».</p>
<p>De esto se trata la industria cinematográfica. Pelear con ella no tiene sentido. Es mejor entender que, si hay que ser un farsante, debemos saber crear una película en cinco minutos a partir de una tarjeta de presentación; si hay que ser un artista, hay que saber serlo hasta en la sala de proyección y, si hay que contar una historia, se debe poder hacer con todos los recursos posibles, como una serie de peinados afro-colombianos hechos con una navaja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo es parte del suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>.</address>
<p></em></p>
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