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	<title>Sada y el bombón &#187; Vida urbana</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>Fábrica de alimentos, sobre los caminos de producción: qué comemos y de dónde viene</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 13:00:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Salud. La mitad de las cosas que hacemos (o más) giran alrededor de esta palabra: hacer ejercicio, romperse las piernas en el CrossFit, ponerse a dieta, ir al yogalates, comer saludable. ¿Qué significa comer saludable? Hace diez años lo teníamos muy claro: menos chatarra y más frutas y verduras, menos grasas saturadas y más fibra. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Salud.</em> La mitad de las cosas que hacemos (o más) giran alrededor de esta palabra: hacer ejercicio, romperse las piernas en el CrossFit, ponerse a dieta, ir al yogalates, comer saludable. ¿Qué significa comer saludable? Hace diez años lo teníamos muy claro: menos chatarra y más frutas y verduras, menos grasas saturadas y más fibra. Si era verde y fresco, te lo comías; si eran Sabritas o Maruchans, volteabas la vista. El problema es que el Internet destapó algunas fechorías corporativas, los transgénicos aparecieron en el periódico, llegó lo orgánico —¿lo de antes no era? — y una bola de intensos de sofá comenzaron a leer listas del BuzzFeed como «20 cosas que hacen las personas realmente saludables». </p>
<p>Resulta que ya no basta con comer frutas y verduras, ahora hay que preguntarse de dónde vienen, si tienen hormonas, si las personas que trabajan en la empresa reciben un trabajo justo, si son nacionales o vienen de China. Entre la alarma y el misterio —¿realmente sabemos de dónde viene todo lo que comemos?—, a continuación indagamos un poco sobre los alimentos que nos rodean.<br />
&nbsp;<br />
<h3>¿Qué comemos?</h3>
<p>A mitad de la garnacha mañanera, entre el taco de chicharrón y la gordita de migaja, nos llega de zopetón una pregunta: ¿de dónde viene todo esto? La harina de maíz la rastreamos hasta la tortillería de la esquina (fácil), el chicharrón viene de La Cruz (que a su vez viene de una granjita en Ezequiel Montes), el queso quién sabe. Viendo lo demás que hay en la mesa: los chiles de esa salsa son chinos (dicen que los chiles serranos y jalapeños ahora se cultivan en tierras orientales y por eso pican más).</p>
<p>Preguntarnos de dónde viene lo que estamos comiendo es abrir una cajita de Pandora, eventualmente uno se pone ansioso y divaga: si el taco cuesta 10 pesos, entonces el queso a granel les debe salir como en 1 o 2 pesos por porción para que las cuentas salgan, lo mismo pasa con el resto de ingredientes. Encontrar el queso así de barato implica ventas al mayoreo, y todos sabemos que la producción masiva se trata de abaratar costos y ensanchar ganancias. Con la ropa nos queda bastante claro: compramos unos jeans bien modernos por 200 pesos y ya sabemos que no sobrevivirán al siguiente invierno. Algo así sucede con la comida: venden 1 kilo de queso a 60 pesos porque alguien logró reducir su costo de producción con vacas que misteriosamente dan leche de más, aminorar procesos de pasteurización (porque todo cuesta) y usar hormonas que multiplican la producción. La diferencia entre la ropa y la comida barata es que los jeans te los pones, el queso llega hasta el interior de tu cuerpo, se absorbe. </p>
<p>Así podríamos seguirnos el resto del día, investigando, suponiendo, deduciendo de dónde viene cada cosa pero entonces nos arruinamos la quesadilla, temblamos al suponer de dónde viene la deliciosa migaja y mejor le paramos a las preguntas. «No quiero saber, déjenme comer».</p>
<p>Luego resulta que el amigo saludable te dice: no comas eso, mejor una ensalada. Pues no. En el primer bocado —ya en completa paranoia nutricional—, nos preguntamos con qué agua fue regada esa lechuga, cuántos conservadores tiene el aderezo, si el tomate fue cosechado por personas que reciben un pago justo, el número de hormonas que tiene el pollo, y la lista sigue. Una ironía: a veces la súper ensalada hace más daño que la quesadilla con chicharrón guisado. No hay para dónde hacerse.</p>
<p>Dicen que la ignorancia es una virtud, o por lo menos un bloqueo de toda la maraña que hay detrás de los alimentos. Y sí, haciéndonos de la vista gorda (como nuestras caderas) comemos más agusto. Es más, ya ni lo hacemos por el apetito sino por el hambre. Dentro de todo este rastreo alimentarios y Monsantos, hay una constante: tenemos que comer. La lechuga estará plagada de pesticidas pero eventualmente el cuerpo pide masticarla. </p>
<p>Tal vez no se trata de reprochar sino de adaptarnos a la industria alimenticia. No controlaremos lo que llega a Wal-Mart o el restaurante pero sí podemos aminorar los daños: hacer un huerto urbano, investigar qué marcas se preocupan por reducir los químicos en sus productos, perderle el miedo al mercado donde todo es más inmediato (comprar cosas de los alrededores reduce costos) y fijarse en las etiquetas de lo que compramos (de repente aparece en el refri algo que sabe a pollo pero no es pollo), cambiar el McDonald’s por una hamburguesa más real. Adaptarse dentro de lo posible y contrarrestar la producción masiva de alimentos masivos con iniciativas más locales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/fabrica-de-alimentos/comida-2.gif" alt="" width="780" height="412" class="aligncenter size-full wp-image-6572" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>Tres alimentos</h3>
<p>Los caminos de producción han mutado tanto por los intereses económicos como por la demanda (más gente, más hambre) y la globalización del paladar —hace veinte años era casi imposible encontrar algas japonesas en el súper.  </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>El huevo</strong></span></p>
<p>Alimento básico, tanto para el desayuno con omelettes como el pastel de cumpleaños. Prácticamente el 100% de los huevos que consumimos provienen de granjas avícolas que mecanizan el proceso de producción —algunas más que otras. Acá en la región (con Bachoco y Pilgrim’s Pride) el tierno gallinero de caricatura ha sido reemplazado por bodegones industriales para producir más y mejores huevos; duraderos, casi irrompibles. </p>
<p>Algunos de los procesos mundialmente utilizados son la fecundación artificial para incrementar el número de pollitas y evitar al pollo que no da huevos y cortarles el pico a todas para que no se ataquen entre sí (el horror). De ahí en adelante, la granja es una máquina automatizada para cumplir con la demanda donde, para hacer las gallinas más <em>ponedoras</em>, se alteran sus ciclos de sueño, alimentación y vida. El huevo que comemos no es el que comía la abuela de pequeña, entre la sobrepoblación y la globalización, los alimentos básicos requieren producirse mucho más rápido. Los huevos «de antes» no alcanzarían a abastecer nuestros esponjosos hot cakes o los matutinos chilaquiles con huevo estrellado. Ya qué. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>El salmón </strong></span></p>
<p>Menos «básico» que el huevo pero más delicioso que un huevito revuelto. Al salmón lo saboreamos sobre todo en restaurantes: sellado, en pizzas, bagels y carpaccio. Lo que poco sabemos es que casi todo el salmón que consumimos en México viene de Chile (al otro lado del mundo le toca comerse el salmón escandinavo). </p>
<p>Los chilenos se han vuelto conocidos mundialmente por sus salmones. Pero abastecer a tantos países (y registrar ganancias millonarias) requiere de una cría más industrializada sin la imagen de los salmoncitos saltando contracorriente. Resumiendo un poco: los salmones se crían en «granjas acuáticas» establecidas en su habitat natural pero apachurrados en jaulas donde son monitoreados (a veces alimentados con cosas rarísimas) hasta su «cosecha». De ahí , los pescados se congelan y son enviados a sus más grandes distribuidores: Estados Unidos y Japón. Es decir, el salmón del sushi que remojamos en la salsa de soya viajó de Chile a Estados Unidos, luego a México, de ahí a la pescadería queretana (o la sección de mariscos en el Superama) y, finalmente, acabó en nuestro plato. Tremendo viajecito. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>La cajeta </strong></span></p>
<p>El producto estrella de Celaya y una de las tradiciones más dulces de nuestra gastronomía regional. Desde hace décadas, la cajeta se debate entre su versión original y la marca Coronado. La receta tradicional está hecha por productores locales con leche de cabra hervida, azúcar morena y canela. La versión <em>comercial</em> es más el resultado de procesos industriales, donde la leche de cabra se reduce a la mitad (la otra es de vaca) y se agrega glucosa de maíz para multiplicar la producción y darle ese famoso aspecto viscoso.</p>
<p>Lo malo —y justo por lo que escribimos acerca de la cajeta— es que los productores locales, para poder exportar al extranjero y competir ante la Coronado, también han decidido despachar a la versión tradicional (ahora solamente se produce en pequeñas cantidades especiales) y prefirieron usar la glucosa en sus fábricas. Es decir, los procesos alimentarios que se propagan para adaptarse al mercado y al consumidor. La cajeta que compramos en Celaya o el supermercado es una cajeta incompleta. Chale.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Información práctica</h3>
<p> Lugares en el Bajío para contrarrestar la comida industrial:</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Bioleta </strong></span><br />
Cafetería orgánica y bio-tienda.<br />
Cerro de la Cabra 225, Juriquilla, Qro.<br />
<a href="https://www.facebook.com/Bioleta-Cafeter%C3%ADa-Org%C3%A1nica" target="_blank">facebook.com/Bioleta-Cafetería-Orgánica</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Gallina Verde </strong></span><br />
Cocina y tienda sustentable.<br />
Av. Manufactura 8, Plaza Dorada-L11, Álamos 3a sección, Qro.<br />
<a href="http://lagallinaverde.com.mx/" target="_blank">lagallinaverde.com.mx</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>La Maravilla </strong></span><br />
Tiendita orgánica.<br />
Luis M. Vega 51-A, Col. Cimatario, Qro.<br />
<a href="https://www.facebook.com/lamaravilla.latienditadequeretaro" target="_blank">facebook.com/lamaravilla.latienditadequeretaro</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Bosque de Agua </strong></span><br />
Tianguis alternativo.<br />
Todos los sábados en La Fábrica, Qro.<br />
bosquedeagua.blogspot.mx</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Mercadito Queretano </strong></span><br />
Mercado de productos regionales.<br />
Primer sábado de cada mes,<br />
Andador Libertad, Qro.<br />
<a href="http://mercaditoqueretano.com/" target="_blank">mercaditoqueretano.com</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Vía Orgánica </strong></span><br />
Cafetería, tienda y escuela.<br />
Margarito Ledesma 2, San Miguel de Allende.<br />
<a href="http://viaorganica.org/" target="_blank">viaorganica.org</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>TOSMA </strong></span><br />
Tianguis orgánico.<br />
Sábados en el hotel Rosewood,<br />
San Miguel de Allende.<br />
<a href="https://www.facebook.com/tianguis.organico" target="_blank">facebook.com/tianguis.organico</a><br />
&nbsp;<br />
<h3>Entre el <em>feed lot </em> y la comida orgánica</h3>
<p>Ya lo dijimos hace unos años, la comida orgánica está envuelta con un absurdo adjetivo. Como si hubiera que separar la comida entre «la que se hace como antes» y la industrializada. Uno de nuestros colaboradores creció en un rancho con animales y hortalizas, otro tiene una abuela que cada año compra el pavo vivo, lo cuida y engorda hasta que llega diciembre y lo degüella con sus propias manos para la cena navideña. Ambos —el rancho y la abuela— sabían de la comida <em>orgánica</em> desde hace mucho. Pero al parecer nuestros colaboradores, desdichados habitantes de la ciudad, tienen que pagar para probar algo que se le parezca al pavo de la abuela o una ensalada verdaderamente «del campo».</p>
<p>Cambiamos la huerta familiar por los <em>feed lots</em> atiborrados de puerquitos en 5 metros cuadrados, el jugo hecho con naranjas del patio por un jugo orgánico de <em>food truck</em>. Ya sea la incesante producción alimentaria o el negocio posh de verduras, hemos complicado nuestros alimentos: los ingredientes viajan más kilómetros que nosotros para llegar al restaurante. Todo este barullo de lo transgénico y el maíz gringo no es más que una consecuencia de nuestro estilo de vida industrializado —y bien sabemos que a la modernización nadie la para. Jamás regresaremos al pasado, cuando la palabra «orgánico» y «transgénico» nos eran tan ajenas. Pero lo que sí podemos hacer es comer entre los dos extremos, equilibrar, desenrollar los procesos y preguntarnos «¿qué estoy comiendo?» sin caer en el delirio de la salud; descifrando la maraña industrial que hay detrás de la sopa del día.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Sada y el bombón 2010-2014</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 13:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Diseño]]></category>
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		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Sada y el bombón empezó un año antes de publicar el primer número. Y si a esas nos vamos, la revista comenzó muchos años antes en los viajes que hizo cada quién, las fotografías que tomaron nuestros colaboradores y los libros que leímos por separado. No somos muy dados a la cronología y el recuento, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Sada y el bombón</em> empezó un año antes de publicar el primer número. Y si a esas nos vamos, la revista comenzó muchos años antes en los viajes que hizo cada quién, las fotografías que tomaron nuestros colaboradores y los libros que leímos por separado. </p>
<p>No somos muy dados a  la cronología y el recuento, pero lo que sí apreciamos (y mucho) es el cierre de círculos. Esto, amigos lectores, no es más que completar circunferencias. A continuación un recuento de lo que hicimos: voces, cifras, diseños y palabras que contaron la historia de nuestra cultura urbana en el centro de México.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Historias y urbanidades</h3>
<p>En la primera edición, <em>Sada y el bombón</em> se autoentrevistó. Además del enigma alrededor del nombre —¿quién es <em>Sada</em>?, ¿quién es <em>el bombón</em>?—, el monólogo partía de una certeza: «No tendría caso hacer una revista que ya conocemos; la hacemos para descubrirla». Y así pasaron las páginas y los artículos: cada edición era un proyecto en blanco que se rellenaba, primero con palabras y luego con diseño.</p>
<p>Cuando empezamos esta revista no sabíamos muy bien de qué iba. ¿Qué diantres es la cultura urbana en el centro de México? En ese entonces, Querétaro no tenía un solo espacio dedicado al diseño, los mercados itinerantes parecían algo del futuro y el gobierno seguía en su cruzada contra el graffiti pandillero. Lo mismo pasaba en el resto del Bajío. Hace no mucho, hablar de <em>lo urbano</em> en provincia era una proeza destinada al fracaso, como un grito afónico. «Oye, aquí estamos».</p>
<p>Lo que pasó los siguientes meses y ediciones fue, claramente, una sorpresota: encontramos lectores como nosotros —porque la revista, ante todo, la hicimos pensándonos como su primer lector. Es más, hasta nos escribían para hablar de sus proyectos (así dimos con restaurantes, tiendas de diseño y hasta una ecocasa con todo y sistema de trueque). Sumamos voces y la revista, por así decirlo, echó raíces.</p>
<p>Muchas veces nos preguntaron dónde sacábamos tanto contenido, cómo construíamos el índice. Pues así, platicando, compartiendo experiencias, caminando, leyendo. La revista como un registro impreso (y digital) que documenta a la ciudad: personajes y escenarios. En la misma autoentrevista del 2010, visualizamos a <em>Sada y el bombón</em> como una revista narrativa. Cuatro años después, aquí estamos, con una colección de historias sobre la ciudad y su urbanidad, con un montón de lecturas cruzadas.<br />
&nbsp;<br />
<h3>El archivo del bombón</h3>
<p>En cuatro años escribimos más de 3,000 páginas de contenidos acerca de la cultura urbana en la región. Temas tan variados como los tuiteros que más leemos, el horror del siglo XXI: los niños diabólicos con cumpleaños tipo spa, nuestra fascinación con los seres andróginos y la importancia de un estilo de vida sustentable. En resumen: somos una miscelánea de contenidos; cada párrafo y columna es un retrato escrito de lo que somos: discos que oímos, libros que leímos,  vinos que tomamos, personajes que entrevistamos, viajes que hicimos (o al menos planeamos), inquietudes que externamos.</p>
<p>En este lapso de vivacidad y coleo, editamos suplementos especiales sobre temas como el diseño en el Bajío y las bibliotecas, hicimos un «local issue», mostramos el lado más humorístico —y surrealista— del Mundial en Brasil, desenchufamos erróneamente a Cerati en el 2011, hicimos un especial web sobre la lectura a través de nuestros colaboradores, dijimos «Todos somos Lady Gaga», escribimos incontables veces la palabra «Querétaro»  y nos quedamos con las ganas de una Little Printer. </p>
<p>Más que ediciones bimestrales, nos gusta pensar en la revista como una enciclopedia urbana, una colección de tomos que algún curioso del año 2030 desempolvará desde su <em>smartphone</em>. O no. Por si las dudas, y porque siempre hemos visto con romanticismo la idea de una biblioteca o una colección, todos nuestros contenidos seguirán vivitos y coleando en <a href="http://sadabombon.com/">sadabombon.com</a> hasta que el futuro nos reviva. «Si no es ahora, será mañana».<br />
&nbsp;<br />
<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/post/sada-y-el-bombon-2010-2014/2010-2014-2.jpg" alt="" width="780" height="555" class="aligncenter size-full wp-image-6611" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>La revista en números</h3>
<p>En 4 años publicamos 120,000 ejemplares, fuimos leídos por más de 400,000 lectores y consumimos aproximadamente 250 litros de agua para hacer muchísimas tazas de té y café. Acá el resto de la revista cuantificable.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Los artículos más leídos </h3>
<p>1. Los diez <a href="http://www.sadabombon.com/murales_urbanos">murales</a> queretanos más representativos de la ciudad.<br />
2. El <a href="http://www.sadabombon.com/metro-queretaro">Metro</a> de Querétaro —el leak y los comentarios.<br />
3. <a href="http://www.sadabombon.com/cervezas">Cervezas</a> artesanales en el Bajío.<br />
4. Diez <a href="http://www.sadabombon.com/10-restaurantes-centro-queretaro">restaurantes</a> para comer en el centro de Querétaro.<br />
5. Las <a href="http://www.sadabombon.com/cantinas-botaneras">cantinas</a> que sirven las mejores botanas.<br />
6. El <a href="http://www.sadabombon.com/calzado-del-bombon">calzado urbano</a> del bombón: los diez tenis que debes salir corriendo a conseguir.<br />
7. La <a href="http://www.sadabombon.com/vinos-del-centro">cultura del vino</a> en el centro de México.<br />
8. El <a href="http://www.sadabombon.com/pan_artesanal">pan artesanal</a>.<br />
9. Diez <a href="http://sadabombon.com/diez-tuiteros-interesantes-y-graciosos-segun-el-bombon-y-sada">tuiteros</a> interesantes y graciosos según <em>el bombón</em> y Sada.<br />
10. <a href="http://www.sadabombon.com/editoriales-independientes">Editoriales</a> independientes en México.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Rarezas del buscador</h3>
<p>Ay, la comedia involuntaria. Muchos llegaron a <em>Sada y el bombón</em> googleando: </p>
<p>- que es almodovar<br />
- ir sola a una boda<br />
- como ser mejor lector<br />
- nueva urbanidad para todos<br />
- lugares para irse de pinta<br />
- refresco de grosella<br />
- historias de sirvientas<br />
- sada y el bonbon<br />
- la web ociosa<br />
- estatofobia<br />
- hay metro en queretaro<br />
- como es una chica almodovar<br />
- tenis con alas<br />
- halagar a alguien<br />
- diferencia entre primavera y verano<br />
- que es una biblioteca<br />
- aventarse de un avion<br />
- porque estan los burros en peligro de extincion<br />
- como se escribe bombon chiquito en ingles<br />
&nbsp;<br />
<h3>La edición representativa</h3>
<p>Si tuviéramos que sintetizar todo lo que fuimos —lo que somos—  en una edición, así quedaría:</p>
<p><span style="color: #ff0000;">Portada:</span> La número <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/sb23" target="_blank">23</a>, agosto-septiembre 2014.<br />
<span style="color: #ff0000;">Infografía:</span> El fantasioso <a href="http://sadabombon.com/metro-queretaro/">Metro</a> de Querétaro.<br />
<span style="color: #ff0000;">Eventos y festivales: </span> La <a href="http://sadabombon.com/pulqueybarbacoa/">feria del pulque y la barbacoa</a> en Boyé, Cadereyta.<br />
<span style="color: #ff0000;">Viajes y paseos: </span> El <a href="http://sadabombon.com/bolivia/">altiplano boliviano</a>: un recorrido por La Paz, Sucre, Potosí, Los Lípez y el Salar de Uyuni.<br />
<span style="color: #ff0000;">Panorama:</span> <a href="http://sadabombon.com/industrializados/">Industrializados</a> –un reportaje sobre la avasallante industrialización del Bajío.<br />
<span style="color: #ff0000;">Versus:</span> <a href="http://sadabombon.com/perreo-vs-baile-de-cachetito-las-dos-categorias-fundamentales-para-comprender-nuestra-conducta-urbana/">Perreo vs. Baile de cachetito</a> –las dos categorías fundamentales para comprender nuestra conducta urbana.<br />
<span style="color: #ff0000;">Propuestas y recomendaciones:</span> <a href="http://sadabombon.com/que-hacer-en-caso-de-emergencia-recomendaciones-ante-seis-distintos-percances/">¿Qué hacer en caso de emergencia?</a> –recomendaciones ante distintos percances urbanos.<br />
<span style="color: #ff0000;">Top 10:</span> Las diez <a href="http://sadabombon.com/cantinas-botaneras/">cantinas</a> que sirven las mejores botanas.<br />
<span style="color: #ff0000;">Medios y entretenimiento: </span><a href="http://sadabombon.com/editoriales-independientes/">Editoriales</a> independientes en México –un vistazo a las editoriales que producen gran parte de lo que vale la pena leer en este país.<br />
<span style="color: #ff0000;">En peligro de extinción: </span>La <a href="http://sadabombon.com/poda-figurativa/">poda</a> figurativa.<br />
<span style="color: #ff0000;">Colaboración: </span><a href="http://sadabombon.com/debutante/">La que debuta</a>, de Julieta Díaz Barrón.<br />
<span style="color: #ff0000;">Entrevista:</span> <a href="http://sadabombon.com/federico-gutierrez/">Federico Gutiérrez</a>: ciudadanía y urbanidad.</p>
<p><span style="color: #008080;">Suplemento veraniego: </span><a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/cervezas_artesanales" target="_blank">Cervezas</a> artesanales en el Bajío.<br />
<span style="color: #008080;">Suplemento otoñal:</span> <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s04_caminante" target="_blank">El caminante</a>.<br />
<span style="color: #008080;">Especial web:</span> <a href="http://sadabombon.com/author/daniel-saldana-paris/">Vamos Belice</a>, de Daniel Saldaña París.<br />
<span style="color: #008080;">Especial de diseño:</span> El <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s05_diseno_regional" target="_blank">diseño</a> en el centro de México y los diseñadores más representativos del Bajío.<br />
&nbsp;</p>
<hr />
&nbsp;</p>
<p>Cerramos reconociendo a todos esos nombres que hicieron posible esta revista. Los que la escribieron y diseñaron, los que la repartieron, los que la buscaron, los que la perdieron, los que la usaron de abanico y, sobre todo, los que la leyeron en cada una de sus 24 ediciones. Gracias totales. </p>
<p>Mauricio Aguilera, Jon Aguirrezabal, Carlos Arroyo Batista, Begoña Barinagarrementeria, Arturo Barradas, Luis Bernal, Francisco E. Bernal Venegas, Daniel Bravo, Cristina Bringas, Cecilia Buentello, Antônio Cabadas, Patricia Corzo, Giacomo d&#8217;Alelio, Jorge Degetau, Julieta Díaz Barrón, Diógenes el Chades, Pablo Duarte, Patti G., César García, Eduardo de la Garma de la Rosa, Federico Gutiérrez, Mario Hernández, Selva Hernández, Gabriel Hörner, Mariel Ibarra, Javier Jiménez-Belmonte, Julia Fabiola, Horacio Lozano Warpola, Paulina Macías, Sara Márquez, Samuel Martínez Andrade, Imanol Martínez, Leticia Méndez, Julián Monsalve, Kostia Montana, Moskar, Héctor Muñoz, Carolina Nieto Ruiz, Luisa Fernanda Niño, Julia Perales, Bernal Pérez, Liz Pérez, Branko Pjanic, Denisse Piña, Óscar Rieveling, Roselin Rodríguez Espinosa, Carolina Rodríguez, Ros, Andrea Saldaña, Daniel Saldaña París, María Fernanda Sánchez, Mauricio Sánchez, Joy Sleepy, Rocío Soto, Rodrigo Suárez, Antonio Tamez, Gonçalo M. Tavares, Carlos Torre, Omar Torres, Bernardo Vandervelde, María José Vázquez, María José Villanueva, Jacobo Zanella, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, todos nuestros patrocinadores y tú, acérrimo lector.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>El IMJUQ Fest 2014: música y talentos locales</title>
		<link>http://sadabombon.com/imjuq-fest-2014/</link>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2014 21:54:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Partamos de una idea: las bandas se construyen mucho antes del contrato millonario, con la agrupación universitaria que toca los sábados por la noche nomás porque sí, por las ganas de subirse a un escenario y aventarse un chiquiconcierto con la cerveza más helada de todas: la gratuita. Y aunque para llegar al line-up del [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Partamos de una idea: las bandas se construyen mucho antes del contrato millonario, con la agrupación universitaria que toca los sábados por la noche nomás porque sí, por las ganas de subirse a un escenario y aventarse un chiquiconcierto con la cerveza más helada de todas: la gratuita. Y aunque para llegar al <em>line-up</em> del Coachella hacen falta dos managers billetudos y un portadón de revista, lo cierto es que nada vale sin los guitarrazos amateurs y un público de veinte personas coreándote la canción.</p>
<p>Como The Beatles en Liverpool o The Killers en Las Vegas, lo importante es el debut musical, el <em>setlist</em> de canciones fuera del ensayo y directo a los oídos de un atiborrado bar. De eso se trata el IMJUQ Fest, un festival dedicado a presentar las mejores bandas locales de Querétaro. Y al parecer, esta segunda edición viene con todo: 5 escenarios por donde pasarán en un mismo día más de 50 bandas de rock, metal, electrónica y otros géneros —en una de esas y terminas escuchando a la futura sensación del país. <a href="http://www.municipiodequeretaro.gob.mx/noticias.aspx?q=DIW7ReCaSmjUKAXH4ICWTrInRVBWPrDF">Acá el <em>line-up</em> completo y horarios</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #008080;">¿Cuándo?</span></h3>
<p>El sábado 16 de agosto a partir de las 12:00 hrs.</p>
<h3><span style="color: #008080;">¿Dónde?</span></h3>
<p>En el Centro Histórico de Querétaro (Jardín Guerrero, Alameda, Jardín Zenea, Plaza Fundadores y las calles de Corregidora y Pino Suárez).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más información: <a href="https://www.facebook.com/imjuq">facebook.com/imjuq</a></p>
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		<title>Hongosto —crónica alucinógena</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 16:40:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Horacio Lozano W]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes y paseos]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando era niño me preocupaba que lloviera en mis cumpleaños; es más arriesgado que los invitados se lancen a la fiesta si está cayendo una tormenta. De cualquier manera, siempre llegaban —y siempre llovía. Por esta zona del Bajío, junio, julio y agosto suelen ser meses húmedos y de neblinas mañaneras. Esas nubes en los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era niño me preocupaba que lloviera en mis cumpleaños; es más arriesgado que los invitados se lancen a la fiesta si está cayendo una tormenta. De cualquier manera, siempre llegaban —y siempre llovía. Por esta zona del Bajío, junio, julio y agosto suelen ser meses húmedos y de neblinas mañaneras. Esas nubes en los bosques de coníferas —desde el Cerro del Zamorano hasta Pinal de Amoles— convierten a la región en una granja de hongos alucinógenos refugiados en la mierda de caballo o reposando tranquilos en la corteza de algún árbol. Es la época del Hongosto queretano, cuando varios citadinos se ponen sus botas para el lodo y viajan en auto hacia una alocada expedición en búsqueda del milagro de la percepción. Por eso ya no me preocupa que llueva en mi cumpleaños. Ahora reconozco en el agua dulce el alimento de los equinos, el olor de los musgos jóvenes que empiezan a crecer en las caballerizas de Santo Domingo. </p>
<p>La recolección de hongos comenzó para mí hace apenas siete años. Había escuchado de los «champis» que crecían allá por Huimilpan y Amealco, donde algunos intrépidos iban y llenaban bolsas enteras. Mi amigo Berna fue el que me convenció de ir. Él ya tenía experiencia en la cacería fungi: sabía dónde crecían con mayor plenitud, conocía algunos potreros y era experto en remover el estiércol de caballo sin dañar los hongos —el año pasado había recolectado tantos que los usó hasta en las quesadillas.</p>
<p>Un sábado tomamos su auto y nos dirigimos a los montes. Pasó temprano por mí, cuando el sol apenas hurgaba en la punta del Cimatario. Nos detuvimos a comprar unas donitas Bimbo y café de máquina. La carretera se perdía en la niebla púrpura. Me sentía bien, confiaba en Berna, en su pose de micólogo. Pasamos Huimilpan y nos acercamos a los límites del Cerro de Brava, cerca de Amealco. Como el resto del camino era a pie, dejamos el auto en un vado de espigas cubierto por algunos cactus. Agarramos las mochilas vacías y las botas de plástico —Berna llevaba una navaja en su chamarra de mezclilla—, forjamos varios porros y nos introducimos en el bosque del Bajío como si fuera un portal hacia otra dimensión. La naturaleza de inmediato nos recordó que aquel santuario no era nuestro territorio. Llovía. Ambos seguíamos un pequeño camino de lodo donde el bosque se pronunciaba y algunos silencios parecían latidos. La miel de las plantas silvestres entraba por nuestros poros. </p>
<p>El primer hongo que encontramos brotaba del tronco de un encino. Berna tomó su navaja y lo quitó con delicadeza. Era grande y suave, tenía una línea azul claro que rodeaba a la perfección su circunferencia. Pensé en los pitufos. Luego Berna señaló un prado solitario donde pastaban algunas vacas y ovejas. Nos acercamos, removimos un poco de estiércol y aparecieron varias setas que comenzamos a guardar en las mochilas. A lo lejos del prado estaban las caballerizas. Un hombre salió a darnos los buenos días. Berna le dijo que éramos estudiantes de Botánica de la UAQ y pidió permiso para buscar hongos en su establo con fines investigacionales. El hombre aceptó y de inmediato nos invitó un pulque recién raspado. Cuando terminen de buscar, dijo el ranchero, les doy otro pulquito para llevar porque al rato hará bochorno.  </p>
<p>En el estiércol se veían los cascos delirantes de cientos de hongos. Removimos la mierda suavemente y en cada excavada seguían apareciendo otros de distintos tamaños. ¡Acá hay varios derrumbes!, gritó Berna desde el cubículo rural de un hermoso caballo pinto. Eran fantásticos, casi llenamos las dos mochilas; reíamos como desquiciados. Le pregunté si estaba seguro que eran de los buenos y dijo que si no le creía que comiera algunos. Tomé un puño sin pensarlo, los remojé en agua y luego directo a mi boca. Sabían a tierra y alquitrán. Terminé por pasármelos con pulque, parecían enredaderas apretando mi garganta. Después agradecimos al hombre por dejarnos entrar a su establo. Nos regaló una botella de Coca-Cola de tres litros llena de pulque y dijo que tuviéramos cuidado porque a la policía no le gusta que los jóvenes anden recolectando hongos (aunque sean estudiantes).</p>
<p>Subimos al auto y almorzamos en Amealco. Gorditas de maíz quebrado, sopes verdes, mole, jugo de naranja, verde, rojo, violeta, salsita para la quesadilla, señoras con las manos llenas de masa, sombrerudos bebiendo refresco, pulque y cerveza, dejando una línea de almíbar sobre sus bigotes. Apenas habían pasado unos cuarenta minutos y le dije a Berna que los hongos ya habían hecho efecto. Me tomó de los hombros y </p>
<p>dijo: te voy a llevar a nadar a la pileta del Diablo, ahí te vas a sumergir en el útero del bosque.</p>
<p>Berna condujo por carreteras de doble sentido, comíamos hongos sumergidos en pulque, enterrados en un Gansito o así como estaban, silvestres y maníacos. Nos detuvimos a vomitar, así estuvimos por horas, años, siglos. La cabeza de mi padre revoloteaba en el aire, como un murciélago atormentándome con su terrible estática. Al final, cuando el vómito y las alucinaciones paternales cesaron, el cielo se encendía y la rotación de la Tierra llegaba hasta las suelas de mis botas, como en las películas rusas. Somos terrícolas, le dije a Berna mientras lo abrazaba y seguíamos el camino hasta la pileta del Diablo: un salto de agua rodeado de enormes y ancestrales árboles; los guardias supremos del monte, reptiles de la noche. Entramos a la pileta como recién bautizados. Un fino vaho emanaba de nuestros pulmones y colapsaba con el agua cristalina. Los niños de la localidad llegaron aventándose clavados; párvulos de la tierra y el campo, niños-árbol. Nadamos, aullamos, caminamos entre las plantas y los insectos. Comimos elotes asados, tacos de canasta y más hongos. La luz del día comenzaba a desaparecer y emprendimos nuestro regreso. El punto más alto de nuestras alucinaciones ya había pasado y sólo nos quedaba la resaca de los cromatismos y sus refracciones metálicas. Dejamos el pueblo de Escolásticas con el agua mística escurriendo por nuestros cuerpos.  </p>
<p>La carretera se deformaba como plastilina, las luces de los autos eran naves espaciales trasladándose en órbitas atómicas. Varios kilómetros antes de llegar a Querétaro, nos detuvimos en un atasco de autos; era un retén de la policía estatal. Berna se puso muy nervioso y sugirió que tiráramos los hongos que sobraban (casi la mitad de la mochila). En un acto desesperado devoramos los que pudimos y el resto fueron arrojados hacia el campo —ahora que lo pienso, sentí mucha tristeza. Habremos comido unos veinte cada uno, de todos los tamaños. Bebimos agua, encendimos cigarros, pusimos música e intentamos parecer normales. Me miré en el espejo retrovisor con las pupilas dilatadas. Parecía un extraterrestre, mi cuerpo era carne de otro plano. Las sirenas de las patrullas me deslumbraron con dolor y un par de oficiales armados pidieron que nos orilláramos; apuntaban con las armas cargadas mientras revisaban el auto y nos hacían preguntas. En el cateo exigieron que vaciáramos los bolsillos —Berna había olvidado que traía su navaja y algo de marihuana. Ya valieron madres, dijo el policía quitándole la bolsa de hierba y guardándose la navaja. Podía sentir a los policías como centauros deformes: las metrallas como cuernos, sus babas callendo sobre mis botas y un intenso olor a fermentado. Era el infierno. ¿Cómo le podemos hacer?, dijo Berna con su último ápice de lucidez. Nos amenazaron, especularon que traíamos más sustancias; uno de ellos, el más desagradable, alumbró mi cara con una lámpara y le dijo al otro: éste anda hasta la madre, a ver cómo le va en los separos. Al final, después de varias amenazas, nos quitaron las botas y celulares, una mochila, doscientos pesos y la medalla de San Francisco que colgaba del pecho de Berna. Tuvieron suerte cabrones, dijo el centauro uniformado antes de liberarnos. </p>
<p>La noche ya había caído en el Cimatario y sus antenas refulgían como electrodomésticos olvidados. Después de un silencio sepulcral —que duró mientras se nos pasaba el miedo—, comenzamos a reír a carcajadas, a burlarnos de los policías, a mentarles la madre a gritos. Antes de introducirnos en la ciudad, Berna paró el auto en un mirador de Centro Sur. La ciudad se deslizaba como una marea de luces. Buscamos nuestras casas. Encontramos satélites abandonados. El Estadio Corregidora se iluminaba como una estación espacial soviética y los dragones de la urbe vibraban desde la Cuesta China. Comenzó a llover. Nos purificamos.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Oaxaqueños ausentes, Bacon y otras noticias del Interior</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Roselin Rodríguez Espinosa]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Un viajero sabe que traspasar una frontera puede ser tan sencillo como difícil. Es posible decir tranquilamente, como Salvador Novo, «dentro de unas cuantas horas atravesaremos la frontera, dormidos» o quedar recluido en un circuito —territorial o de pensamiento— por limitaciones de todo tipo: económicas, legalidad migratoria, autocensura, comodidad o, también, adormecimiento. Es de esto [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un viajero sabe que traspasar una frontera puede ser tan sencillo como difícil. Es posible decir tranquilamente, como Salvador Novo, «dentro de unas cuantas horas atravesaremos la frontera, dormidos» o quedar recluido en un circuito —territorial o de pensamiento— por limitaciones de todo tipo: económicas, legalidad migratoria, autocensura, comodidad o, también, adormecimiento. Es de esto último de lo que quiero hablar. </p>
<p>En México, una opinión común identifica el hecho de «ser de provincia» con lo limitado, precario, marginal, periférico e invisible. Es fácil oír a un «chilango» hablar de «provincia» como si fuera una sola tierra que se extiende más allá de los límites del DF —sí ocurre, créeme—; algo así como el Estado de México y sus alrededores. Un estado de la República se identifica en automático por sus productos turísticos típicos: gastronomía —«primero lo primero»—, folklor, artesanías y «sitios de interés». En el DF, en cambio, sí parece haber de todo. Este es el laurel donde muchos capitalinos —y otros <em>wanna be mainstream</em>— duermen su siesta. </p>
<p>Estoy hablando de «gente» en general, pero es insólito encontrar cómo en la academia, en las aulas donde se estudian teorías críticas, y círculos artísticos e intelectuales más específicos, también se piensa y actúa con esta miopía. Tengo la experiencia de Aguascalientes y el DF, sobre todo. </p>
<p>En el DF, es un hecho extraordinario que alguien de «afuera» presente algo «interesante» o «competitivo» y cuando ocurre se piensa, a secas, como excepciones en sus Estados. ¿O sea, cómo? Sí, lo normal es que no haya voz fuera del DF —u otros centros— y cuando hay, se celebra como un hecho milagroso sin profundizar en los contextos porque, en efecto, no interesan en lo más mínimo.</p>
<p>Lo cierto también es que en el «afuera» también se acepta un asfixiante referente de autoridad a partir del propio uso del lenguaje. Desde «provincia» la tierra de las oportunidades es el DF o ciudades similares. Es decir, si Querétaro está teniendo visibilidad, se dice que es «casi como el DF» y así, hay una cadena de dependencias: Zacatecas es «casi como» Aguascalientes y éste no llega a ser Guadalajara. La mirada se orienta hacia «el otro» en vertical, sin hacer el mismo ejercicio hacia adentro y tampoco entre pares de forma horizontal.<br />
&nbsp;<br />
<h3>¿Dónde están los oaxaqueños, la crítica y Bacon?</h3>
<p>Oaxaca organizó en 2011 un coloquio nacional intitulado <em>Germinar: primera tanda de diálogos horizontales</em>, que reunió a profesionales del arte del país para «dialogar» sobre espacios, producción, educación y crítica de arte. Asistieron representantes institucionales del DF, Monterrey, Guadalajara y para de contar. No hubo participación ni siquiera oaxaqueña en las mesas. No sólo fue visible esta ausencia, sino también que los pares a nivel interregional realmente no dialogan, ni existe tal horizontalidad. ¿Entonces de qué estamos hablando? ¿De reproducir los esquemas hegemónicos que fervientemente señalamos? </p>
<p>En el Seminario de Crítica de Arte de Campus Expandido del MUAC, el año pasado se lanzaron preguntas como: ¿Qué leemos de crítica de arte? ¿Qué medios —periódicos, revistas etc.— se consultan? ¿Quiénes escriben sobre estos temas, en todo el país? La lista hecha en conjunto no superaba los dedos de la mano. Hubo quejas sobre los pocos medios existentes, y se asumió que en «provincia» no se produce gran cosa. Se aseguró que no existen espacios, porque de lo contrario serían «conocidos». Esta preocupación es un disparate reduccionista y al mismo tiempo evidencia las limitaciones de difusión del arte actual en el país. Claro, es obvio que esta persona esperaba que le llegaran revistas a su puerta sin mover un sólo dedo. Pero más allá de este absurdo, no deja de ser cierto que gran parte de los proyectos valiosos de «fuera», y algunos de «dentro», no alcanzan una proyección extendida ¡Hay que buscar más detalladamente! Pero, lo más grave es que allí habíamos varios que escribimos y no nos leíamos unos a otros.</p>
<p>En diciembre de 2012 en el Museo de Aguascalientes se exhibió una importante muestra de dibujos inéditos de Francis Bacon en su única aparición en el país, antes partir a China. <em>Los dibujos de Bacon</em>… activaron una exaltada celebración política en el Estado. Ciertamente, es tan raro que en esta ciudad ocurra un evento de tal magnitud que, ni antes ni después, se ha visto nada similar. Recuerdo cómo Umberto Guerini, en su introducción a la muestra, nos contagiaba de su entusiasmo, al afirmar que las dinámicas de centros-periferias del arte ya estaban superadas, que ese día Aguascalientes era un centro del arte importante en el mundo. Todos aplaudieron entusiasmados y se sintieron orgullosos de ser hidrocálidos mientras iban sobre el coctel y esperaban que la comitiva política del Estado desocupara la sala para ver las obras. La razón de haberse presentado esta exposición en esa ciudad —y no en otra— fue arbitraria. Se debió a un contacto personal de una «copetona cultual» —típicas— que se ofreció a cuidar las obras por un tiempo en su casa y tuvo la ocurrencia de exhibirlas, de paso. Claro que este hecho tragicómico, en lugar de ser un síntoma de un movimiento de cambio mayor en la región, no hizo más que evidenciar la desconexión de estas «iniciativas». </p>
<p>Intentar atar estos cabos es emocionante pero también trabajoso. Son muy frágiles los vínculos e intercambios a nivel país. Pero no hay más responsable que nosotros los pares. No nos miramos unos a otros y por ello aunque sí sabemos —no cabe duda de que sí existen— de propuestas aisladas que rompen las inercias no se crea una red que le dé fuerza y consistencia. </p>
<p>Llevo varios años dándole vueltas al asunto este de «ser de provincia», al justificante comodino de un país centralizado; que no hay recursos para proyectos artísticos —claro «recursos» se limita en estas pláticas lamentosas a «dinero del estado—»; que no hay espacios de exhibición para «jóvenes creadores»; el mito de «las oportunidades» y su ubicación geográfica. En fin, una cadena de pseudoargumentos que justifican la inmovilidad de las ideas y el adormecimiento creativo. </p>
<p>¿Qué es eso de ser de la periferia o del centro del país y cómo se vincula a la productividad de las industrias culturales? ¿Una culpa, victimización, una miopía? Sí, para mí, todas juntas. No nos preguntemos por las fronteras impuestas por un mapa y sus políticas hostiles, cuestionemos nuestros propios límites y en qué medida estos coinciden con ciertas cartografías hegemónicas de las cuales todos nos quejamos. </p>
<p>Hagamos algo, en lugar de victimizarnos y depender de un poder paternalista, demos sentido a nuestros contextos, trabajemos en conjunto, generemos nuevos espacios y constelaciones que pongan en conflicto estas dicotomías estériles de la territorialidad y las relaciones de poder. Así puede ocurrir que Bacon itinere a otras ciudades y los oaxaqueños, por fin, aparezcan en su tierra. Nuestro tren no es ya el de Novo, crucemos la frontera despiertos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Roselin Rodríguez Espinosa es Licenciada en Ciencias del Arte y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Especialista en Historia del Arte por la UNAM. Actualmente trabaja en estudios críticos sobre territorialidades en el arte. Es directora de El Gran Vidrio, una revista independiente de arte y cultura contemporánea editada en Aguascalientes <a href="https://twitter.com/El_Gran_Vidrio" target="_blank"><span style="color: #808080;">(@El_Gran_Vidrio).</span></a></em></address>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El after office, a favor del happy hour en nuestras vidas</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Propuestas y recomendaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Carlos y Pepe trabajan en la misma oficina, ganan lo mismo, hacen lo mismo. Los dos tienen un amigo en común —Susanita— que cada miércoles los invita a tomarse una cerveza después del trabajo. Carlos nunca va, pero Pepe siempre está ahí, atascándose de alitas con salsa búfalo mientras su vecino de cubículo colapsa en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos y Pepe trabajan en la misma oficina, ganan lo mismo, hacen lo mismo. Los dos tienen un amigo en común —Susanita— que cada miércoles los invita a tomarse una cerveza después del trabajo. Carlos nunca va, pero Pepe siempre está ahí, atascándose de alitas con salsa búfalo mientras su vecino de cubículo colapsa en el Gmail. Los dos tienen los mismos resultados laborales, excepto que Pepe ya se ganó a la de Ventas para que acelere sus cotizaciones, sabe a quién van a recortar de la nómina este mes y presenció un memorable partido del Mundial (Brasil-Chile) con su jefe —que, acá entre nos, ya le confesó sus planes para ascenderlo a fin de año. </p>
<p>Ninguno logra separar el trabajo de su tiempo libre. Pero seamos honestos: en tiempos de anglicismos como <em>workaholic</em> y <em>smartphone</em>, la oficina (física y espiritual) desconoce fronteras. El día es una interminable jornada laboral donde ocho horas no bastan para terminar pendientes, corretear un aumento o comunicar en Facebook —ese catálogo de chiquitriunfos— que «amo mi trabajo <3» porque los de Recursos Humanos te dejaron un chocolate en el teclado.  </p>
<p>Mientras Carlos huye atareado de la oficina, Pepe convive (conbebe) con ella. Porque así como la tabla de Excel se cuela en la reunión familiar, la cerveza con los amigos debería entrometerse en la junta ejecutiva. Amigos lectores, he aquí ocho razones por las que urge hacer del after office nuestra nueva costumbre laboral. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>1. Favorece el networking.</strong></span> Ver a los compañeros de trabajo fuera de la oficina, en un paisaje rodeado de bocadillos crujientes y cócteles imparables, es como una juntita desfachatada: relaciones más cercanas que, en un futuro, podrían convertirse en nuevas oportunidades laborales. Eso sí, jamás pasarse de amiguero con la de Relaciones Públicas (el acoso en potencia). </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>2. Reanima tu vida social.</strong></span> El after office es una gran oportunidad para darle un boost a tu círculo de amistades. Basta con una tarde para que El ingeniero se transforme en Fernando, el que destapa las cervezas con los dientes y tu futuro compadre de bautizo. Es más, en una de esas sí te sobrepasaste con la de Relaciones Públicas, se confunden y terminan casándose. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>3. Crea pretextos.</strong></span> El after office como el «no puedo, tengo trabajo» pero con cervezas y promociones: zafarse de los compromisos sociales con compromisos de oficina (reales o ficticios). Toca cena con los suegros, hay comida con el jefe; el amigo nefasto tiene reunión, cenas con un cliente; tu mejor amiga te invita a la piñata de su hijo gritón, hay viaje de integración.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>4. Libera estrés.</strong></span> No más cápsulas de pasiflora o contracturas de oficina. El antídoto para una jornada plagada de correos ilegibles, clientes pasivos-agresivos, jefes que parecen divas y una ineficiente conexión inalámbrica es —mínimo— tres horas de botanas <em>non-stop</em> en un círculo de apoyo emocional titulado «Yo también olvidé adjuntar el PDF».</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>5. Consolida negocios.</strong></span> Una gran idea: irte con posibles clientes a cenar o tomar algo <em>off the record</em>. Platicar de los problemas durante las entradas, cerrar tratos en la sobremesa, trabajar sin que se note que estás trabajando. Hacer negocios con amigos —y no con extraños— aminora tantas neurosis de escritorio. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>6. Dosifica los excesos.</strong></span> Lo opuesto al after office es no salir entre semana, exprimir la vida social entre el viernes y el sábado, beber mucho para pasar el domingo desvelado y odiando el domingo. Las reuniones entre semana son lo contrario al grotesco desquicie de mirrey: pequeñas dosis de actividad social, constantes pero que nunca cansan. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>7. Cuida tu economía.</strong></span> Un verdadero after office incluye todo un catálogo de happy hours, a veces hasta temáticos (lunes de ingenieros, martes de gringas, miércoles de amas de casa, etc.). Entre el 2&#215;1 en bebidas nacionales y los paquetellenes, come y toma con descuentos, sabiendo que desde la incomodidad de tu cubículo haz hecho del mundo un lugar mejor. </p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>8. Filtra información.</strong></span> A veces no basta con ir al trabajo para enterarte de lo que sucede. Irónicamente, los temas más serios de la oficina se tratan un jueves a las 11:00 pm en alguna barra de la ciudad. El asiduo al after office tendrá —como Pepe— las primicias laborales: los nuevos proyectos, el próximo despido, el dramático divorcio de Lupita, la envidiable simpatía del jefe. </p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Contra el after office</h3>
<p>Pensándolo bien, el happy hour es también un peligro latente para tu carrera profesional. Un trago de más, una ronda que no debía ser, y la fachada de trabajador serio se desploma junto con los planes a futuro y el balance corporal. Ni hablar de los Godínez con tarro en mano y gastritis cacahuatera, cual bestias en su habitat natural: fascinantes pero mejor de lejitos.</p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>¿A dónde ir en Querétaro?</h3>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Logan’s Beer House.</strong></span> El Logan’s es la versión queretana de un pub inglés-americano. O por lo menos así lo piensa nuestro paladar con sus cortes de carne, la crema de almejas, los emparedados especiales y una abrumadora barra de cervezas y destilados.<br />
Zonas: Arcos y Tecnológico.<br />
<a href="http://logansbeerhouse.com/" target="_blank">logansbeerhouse.com</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Rock n&#8217; Ribs.</strong></span> Acá lo mejor son sus costillitas de cerdo, las hamburguesas o las inmejorables papas atómicas con curry. Todos los días hay promos como el «come todas las costillitas que puedas» o las coronitas a $15 pesos.<br />
Zonas: Bernardo Quintana y Jardines de la Hacienda.<br />
<a href="http://rocknribs.mx/" target="_blank">rocknribs.mx</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Wings Army.</strong></span> Un clásico nacional. Sus alitas (y su gama de cervezas) es insuperable e invasiva: seguramente hay un Wings Army por donde vives/trabajas. Llevan años luchando por esto del after office anglosajón (es decir, no hay pierde). Gran promo: 50% de descuento en cervezas nacionales e importadas.<br />
Zonas: Arcos, Constituyentes, Sendero y San Juan del Río (ese clúster industrial).<br />
<a href="http://www.soldadowings.com/" target="_blank">soldadowings.com/Queretaro</a></p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Gracias a Dios.</strong></span> Este es el más inmediato a nuestra oficina: una cantina que parecer bar y viceversa. Lo mejor: su barra de mezcales (recomendamos el de la casa) y una carta con antojitos mexicanos que van desde los tacos de cecina hasta los de chamorro. Lo malo: ir un jueves en la noche puede terminar en viernes de Word y cafiaspirinas.<br />
Zona: Centro (Andador Libertad).<br />
<a href="https://www.facebook.com/Gracias.a.Dios.Cantina" target="_blank">facebook.com/Gracias.a.Dios.Cantina</a></p>
<p>&nbsp;<br />
<h3>El after office ideal</h3>
<p>Acá en el Bajío,  lo más cercano a un after office es el convivio mensual en un sospechoso karaoke (con La licenciada —la cumpleañera— en modo Jenni Rivera), el político/empresario/figura pública en su tarde de copitas tipo Club de Toby empoderado (una versión casi anciana de lo que ahora llaman «el tren del mame») o —en el mejor de los casos— la reunión semanal con los amigos (predecible pero necesaria). </p>
<p>Con ese panorama, proponemos dignificar el placer de la cerveza recreativa y su espontaneidad: salir de la oficina, encontrarse con un amigo (o llamarle), tras el saludo darse cuenta que nadie tiene algo urgentísimo por hacer y, casi en automático, dirigirse juntos al primer bar que se les ponga enfrente. </p>
<p>Así, sin objetivos laborales, sin pláticas obligadas; por la pura gracia hedonista de no hacer nada después de ocho horas de trabajar en todo.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Perros de azotea</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Varias veces hemos caminado por nuestros barrios solamente para ser sorprendidos por un ladrido aéreo. Volteamos al cielo en busca del canino alado solamente para encontrarnos con un chihuahua-poodle irascible en pleno precipicio, balanceando su hocico al abismo que es la calle (y nosotros). En esta imagen no vemos uno, sino cinco perrazos con porte [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Varias veces hemos caminado por nuestros barrios solamente para ser sorprendidos por un ladrido aéreo. Volteamos al cielo en busca del canino alado solamente para encontrarnos con<br />
un chihuahua-poodle irascible en pleno precipicio, balanceando su hocico al abismo que es la calle (y nosotros). </p>
<p>En esta imagen no vemos uno, sino cinco perrazos con porte de concurso que —desilusión total— son de plástico. Y nomás para completar el timo, la farsa: todos fueron encerrados (¿por su propio bien?) entre púas y varillas.</p>
<p>Aquí hay una de tres: o alguna vez hubo una manada de perritos que terminó por dar el paso, y los perritos «de chocolate» son su monumento; o todo es pura vigilancia, destantean al ladrón<br />
con su comedia; o de plano todo es una instalación artística sobre la carencia de precipicios (los perritos que no pueden babear la banqueta). </p>
<p>Es la idea del perro en la azotea, que ni ladra ni muerde, arrumbado en el techo porque en el suelo ya no cabe, un ejemplo del paisaje alrededor de nuestros centros históricos: atiborrado e incoherente. Tremendo.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Querétaro vs. Guanajuato –un enfrentamiento entre los dos estados que producen y consumen, entre otras cosas, esta revista</title>
		<link>http://sadabombon.com/queretaro-vs-guanajuato/</link>
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		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 15:25:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Versus]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Aunque el territorio y el clima de Querétaro, San Miguel, Celaya y León es más o menos el mismo, las personas y sus costumbres son medianamente diferentes. La geografía política podrá ser una mera formalidad administrativa, pero aquí en el Bajío esas fronteras a veces caprichosas entre estados y municipios sí han generado distinciones claras [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque el territorio y el clima de Querétaro, San Miguel, Celaya y León es más o menos el mismo, las personas y sus costumbres son medianamente diferentes. La geografía política podrá ser una mera formalidad administrativa, pero aquí en el Bajío esas fronteras a veces caprichosas entre estados y municipios sí han generado distinciones claras entre sus habitantes.</p>
<p>Los queretanos y los guanajuatenses se observan entre ellos de forma peculiar. Se saben otros. Quizá no tengan características o actitudes contradictorias, pero tampoco, para nada, su personalidad es similar. Son como esos hermanos que crecieron en la misma casa, fueron a la misma escuela, tuvieron más o menos los mismos amigos, los mismos temores, las mismas certezas, quizá incluso compartieron (o comparten) alguna novia (o esposa), pero aún teniendo todas esas experiencias en común, tienen un estilo de vida desigual.</p>
<p>Para empezar, la movilidad del guanajuatense es mucho más amplia que la del queretano. En el estado de Guanajuato hay muchas más ciudades; en Querétaro sólo hay, si acaso, dos. El guanajuatense ha transformado sus carreteras interestatales en avenidas o bulevares, y sus distintas ciudades en colonias o barrios. El queretano tal vez pasa el mismo tiempo en el coche, pero su desplazamiento es menor.</p>
<p>Presentamos en este versus las distinciones más claras y contundentes entre estos dos estados del centro de México.<br />
&nbsp;</p>
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%">
<h3>Querétaro</h3>
</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%">
<h3>Guanajuato</h3>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Territorio:</strong> salvo lo que está alrededor de la carretera 57, el estado sigue con su vegetación autóctona.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Territorio:</strong> con excepción de los alrededores de León y Silao, el estado está cultivado; bien regado y bien verde.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Habla coloquial:</strong> acento neutro, imparcial, sin chiste.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Habla coloquial:</strong> cantadito, sobre todo en León.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Mito:</strong> son pesados, como un chilango autoexiliado.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Mito:</strong> son ligeros, como un ranchero adinerado.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>La capital (para los guanajuatenses):</strong> como si metieras la ciudad de Guanajuato adentro de León.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>La capital (para los queretanos):</strong> como si nosotros hiciéramos de Tequis nuestra capital.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Antepasados:</strong> sacerdotes y monjas.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Antepasados:</strong> rancheros y rancheros.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Industrialización:</strong> Querétaro es la capital aeronáutica.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Industrialización:</strong> Guanajuato es la capital automotriz.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Auto representativo:</strong> sedán con AC.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Auto representativo:</strong> camioneta con rediles.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Canción:</strong> un éxito de los 90s.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Canción:</strong> <em>Caminos de Guanajuato</em>.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Película:</strong> <em>Una joven monja en tremendo pecado</em>.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Película:</strong> <em>El Santo vs. las momias de Guanajuato</em>.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%">
<h3>Querétaro</h3>
</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%">
<h3>Guanajuato</h3>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Futbol:</strong> impotente; por ejemplo, los Gallos Blancos.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Futbol:</strong> vehemente; ejemplos: los Panzas Verdes, la Trinca Fresera, los Cajeteros.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Para la borrachera:</strong> vino, queso y vino.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Para la borrachera:</strong> tequila y dorilocos.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Para la cruda:</strong> gorditas de migajas.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Para la cruda:</strong> una guacamaya de León.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Política:</strong> priismo mocho.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Política:</strong> panismo sindical.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Eventazo:</strong> la Feria Internacional Ganadera.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Eventazo:</strong> el Festival Internacional Cervantino.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Patrimonios de la Humanidad:</strong> cuatro: el centro de Querétaro, las Misiones Franciscanas, las tradiciones del Semidesierto y el Camino Real de Tierra Adentro.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Patrimonios de la Humanidad:</strong> tres: el centro y las minas de Guanajuato, el centro de San Miguel con el Santuario de Atotonilco y el Camino Real de Tierra Adentro.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Celebridad:</strong> Inés Sainz.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Celebridad:</strong> Vicente Fox.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>Poeta:</strong> Francisco Cervantes.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>Poeta:</strong> José Alfredo Jiménez.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<table width="100%" border="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="48%"><strong>En una palabra:</strong> persignado.</td>
<td valign="top" width="4%"></td>
<td valign="top" width="48%"><strong>En una palabra:</strong> atrabancado.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Industrializados –un reportaje sobre la avasallante industrialización del Bajío</title>
		<link>http://sadabombon.com/industrializados/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/industrializados/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 15:10:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[El Bajío se fundó alrededor de conventos. A partir de sus muros germinaron caminos, ciudades, provincias; casas y edificios extendidos de adentro hacia afuera, a la periferia. Fue en ese desarrollo limítrofe que nos alejamos de los conventos, perdimos la frontera y buscamos nuevos puntos de inicio. Ya en pleno siglo XXI, entre suburbios y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Bajío se fundó alrededor de conventos. A partir de sus muros germinaron caminos, ciudades, provincias; casas y edificios extendidos de adentro hacia afuera, a la periferia. Fue en ese desarrollo limítrofe que nos alejamos de los conventos, perdimos la frontera y buscamos nuevos puntos de inicio. Ya en pleno siglo XXI, entre suburbios y carreteras estatales, nuestro orden social (y económico) emigró y partió desde otro tipo de muros: los parques industriales. Cambiamos la cantera por el acero, el sonido de las campanas por los bufidos mecánicos. Ahora rezamos estadísticas y resultados, peregrinamos diariamente a las entrañas de nuestras fábricas sin saber a dónde nos va a llevar esta nueva devoción.</p>
<p>En los noventas apareció una palabra que lo mismo causaba miedo y expectativa: globalización. Acá, en el centro de México, llegábamos a la tercer sílaba y se nos venía encima la idea de un mundo verdaderamente internacional, sin barreras; eso de vivir sin rejas asusta, en especial si todo el discurso económico giraba (gira) alrededor de la inversión extranjera y la industria: fábricas transnacionales, tecnología de <em>punta</em>, generación de empleos y renta barata de un territorio al que (subrayemos) se le confundía entre «tercermundista» y «país en vías de desarrollo». El primer apodo nos lo adjudicábamos en secreto, el segundo era más anhelo que eufemismo: fantasear con conseguir un <em>caramel-macchiato-venti</em> sin comprar un boleto de avión. </p>
<p>Al parecer lo conseguimos. En menos de 15 años pasamos del rezago consumista a los descuentos de Volaris y el Starbucks matutino. Todo esto gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, un acuerdo entre Bush, Salinas de Gortari y Mulroney para globalizar de una vez y para siempre a Norteamérica; la conversión de tres países en (supuestamente) un gran centro económico sin fronteras. Es decir, encontrar salsa Valentina en un supermercado de Vancouver o tortillas de maíz en un Wal-Mart de Minneapolis. Y entre ese envío y acomodo de productos, regiones enteras tapizadas con carreteras interestatales, aduanas, puertos, maquiladoras y clústers industriales. </p>
<p>Acá en el Bajío el <em>boom</em> nos llegó un poco tarde. De pronto, los políticos y empresarios vislumbraron lo que ya habían descubierto nuestros antepasados novohispanos: la ubicación. A eso se reduce nuestro auge industrial, cual gringa vendiendo casas en San Miguel: <em>location, location, location! </em>Y esa suerte geográfica se multiplica con las atenciones de los gobiernos estatales: nuevas vías de comunicación, incentivos empresariales, ventajas fiscales, acuerdos bilaterales y –sincerémonos– lo barato que se renta nuestro suelo –y nosotros mismos. Territorio irresistible.</p>
<p>En nuestra vida diaria, a la industria la vemos como algo fuera de la ciudad, de nosotros. Pero el error está en creernos que la industria es puro metal cercado con casetas de vigilancia. Industrializarnos es, también, abaratar los vuelos a Dallas y sobrevaluar el precio de un <em>capuccino</em>; tomarse una cerveza belga en un <em>pub</em> de Guanajuato o comprarse zapatos en León. Quizá jamás habremos pisado una fábrica, pero ellas, errantes e invasivas, nos traspasan todos los días.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Provincia de fábricas</h3>
<p>La industrialización nos unió en un conglomerado, una comarca de trailers, carreteras y parques industriales. Tanta es la influencia de nuestro despertar económico que ahora llamarnos «el Bajío» delimita a una región con cifras y gráficas a la alza, armadoras trasnacionales y un PIB con índices milagrosos. De campiña agricultora a bodega con salidas de emergencia.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Querétaro.</strong></span> Del 2011 para acá, Querétaro es la representación del maximalismo industrial: el nuevo gigante aeronáutico con plantas de Bombardier y Safran (ambas francesas) y un paraíso económico que parece espejismo del semidesierto: calidad de vida, seguridad, «felicidad» y ubicación. Al día de hoy (jueves), Querétaro es la región económica más boyante del país, con un PIB de 5.4% arriba del promedio nacional y una tasa de crecimiento del 10%, versus el 0.35% de los estados norteños. «El nuevo Nuevo León», que le dicen.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Silao.</strong></span> Es un pequeñísimo municipio –casi pueblo– convertido en el centro logístico y manufacturero de la región. A mediados de los noventas, antes del <em>boom</em> del Bajío y las grandes inversiones, Silao pasó de regar plantas a cuidar otro tipo de plantas: hogar de General Motors y Pirelli, mano de obra excepcional (el nuevo oficio de los locales) y centro de conexión comercial entre el Norte y Sur del país. Si el Bajío es el centro, entonces Silao es el núcleo.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Aguascalientes.</strong></span> El punto más al Norte del Bajío, tanto que a veces se confunde. Desde mediados de los 80s, su inversión extranjera depende enteramente de Nissan, el gigante japonés que, para el 2014, pretende armar 850 mil vehículos como el Sentra, March y el clásico «Tsurito». Este pequeñísimo estado como la versión más nipona del semidesierto.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>León.</strong></span> Entre Silao y León hay solamente unos minutos de diferencia, unos cuántos hoteles, centros de negocio y restaurantes de paso. Juntos comparten la fuerza económica y comercial de Guanajuato. Separados, León es la cartelera empresarial del estado: restaurantes, complejos financieros, centros comerciales y congresos en los que se enamora a los inversionistas.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Salamanca.</strong></span> Representa la energía del Bajío desde 1950, domicilio de la segunda refinería de aceites más grande de Pemex y una planta termoeléctrica que proporciona luz a toda la región. Sordéandose de su pasado agrícola –y más allá de las ligas y el hule–, esta es la última inversión de Mazda en México. La meta del 2014: producir 140 mil unidades de su modelo 3 y seguirse con 230 mil unidades del modelo 2. Por algo empiezan a llamarle «Salamazda».</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Celaya.</strong></span> La «Puerta de Oro del Bajío», el enlace entre Querétaro, León y Guadalajara. Con fábricas como Mabe, Whirlpool, FEMSA, Honda y el vaivén de hombres de negocio masticando un buen corte de carne, Celaya es realmente el vestíbulo de nuestro corredor industrial: una momentánea sala de juntas y el tercer pilar económico de Guanajuato.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>San Juan del Río.</strong></span> Antes tierra fértil con numerosas haciendas, San Juan del Río es hoy el punto más al sur del corredor industrial del Bajío. Entre tanques y fumarolas, San Juan es un espacio donde la ciudad y los parques industriales pierden sus límites, la segunda potencia económica de Querétaro y el paraíso de pequeñas y grandes empresas como Kimberly-Clark, la fábrica de papel donde se producen marcas como Huggies, Pétalo y Kleenex.<br />
&nbsp;<br />
<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/industria3.gif" alt="Industrialización - Sada y el bombón" width="780" height="316" class="aligncenter size-full wp-image-5612" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>«El Bajío: el centro del centro»</h3>
<p>Kèvin Lechevallier, Director Comercial de la Cámara Franco Mexicana de Comercio Industrial:<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>Mi trabajo consiste en atraer inversión extranjera, guiar a las empresas en esta creciente región industrial. En especial trabajo con empresas francesas y puedo decir que la visión de Querétaro y sus alrededores es positiva, hay confianza gracias a su calidad de vida y ubicación. Por eso hay tanta inversión en México, porque es un país estratégico, en medio del mundo: entre Norteamérica y Latinoamérica, entre Europa y Asia. El Bajío es como el centro del centro.</p>
<p>Aquí a las empresas les es más fácil maquilar las partes de sus productos y transportarlas de un lado al otro, sin altos costos y complicaciones. Pero con las reformas fiscales del 2014, el desarrollo económico se ha pausado un poco: hay más filtros y restricciones. Antes se podía comprar la materia prima en Asia, hacer el producto en México y desde ahí distribuirlo a todo el mundo. Ahora también se puede, pero requiere de más tiempo, y todos sabemos que el tiempo es dinero.</p>
<p>Lo bueno es que esto implica una nueva etapa industrial para la zona. Ahora las empresas invierten en sus trabajadores, los capacitan y les dan la educación e infraestructura necesaria para que todo se produzca aquí, no solo las partes. El Bajío está convirtiéndose en una zona de producción al nivel de otros países más desarrollados, y eso también es una revolución en el ámbito social y educativo de la región.</p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Campos industriales</h3>
<p>Si algo es irresistible para la inversión extranjera, esa es nuestra mano de obra. Entre la escasez de empleos y la modernización, la fuerza de trabajo ha encontrado una pequeña salvación en el <em>boom</em> industrial. Nada define mejor a los cambios industriales que las hordas de obreros viajando desde sus comunidades hacia los clústers para fabricar algo. Pasamos de las botas y la parcela a las naves industriales y los zapatos de seguridad.</p>
<p>Pensémonos en transición: campo contra ciudad, siglos de agricultura ante décadas de manufactura. Cada sector va por su lado, pero en conjunto se maximizan. Como los nuevos invernaderos internacionales: estructuras de acero que producen lo mismo que se ha estado haciendo desde la Nueva España: verduras y granos. La diferencia es que ahora todo forma parte de una empresa, y eso significa prestaciones, regulaciones, crecimiento y educación especializada para sus obreros. No por nada las corporaciones han comenzado a invertir en la educación de los países que ocupan: mejores universidades significa trabajadores más preparados, producciones más eficientes y metas superadas.</p>
<p>Aunque conservamos un romántico recuerdo por las antiguas actividades económicas, lo cierto es que la industrialización nos hace menos provincianos. Con cada acuerdo firmado se nos olvida el pastoreo y los pueblos incomunicados. Ahora nuestro paisaje carretero también incluye una capa de cilindros, centros de distribución y puertas de acceso. Y sí, la vista puede ser muy gris y fría, pero es que la necesitamos tanto o más que un fin de semana, solos y en paz, en la naturaleza. Quizá sólo estemos aburridos.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Nuestros puertos secos</h3>
<p>Puerto Interior es el monstruo de los parques industriales. Un puerto seco adyacente al aeropuerto del Bajío, con su propia aduana y vías de ferrocarril que lo convierten en el centro logístico más importante de América Latina y el cuarto a nivel mundial. Es tan vasto y extendido que bien podríamos decir que todo el puerto es Silao; un ejemplo de la industrialización avasalladora, inclemente, total. Por sus pasillos desfila diariamente mercancía de todas partes del mundo, millones de dólares traducidos en productos tan básicos como manzanas o jabones.</p>
<p>Tanta fábrica requiere de energía suficiente para mantenerse en pie las 24 horas. Eso significa que las plantas de luz y el petróleo se encuentran a tope en los alrededores de esta zona, principalmente en Salamanca. El estado de Guanajuato como un gran, enorme, gigantesco parque industrial: cada municipio encargado de proporcionar energía, agua, mano de obra, relaciones públicas, servicio de distribución de mercancías.</p>
<p>Nos hemos convertido en una provincia de bodegones y parques industriales, un clúster que comienza en la periferia y nos arrastra hacia ella. Y de todo eso, el sector automotriz es el que nos domina. Más del 60% de nuestra actividad económica depende del auto, el producto más inestable del mercado, lo primero que uno deja de comprar en tiempos de crisis –bueno, en las crisis también dejamos de comprar calzones.</p>
<p>Si la clase media crece, y con ella las zonas metropolitanas, las empresas automotrices también. Pero si todo declina, las empresas peligran y terminan por ser rescatadas (como le pasó a Chevrolet, pero no a Detroit, en el 2008). Por eso las fábricas, aunque inmóviles, son ambulantes. Se instalan según su conveniencia, hacen y deshacen. Nuestro miedo constante: depender tanto de la inversión extranjera y repetir los errores de nuestros actuales pueblos fantasmas. Cada bodega de autopartes como una lenta predicción del desastre.</p>
<p>Es verdad, la industria es desarrollo –la causa directa de nuestra urbanidad–, pero también es una catástrofe latente. Por ahí leímos en un periódico local que «aquí las fábricas brotan como champiñones», y entonces sólo nos queda observar y adaptarnos a ese brote desmedido en espera de que sí sirvan las salidas de emergencia cuando la eclosión de tuberías, tráilers y fumarolas venzan en la superficie.<br />
&nbsp;<br />
<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/industria2.gif" alt="Industrias en Querétaro y Guanajuato - Sada y el bombón" width="780" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-5611" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>Enclustrados</h3>
<p>Si viajamos a Aguascalientes desde León, lo primero que uno ve es el logotipo de Nissan. Dos plantas enormes en medio de una árida planicie, con sus seis letras resplandeciendo en rojo nipón. Luego vienen los campos de Tiidas y, ya en plena ciudad, unos espectaculares en japonés que promocionan casas y terrenos de suburbio. Aquí lo que preocupa no es la silenciosa migración oriental, sino la aparatosa invasión de casas prefabricadas: la mancha urbana que se desborda sin control.</p>
<p>Hace no mucho la zona industrial y la ciudad eran segmentos independientes, divididos. Pero la industria es implacable y extrema: ensambla y produce para generar más de todo: dinero, cifras, edificios, carros, máquinas. Pero las fábricas no funcionan por sí solas (o por lo menos aún no). Para abastecer sus altas expectativas necesitan de un equipo de trabajadores que se multiplica con cada nueva meta de producción. No es lo mismo producir 100 autos al mes que 2 mil en tres días. Y así como los modelos de autos se multiplican, los trabajadores también, y entonces pasa algo muy curioso: todos comienzan a poblar los alrededores de la fábrica, la rodean y hacen su vida en «barrios» construidos en serie. La zona industrial se confunde con la habitacional y entonces el que vive en el centro comienza a sentirse fuera, alejado de todo desarrollo: del centro comercial, de las escuelas y de las fiestas caseras. El centro como suburbio.</p>
<p>Ahora los clústers se encargan de encerrarnos en un coto de privadas con su respectivo Oxxo y Superama. Y así estamos tan cómodos, tan contentos con el mantenimiento de las áreas verdes, que terminamos aislándonos. De la celda conventual al suburbio con bodegas y fábricas. Ahí, recluidos voluntariamente. Enclaustrados en clústers: enclustrados.<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Días fuera, días dentro</title>
		<link>http://sadabombon.com/dias-fuera-dias-dentro/</link>
		<comments>http://sadabombon.com/dias-fuera-dias-dentro/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 13:40:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[LF Niño]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Las impresiones de alguien que se va de México, vive fuera y regresa al país cada tanto, después de varios años. Una «visión pseudoextranjera», dice L.F. Niño, quien en esta reflexión es juez y parte, como cuando escribimos sobre el lenguaje. Hace unas semanas vi el tuit desesperado de una amiga. Su decepción con el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Las impresiones de alguien que se va de México, vive fuera y regresa al país cada tanto, después de varios años. Una «visión pseudoextranjera», dice L.F. Niño, quien en esta reflexión es juez y parte, como cuando escribimos sobre el lenguaje.<br />
</em></p>
<p>Hace unas semanas vi el tuit desesperado de una amiga. Su decepción con el país estaba a tope. Le respondí: habla con un extranjero y pregúntale qué piensa de México.</p>
<p>La visión de un extranjero casi siempre alivia momentáneamente nuestra desolación. El residente en México, ya sea como trabajador expatriado o como <em>hippie</em> en Oaxaca está vacunado contra la creencia de que «todo está mal».</p>
<p>Su idea del país es opuesta a la nuestra. Y sí, uno puede alegar que un extranjero no sufre la vida en México porque los mexicanos tienden a tratarlos muy bien. (Siempre y cuando vengan del norte o del otro lado del atlántico. Del sur, es otra cosa.) Tendemos a rodarles la alfombra roja, les hablamos del país como si fuera el paraíso, les pintamos todo lo malo con tintes de comedia y nos enorgullecemos de las idiosincrasias, las curiosidades, los extremos, las incongruencias y hasta de las estadísticas más trágicas: México es el mayor consumidor de Coca Cola, el de mayor índice de obesidad infantil. En México los narcos tienen cuentas Instagram y Twitter, el presidente en turno es…</p>
<p>De esta visión extranjera y su beneficio estoy plenamente convencida porque mi laboratorio personal y mis notas de campo acumuladas durante los últimos 2,555 días fuera de México me lo demuestran.</p>
<p>En los primeros 700 días fuera fui de visita a México dos veces. La primera vez, «el sujeto», es decir, yo misma, recolecté nostalgia y cursilería, pero también un suave alivio de haberme ido.</p>
<p>Dicen los diarios:<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>
La República Mexicana es difícil de abandonar. Se cuela por todos lados, impone su presencia con todo lo que tiene. Hace uso de los lazos más íntimos y frágiles para no dejarse olvidar.</p>
<p>Me preguntaron si sentía como si llegara a casa o si me «iba de casa». No supe responder.</p>
<p>Mi hermana enumeró: «En esta vida te quedan como unas veinte o 25 visitas solamente…». Me tomó un rato antes de comprender que se refería al intervalo de dichas visitas, suponiendo una anual como máximo.
</p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
Esas cuentas uno no las hace cuando decide expatriarse definitivamente.</p>
<p>Hubo dos interludios largos entre mis viajes al país. El primero de un año y medio, el<br />
segundo de dos años. Eso me redujo el número de visitas a 21 y media.</p>
<p>Tras el primero volví a sentir la apretada trenza de emociones: el terror de visualizarme en México de forma permanente y la agonía de no querer irme nunca. Fue una suspensión de tiempo, el clásico cántico de «no soy de aquí ni soy de allá».</p>
<p>Los circuitos lingüísticos interferían dolorosamente en mis conversaciones, provocaban la mofa de mis interlocutores y en algunos casos su desdén. La misma reacción recibida por los chicanos con su spanglish yo la causaba con mi frangolish.</p>
<p>De los diarios:<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>
Me da miedo volver. Me da miedo irme. Me siento como una tela fina que podrían rasgar con un tirón. Pensar en no venir en mucho tiempo me aflige, pero en estos días la remota posibilidad de quedarme me aterra casi tanto como morirme. No sé explicarlo. Sentí el vacío, el aislamiento y la lejanía de entonces. Me hace querer correr hasta la frontera y no mirar atrás.
</p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
El invierno del 2014 fue de los más crudos en la historia de Quebec y ha sido la primera visita larga. Cinco semanas en total. Había vivido 2,150 días fuera.</p>
<p>De ahí vino mi conclusión sobre el extranjero y su visión benévola de la vida allá.</p>
<p>Encontré otro México.</p>
<p>A la segunda semana pensé: si hubiera que volver, sería posible encontrar mi sitio.</p>
<p>El viejo terror ya no estaba ahí.</p>
<p>Desde mi llegada, intenté tomar notas pero rápidamente desistí. La estimulación no tenía ángulos de donde asirla, era un torbellino. De las notas de campo elegí tres observaciones. Atribuyo mi elección a la visión sin influencias que me acompañó, pues llevo más de 1,000 días sin leer noticias sobre México y he perdido la comunicación con la mayoría de las viejas amistades a fuerza de rechazar Facebook.</p>
<p>Mis amistades nunca fueron de escribir cartas, y yo dejé de escribir a quien no escribe de vuelta. No llevé expectativas, sólo llevé las ganas de recuperar mi propio fantasma.</p>
<p>Estas son las tres cosas que más me asombraron (de entre muchas otras):</p>
<ol>
<li>La gente joven no tiene miedo de trabajar. Lo vi en cada esquina, en cada comercio, en cada restaurante, en cada tienda. Un contraste con mi mundo diario del <em>do what you love</em>.</li>
<li>Por primera vez vi mujeres haciendo jogging y transportándose en bicicleta en las calles de mi ciudad. El significado de esto no pasa desapercibido por alguien que sufrió la otra cara: el acoso callejero.</li>
<li>La oferta cultural en México incrementa año con año. Festivales de cine, diseño, de todos los géneros musicales. A veces me da envidia.</li>
</ol>
<p>En el lado negativo también enumero tres cosas. De no tenerlas en cuenta, cancelan las tres anteriores.</p>
<ol>
<li>Observé mucha imitación, la cual es innecesaria. Internet es el culpable. México es un país con retraso tecnológico, copia cosas hechas en otros lugares una y otra vez, desde la estética hasta la fraudulenta cultura del emprendedor solitario.</li>
<li>Consumismo rampante, deuda personal incontrolable. Quebec le llama el Tigre Azteca. El mensaje a los inversionistas es: «Es un país donde la edad promedio es de 29 años y el poder adquisitivo aumenta; millones de consumidores en potencia».</li>
<li>El culto al automóvil. Cuando de calidad de vida se habla, liberarse del auto debería estar en primer o segundo lugar después de las necesidades básicas.</li>
</ol>
<p>Llevé una mirada exterior, limpia de noticias, prejuicios, cinismo y memoria: como una extranjera. Encontré un país sorprendente e interesante.</p>
<p>De entre las maravillas en cada esquina, encontré, me atrevo incluso a decir, cierta felicidad de baja intensidad pero más durable. Inexistente en un país como Canadá donde los First World Pains se vuelven insoportables y la búsqueda de la felicidad es como darle a la piñata con pañoleta en los ojos.</p>
<p>No creo estar equivocada en mis percepciones. Si lo estoy no me corrijan. Me gusta mi visión pseudoextranjera.</p>
<p>Yo sigo renovando mi pasaporte mexicano cada cinco años mientras sigo contando los días fuera y los días dentro.<br />
&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Luis Fernanda Niño es mexicana. Vivió mucho tiempo acá y ahora vive en Montreal. Puedes leer otro artículo escrito por ella y publicado en esta revista aquí: <a href="http://sadabombon.com/author/luisa/" target="_blank"><span style="color: #808080;"> sadabombon.com/author/luisa.</span></a></em></address>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El traidor</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2014 14:08:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Patricia Corso]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[El carioca que sale de Río de Janeiro siempre será señalado como traidor. Es una falta de respeto abandonar tanta belleza, una osadía creer que puede haber una cosa mejor. Si la mudanza fuese de Río para São Paulo, entonces, el caso es de pena de muerte. Es peor que cambiar de equipo de futbol [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El carioca que sale de Río de Janeiro siempre será señalado como traidor. Es una falta de respeto abandonar tanta belleza, una osadía creer que puede haber una cosa mejor. Si la mudanza fuese de Río para São Paulo, entonces, el caso es de pena de muerte. Es peor que cambiar de equipo de futbol o de nombre. Falsedad ideológica, de ahí para abajo. Una culpa sincera golpea el primer día que un carioca se siente realmente feliz en São Paulo. Y los amigos que se quedaron no ayudan… «¿Cómo puedes? Tú, que amabas la playa. Justo tú, que abrías la ventana y te sentías feliz hasta de estar detenida en el tránsito de La Laguna».</p>
<p>Y se largan a hablar de fealdad, de enormidad, de los tonos de gris, de los embotellamientos, las inundaciones, la frialdad paulista. «¿Cómo es que pudiste abandonar esto?», pregunta el carioca apuntando en cualquier dirección, sabedor de que siempre va a encontrar una montaña ridículamente bien posicionada o una orilla de mar. Cobardía. Es tan difícil de entender como de explicar. Sin embargo intento. Amigos: si hay alguien que sabe cómo Río es maravilloso es aquel que se fue. Esa playa duele en quien no la tiene. Regresar a São Paulo en lunes y dejar atrás Río amaneciendo es de una violencia que no se puede contar. Todas las fotos de atardeceres en Arpoador me maltratan al punto de querer salir de <em>instagram</em>. Cada sábado de verano en que alguien me llama para ir a una playa «cerca, sólo son tres horas en carro»; en cada «vista linda» que el paulista, con la mejor buena voluntad, quiere mostrar, pero que se revela como una visión panorámica para un montón de edificios; lo juro: la voluntad de llorar no es metafórica. «Entonces vuelve», dicen los amigos. «Quédate», insisten: «aquí es sabroso, cálido, seguro». En verdad es tentador. Río es la falda de mamá. Y los argumentos cariocas para no salir de la ciudad son los mismos que tu madre usó para que no salieses de casa. «¿Por qué te vas si aquí estás bien? Tienes todo lo que necesitas: casa, comida, ropa lavada. ¿Ya no nos quieres?».</p>
<p>Sí, Río, todavía te amo profundamente. No eres tú. Soy yo. Amamos a nuestros padres, pero un día es necesario salir de casa. Me mudé de un departamento gigante, con vista al Pan de Azúcar, para un estudio sin elevador y con vista a una pared. Sí, yo amaba a mis padres, pero necesitaba tener mi pequeño lugar. São Paulo parece grande. Sin embargo, si lo miramos de cerca, es sólo el pequeño lugar de mucha gente. Es la oportunidad de comenzar una nueva historia lo que conquista a quien viene para acá. Río ya está hecho y São Paulo tiene todavía olor de cemento, ruido de edificio en construcción. De un lado una montaña de cinco billones de años, del otro un baldío con la nota: ya pronto. Es la comodidad de lo establecido contra la adrenalina de todas las posibilidades. Hay quien se arruga delante de tanto desconocido. Pero para mí, que aprendí a correr antes que gatear, São Paulo es un alivio. Claro que da miedo, saudade. Sale caro. Hay días en que tengo ganas de salir corriendo para casa de mamá. Y regreso, de preferencia el fin de semana. Entonces, hasta las bromas que encontraba sin gracia me parecen divertidísimas. Cuando regreso a Río todo me parece entretenido y bucólico. El mal servicio no me enoja, la impuntualidad sabe bien, las promesas eternas de «date una vuelta a la casa» tienen el efecto de un abrazo cariñoso. Pero mi saudade no es suficiente para los cariocas. «¿Porque te gusta tanto allá?», preguntan inconformes. Como toda madre, Río es pasional y exagerada. Ofrece mucho, pero cobra una fidelidad polarizada: o gustas de mí o de São Paulo. Río es una mujer deslumbrante que, por eso mismo, lidia muy mal con el rechazo. São Paulo es más humilde, está acostumbrada a ser maltratada. Es fea, sí, pero tiene espejo en casa. Sabe que no puede exaltarse. Ella te va tomando despacio, comiendo por las orillas. Conquista primero tu comodidad, después tu simpatía. Cuando te das cuenta, ya no sabes vivir sin ella. São Paulo acepta tranquilamente ser «la otra», porque es la otra ciudad de casi todo el mundo. Aquí, como no podía dejar de ser, aprendí los tonos de gris: no existe sólo feo y bonito, lejos o cerca, verano o invierno. Todas las estaciones del año pueden ocurrir en un día, eso da una sensación de libertad. A pesar de la dureza aparente, São Paulo es muy flexible. «¡Qué payasada! Libertad es correr en la mañana por la playa», dicen los amigos, y tienen razón. La naturaleza de Río establece el horizonte como límite. Sin embargo la sombra y el agua fría me causaban cierta pereza. Río es una madre manipuladora, manda y desmanda, y tú ni siquiera percibes lo bueno que es recibir sus órdenes. «Ve a la playa, sonríe, come bien, quédate un rato más, descansa».</p>
<p>São Paulo no es la madre de nadie. No pidas faldas que aquí no hay. ¿Qué es lo que vas a hacer con la tal libertad?, preguntaba una canción paulistana años atrás. São Paulo impone pocas cosas, será interesante, pero sólo si tú lo eres también. Es una relación de camaradería, lejos del amor incondicional. En Río basta estar ahí, aquí no. No se vive en São Paulo, se vive con São Paulo. Si esto es mejor que aquello, es imposible de decir. No lo necesita. Fui muy feliz con Río mandándome por 27 años. Sentía tanta obligación de ir a la playa que, de vez en cuando, esperaba que lloviera sólo para poder hacer otra cosa. Solo un carioca consigue entender ese sentimiento. Río es una historia linda con comienzo, desarrollo y fin, en la cual todos vivieron felices para siempre. São Paulo es un asunto para toda la vida, es el futuro que no acaba nunca, final abierto. Si ni mi GPS me consigue tener al corriente de tanta actualización y novedad, imagíname a mí.</p>
<p>Cuando me desencajo por ir tan al frente, vuelo a Flamengo, para la vista al mar, para todo lo que ya conozco. Después de una semana vuelvo corriendo con saudade de mi anonimato, de ser de afuera. Hay una cosa más que sólo un exiliado puede sentir; el placer de decir en una mesa, con cierto aire de superioridad, «sí, soy carioca», sabiendo que atraerá algunas antipatías, sin embargo, también toda la atención del mundo. El carioca se encuentra, sí, se encuentra porque es. Es un lujo ser de Río. Somos una marca que yo, por lo menos, uso sin parsimonia, en estampas bien grandes. Y el paulista, generoso como es, abre espacio para toda esa prepotencia y gusta de nosotros. Un paulista ve más gracia en un carioca, que otro carioca en un paisano suyo.</p>
<p>Y no será este texto bobo el que haga a mis amigos cambiar de opinión y absolverme. «¿Quién diría? Hasta Patricia se vendió». El carioca no se enlista ni se convence, lo sé bien. Por eso, si vas a salir de Río para vivir en São Paulo, ve sabiendo: serás siempre considerado un traidor. Sin embargo, para aliviar la culpa que todavía siento, pido clemencia al jurado, traidora no… A lo más déjenme ser condenada por bigamia: soy capaz de tener dos amores profundos al mismo tiempo.<br />
&nbsp;</p>
<p><em>Traducción de Antônio Cabadas.</em><br />
&nbsp;</p>
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		<title>Endoble</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2014 19:39:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julieta Díaz Barrón]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 21]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre la incesante resistencia de la identidad o la certeza de que no somos nunca suficiente. &#160; No es la idea platónica original, desde luego, pero es una curiosa variante: los que saben que tienen un otro yo. O están también los que anhelan perennemente tenerlo y, por ende, saben que tienen un doble en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Sobre la incesante resistencia de la identidad o la certeza de que no somos nunca suficiente.</em><br />
&nbsp;<br />
No es la idea platónica original, desde luego, pero es una curiosa variante: los que saben que tienen un otro yo. O están también los que anhelan perennemente tenerlo y, por ende, saben que tienen un doble en alguna parte. Que no son solos. Cuando hablo del verbo saber es en el sentido original, porque la certeza es un patrimonio individual y nunca colectivo. Los que estamos alrededor podríamos presentir que no existe un <em>doppelgänger</em> de X persona, pero X sí lo sabe. Por ende, sabe más que nosotros. Aunque no exista tal, ¿o sí?</p>
<p>Bueno, pues hay muchas personas que quieren o no quieren pero tienen indicios o certezas de que existe su doble. </p>
<p>Y no me refiero a que haya alguien que crea que tiene un «alma gemela» por ahí perdida; no, no es esa cursilería. Es la certeza de que se tiene un doble. Y también debe ser cursi, no lo sé. Sólo sé que nacemos individuos y solos y que debe ser una cosa espantosa tener ese vacío cabalgando junto a ti: la desgarradora noción de que no eres un completo –único y solo– ente. Por favor, no me rebatan con ejemplos de gemelos o de trillizos. <em>You know what I mean here</em>.</p>
<p>Abundan páginas en Internet de personas reportando sus <em>doppelgänger</em> en plan esotérico. Abundan. Pero esos aquí no nos interesan.</p>
<p>Abundan también en la ficción los personajes dobles, desde Dostoievski hasta Cortázar, pasando por Borges y Maupassant. Si me lo preguntan, mi doble literario favorito es el de <em>El vizconde demediado</em>, pero esa me parece una idea más refinada, porque en realidad no es un doble, sino una mitad perdida que va por su lado, a sabiendas de que no es un completo yo, sino el pálido fragmento de sí.</p>
<p>Aquí me quiero detener en varias particularidades de quienes saben o asumen un doble: aquellos que tienen el síndrome de Capgras y los que sufren del síndrome de los dobles subjetivos, sin dejar de lado el fenómeno curioso de aquellos que reportan jamás haber visto a su doble, pero muchos en su entorno –conocidos, amigos– sí.</p>
<p>El síndrome de Capgras consiste en la certeza de que una persona de extraordinario parecido, casi idéntico, ha suplantado a otra. Hay variadas y buenas ficciones al respecto; no quisiera detallar la peli que protagoniza Angelina Jolie en <em>El intercambio</em>, sino mencionar otra menos conocida que, sin tener el síndrome en el eje central de la trama, le da una interesante vuelta de tuerca: en la rara pero disfrutable <em>Synechdoque, New York</em>, Charlie Kaufman le da vuelo a la hilacha hasta lograr que el protagonista Caden (Philip Seymour Hoffman ensanchado) termine siendo testigo de un actor que lo suplanta en su obra de teatro que, a poco de ser una parte de Nueva York, termina engullendo la realidad, suplantándola, absorbiéndola, y cobrando una vida propia. Ser testigo de que otro, poco a poco, se convierte en ti.</p>
<p>Ahora bien, en eso que se llama «vida real» se puede presentar el síndrome de Capgras en hasta un tercio de las personas que sufren de Alzheimer. Debe ser terrible despertar un día, voltear al otro lado de la cama y convencerte de que quien respira sobre la almohada, quien se mece entre las sábanas todavía tibias, no es tu marido; es un ser idéntico a él, pero otro.</p>
<p>Terror.</p>
<p>En el caso del síndrome de los dobles subjetivos, la persona está segura de que hay alguien idéntico a él o ella, pero con un comportamiento disímil. O también puede suceder que la persona conciba que se está convirtiendo en otra por la que puede ser reemplazada. El vértigo de la falta de reconocimiento. Te ves en el espejo y no eres tú. O, sin espejo, te ves a ti en otro, que no eres tú.</p>
<p>Terror doble.</p>
<p>Y por último, habrá que llegar al nivel anecdótico: está el caso muy reportado de aquellos a quienes constantemente les dicen que tienen un doble; que han visto a alguien idéntico, pero en una circunstancia que los hace suponer que no son la misma persona. Ojo: no es el clásico chanfle de confundir gemelos. Aquí se trata de un sosias que sí existe. Que no es, como en los dos casos previos, alguien cuyo trastorno lo nubla. Aquí los que ven al doble son otros muy sanitos de la mente. Dicen que anda deambulando por la ciudad, sin control tuyo, alguien que eres tú.</p>
<p>La identidad es, pues, pertenencia cerebral. Discrecional decisión neuronal. ¿Existirá de verdad un sosias? Freud sabía que no, pero le daba miedo contactar al dramaturgo –también austriaco– Arthur Schnitzler. Le espantaba descubrir coincidencias estrepitosamente evidentes con una persona que no era él. ¿Y qué pasa si en una de esas, de tanto buscar, sí te encuentras con otro que no es otro, <em>que eres tú</em>?</p>
<p>La identidad es endeble. Es a veces un doble.<br />
&nbsp;</p>
<hr />
<address><span style="color: #808080;"><em>Julieta Díaz Barrón –o en una de esas su doble– es una de las más frecuentes y celebradas colaboradoras de esta revista. Lee más artículos de Julieta en <a href="http://sadabombon.com/author/julieta/" target="_blank"><span style="color: #808080;">sadabombon.com/author/julieta.</span></a></em></address>
<p>&nbsp;</p>
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