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Jóvenes escritores, diez narradores y poetas mexicanos de nuestra literatura contemporánea

Todos los escritores de esta lista han sido publicados en editoriales independientes, la mitad tuitea religiosamente y la otra no ha publicado nada desde hace un par de años. Cuando unos comenzaban a escribir, otros apenas gateaban. Lo único que une a esta decena de escritores es su juventud editorial: a lo mucho tienen dos o tres libros editados.

Pero es esa lozanía —y su irremediable contemporaneidad— lo que convierte a sus historias en retratos de una actualidad fulminante; inquietos relevos generacionales de un país con una progresiva producción literaria.

1 > Daniel Saldaña París

(Ciudad de México, 1984)

A Saldaña París lo leímos primero en algunos artículos de Letras Libres, luego lo descubrimos tuiteando (@ds_paris) y desde entonces somos ávidos lectores de sus pequeñas tragicomedias.

Además de los tuits, es autor del libro de poemas La máquina autobiográfica (Bonobos, 2012) y la novela En medio de extrañas víctimas (Sexto Piso, 2013), que narra la vida de Rodrigo, un joven burócrata envuelto en situaciones tan trágicas como humorísticas, que incluyen espiar una gallina desde su departamento y viajes hipnóticos inducidos por la ingesta de orina.

En la revista publicamos su columna mundialista «Vamos, Belice» . Léela aquí: sadabombon.com/author/daniel-saldana-paris.

2 > L. M. Oliveira

(Ciudad de México, ¿?)

Entre dar clases de Filosofía y Letras en la UNAM, sus artículos de investigación y las colaboraciones con revistas nacionales, Oliveira escribe novelas y ensayos donde las teorías filosóficas expanden las dimensiones del texto.

Además de tener bien oculta su edad (Google colapsó al intertar descubrirla), es autor de La fragilidad del campamento (Almadía, 2013), un gran ensayo sobre el papel de la tolerancia en nuestra sociedad y democracia: desde las antiguas diferencias religiosas hasta el discurso político donde la tolerancia es más adorno que realidad. Una lectura ndispensable para nuestra civilidad.

3 > Martín Solares

(Tampico, 1970)

Si Élmer Mendoza es la ficción sinaloense, entonces Martín Solares es su contraparte en la costa tamaulipeca. De él sabemos que anduvo estudiando un doctorado en París, editó por un tiempo las colecciones de Almadía y, probablemente, en sus ratos libres escribió el único libro que ha publicado.

Su novela Los minutos negros (Mondadori, 2006) es la historia de un detective intentando resolver un crimen ocurrido veinte años atrás en el puerto de la ficticia y húmeda ciudad de Paracuán, Tamaulipas. Entre sospechosos agentes policíacos, un jesuita aficionado al vodka y hasta la aparición surrealista de Rigo Tovar, Solares construye un relato donde la ciudad tropical bien podría ser el reflejo noir de nuestra república corrupta.

4 > Juan Pablo Villalobos

(Guadalajara, 1973)

Egresado de Marketing y Literatura Hispánica. Lo mismo está haciendo un estudio de mercado sobre la ergonomía de los retretes o escribiendo una crítica literiria de algún escritor latinoamericano de la primera mitad del siglo XX.

Su primer novela, Fiesta en la madriguera (Anagrama, 2010), cuenta la historia de Tochtli, un niño mimado que quiere un hipopótamo enano de Liberia, y su papá, un poderoso narcotraficante que hará lo imposible por cumplirle el capricho. El virtuosismo narrativo que le hacía tanta falta a lo que ahora llaman «narconovela».

5 > Fernanda Melchor

(Veracruz, 1982)

Fernanda Melchor es la voz de la crudeza jarocha, impecablemente devastadora y salvajemente actual.

En el 2013 debutó con dos grandes libros editados por Almadía: Aquí no es Miami, una colección de crónicas periodísticas, y Falsa liebre, una novela donde cuatro personajes combaten el insufrible calor del trópico (y el tedio) a través de la violencia y la marginación del sórdido puerto de Veracruz.

6 > Verónica Gerber Bicecci

(Ciudad de México, 1981)

Artista plástica transformada en escritora y viceversa. Es editora de una de nuestras editoriales independientes favoritas: Tumbona Ediciones.

De su obra literaria resaltamos Mudanza (2010, Taller Ditoria), un libro de ensayos sobre cinco artistas del siglo XX —como Ulises Carrión o Sophie Calle— que abandonaron la literatura para consagrarse en el arte; una prosa ensayística que por momentos parece obra conceptual.

7 > Carlos Velázquez

(Torreón, 1978)

Para los más académicos, la obra de Carlos Velázquez es un disturbio, y eso cae muy bien. Con un estilo de humor corrosivo y narrando los matices violentos del norte del país, Velázquez ha publicado tres libros con Sexto Piso: dos de cuentos y uno de crónicas titulado El karma de vivir al norte que explora la identidad norteña sin clichés.

De sus cuentos recomendamos el del travesti que se convierte en amuleto de la suerte de un equipo de béisbol lagunero. El cuento-mexicano-contemporáneo en su máxima expresión.

8 > Paula Abramo

(Ciudad de México, 1980)

A Paula Abramo la conocimos primero traduciendo obras del portugués al español. Luego la leímos en poemas sueltos y eventualmente reconocimos su riqueza lírica en el poemario —y elogio familiar— Fiat Lux (Tierra Adentro, 2012), que lo mismo significa «hágase la luz» o el nombre de una fábrica de fósforos donde su abuela trabajó como inmigrante en el Brasil de los años veinte. Algo así es Abramo en el panorama poético de nuestro país: un cerillo en plena combustión.

9 > Inti García Santamaría

(Ciudad de México, 1983)

García Santamaría es uno de esos poetas víctimas de la actualidad. En su lírica siempre sale a relucir la escritura en fragmentos, el zapping y la simultaneidad.

Nunca cambies (Aldus, 2011) es su recopilación de cinco años de poemas, donde leemos versos como «La memoria es un potro enfermo que marcha forzado hacia la casa colonial donde trabajábamos con agujas» o «Los brillos de sal / sobre nuestros cuerpos oscuros / son estrellas / fugaces».

10 > Emiliano Monge

(Ciudad de México, 1978)

«Si hoy fuera joven, así me gustaría escribir», dijo José Agustín sobre Emiliano Monge. Entre dar clases en la UNAM y editar libros y revistas, Monge ha consolidado una concisa trayectoria literaria basada en una prosa que juega con los detalles descriptivos y el simbolismo poético.

Su más reciente novela, El cielo árido (Mondadori, 2012), narra la historia del pueblo ficticio de Lago Seco (metáfora de México), donde su protagonista es envuelto en una espiral de violencia de la que solamente el desierto y las montañas son testigos.


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