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Una lista caprichosa de las diez cosas que más admiramos de Woody Allen

1. Annie Hall. Una especie de autobiografía dramatizada. Una paranoia reflexiva. Un profundo ensayo sobre la pareja: Alvy Singer, temeroso por perder su libertad, pierde a la única persona con la que se ha sentido a gusto: Annie Hall. Una comedia romántica donde uno ríe de tristeza. En México, no sabemos por qué, se tradujo como Dos extraños amantes.

2. La visión de la vida. Para Alvy Singer (aka Woody Allen) los seres humanos se dividen en tan sólo dos categorías: los horribles y los miserables. Los primeros son los enfermos terminales y los discapacitados; todos los demás somos miserables, por lo que tenemos que estar muy agradecidos.

3. Su clarinete y su grupo de jazz. En 1977, Annie Hall fue nominada a cinco premios Óscar, de los cuales recibió cuatro. Allen no asistió a la ceremonia alegando que ese mismo día tenía su ineludible sesión de clarinete en el Michael’s Club de Nueva York.

4. Sus entrevistas. De todas las entrevistas que ha dado y conversaciones que ha tenido, hay dos buenas recopilaciones: Woody por Allen, del crítico y cineasta sueco Strig Björkman y Conversaciones con Woody Allen, de Jean Michel Frodon.

5. Zelig. Un falso documental sobre Leonard Zelig: el hombre camaleón, la persona que se transforma en la gente que tiene al lado: le crece la barba, se tinta de negro, toma rasgos orientales; cuando los psicólogos intentan estudiar su caso, no pueden porque él se transforma en uno de ellos. Un hombre que es todos a base de ser ninguno, o viceversa: Zelig.

6. La relación con Bergman. La admiración de Woody Allen por el director sueco fue el motivo de grandes melodramas existenciales: Interiores, Otra mujer, Septiembre. También, por cierto, es admirable su relación con Fellini.

7. El episodio Kugelmass. Un cuento delicioso. Cansado de su vida amorosa, un tal Kugelmass conoce a un mago que lo puede transportar a cualquier época. Así, Kugelmass viaja a la Francia del siglo XIX para conocer y tratar de ligarse a Madame Bovary.

8. Su virilidad y sus mujeres. El tipo es chaparro, medio feo, miope y falsamente acomplejado. Aún así, Woody Allen no escatima en interpretar al gran galán que conquista, siempre, a un portento de mujer. Y también en la vida real: conquistó a Louise Lasser, a Diane Keaton y provocó un escándalo cuando Mia Farrow, su entonces pareja, descubrió el romance de Allen con su hija adoptiva Soon-Yi Previn.

9. El amor, el sexo y la muerte. Prácticamente todas sus películas –y sus libros y sus dramas– hablan de lo mismo: del amor, del sexo, de la muerte y, por supuesto, de Dios. Detrás de la celeridad de su lenguaje se encuentra el análisis de nuestras propias imperfecciones y contrariedades. Inquietudes intelectuales de inspiración cómica.

10. Su irregularidad. Woody Allen ha dirigido más de 40 películas, muchas buenas, algunas malas. Lo que nos gusta está en las malas, pues la relación con él deja de ser admirativa para convertirse en afectiva. Woody, más que un maestro o un genio, es un amigo.
 


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