SB 24
Octubre - noviembre 2014
SB 23
Agosto - septiembre 2014
SB 22
Junio - Julio 2014
SB 21
Abril - Mayo 2014
SB 20
Febrero - Marzo 2014

La voluntad del amor

Una crítica de Los insólitos peces gato, la ópera prima de la mexicana Claudia Sainte-Luce.

Cuando uno sale del cine sintiendo bienestar y paz, se agradece. Este fenómeno catártico es invaluable y difícil de encontrar en la cinematografía nacional, dadas las producciones recientes, en las que las películas poseen una alta calidad fílmica, pero hablan sobre el violento contexto actual. A veces lo último que queremos es ver un film que nos refleje la cruda realidad a la que nos enfrentamos día a día; buscamos, por el contrario –y quizá sin saberlo– entretenimiento, no banalizando nuestras circunstancias, sino tratando de mirarlas desde una perspectiva diferente.

La ópera prima de la mexicana Claudia Sainte-Luce lleva por nombre Los insólitos peces gato y es justamente una comedia dramática del tipo feeling good que es capaz de conectar con nosotros de manera simple y natural y, mejor aún, de permitir adentrarnos en la vida de una familia que está pasando por un momento difícil, pero que supera las adversidades.

Claudia (Ximena Ayala) es una joven solitaria que trabaja en un supermercado. Tras un fuerte dolor abdominal tiene que ir al hospital donde conoce a Martha –una esquelética y convincente Lisa Owen– que es madre de familia con cuatro hijos y enferma de SIDA en etapa terminal. Las circunstancias acercan a ambos personajes y «obligan» a Claudia a convivir un poco más con todos en la familia.

Poco a poco Sainte-Luce va explorando a cada uno de los miembros de la casa: Alejandra, Wendy, Mariana y Armando, y por supuesto Martha y Claudia. De conocerlos de manera muy superficial vamos acercándonos y entablando una relación empática con cada uno de ellos, mientras acompañamos a la joven solitaria en la nueva dinámica familiar. Al mismo tiempo, ella va descubriendo sentimientos y emociones que seguramente no pensó jamás percibir en su interior. Su vacío se va llenando lentamente con el calor de un hogar que la recibe con desconfianza, pero que al mismo tiempo descubre que la necesita.

Las vivencias compartidas y las situaciones dolorosas van fortaleciendo los lazos entre los hermanos y Claudia, mientras desaparecen las fronteras de las diferencias y la desconfianza. Es la comunicación continua y la apertura –aunque lenta– de cada uno para con el otro, lo que permite que esto suceda. Es gracias a que cada uno accede a conocer sin juzgar a otro ser humano, que es posible que se establezca una relación como la que se gesta al interior de ese núcleo familiar. Claudia crece a través de la aceptación de los demás, y de entregar amor a todos ellos, mismo que manifiesta a través de pequeñas –pero sustanciales– acciones y gestos.

Pero si la familia fuera perfecta, como lo es en películas como Mientras dormías (Jon Turteltaub, 1995) o The Blind Side (John Lee Hancock, 2009), sería obvio comprender la fórmula de «familia redentora» y «personaje solitario a la deriva». No obstante, el núcleo retratado por Sainte-Luce es más bien realista y lleno de adversidad (sin ser fatal), así es más bien un modelo familiar del tipo Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton, Valerie Faris 2006) con dudas, defectos, carácter y compuesta enteramente por seres humanos imperfectos. Por tal razón, la evolución de la relación entre todos no es fácil ni mágica, sino creada con paciencia y amor honesto.

Así, una de las principales virtudes de la película: el guión, realista y sincero, que se nota como un trabajo ya no sólo personal, sino íntimo de su guionista y directora. Sin ser una comedia hilarante, Los insólitos es una cinta que avanza como si pisara terreno desconocido, con un cadencioso y sutil ritmo; poco a poco desvela momentos frescos y sumamente graciosos que rompen con la tensión generada por la preocupación de la enfermedad, el letargo de la sociedad, la incertidumbre, la espera y la soledad.

Además, Sainte-Luce ha atinado a una estética mayormente realista pero salpicada de colores brillantes, que resaltan la esperanza y la belleza que se oculta en las cosas más simples de la vida: el encanto de un vocho amarillo, la sutileza de una pecera, la relevancia de una mochila o el desfile de tonos en los envases de una tienda de autoservicio.

Aunado a esto, una reflexión profunda ante la realidad inminente de las familias diferentes que cada vez son más comunes en nuestra sociedad, pero que no son sinónimo de malestar o deficiencia, sino que en medio de su prejuzgada disfuncionalidad, sus dinámicas sobrepasan los estándares sociales para consolidar lazos a través de algo más grande que no siempre se refiere a la sangre, sino al cariño y el respeto por el otro.

El amor es entonces la raíz vital de la familia representada en Los insólitos, pero también es el motivo para la unión de cada elemento; es el pretexto para acercarse al otro, es la razón para mantenerse con vida y luchar con las uñas por sobrevivir a una enfermedad terminal; es la venda para las heridas profundas y la única opción para conciliar las diferencias. La película misma es un acto de amor, es un homenaje a una mujer y a su familia que abrió las puertas de su casa y de su corazón.

Los insólitos peces gato es por mucho una de las mejores películas mexicanas de este 2013, que no sólo ha representado al cine nacional con una lección de cariño desinteresada, sino que además lo ha hecho sin exhibir pretensiones y sin encontrar el «hilo negro perdido» en la inmensidad del celuloide. Claudia Sainte-Luce se estrena en la taquilla nacional con una película completa que es capaz de desgarrarnos las venas, sacarnos una carcajada y dejarnos con un buen sabor de boca, una extraña –pero gratificante– sensación de paz interior, y una sonrisa dibujada.

 


Cristina Bringas es productora, crítica de cine y gestora de proyectos culturales. Actualmente dirige DocumentaQro, donde proyecta, todos los martes, de forma pública y gratuita, un documental. Puedes leer sus críticas de otras películas en elespectadorimaginario.com y en filmefilia.tumblr.com

 


Artículos Relacionados:

Tener un cine club —entrevista a Gabriel Hörner

Este año, el Cine Club del Museo de la Ciudad de Querétaro cumple 20 años. A propósito del aniversario, entrevistamos a Gabriel Hörner, director del museo y principal impulsor del proyecto desde 1994. Podríamos decir que el Cine Club es Gabriel: él ha sido el motor de la idea, ha puesto infinidad de veces el proyector, los DVDs, las relaciones con cinetecas y mucho más para proyectar cientos de películas que de otra manera no hubiéramos podido ver en Querétaro.   ¿Con qué película comenzó el Cine Club del Museo de la Ciudad? La primera proyección fue en el auditorio del Museo Regional, el 2 de febrero de 1994, una copia en 16 milímetros de Las noches de Cabiria de Fellini. Llegaron poco más de 400 espectadores.   ¿Cuál era el panorama cinéfilo de Querétaro en 1994? ¿Cómo ha cambiado? Ha cambiado mucho. Justamente en 1994 se privatizaron los cines de COTSA —la compañía estatal que manejaba casi todos los cines del país— y eso aceleró su decadencia: casi todos acabaron en cines porno. En Querétaro quedaban cuatro cines de COTSA en el centro y había tres Cinemas Gemelos de la Organización Ramírez (que luego se convirtió en Cinépolis). Incluso como cartelera comercial, el panorama era muy pobre. El único refugio del cinéfilo en esa época eran los video clubs, que para entonces ya no tenían un catálogo tan amplio como cuando empezaron, a mediados de los ochentas. Ahora es muy diferente, por un lado cada vez hay más pantallas comerciales y por otro puedes acceder a casi cualquier película desde tu computadora.   ¿Cuál es la diferencia entre el «buen» y el «mal» cine? ¿Qué películas definitivamente no se proyectarían en el Cine Club? El propósito del Cine Club es ofrecer al público otras opciones a la cartelera comercial y promover películas con valor artístico o histórico o con algún otro tipo de interés. Me resultaría muy difícil establecer una diferencia entre el «buen» y el «mal» cine a la hora de programar. En términos estrictamente históricos toda película es importante, aunque sólo sea por el hecho de que retrata su época de una u otra forma —esa es un poco la idea detrás de las cinematecas y los archivos fílmicos. No se me ocurre qué películas definitivamente no programaría; si algún título «malo», digamos, fuera relevante al tema de un ciclo, no dudaría en ponerlo; o incluso un ciclo completo programado con criterios distintos a la calidad. Hace unos años programé un ciclo de comedias de los ochenta y, un poco para que no pensaran mal de mí, le puse «Cine de horror de los ochenta». Eran bastante malas casi todas, pero el valor nostálgico era muy alto. Fue un ciclo muy exitoso. Podría decir que no programaría películas aburridas, pero ese también sería un buen ciclo: «Las películas más aburridas de la historia» (y ahí lo divertido sería poner títulos muy prestigiosos). Otro factor es que no nos dirigimos a un público homogéneo sino a públicos muy diferentes. Desde hace un tiempo, procuro que el cine club tenga otros programadores para atender esta diversidad y ofrecer un servicio más amplio. Los lunes por la tarde, «Otro Cine Querétaro» programa películas de carácter social y político, y por la noche Manuel Oropeza ofrece un programa extraordinario de ópera en video. Los martes ponemos la programación, digamos, oficial, que en su mayoría es cine de autor. Los miércoles son para el «Freak Show», un grupo de jóvenes interesados en el cine de culto. Y también están los ciclos que se programan en el Cine-Teatro Rosalío Solano y otros que solicitan escuelas o instituciones.   ¿Cuál ha sido el ciclo más exitoso? Hemos tenido bastantes, veinte años son muchos años. Recuerdo uno de cine de horror extremo que tuvimos que mover a una sala más grande porque el público ya no cabía. La última película del ciclo era Ichi, el asesino en función de medianoche; había personas sentadas hasta en el suelo. Otro que funcionó muy bien era de clásicos excéntricos del cine norteamericano, que iban desde La emperatriz escarlata hasta Miedo y asco en Las Vegas, pasando por Pink Flamingos y Eraserhead.   ¿Cuántas películas se han proyectado sin absolutamente nadie en la audiencia? Tiene que llegar por lo menos una persona para que se proyecte la película; no recuerdo ni una sola función cancelada porque no llegó nadie. Uno o dos por lo menos sí llegan. A veces se suspende la función porque se van todos antes de que se acabe, eso sí. Me gusta cuando programo cosas que exigen mucho del espectador, en tiempo o complejidad. Hemos hecho varios maratones; el primero fue una función continua de Berlin Alexanderplatz, la serie de televisión de Fassbinder de 15 densas horas de duración. La proyectamos en el auditorio de Bellas Artes en una copia en 16 milímetros. Al principio estaba llena la sala, al final quedaban como veinticinco personas. En ese tiempo todavía había prostitutas en la Plaza Constitución, y como regalábamos café y empanadas, en los intermedios se juntaban en el vestíbulo y entraban a ver a las prostitutas alemanas de la República de Weimar... fue muy especial.   ¿Tiene el Cine Club alguna pretensión social; crecer la audiencia, motivar ciertas conversaciones, reunir distintos grupos de personas? Siempre ha cumplido una función social importante: el Cine Club amplía horizontes, crea conciencia, crea comunidad. Durante muchos años estuvimos exhibiendo películas y series de televisión en la cárcel de San José el Alto con frecuencia semanal. Les mandábamos cuestionarios encaminados a que reflexionaran sobre sus vidas a partir de la selección de películas que hacíamos. Nos daban una libertad increíble, podíamos programar lo que quisiéramos. (Fue la época en que producían musicales adentro.)Ahora me gustaría trabajar en asilos de ancianos: aunque tienen televisiones y reproductores de DVD, es difícil que accedan a las películas que vieron en su juventud; creo que eso podría darles mucho placer.   Recomiéndanos un ciclo de películas infalible. Lo que sea de Alfred Hitchcock. Godard dijo alguna vez que las películas que Hitchcock realizó para Universal Pictures eran tan importantes en la historia de la civilización como la Capilla Sixtina, con la diferencia de que aquéllas habían sido vistas por decenas de millones de personas y ésta por un número mucho más reducido. Es algo infalible, Hitchcock siempre te llenará la sala y no estás haciendo ninguna concesión. La última vez que lo programé llegó un público muy joven a verlo. Cuando pasamos Psicosis, no tenían ni idea de que asesinaban a la protagonista a los quince minutos de empezada la película. Fue muy emocionante ver su desconcierto y envidiarlos. ¿Qué no daríamos por recuperar esa sorpresa? Billy Wilder también es infalible pero el público novel no lo ubica tanto como a Hitchcock.   ¿Cuál ha sido tu motivación a lo largo de estos años? Cuando era niño, y a pesar de que en mi casa se iba mucho al cine, siempre quería ver más películas pero el principal obstáculo era el costo de las entradas. Para el niño que fui, una función de cine gratis era la dicha absoluta; a lo mejor por eso me he pasado la vida organizando funciones gratuitas.   Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, El cine, dentro de la edición 24 de Sada y el bombón....

Leer más
La gran belleza - Sada y el bombón

La gran belleza

La constante búsqueda de la inasequible belleza. Una lectura de la última película de Paolo Sorrentino.   Cuando leí sobre La grande bellezza la busqué y traté de ...

Leer más

Cine para sentir

Prefiero que la gente sienta una película antes que entenderla. ~Robert Bresson   Una fuerte influencia que proviene de Hollywood —y la mayoría del cine de tod...

Leer más

Exit Through The Gift Shop –la película de Ba...

¿Un documental que al mismo tiempo es comedia? Hmm, no lo sé… me suena a los pseudo-documentales donde sale Sacha Baron Cohen… ¿Es serio? Sí, tot...

Leer más

Publicidad