Dejemos un lado, por ahora, este mural de La Remolacha y enfoquémonos en una duda que seguro nos carcome a todos: ¿por qué diablos la calle donde está este mural se llama Ronco Pollo? ¿Fue acaso bautizada entre alitas y pechugas? ¿Solía ser la calle de las rosticerías? ¿Alguien se estará burlando de nosotros?
Y el pollo es lo de menos. Lo verdaderamente enigmático es el adjetivo: el carácter ronco del pollo. Calle Los Pollos, calle Pollerías o incluso Pollicalle, todo eso es aceptable, ¡pero por qué un pollo ronco! ¿Acaso existen pollos afónicos? ¿Alguna vez alguien ha escuchado un pío áspero? ¡Qué diablos!
Parecería una broma de la modernidad. Pero no, encontramos un opúsculo de finales del siglo XIX donde el hijo de don Cayetano Rubio habla una y otra vez de «la toma de Ronco Pollo, la que dá paso á el agua que surte al Barrio de San Sebastián […] en el Molino de San Antonio».
Misterio (casi) resuelto: el curioso nombre de la calle Ronco Pollo data de por lo menos 1879. Lo que todavía no resolvemos es lo que tiene La Remolacha en su imaginación para que se le ocurran pollos que reman dentro de cerditos-acuáticos-come-abejas.
¿Qué pasa dentro de la cabeza de La Remolancha [sic]? Ayúdenos, que ese sí es un misterio.
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