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Samuel Ruiz: el Caminante que nunca se detuvo

Qué ganas tengo de estar en San Cristóbal de las Casas. El día de hoy serán las exequias de don Samuel Ruiz, el tatic de la gente más pobre de Chiapas. Imagino el cuerpo inerte de don Samuel en el centro de la catedral mestiza, entre nubes de incienso, copal, flores, veladoras y muchos, muchos colores –los que pintan los trajes de los miles de indígenas que se congregarán a dar el último adiós a quien por muchos años les regaló un poco de eso que llaman esperanza. Qué ganas dan de estar en San Cristóbal y escuchar la liturgia en tzotzil, ch’ol, tzeltal y tojolabal, las lenguas de sus hijos, las mismas que tatic aprendió con gran esfuerzo. Miles de indígenas, estoy seguro, bajarán de las montañas y entrarán en caravana a la catedral; seguramente más de los quince mil que en el año 2000 participaron en la ceremonia litúrgica con motivo de sus 40 años de servicio episcopal.

Hace más de diez años que el Caminante no transita por las carreteras de Chiapas. Este personaje fue muy popular entre choferes, taxistas y traileros que recorren los caminos de asfalto o terracería de uno de los estado más pobres de México. A través de un radio de onda corta, este personaje intercambiaba novedades sobre el estado de las carreteras e información ordinaria sobre acontecimientos regionales y locales. Pocos saben que el Caminante fue el seudónimo preferido de don Samuel Ruiz y sólo una de las múltiples actividades de pastoral de quien prefirió andar por los caminos y la montaña más que reposar en su casa episcopal. A don Samuel nada lo detuvo. Con gran sencillez recorrió todos los rincones de su diócesis llevando esperanza a los más pobres, no importaba si era a lomo de burro, en su caballo Siete Leguas, en jeep o a pie, caminando grandes distancias.

Qué falta nos va a hacer don Samuel. Qué huérfanos nos ha dejado el hombre defensor de los indígenas, imitador de Bartolomé de las Casas. Qué vacío tan grande deja el hombre comprometido por los que nadie se compromete; defensor natural de los naturales, líder auténtico sin habérselo propuesto, hombre estudioso y sencillo, portador de una autoridad moral enorme, perseguido y señalado como parte del movimiento más radical de la Iglesia, personaje único que siempre supo estar a la altura de sus circunstancias.

Hoy me da tristeza no haberlo seguido más en los últimos años de su vida, en los que escogió Querétaro como lugar de retiro. Vivía con su hermana, en una casa modesta de Jardines de la Hacienda y todos los domingos asistía al templo de la colonia, donde oficiaba misa y recibía a los amigos.

Qué ganas, repito, de estar en San Cristóbal: ver la llegada de sus hijos desde los cuatro puntos cardinales; qué celebración más grande y qué tributo tan merecido. Se nos fue don Samuel, hay que estar tristes. «Estar arriba con los de abajo, estar adentro con los de afuera y caminar para que las cosas no sean iguales».
 


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