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¿Cómo disfrutar una boda si no conoces a nadie?

Ir solo a una boda es un contrasentido. Una boda es la celebración de la pareja, y no sólo porque un hombre y una mujer (o lo que sea) se unen, se besan, se definen como pareja y celebran ahí, entre y con todos, su Amor™, sino porque en una boda todo sucede de dos en dos: parejas desfilando por el altar, parejas bailando el vals, parejas sentadas entre otras parejas (en las bodas no existen mesas para 7 o 9 personas). Ir solo a un emparejamiento es tan absurdo como vestirse con un solo calcetín.

Sin embargo, la contradicción existe: hay tanto calcetín solitario como personas desparejadas en una boda. Y uno podría gastarse la poca dignidad que le queda compadeciéndose de sí mismo, lamentándose de lo solo que uno está y de lo triste, abandonado, pobre y desgraciado que es. Pero conviene no hacerlo, conviene mejor pensar que ir solo a una boda es tan ridículo como la boda misma, tan ridículo como esos novios y esas parejas irrisoriamente equilibradas. De esta forma, uno no sólo se siente acompañado, sino que entiende que el ridículo y el contrasentido son los orígenes de la más pura y genuina diversión.

Nada tan anárquico y divertido como ir completamente solo a la Gran Fiesta de la Pareja.

 


Juega a las sillas. ¿Recuerdas las fiestas infantiles? Pues aplica el juego de las sillas en la boda; aprovecha tu condición libre e independiente, brinca de mesa en mesa y conbebe, por supuesto, con la mesa que más aplauda (pues te llevarán a la niña).

 


Fíngete plantado. Dile a todos que en cualquier momento llega tu pareja. Luego finge una llamada telefónica y declárate plantado, abandonado. Come doble y bebe doble y vuélvete un poco esquizofrénico. En pequeñas dosis, el delirio es divertido.

 


Toma fotos. La cámara puede ser un juguete y un bastón; entretiene y sirve para pasarla mejor. Con una cámara puedes estar en la mesa sin hablar y en la pista sin bailar. Además, en una boda a todos les gusta posar para las fotos. Que posen para ti.

 


Interpreta personajes. El miedo al ridículo se supera imaginando que el ridículo lo está haciendo alguien más. Ponte una máscara, interpreta un personaje y desenvuélvete. Por ejemplo, simula ser un mesero y baila con una charola ofreciendo bebidas por doquier.

 


Ponte jaiper. No te emborraches, bebe sólo hasta obtener un poco de euforia. Y brinca mucho, que si no conoces a nadie tampoco nadie te conoce a ti. Como dice aquella gran, enorme canción, «deja de taparte que nadie va a retratarte».

 


¿De plano estás muy solo?. Si no está funcionando ninguna de las anteriores recomendaciones, aplica el cliché y lígate a alguien. En una boda es facilísimo, casi natural, salir emparejado. Y siempre hay alguien más por ahí que va solo.

 


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