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Gritarle al cácaro, en poco tiempo, será como gritarle a la señorita del 030

El Cácaro, el original, ya murió. Era el apodo de un proyeccionista un tanto cacarizo que trabajaba en uno de los primeros cines del país. En aquellos tiempos –en aquel país–, había que mover con ritmo certero una pequeña manivela para que el proyector hiciera lo propio. Cuentan que en aquel cine, el tal cacarizo, de tanto en tanto, se aburría, se quedaba dormido, dejaba de mover la manivela y recibía a modo de despertador un grito de su patrón: «¡Cácaro!». El grito-despertador se volvió famoso y todos los proyeccionistas de México se convirtieron en cácaros, inclusive los de cutis fino y suave.

El primer cácaro continuó viviendo con su apodo en todos los proyeccionistas mexicanos; ahora, están todos a punto de extinguirse.

Para empezar, parece que a los nuevos proyeccionistas no les gusta el sobrenombre que les dieron: desenfocando, desencuadrando y desarreglando absolutamente toda la proyección, se han obstinado en merecerse el apodo de «estúpidos».

Y para terminar, los cines son cada día más electrónicos: la manivela, los botones y las palancas se han automatizado ya casi al 100%.

Ya sea por la inutilidad de unos o la inteligencia robótica de otros, el obituario del cácaro está ya listo para mandarse al impresor del periódico –claro, si es que el impresor no se muere antes.

Recomendación nostálgica: Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore.
 


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Desde hace un tiempo, procuro que el cine club tenga otros programadores para atender esta diversidad y ofrecer un servicio más amplio. Los lunes por la tarde, «Otro Cine Querétaro» programa películas de carácter social y político, y por la noche Manuel Oropeza ofrece un programa extraordinario de ópera en video. Los martes ponemos la programación, digamos, oficial, que en su mayoría es cine de autor. Los miércoles son para el «Freak Show», un grupo de jóvenes interesados en el cine de culto. Y también están los ciclos que se programan en el Cine-Teatro Rosalío Solano y otros que solicitan escuelas o instituciones.   ¿Cuál ha sido el ciclo más exitoso? Hemos tenido bastantes, veinte años son muchos años. Recuerdo uno de cine de horror extremo que tuvimos que mover a una sala más grande porque el público ya no cabía. La última película del ciclo era Ichi, el asesino en función de medianoche; había personas sentadas hasta en el suelo. 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