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El golf visto a través del caddie

Los ricos viven generalmente más allá de las murallas, así sean naturales o construidas. El Club Campestre de Querétaro es como un fuerte: lo rodea una gran muralla. Lo mismo sucede con el Campestre de León. Por su parte, El Campanario –en Querétaro– se encuentra en la cima de un cerro, esto lo aísla de toda la ciudad; está rodeado por La Cañada, Hércules, Lomas del Marqués y Bolaños. La única forma de entrar es en coche, hay una caseta de vigilancia, cámaras, identificadores; si no vives ahí tienes que dar santo y seña de por qué quieres entrar. El hombre ha construido murallas desde que pudo hacerlo, primero para protegerse y después para dividirse y hacer notar la diferencia entre unos y otros. Al tiempo que se levantan muros y fronteras, se construyen historias que entreveran a los que están dentro con los que –supuestamente– están fuera. Historias que no sólo mezclan, sino que reúnen. Esta es la historia de los golfistas y sus caddies.
 

Caddies de primera, segunda y tercera

Te apuntas en una lista, lavas el carrito y lo formas en espera de los primeros jugadores. Podrías ser uno de los primeros o últimos en salir, todo depende de la clase de caddie que seas. Aquí también somos de primera o de segunda, de tercera también hay pero ellos no cuentan en la lista de tarifas, son los que apenas están aprendiendo y les pagan una propina, lo que considere el patrón.

Eres de primera si conoces las reglas, las distancias, los bastones, las formas del juego, las caídas en el green, si sabes llevar las apuestas, si sabes distinguir entre bola baja, alta o por golpes. Las apuestas, sobre todo tienes que saber bien las apuestas, porque así puedes apostarle al juego de tu patrón con el otro caddie.

Eres de segunda si conoces los bastones, las distancias, algo de las caídas y conoces un poco el campo; las orientaciones, los pastos, las banderas.

Todos los demás caddies apenas están aprendiendo, son los que se van con la gente que no sabe jugar, con los jugadores codos o cuando todos los caddies de primera o segunda están ocupados.
 

Un buen caddie también le pega

El campo cubierto de agua-hielo, blanco muy blanco, la neblina que lo cubre todo y se extiende por los 18 hoyos; los lagos, aunque artificiales, también humean por la mañana; Tezcatlipoca, el espejo humeante, está presente, la batalla está por comenzar, los ancestros no nos abandonan. Los paisajes en El Campanario son únicos, debe haber campos más chingones, pero yo no los conocí. Decían que el pasto lo habían traído de Inglaterra y en esos días yo me asombraba. Ahora me pregunto ¿cuánto habrá que invertir para mantener un pasto de aquellos climas en el semidesierto de Querétaro? Seguro mucho dinero, seguro mucho más dinero del que nos pagaban a todos nosotros juntos.

Es responsabilidad de los caddies ir a tapar los divots (los hoyos en el campo) una vez a la semana. Si nos apuramos, tenemos chance de ocupar el campo para jugar y aprender. Un buen caddie también le pega. Martín, «el Foco», comenzó de caddie y cuando creció se hizo profesional. Supongo que ahora «el Venao», «el Barras», «el K-28» y otros más se estarán preparando para lo mismo. Cualquier buen caddie puede chingar a un patrón ordinario en el juego. Hay patrones listos que entre semana juegan con los caddies y el fin llegan bien afilados a chingarse a todos sus partners. Hay patrones que aunque jueguen con los caddies… pobres patrones.
 

«Mándame a aquel de ahí»

Llegamos casi siempre en grupos, algunos vienen de Juriquilla amontonados en un coche; los del Pozo, la Purísima, Hércules, Arabia y Lomas del Marqués llegamos a pie o en bicicleta. A los ojos de los patrones todos son caddies, pero entre nosotros no es lo mismo venir de un lado o de otro. Decían que a los del Pozo habría que echarles una bomba atómica ¡pa’ desaparecerlos! Todo es carrilla sana. Unos a otros se dicen negros, mulatos, simio, chango, caracascada, lento, pendejo, mugriento, «¡ora cuilmas!» Al Cuba le decían así por su labio grueso, pero en realidad todos estamos igual de tostados. Yo no sabía que a esto de la discriminación entre pobres le llamaban la «colonialidad del poder», ahora lo sé y me gusta pensar que las cosas pueden ser distintas. El hombre sobre la naturaleza, el hombre sobre el hombre. Y los caddies sobre sí mismos.

Nos dividimos como en tiempos de la colonia, no era lo mismo ser mulato, indio, cambujo, salta pa’ atrás o criollo. Así como no es lo mismo ser del Pozo, la Purísima o Arabia. Cuando un patrón te pide, es decir, cuando uno de ellos dice «Mándame a aquel de ahí», entonces mereces un poco de respeto.

Cuando el patrón Cándano –«la Fiera»– me pidió, le cadeaba cada fin de semana. En cuanto lo veía llegar en su carrito verde, me echaba a correr por su café con leche, con tres de azúcar. Aún recuerdo su voz ronca y fuerte: «¡A ver Greñas, prepara el putt y una pelota que voy a practicar!»

Se aprende el oficio entre semana. El día que llegan menos socios a jugar, cada quien agarra una cubeta, la llena de arena y órale a tapar divots. La escena siempre me pareció buena: toda una columna de caddies avanzando sobre el campo, dándole vida. Hay que tener bien limpio también el caddie house y los carritos. Si las tareas se terminan a tiempo, hay chance de salir a jugar y es ahí donde aprendes. Hay cosas que nomás mirando las aprendes, como las caídas; otras te las tienen que enseñar, como llevar el score. A jugar sólo aprendes practicando y perdiendo cada semana. Yo no podía ir entre semana a jugar y a veces preguntaba tanto sobre una cosa u otra que una vez, ya encabronado, me dijo «el Cueta»: «¡pos nomás fíjate! ¿o qué, estás ciego?»
 

Que comience el juego

Se espera la mañana llena de patrones, corriendo de un lado a otro del club, haciendo los equipos para salir a jugar, en forson o en fiveson. Sabemos hacer el trabajo: hay que llenar la cubeta de arena y amarrarla al carrito, ir por un rastrillo para las trampas, traer chaleco, toalla, arregla divots para el green, tarjeta de score, plumas, pelota y tis en la bolsa del pantalón. Si no tienes todo esto: arabaund y «¡mándame a otro caddie!» Ni modo, perdiste la cadeada y a esperar la siguiente, a ver si llegan otros grupos.

Ahora sí que comiencen a salir. Les pasas el drive o la madera tres, todo depende sí es par cinco, par cuatro o de la habilidad del jugador. Hay personas que juegan porque pueden pagarlo, otras que juegan por tradición familiar, a otros más les encanta el chupe, el desmadre, las apuestas, y el golf es un buen pretexto.
 

Los tiempos muertos

Si los patrones no llegan, es bueno ponerse a leer, jugar rayuela, acabalar pa’ las carnitas o la barbacha, platicar o dormirse un rato al fondo de la bodega.

Un día quise llevar mis libros y estar ahí leyendo mientras esperaba al patrón «¿Libros? ¡Déjate de mamadas!» Me dieron literatura de la buena: Las chambeadoras, El cuento vaquero, La fotonovela porno, Famullas y Chalanes. Desde entonces comencé a soñar que algún día una patrona se pondría cachonda a medio campo. Hay patronas muy bonitas, pero «obvi» no están al alcance del pobre, eso sólo pasa en películas como Amarte duele, o muy por debajo del green.
 

El torneo

Los cohetazos son la señal de salida en los torneos. Un mar de gente en el campo, las mesas de salida abarrotadas, caddies que vienen de todos los campos. Mane, el caddie master, reparte chalecos a diestra y siniestra, Noé reparte los carritos y el Oso la comida. Patrocinadores, chupe, verdaderas edecanes.

El campo con dieciocho hoyos se tiene que recorrer en cuatro horas, máximo cinco, seis ya es una mentada de madre. El ritmo importa bastante, un campo que no tiene buen ritmo no es bueno para jugar. En esto también influye nuestro trabajo, todo buen caddie sabe que tiene que ir al ritmo de los patrones y, si estos van lentos, apurarlos; somos réferis y testigos.
 

Al final del atardecer

El campo se vuelve a quedar solo. Se quedan dos guardias, los últimos que se hayan anotado en la lista, y recogen las banderas del green cuando los jugadores han abandonado el campo

Impera un silencio fúnebre en la oscura bodega llena de carritos, cargadores, rastrillos y un poco de basura. Al final del atardecer, Mane, Noé, Cueta, Moya, Conejo, Bufa, Chilacas, Moster, Güila, Barras, Huesos, Chiva, Mudo, Burrín, Maromas, Chava, Chucho, César y K-28 tienen varias opciones; comenzar con unas chevecitas pa’ seguirla después, van al mercado por mariscos o a casa con sus familias. Al final, el atardecer es la hora más esperada, es la hora de salida.

 

El uniforme del caddie

• Gorra (a veces el club te da una gorra)
• Playera tipo polo
• Pantalón de vestir sport
• Zapatos o tennis (pocos caddies tienen spikes)
 

Herramientas del caddie

• Arregla divots para el green
• Toalla
Tis
• Cubeta de arena (cuando vas en carrito la amarras a un lado)
• Rastrillo para arreglar las trampas de arena (a veces lo dejan cerca de las trampas)
• Plumas
Score
 

Funciones del caddie

• Vigilar que el juego sea limpio. Para vigilar esto, un buen caddie debe saber jugar.
• Aconsejar al jugador sobre: distancias, dirección del golpe, reglas y a veces les corriges un poco el swing.
• Cargar, limpiar y cuidar los bastones. Cuando vas en carrito y este no puede entrar al campo, el caddie tiene que llevar los bastones.
 


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