La última película de Roman Polanski, Carnage –Un Dios salvaje en español–, muestra cómo el ejercicio de resolver un conflicto se puede complicar por más paciencia que se tenga y amabilidad que se procure aparentar. Sencillamente, hay veces en que nada más es necesario jalar de un hilo para que todo se derrumbe. Esto es lo que le sucede a dos parejas que intentan resolver un problema de manera civilizada.
Jodie Foster, John C. Reilly, Kate Winslet y Christoph Waltz conforman dos matrimonios que tienen el infortunio de conocerse debido a un conflicto entre sus hijos (uno de ellos golpea al otro). Las parejas se juntan para tratar el tema y llegar a una solución sobre lo que deben hacer con los niños, pero las diferentes personalidades de los cuatro integrantes van revelando lo difícil que será negociar.
Penelope (Foster) es una madre moralista y preocupada por la comunidad, Nancy (Winslet) una profesionista superficial, Alan (Waltz) un abogado corrupto y Michael (Reilly) un vendedor conformista. La situación empeora cuando sus temas y preocupaciones terminan por infiltrarse en el problema de los niños, sólo para encontrar lo que tienen en común todos: que son infelices. La pelea infantil se convierte así en el pretexto para sacar a la luz todas sus inseguridades.
Hay quienes dicen que somos animales, otros que nos distinguimos de ellos al ser conscientes de nuestros actos. Tal vez estemos justo en la línea entre esos dos, de un momento a otro la conciencia se puede rendir ante el instinto animal que habita en cada uno, dispuesto a atacar y perder la civilidad. Lo hemos visto y a veces hasta vivido en carne propia; en muchas discusiones demostrar que se tiene razón es un acto de poder más que de entendimiento, como una ley selvática.
Carnage está basada en una obra de teatro –Le dieu du carnaje– de Yasmina Reza, que ha sido adaptada en muchos países, incluyendo México. La película puede desconcertar o resultar tediosa para quien espera una gran producción, sin embargo, Polanski no sólo le saca provecho a un reducido espacio con ingeniosas tomas, sino que también logra genuinas interpretaciones en su experimento de filmar en tiempo real.
Los actores tuvieron que aprenderse el guión completo y grabar sin descanso para mantener la tensión de cada uno de sus papeles. Lo mejor de la película está en la sinergia de estas cuatro interpretaciones. Se puede observar en las venas del cuello que reflejan la ira de Foster, las arcadas de Winslet, el cinismo de Waltz al teléfono y los distintos humores de Reilly.
Carnage es una comedia negra que contiene una crítica sobre las distintas caras que tenemos y podemos llegar a sacar cuando perdemos el control de lo que hacemos y decimos. Después de verla, uno va a querer conservar la civilidad ante todo, antes que verse reflejado en alguno de estos personajes.
Este año, el Cine Club del Museo de la Ciudad de Querétaro cumple 20 años. A propósito del aniversario, entrevistamos a Gabriel Hörner, director del museo y principal impulsor del proyecto desde 1994. Podríamos decir que el Cine Club es Gabriel: él ha sido el motor de la idea, ha puesto infinidad de veces el proyector, los DVDs, las relaciones con cinetecas y mucho más para proyectar cientos de películas que de otra manera no hubiéramos podido ver en Querétaro. ¿Con qué película comenzó el Cine Club del Museo de la Ciudad? La primera proyección fue en el auditorio del Museo Regional, el 2 de febrero de 1994, una copia en 16 milímetros de Las noches de Cabiria de Fellini. Llegaron poco más de 400 espectadores. ¿Cuál era el panorama cinéfilo de Querétaro en 1994? ¿Cómo ha cambiado? Ha cambiado mucho. Justamente en 1994 se privatizaron los cines de COTSA —la compañía estatal que manejaba casi todos los cines del país— y eso aceleró su decadencia: casi todos acabaron en cines porno. En Querétaro quedaban cuatro cines de COTSA en el centro y había tres Cinemas Gemelos de la Organización Ramírez (que luego se convirtió en Cinépolis). Incluso como cartelera comercial, el panorama era muy pobre. El único refugio del cinéfilo en esa época eran los video clubs, que para entonces ya no tenían un catálogo tan amplio como cuando empezaron, a mediados de los ochentas. Ahora es muy diferente, por un lado cada vez hay más pantallas comerciales y por otro puedes acceder a casi cualquier película desde tu computadora. ¿Cuál es la diferencia entre el «buen» y el «mal» cine? ¿Qué películas definitivamente no se proyectarían en el Cine Club? El propósito del Cine Club es ofrecer al público otras opciones a la cartelera comercial y promover películas con valor artístico o histórico o con algún otro tipo de interés. Me resultaría muy difícil establecer una diferencia entre el «buen» y el «mal» cine a la hora de programar. En términos estrictamente históricos toda película es importante, aunque sólo sea por el hecho de que retrata su época de una u otra forma —esa es un poco la idea detrás de las cinematecas y los archivos fílmicos. No se me ocurre qué películas definitivamente no programaría; si algún título «malo», digamos, fuera relevante al tema de un ciclo, no dudaría en ponerlo; o incluso un ciclo completo programado con criterios distintos a la calidad. Hace unos años programé un ciclo de comedias de los ochenta y, un poco para que no pensaran mal de mí, le puse «Cine de horror de los ochenta». Eran bastante malas casi todas, pero el valor nostálgico era muy alto. Fue un ciclo muy exitoso. Podría decir que no programaría películas aburridas, pero ese también sería un buen ciclo: «Las películas más aburridas de la historia» (y ahí lo divertido sería poner títulos muy prestigiosos). Otro factor es que no nos dirigimos a un público homogéneo sino a públicos muy diferentes. Desde hace un tiempo, procuro que el cine club tenga otros programadores para atender esta diversidad y ofrecer un servicio más amplio. Los lunes por la tarde, «Otro Cine Querétaro» programa películas de carácter social y político, y por la noche Manuel Oropeza ofrece un programa extraordinario de ópera en video. Los martes ponemos la programación, digamos, oficial, que en su mayoría es cine de autor. Los miércoles son para el «Freak Show», un grupo de jóvenes interesados en el cine de culto. Y también están los ciclos que se programan en el Cine-Teatro Rosalío Solano y otros que solicitan escuelas o instituciones. ¿Cuál ha sido el ciclo más exitoso? Hemos tenido bastantes, veinte años son muchos años. Recuerdo uno de cine de horror extremo que tuvimos que mover a una sala más grande porque el público ya no cabía. La última película del ciclo era Ichi, el asesino en función de medianoche; había personas sentadas hasta en el suelo. Otro que funcionó muy bien era de clásicos excéntricos del cine norteamericano, que iban desde La emperatriz escarlata hasta Miedo y asco en Las Vegas, pasando por Pink Flamingos y Eraserhead. ¿Cuántas películas se han proyectado sin absolutamente nadie en la audiencia? Tiene que llegar por lo menos una persona para que se proyecte la película; no recuerdo ni una sola función cancelada porque no llegó nadie. Uno o dos por lo menos sí llegan. A veces se suspende la función porque se van todos antes de que se acabe, eso sí. Me gusta cuando programo cosas que exigen mucho del espectador, en tiempo o complejidad. Hemos hecho varios maratones; el primero fue una función continua de Berlin Alexanderplatz, la serie de televisión de Fassbinder de 15 densas horas de duración. La proyectamos en el auditorio de Bellas Artes en una copia en 16 milímetros. Al principio estaba llena la sala, al final quedaban como veinticinco personas. En ese tiempo todavía había prostitutas en la Plaza Constitución, y como regalábamos café y empanadas, en los intermedios se juntaban en el vestíbulo y entraban a ver a las prostitutas alemanas de la República de Weimar... fue muy especial. ¿Tiene el Cine Club alguna pretensión social; crecer la audiencia, motivar ciertas conversaciones, reunir distintos grupos de personas? Siempre ha cumplido una función social importante: el Cine Club amplía horizontes, crea conciencia, crea comunidad. Durante muchos años estuvimos exhibiendo películas y series de televisión en la cárcel de San José el Alto con frecuencia semanal. Les mandábamos cuestionarios encaminados a que reflexionaran sobre sus vidas a partir de la selección de películas que hacíamos. Nos daban una libertad increíble, podíamos programar lo que quisiéramos. (Fue la época en que producían musicales adentro.)Ahora me gustaría trabajar en asilos de ancianos: aunque tienen televisiones y reproductores de DVD, es difícil que accedan a las películas que vieron en su juventud; creo que eso podría darles mucho placer. Recomiéndanos un ciclo de películas infalible. Lo que sea de Alfred Hitchcock. Godard dijo alguna vez que las películas que Hitchcock realizó para Universal Pictures eran tan importantes en la historia de la civilización como la Capilla Sixtina, con la diferencia de que aquéllas habían sido vistas por decenas de millones de personas y ésta por un número mucho más reducido. Es algo infalible, Hitchcock siempre te llenará la sala y no estás haciendo ninguna concesión. La última vez que lo programé llegó un público muy joven a verlo. Cuando pasamos Psicosis, no tenían ni idea de que asesinaban a la protagonista a los quince minutos de empezada la película. Fue muy emocionante ver su desconcierto y envidiarlos. ¿Qué no daríamos por recuperar esa sorpresa? Billy Wilder también es infalible pero el público novel no lo ubica tanto como a Hitchcock. ¿Cuál ha sido tu motivación a lo largo de estos años? Cuando era niño, y a pesar de que en mi casa se iba mucho al cine, siempre quería ver más películas pero el principal obstáculo era el costo de las entradas. Para el niño que fui, una función de cine gratis era la dicha absoluta; a lo mejor por eso me he pasado la vida organizando funciones gratuitas. Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, El cine, dentro de la edición 24 de Sada y el bombón....
Hay algo que hace tiempo pensé sobre el cine, bueno, no sobre el cine, sino sobre los actores, esencialmente, sobre nosotros. Cuando miramos una película, ¿qué sabemos de...
Mi vida nunca ha sido una película, pero desde que tengo uso de razón han circulado en mi familia títulos de historias fantásticas como Rapsodia, Algo para recordar o La ...
Si estás familiarizado con la obra de Hemingway y Gertrude Stein, si conoces la relación de Scott y Zelda Fitzgerald, si has leído a T.S. Eliott, si has visto más de una ...