Del 21 al 30 de marzo 2014. Consulta la programación del festival en: ficg.mx.
Entre la Feria Internacional del Libro (FIL) y el FICG, Guadalajara es –como diría un cazador de tendencias– el place to be del cine y la literatura. Cada año, en primavera y en otoño, la ciudad reúne lo mejor en libros y películas, nacionales y extranjeros, talentos universitarios y distribuidores internacionales. Festivales que funcionan como escaparates y punto de reunión de múltiples conversaciones culturales.
La gracia principal de la FIL es ver tanto libro en un solo lugar. El FICG funciona de igual, pero utilizando y promoviendo otro medio y otras plataformas: el cine no se puede concentrar en un centro de convenciones, su formato obliga a que se desborde en salas y grandes paredes al aire libre. Con el FICG, Guadalajara recibe la primavera con una invasión de imágenes cinematográficas y miles de butacas florecientes.
México, 1986: los estrenos y apoyos nacionales escaseaban, el Multicinemas proyectaba Top Gun doblada, la Cineteca era un niño puberto y Amores perros era todavía inimaginable. En los ochentas nuestro cine (el que se hace aquí) carecía de unidad y difusión, andaba entre vagabundo y desganado. Aún con ese panorama, Guillermo del Toro (en ese entonces un tapatío veinteañero sin faunos o fantasmas) visualizó con la Universidad de Guadalajara lo que sería la primera muestra de cine mexicano en el país.
La importancia del FICG está en su evolución: de ser un modesto ciclo de proyecciones, el festival se convirtió en la celebración más representativa del cine mexicano. Antes del Festival de Cine de Morelia o el de San Miguel de Allende, ahí estaba el FICG, premiando a los nuevos talentos, colaborando con la Berlinale y –su atractivo principal– reuniendo en un solo lugar a todos los integrantes de la industria del cine mexicano: estudiantes, creadores, productores, distribuidores y cinéfilos.
El festival comenzó en una época sin Cinépolis y pantallas 4DXPlusMams, sin programas de intercambio en Cannes o productores que se aventaran a filmar algo como Luz silenciosa o –menos grandilocuente– los caprichos de Derbez. Después de 28 años, la muestra se expandió a una serie de empresas y asociaciones dedicadas a encontrar nuevas historias, canalizarlas con los mejores recursos, producirlas y promocionarlas en el extranjero. Más que un festival, el FICG es una institución, una maquinaria que actúa durante todo el año impulsando la creación y la distribución cinematográfica.
El FICG es un agasajo para la industria cinematográfica: cientos de películas, encuentros, conferencias, stands, desayunos ejecutivos y cuanta cosa ayude a vender un proyecto. Por una semana, el festival monta un gran centro de negocios donde sienta a los nuevos talentos con agentes de venta, representantes de otros festivales, distribuidores y productores; cualquiera que pueda pasar una historia del papel a la pantalla. Si andas en busca de dinero para tu corto, aquí es un buen comienzo.
Guadalajara es una ciudad dinámica y atractiva. Quédate más de dos días y visita, por ejemplo, el Instituto Cultural Cabañas: una joya tan imponente como cinematográfica. O quédate toda una semana en Jalisco y salta del cine a Vallarta. Acá nuestras recomendaciones de bares, restaurantes y museos en la Perla Tapatía: sadabombon.com/guadalajara-2011.
La más reciente película de Martin Scorsese, La invención de Hugo Cabret, es la justificación de por qué el cine se ha ganado el título de «fábrica de sueños», y la mejor manera que tiene Scorsese de demostrarlo es con una clase esencial sobre la historia del cine: Georges Méliès, el padre de la ficción cinematográfica y director pionero en efectos especiales. Por eso mismo –por los efectos visuales – es importante mencionar que esta es una película hecha para verse en formato 3D, así podemos sentirnos un poco como la gente de la época de Méliès, creyendo que el tren de una de las primeras películas de los Lumière saldrá de la pantalla para venir a estrellarse con nosotros. Georges Méliès era muy hábil en la construcción de artefactos para realizar trucos e ilusiones ópticas –fue mago antes que cineasta. Esto le sirvió cuando decidió abrir un estudio de filmación; en sus películas utilizó técnicas como la superposición de negativos y la colorización de éstos a mano (ya que las películas de ese entonces eran en blanco y negro); el recorte de fotogramas para crear efectos especiales provocó un incremento en la variedad de historias que mostrar. Méliès logró hacer más de 500 proyectos fílmicos. Aún si no conoces mucho acerca de la historia cinematográfica, es posible que en algún lado hayas visto la imagen de la Luna con una bala-cohete incrustada en el ojo. Esta bizarra y popularizada imagen es de El viaje a la Luna (1902), la película que, inspirada en obras de Julio Verne y H. G. Wells, mandó a Méliès a la historia del cine por ser considerada la primera película de ciencia ficción. La invención de Hugo Cabret también se basa en un libro, la novela homónima de Brian Selznick. Ambas, libro y película, narran las aventuras de un niño huérfano de 12 años que vive en la estación de trenes de París: Hugo. A través de Hugo vamos conociendo a Méliès, un anciano que comparte –o compartió– el talento de elaborar complicados esquemas para construir artefactos, hacer juguetes que se mueven solos y poder entender con facilidad el alma de una máquina. En la película seguimos a Hugo por las entrañas de los relojes de la estación de trenes, nos deleitamos con los personajes que ve todos los días trabajando ahí, sufrimos con su triste pasado y vamos siguiendo un camino de pistas que nos llevan a descubrir la magia del cine. Hugo, Méliès y Scorsese son los ilusionistas que nos hipnotizan, nos impactan y nos emocionan. Las técnicas del cine han cambiado, pero el propósito de entretener sigue vivo. Y esa característica del cine, la del entretenimiento, se la debemos a Georges Méliès. A cada generación parece tocarle una transformación en la forma de hacer películas; el sonido, el technicolor, los efectos generados en computadoras y, ahora, el 3D. Esto nos lleva a pensar: ¿qué se le podría haber ocurrido a Méliès con la tecnología que tenemos actualmente? El cohete-bala probablemente habría ido directo a incrustarse en nuestras pupilas. ...
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