«Carnaval» significa «fin de la carne», es la fiesta en donde todo se vale, donde todo se transfigura, es la realidad dislocada: disfraces, juegos de apariencias, parodia, travestismo, máscaras que combinan en su expresión irrisión y espanto, terror e hilaridad. El carnaval es la fiesta donde lo sagrado se mezcla con lo profano. Lo escatológico, lo subversivo, la risa y la blasfemia agarran vuelo y crean un vértigo social. La fiesta del fin del mundo que nos prepara para el sacrificio cuaresmal.
Hasta el 8 de marzo, antes del Miércoles de Ceniza, te recomendamos ir a cualquier tipo de carnaval. Si ya fuiste al de Río, ve ahora al de Ouro Preto, en Brasil, famoso por sus «ventanas eróticas», o al de Barranquilla, Colombia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Si no te alcanza, ve al de Veracruz, Campeche, Mazatlán, o al de Tepoztlán. De menos ve al del Harry’s. Tú desfógate.
El Harry’s organiza su propio carnaval: el Mardi Gras, el carnaval de Nuevo Orléans. Disfraces fastuosos, collares típicos, máscaras medievales: la joie de vivre.
Tanto en el Harry’s de Querétaro como en el de San Miguel habrá, del 6 al 8 de marzo, bandas de jazz, performances teatrales y una carta de alimentos típicos de la comida cajún-criolla. Todo para que disfrutes estas fechas desinhibidamente.
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