SB 24
Octubre - noviembre 2014
SB 23
Agosto - septiembre 2014
SB 22
Junio - Julio 2014
SB 21
Abril - Mayo 2014
SB 20
Febrero - Marzo 2014
Imagen © Novio a la vista

Hablar chiquito: la gracia del diminutivo

De bebé mi mamá siempre me hablaba en diminutivo; con su típica calidez me agarraba la mano, señalaba objetos al azar y producía unos sonidos agudos, casi chillidos. Sus pausas eran musicales, como un vaivén de respiraciones que señalaban aquí y allá. Esos murmullos fueron los que me enseñaron lo que era un «perrito» o un «arbolito».

Descubrimos las proximidades del mundo con diminutivos. Aprendemos a usar sufijos, nos enseñan a modificar los sustantivos, a ser cortés cuando no se quiere y a poder resumirnos; los niños como diminutivos andantes que se corretean en los salones de clase, en incontables patios y áreas infantiles de restaurantes. La afectiva abreviatura del nombre –decir «Luisito»– es el primer ejemplo de epítome con el que tenemos contacto. A partir de ahí comenzamos a condensarnos, a inventar términos y reducir oraciones. Hablar así –chiquito– es un ejercicio de síntesis.

El español magnifica al diminutivo, define los sufijos que se utilizan según la geografía. Niñito, pilluelo, cebollino, yerbuja, medicucho; terminaciones que van desde Mallorca hasta Buenos Aires. Otros idiomas (como el inglés) limitan al diminutivo. No es lo mismo querer «unos cariñitos» que buscar «a little affection». El primero denota una caricia más íntima e individual, más acorde a lo que se desea. De ahí surge la suave mutación del diminutivo: primero es apego maternal, luego lenguaje de enamorados.

Con los años extendemos el diminutivo al amor, a las caricias minúsculas. Abrimos la boca, pronunciamos cositas y las decimos al oído de alguien, las balbuceamos como bebés y andamos por las calles comunicándonos a susurros. Nos dicen «amorcito» y volvemos a ser un bebito. De ahí, de esa asociación infantil, los anglosajones crearon un término más digno: el baby talk. A eso se simplifica nuestro uso del diminutivo, una forma de discurso que ensayamos de pequeños y acabamos por privatizar en nuestras relaciones.

Creo que, cuando se acaba el cariño, el indicio más evidente es la pérdida del diminutivo y los apodos secretos. Se da por terminado el lenguaje mutuo, se dejan atrás las pequeñeces. Entre más distancia, menos diminutivo (tanto gramatical como en sentido figurado). Fiona Apple lo dice mucho mejor en una de sus canciones: No, not baby anymore. If I need you, I’ll just use your simple name. Basta con decir un nombre para crear barreras.

El diminutivo es un sufijo con múltiples connotaciones: método de enseñanza, verbalización de la intimidad, contrato lingüístico del amor. O algo así. Es esas ganas de querer dejar a un lado las formalidades y las reglas gramaticales, de romper lazos o crearlos, de poder decir no more baby talk for you y descubrir el placer de hablar chiquito. La gracia del diminutivo.
 


Artículos Relacionados:

Casi nada

Daniel Sada Casi nunca España, Editorial Anagrama, 2008 373 pp.   Sí, el estilo inconfundible, la prosa arriesgada, la palabra minuciosamente cuidada, las cre...

Leer más

Construcciones en voz alta

Con esta entrada cerramos la serie «¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores». Aquí Luis Bernal habla de la lectura como otra de las formas de la escritura, acaso la más l...

Leer más

Notas en torno a la biblioteca

Una biblioteca no es un librero en uso, mucho menos un librerío. Puede existir una biblioteca sin librero, puede incluso existir una biblioteca con sólo dos lib...

Leer más

El hombre del tropel

Ce grand malheur, de ne pouvoir être seul. ~La Bruyère   Bien se ha dicho de cierto libro alemán que er lässt sich nicht lesen –no se deja leer. Hay algunos sec...

Leer más

Publicidad