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Caminar es un ejercicio literario

Libro, déjame andar por los caminos

Mover un pie seguido de otro es como bajar nuestros ojos renglón por renglón. Cada calle, una página; cada colonia, un capítulo; cada ciudad, un libro. El paseo se presta para crear personajes e historias con las situaciones o personas que se observan o imaginan. Caminar es una actividad inspiradora; los libros, como las calles, desarrollan la imaginación y convierten al caminante en un cuentista.

con polvo en los zapatos y sin mitología:

El polvo, la arena o la tierra que se queda en los zapatos conforma el cúmulo de imágenes que recolectamos en nuestro andar: personas, objetos y todo lo que encontramos cuando estamos expuestos y dispuestos a utilizar los sentidos para aprender algo del exterior y de uno mismo. Los zapatos más gastados son los que suelen haber visto y conocido gran cantidad de cosas, los que tienen más historias, los que han caminado por distintos paisajes, suelos y climas.

vuelve a tu biblioteca,
yo me voy por las calles.

Caminar por las calles en una tarde de otoño es una experiencia literaria; el crujir de las hojas, la nostalgia y los recuerdos de un verano que ha quedado atrás. El otoño hace del caminante un poeta melancólico y romántico, un hombre de metáforas, un Quijote rimbombante, con gracia y talento. El caminante ideal, al que el piso se deleita con cargar en sus espaldas, un Amado Nervo, un Federico García Lorca…

~Oda al libro, de Pablo Neruda.

¿Habremos ya caminado por dónde ellos alguna vez lo hicieron, pisado sus huellas enterradas? El tiempo es un caminante maestro que por nada se detiene; nunca pierde o cambia el ritmo. Caminemos hasta que se nos acabe el tiempo, desarrollemos esas ideas que nacen en los pies y crecen en la cabeza, que hacen del caminar un ejercicio literario.

 


Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2012, El caminante, dentro de la edición 12 de Sada y el bombón.

 


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