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El CutOut Fest 2014, un vistazo al Festival Internacional de Arte y Animación Digital en Querétaro

Al CutOut Fest lo conocimos en el 2009, cuando Steve Jobs presentaba el iPhone 3GS, la Academia premiaba a Up como Mejor Película de Animación y a un amigo le dijeron: «Qué bueno que eres animador, ellos siempre se la pasan muy bien en los hoteles» cuando sus tías supieron que estudiaba LAD. En una época donde la animación era más o menos un misterio, Querétaro celebró la primera fiesta del arte digital en México. Desde entonces nos la pasamos bomba entre tantas proyecciones y cervezas.

Sobra decirlo pero ahí va: la sexta edición promete mucho para este otoño. A continuación examinamos al CutOut Fest de adentro hacia afuera: uno de sus más asiduos colaboradores escribe sobre la experiencia desde el interior y rematamos con los imprescindibles del programa 2014.
 

Yo y el CutOut Fest —por Mariela Patiño

No sé si fue coincidencia o todo estuvo planeado, pero justo me encontraba en clase de animación, por ahí del 2008, cuando un extraño entró al salón. No mostré mucho interés hasta que uno de mis compañeros me interrumpió y dijo: «Se ve que ese cuate es igual de rarito que tú». Levanté la mirada y vi a un chico alto de lentes que vestía camisa a cuadros. Era Ulises Santamaría, el director de Medios de un nuevo festival de animación llamado CutOut Fest. Andaba buscando estudiantes que cubrieran el evento.

Lejos de la animación, pues aún sabía muy poco al respecto, el CutOut Fest me atrapó porque sonaba diferente, lejos de los eventos que se producían en la ciudad y más cerca de las propuestas del D.F. Aunque la web solo tenía unos cuantos archivos en PDF sobre el festival (como la convocatoria para voluntarios y los artistas que serían parte del programa), todo el proyecto tenía una imagen poderosa que rescataba al View-Master para construir el concepto de «nuevas formas de ver».

Según recuerdo, las actividades que podías realizar como voluntario del área de Comunicación eran fotografía, detrás de cámaras, vox populi y entrevistas. Como no tenía tanta experiencia con el manejo de la cámara y mis aptitudes sociales —como bien dijo mi compañero, a veces era «rara»—, elegí encargarme de las entrevistas.

Las primeras reuniones del equipo de Medios ocurrieron mientras yo servía café en un restaurante. Preparé los guiones de las entrevistas que me tocaban cubrir y empecé a sentir que podía hacer un buen trabajo. Luego llegó el primer día del festival y fui devorada por un hoyo negro que me arrojó a una dimensión desconocida, un mar de extraños de distintas partes de México y el mundo, yendo y viniendo en todas direcciones, hablando en múltiples idiomas y acentos sobre temas tan ajenos a mí.

Por lo menos durante algunos minutos logré alejarme del caos y encontré refugio en la sala de proyecciones del Cine-Teatro Rosalío Solano, hasta que las luces se apagaron y en la pantalla surgió una ráfaga de colores, texturas, personajes y sonidos que me transportaron a un mundo ácido que deseé jamás abandonar. Luego de varias horas de autosometerme a una especie de método Ludovico, me di cuenta de todo el trabajo que requería una animación, las horas invertidas, el desarrollo de ideas y la magnitud creativa. Estaba rodeada de talento y había descubierto que el CutOut Fest no era ese pequeño evento con cortos «bonitos» que yo imaginé, sino un gran monstruo lanzando bombas de creatividad e innovación sobre los edificios barrocos de Querétaro. Entonces dudé de mi guión de preguntas y pensé en huir, pero cuando salí del trance las luces de una cámara me apuntaban, y Lorenzo Fonda, un reconocido director de animación y arte digital, se encontraba a mi lado. Reuní el poco valor que me quedaba, el camarógrafo me dio la señal comencé a entrevistarlo. Lorenzo y el equipo del festival lo negaron, pero estoy segura de que fue una de las peores entrevistas que habían visto. Aún así, me hicieron sentir feliz y confiada de haberlo intentado, Lorenzo hasta hizo un pequeño dibujo sobre la hoja en donde estaba impreso el guión que había preparado.

Después de tres intensos días en los que puse a prueba mis capacidades humanas y profesionales, el festival terminó. Mis emociones estaban deshechas, mis sentidos trastornados y en la ciudad ya no se respiraba el mismo aire. Observé a mi alrededor y sentí la felicidad de vivir ese momento, rodeada de nuevos amigos mientras bailaba al ritmo de las luces. Entonces pensé que estar ahí era como estar dentro del View-Master y que todos éramos como un engranaje que, en conjunto, era capaz de cambiar la imagen para ir hacia otra realidad; como un visor filtrando nuestra panorama con stop motion, ilustraciones y secuencias digitales.

Lejos de ser un festival de animación y arte digital, el CutOut Fest es una celebración a la creatividad y las nuevas propuestas, un lugar donde uno tiene la oportunidad de aprender, conectar con gente nueva, compartir una cerveza con algunos de sus ídolos y descubrir su propio talento —o al menos sentarse en una butaca y descubrir lo que significa el arte digital.

Hace seis años me enamoré del festival y desde entonces es uno de esos romances adictivos que simplemente no puedo dejar. Cada vez que intento escapar me sorprende y envuelve con algo nuevo. Es una experiencia que le dio luz a mi carrera profesional y, de paso, me enseñó a pensar y sentir con la imaginación.
 

El line-up 2014

Si algo define al CutOut Fest es su multiplicidad. En un lapso de tres horas puede haber una proyección especial de cortometrajes en el Cine-Teatro Rosalío Solano, dos conferencias magistrales y una instalación artística en alguna plaza del centro histórico. Además de las fiestas y la selección oficial, he aquí los invitados imprescindibles de este año:

  1. Gary Baseman (garybaseman.com). Un peso pesado del pop surrealista contemporáneo. Su trabajo se expande más allá de la ilustración: art toys, juegos de mesa, colaboraciones con marcas de lujo y hasta una serie animada de Disney (Teacher’s Pet).
  2. GMUNK (gmunk.com). GMUNK se dedica a los motion graphics (animaciones digitales con efectos gráficos multimedia). Han hecho comerciales, intros y secuencias para clientes como FOX, HBO, SONY, Adidas, Nickelodeon, Marlboro y las películas de TRON y Terminator 3.
  3. Pixar (pixar.com). Para el mundo de la animación, Pixar es como el Vaticano de los católicos. Con 27 premios Óscar, este año el estudio californiano impartirá una conferencia magistral sobre sus proyectos animados como Buscando a Nemo, Monster Inc., Toy Story, WALL-E y Cars.
  4. COCOLAB (cocolab.mx). Una red mexicana de colaboradores especializados en ambientes inmersivos, espectáculos e instalaciones interactivas. Entre sus proyectos destaca el mapping sobre monumentos de Puebla y la colaboración con Pedro Reyes para su exposición DISARM.
  5. Las proyecciones especiales. Como es costumbre, el CutOut Fest trae tres funciones imperdibles: la cinta brasileña The Boy and the World, la producción en stop motion de O Apóstolo y el Biophilia Live de Björk con la experiencia multisensorial de su último tour.

 

¿Qué hacer en Querétaro?

El CutOut Fest es un festival urbano, disperso en los museos, galerías, cines y teatros de Querétaro. Lo que más disfrutamos en cada una de sus ediciones es la forma en que la pantalla se traspasa a la ciudad: podemos estar observando a un artista intervenir un muro del centro o tomar un mezcal con alguno de los ponentes entre estrenos y proyecciones. El festival también es un pretexto para revisitar la ciudad y sus atractivos culturales: asistir a la inauguración de otras exposiciones en el Museo de la Ciudad, encontrarse con la temporada otoñal de la Galería Libertad, tomarse unas cervezas de la fábrica El Hércules, zapatear un rato en Gracias a Dios, disfrutar de una cena en 5DMAYO o hasta volver a ser turista en el patio de San Agustín. Por algunos días de noviembre, la ciudad se anima de más.
 

¿Cuándo?

La sexta edición del festival se celebrará del 13 al 16 de noviembre en la ciudad de Querétaro. Para más información sobre el programa, las sedes y las fiestas, entra a cutoutfest.com.
 


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En Querétaro quedaban cuatro cines de COTSA en el centro y había tres Cinemas Gemelos de la Organización Ramírez (que luego se convirtió en Cinépolis). Incluso como cartelera comercial, el panorama era muy pobre. El único refugio del cinéfilo en esa época eran los video clubs, que para entonces ya no tenían un catálogo tan amplio como cuando empezaron, a mediados de los ochentas. Ahora es muy diferente, por un lado cada vez hay más pantallas comerciales y por otro puedes acceder a casi cualquier película desde tu computadora.   ¿Cuál es la diferencia entre el «buen» y el «mal» cine? ¿Qué películas definitivamente no se proyectarían en el Cine Club? El propósito del Cine Club es ofrecer al público otras opciones a la cartelera comercial y promover películas con valor artístico o histórico o con algún otro tipo de interés. Me resultaría muy difícil establecer una diferencia entre el «buen» y el «mal» cine a la hora de programar. En términos estrictamente históricos toda película es importante, aunque sólo sea por el hecho de que retrata su época de una u otra forma —esa es un poco la idea detrás de las cinematecas y los archivos fílmicos. No se me ocurre qué películas definitivamente no programaría; si algún título «malo», digamos, fuera relevante al tema de un ciclo, no dudaría en ponerlo; o incluso un ciclo completo programado con criterios distintos a la calidad. Hace unos años programé un ciclo de comedias de los ochenta y, un poco para que no pensaran mal de mí, le puse «Cine de horror de los ochenta». Eran bastante malas casi todas, pero el valor nostálgico era muy alto. Fue un ciclo muy exitoso. Podría decir que no programaría películas aburridas, pero ese también sería un buen ciclo: «Las películas más aburridas de la historia» (y ahí lo divertido sería poner títulos muy prestigiosos). Otro factor es que no nos dirigimos a un público homogéneo sino a públicos muy diferentes. Desde hace un tiempo, procuro que el cine club tenga otros programadores para atender esta diversidad y ofrecer un servicio más amplio. Los lunes por la tarde, «Otro Cine Querétaro» programa películas de carácter social y político, y por la noche Manuel Oropeza ofrece un programa extraordinario de ópera en video. Los martes ponemos la programación, digamos, oficial, que en su mayoría es cine de autor. Los miércoles son para el «Freak Show», un grupo de jóvenes interesados en el cine de culto. Y también están los ciclos que se programan en el Cine-Teatro Rosalío Solano y otros que solicitan escuelas o instituciones.   ¿Cuál ha sido el ciclo más exitoso? Hemos tenido bastantes, veinte años son muchos años. Recuerdo uno de cine de horror extremo que tuvimos que mover a una sala más grande porque el público ya no cabía. La última película del ciclo era Ichi, el asesino en función de medianoche; había personas sentadas hasta en el suelo. Otro que funcionó muy bien era de clásicos excéntricos del cine norteamericano, que iban desde La emperatriz escarlata hasta Miedo y asco en Las Vegas, pasando por Pink Flamingos y Eraserhead.   ¿Cuántas películas se han proyectado sin absolutamente nadie en la audiencia? Tiene que llegar por lo menos una persona para que se proyecte la película; no recuerdo ni una sola función cancelada porque no llegó nadie. Uno o dos por lo menos sí llegan. A veces se suspende la función porque se van todos antes de que se acabe, eso sí. Me gusta cuando programo cosas que exigen mucho del espectador, en tiempo o complejidad. Hemos hecho varios maratones; el primero fue una función continua de Berlin Alexanderplatz, la serie de televisión de Fassbinder de 15 densas horas de duración. La proyectamos en el auditorio de Bellas Artes en una copia en 16 milímetros. Al principio estaba llena la sala, al final quedaban como veinticinco personas. 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