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El método Tarantino (para acabar con el mundo real en cinco simples pasos)

Quentin Tarantino es un cineasta sutil para temas brutales. No, un momento, tal vez sea, más bien, un cineasta brutal para temas sutiles. La incertidumbre a su alrededor no daña en lo más mínimo su enorme capacidad para desarrollar un método de análisis de la cultura popular, para liquidar de una vez por todas al mundo tal como aparece en CNN y colocar en su lugar una eterna pelea con katanas.

Ya escucho algunas voces indignadas declarando: «¡Tarantino es un cineasta desestructurado, caótico, violento y con muy mal gusto para mezclar música!». Odio sonar cínico, pero esa gentil y generosa reacción me inquieta. El método Tarantino no es ignorar la realidad y sustituirla con una fantasía desarticulada, sino su particular interés en reintroducirla y, en el mejor de los casos, narrarla de tal forma que se despoje por completo del rostro aburrido y repetitivo.

Para demostrar lo anterior, he aquí los cinco pasos del método Tarantino para acabar con el mundo real:

PASO UNO: SUPERMAN

Durante los últimos minutos de Kill Bill Vol. 2 podemos ver a David Carradine (Bill) dialogando con mucho entusiasmo mientras espera que el «suero de la verdad» haga efecto en Beatrix Kiddo: «Como sabes, soy bastante aficionado a los cómics. Especialmente a los de superhéroes. Encuentro fascinante toda la mitología que envuelve a los superhéroes. Elijamos a mi superhéroe favorito, Superman. No es un gran cómic. No está especialmente bien dibujado. Pero la mitología no es solamente grandiosa, es única. Uno de los elementos principales de la mitología del superhéroe es que hay un superhéroe y hay un alter ego. Batman es en realidad Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se levanta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un disfraz para convertirse en Spiderman. Y es ahí, en esa característica, donde Superman es único. Superman no se convirtió en Superman. Superman nació Superman. Cuando Superman se levanta por la mañana, él es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Su traje con la gran S roja es la manta que le envolvía siendo un bebé cuando los Kent lo encontraron. Esa es su ropa. Lo que lleva Kent —las gafas, el traje de negocios— es el disfraz. Es el disfraz que Superman lleva para integrarse entre nosotros. Clark Kent es tal como Superman nos ve a nosotros. ¿Y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, es inseguro, es un cobarde. Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana». Tarantino, muy proclive a las conversaciones erráticas y sincopadas, establece un profundo análisis alrededor del universo de los superhéroes y demuestra poseer un gran dominio para el análisis de la cultura popular: Superman, el superhéroe por excelencia, el mismo que usa los calzones sobre los pantalones, es elevado a la categoría de Personaje-Concepto —no solo es capaz de salvar al mundo varias veces al día antes de la hora de la comida, sino también de ser su más acérrimo crítico e íntimo enemigo.

PASO DOS: MACGUFFINS

Pulp fiction es un film que presenta una de las mejores ofertas de MacGuffins en la historia del cine. (Para quienes no saben qué es un MacGuffin, me permito hacer un paréntesis recordando la mítica entrevista que François Truffaut le hizo a Alfred Hitchcock. Truffaut dice: «El MacGuffin es el pretexto, ¿no?», Hitchcock responde: «Es un rodeo, un truco, una complicidad, lo que se llama un gimmick. Es algo vacío. No necesita ser serio, sino que, además, es mejor que sea algo irrisorio».)

Y lo irrisorio tiene muchas representaciones según Tarantino: (1) el maletín que con inusual torpeza recuperan Vincent Vega y Jules Winnfield en más de una ocasión —y previa iluminación bíblica; (2) el reloj de bolsillo que Butch recibe como único legado de su padre muerto en la guerra, gracias al empeño anal del Capitán Koons; y (3) la caja con café y donas que carga Marsellus Wallace cuando se topa con Butch a mitad de la calle.

PASO TRES: NO POLICE

La absoluta ausencia de policías, en todas las masacres escenificadas a lo largo y ancho de su obra fílmica, le permite a Tarantino presentar un mundo sin más justicia que la poética. (Nota: Reservoir dogs está plagado de policías desde el principio —Mr. Orange es un policía encubierto—, pero en mi defensa diré que la policía siempre está vestida de delincuente y, cuando llega a capturar a los malos, lo hace en voice-over; es decir, en realidad nunca la vemos.)

PASO CUATRO: SANGRE

La estilización máxima de la sangre y la violencia en los filmes de Tarantino puede parecerse más —según el ojo conservador— a la primera plana del ¡Alarma! que a los ríos de sangre en El resplandor. Pero Tarantino no está más que ejecutando la premisa «No es sangre, es rojo» (Ce n’est pas du sang, mais du roug) de ese Godard que tanto admira. Incluso la lleva a otro nivel cuando Beatrix Kiddo pelea con los Crazy 88 y la segunda parte de la secuencia va del color al blanco y negro. El rojo, que antes era sangre, ahora es pura composición en elaboradas coreografías de lucha.

PASO CINCO: RESURRECCIÓN

En este punto, la consistencia del método nos cuenta un chiste aun más espléndido: ningún personaje tarantinesco parece estar en condiciones de aparecer en cualquier historia, pero sí están en todas esas historias como resurrectos. Reservoir Dogs: Laurence Tierney, Pulp fiction: John Travolta, Jackie Brown: Pam Grier, Kill Bill: David Carradine, Death Proof: Kurt Rusell, Bastardos sin gloria: Brad Pitt, Django sin cadenas: Don Johnson. Todas, estrellas en fade out que recibieron una segunda oportunidad para regresar a la vida (actoral).


 

El método Tarantino añade al sustraer: elimina un superhéroe (Superman) y arroja un extraterrestre cínico a un mundo confundido; cambia los motivos profundos de sus personajes y añade los mejores pretextos (MacGuffins) para la carnicería; resta la sangre de la última colecta de la Cruz Roja y suma todo el rojo que jamás pudo imaginar Rothko en una composición a blanco y negro; detrae las fuerzas del orden y agrega la justicia explícita; aparta prejuicios de glorias pasadas y retorna viejos rostros con nuevas expresiones; sustrae la melancolía de nuestro mundo y nos añade otra realidad, en donde todas nuestras preocupaciones se resuelven con el filo de la katana de Hattori Hanzo.

 


Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, El cine, dentro de la edición 24 de Sada y el bombón.

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