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Consejos para pulir el estilo personal

¿Hipster o conservador? ¿Barroco o minimalista? ¿Boda o supermercado? ¿La cena familiar o el desquicie de fin de semana? He ahí la eterna incógnita de abrir el clóset y abrumarse con un «¡Qué me pongo!»; la idea agobiante de vestirse antes de salir a la jungla urbana. Aunque decir «lo que importa es lo de adentro» se ha tratado de colar en el status quo de la sociedad, es innegable afirmar que la apariencia importa, y mucho.

El estilo es la piedra angular de cualquier guardarropa, el estilo es la marca personal. Lamentablemente, el estilo no se vende, sino que se nace con él, viene incluido con la persona. Basta con voltearse a ver al espejo para darse cuenta si se es más bohemio que mirrey, más deportista que raver o más nerd que galán. Nuestra fisonomía y gustos, de entrada, delimitan nuestro estilo.

Acá unas reglas básicas y sencillas para pulir el propio estilo:
 

1. Entre más sencillo, mejor.

Si los excesos en la vida no son buenos, ¿por qué salir de casa con collar, sombrero, corbata y miles de pulseras? Menos es más cuando hablamos de moda urbana y, especialmente, si nos enfocamos en los accesorios. No tiene nada de malo traer camisa, chaleco, saco y abrigo cuando el frío lo amerita, pero con los accesorios es otra cuento totalmente distinto. La clave está en escoger uno que valga la pena resaltar y mantener «callados» a los otros para que ése haga una declaración clara y firme de lo que eres.
 

2. Nunca ser víctima de la moda.

Está regla debería ser fundamental, especialmente si se vive en esta economía. Sinceramente, hay mejores maneras de invertir el dinero considerando que no se sabe con seguridad si lo que hoy es un must mañana será de mal gusto. La moda es efímera y muchas veces acaba teniendo como iconos a personas non gratas. Por ejemplo, la Fey de los noventas o Abercrombie y Jersey Shore.
 

3. Lo mejor es adherirse a los básicos.

Una blusa blanca con un corte favorecedor puede permanecer temporada tras temporada en el armario. Lo mismo pasa con un buen saco en colores neutros que sirve tanto para ocasiones especiales como para la rutina diaria. Hay piezas que no pasan de moda y que siempre se adaptarán a distintos eventos sociales.
 

4. Calidad contra cantidad.

Este es el consejo más difícil de seguir, sobretodo en época de rebajas. No obstante, también las marcas poco accesibles tienen descuentos especiales y promociones. ¿Por qué no invertir en unos zapatos de lujo que durarán más que los de tu centro comercial más cercano? Busca calidad. El punto es invertir en abrigos, sacos, pantalones y zapatos de cortes clásicos y neutros que durarán bastantes años y que sacarán provecho a cualquier atuendo.

En definitiva, siempre hay que recordar que cada individuo ya tiene un estilo personal y hay que serle fiel sin importar qué. Hasta el estilo más churrigueresco puede bajarse de tono hasta pulirse y sacarle el mejor provecho. La inspiración no puede faltar, la web es una gran herramienta para tratar de adaptar atuendos con piezas que ya están en el clóset. ¿Alguna vez te haz preguntado por qué hay gente que pueda ponerse lo que quieran y verse espectaculares? El secreto radica en que se sienten bien consigo mismos y seguros con lo que llevan puesto. La inseguridad es la peor delatora y enemiga.
 


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En buena medida, conocer es traducir, dice Juan Villoro. Un buen traductor es, antes que nada, un buen lector; el gran conocedor de un texto. El traductor no sólo traduce las regiones explícitas de un libro, sino también, y sobre todo, el carácter implícito de las palabras, es decir, lo que está entre líneas: las ideas, el discurso, los sentimientos, el tono, el ritmo, el estilo, la espontaneidad del lenguaje; para decirlo de forma pomposa: el espíritu del texto. Traducir algo de forma literal es ir contra el sentido común. Por eso a veces es tan difícil encontrar una buena traducción, sobre todo de los textos que son de alguna forma poéticos. No existe problema alguno con el manual de la aspiradora; encontrar una buena traducción de Pessoa requiere un poquito más de tiempo. Al leer una traducción, hay que ser conscientes que siempre habrá una pérdida en el texto traducido. Por ejemplo, el español no tiene palabras para saudade, spleen o weltschmerz. Sin embargo, muy de vez en cuando, esa pérdida de la traducción puede llegar a ser paradójicamente una ganancia. Traducir del francés al español significa afrancesar el español, es decir, enriquecerlo. Una buena traducción enriquece el idioma.   Breves recomendaciones: Elige editoriales que respeten la literatura. Algunos ejemplos de editoriales serias: Fondo de Cultura Económica, Cátedra, Alianza, Siruela, Nórdica, Acantilado, Pretextos, Sexto Piso y, casi siempre, Anagrama. Evita: Editores Mexicanos Unidos, Editorial Valdemar y Lectorum. Respeto editorial significa poner el nombre del traductor en algún lado. Googlea al traductor para ver qué tan reconocido es. Si en el libro no aparece ningún traductor, cómpralo para la chimenea. Invierte. Los libros con buenas traducciones suelen ser más costosos. El más caro no es el mejor traducido, pero el de $20 sí lo tradujo una máquina. Para poesía, conviene comprar una edición donde venga el poema original al lado del poema traducido. Así, por un lado, puedes sentir la oralidad y la plasticidad del alemán (aún sin entender palotada de lo que estás leyendo) y, por el otro, el significado del poema.   Lecturas sobre la traducción: La tarea del traductor, de Walter Benjamin; El traductor, de Juan Villoro; Decir casi lo mismo, de Umberto Eco.   ...

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