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Libros para niños que deberían leer los adultos

Por Julieta Díaz Barrón, la mamá de Pedro.

Partamos de algunas premisas: A) Las listas son arbitrarias, right? No me vayan a dilapidar como cuando en esta revista se enlistó a diez simpáticos tuiteros… B) Esta lista no contiene los que considero como los mejores libros infantiles, sino aquellos cuya forma o fondo (aunque sea lo mismo) bien le viene a un adulto. C) Mi editorial favorita con colecciones para niños, y por mucho, es el Fondo de Cultura Económica; que excepto cuando edita a Anthony Browne, acierta en pensar que los niños son personas que pueden disfrutar palabras e ilustraciones, no tarados a los que hay que sobre estimular. D) Antes de tener a Pedro, el niño más estimulante del planeta, jamás había abierto un libro infantil. Y me perdía de mucho. Hoy lo sé y por eso lanzo diez ejemplos, por si mis dos lectores se animan al menos con uno.

 

1 > Selma

De Jutta Bauer. Ed. FCE, 2009.

Desde que se avista el libro, es puro goce, con su formato ancho y bajo, de color verde pistache con sólo una ovejita en el centro. Un día, el lobo decide darle un micrófono a su amiga Selma la oveja, para preguntarle qué es la felicidad, y ella desgrana con simpleza su día-oveja. Maravilloso.
 

2 > ¿Yo quién soy?

De Oscar Brenifier. Ed. Destino, 2006.

La colección a la que pertenece este libro –Filo y Sofía– tiene cinco libros. Creo. Su propósito es acercar a los niños a la filosofía, desde la perspectiva del planteamiento de preguntas honestas cuyas indagaciones (no respuestas, ojo) hacen que los niños se planteen más preguntas. Si quieren husmear en sus creencias más rancias y darles una actualizada, este libro es ideal, no sólo porque ahorra la visita al psiquiatra, sino porque logra estas piruetas intelectuales a la vez que divierte.
 

3 > Discurso del oso

De Julio Cortázar. Ed. Tecolote, 2008.

Quizás es por el cariño al recuerdo, pero este cuento me hace pensar en otro de Cortázar, memorable: Carta a una señorita en París. Aquí, la imagen del oso (literal y metafórica) sirve para reflexionar sobre los habitantes de un antiguo edificio de casas en París. Si bien en primera instancia el oso rojo deslizándose por las tuberías desconcierta, la certeza de que ese animal está más cerca del sentimiento humano va invadiendo la conciencia hasta el final.
 

4 > Trucas

De Juan Gedovius. Ed. FCE, 2006.

Un libro sin palabras suena gris para un adulto pero no lo es en absoluto. Trucas es un ser extraño, casi un gnomo, que al igual que el Pato Lucas cuando se rebela contra quien lo dibuja, Trucas descubre a-la-Pollock, que hasta el cuerpo en cenizas puede hacer arte. Verlo (leerlo) toma, a lo sumo, 30 segundos. Juan Gedovius es un genio mexicano de la ilustración.
 

5 > ¿De qué color es tu mundo?

De Bob Gill. Ed. Phaidon, 2010.

La leche puede ser café, un caballo puede ser morado y una col, amarilla. Si las ve un artista. Pero en el centro de este libro se connota –no se dennota– que el artista es el que pone el ojo. El ojo, desde luego, ve la leche blanca, el caballo ocre y la col, verde; pero se sugiere que podría optar por lo otro. Las hojas son hermosas, la impresión del color, más. Puros mates intensos que dan ganas de poner en un marco y colgar en el centro de tu cuarto.
 

6 > Cocodrilo va al dentista

De Taro Gomi. Ed. FCE, 2009.

Quizás mi favorito. Si bien la anécdota es única porque a quién se le podría haber ocurrido hacer que a un cocodrilo se le olvide lavarse los dientes y por eso se le infecte una muela y deba ir al dentista, lo mejor es cómo se cuenta esta anécdota. No voy a describirles cómo, porque quiero que lo compren. Baste decir que cada hoja contiene sólo una línea. Que la estética es inolvidable por los ojotes del reptil y los bigotes del galeno, y que pocas veces con tanta contundencia se entiende que la vida es espejo.
 

7 > Perdido y encontrado

De Oliver Jeffers. Ed. FCE, 2005.

El autor irlandés escribe e ilustra, con un sentido irrepetible, seres de piernas con dos líneas, de la misma manera que de niños dibujábamos a las personas. Ésta es la historia de una travesía y de una amistad. Tiene una frase inolvidable: «y los pájaros no le hicieron caso; hay pájaros así». Casi cualquier libro de este autor es una garantía de inteligencia. Si tiene hijos, compre toda la serie de este autor. Va a la segura.
 

8 > Animalario universal del profesor Revillod

De Miguel Murugarren. Ed. FCE, 2003.

A lo mejor no es un libro para niños, pero no importa. Un divertimento que secciona en tres los animales fantásticos que Revillod encontró. Mi hijo y yo hemos muerto de la risa con nuestras invenciones. Un puercoespín de cabeza con aletas de pez y patas de vaca, por ejemplo. Además, barato.

 

9 > ¿Cómo dicen mamá las jirafas?

De Gérald Stehr. Ed. Tecolote, 2008.
Uy, éste sí me gana. Amable lector, ¿sabía Usted que las jirafas no emiten sonidos? Este libro me ha servido muchísimo para encontrar la manera número 1’000,000 de mostrarle a mi hijo que lo amo. Las ilustraciones tienen detalles pocas veces vistos en libros infantiles. Redondo.
 

10 > Es así

De Paloma Valdivia. Ed. FCE, 2010.

Suelen molestarme los libros que se escriben en verso, pero a éste le viene muy bien. El sentido de la muerte contado desde lo irresoluble del misterio, pero también desde el goce de estar vivo, de estar en el planeta. El ciclo de la vida sin usar jamás la palabra rueda. Ni un lugar común, puras zonas no visitadas: una viejita con un perrito entra por la puerta de una casa de la que sale una niña sonriente por la ventana.
 
Corolario no necesario, pero no me importa: no sólo de Dostoievski y lecturas adultas vive el hombre.
 


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