Fue la Revolución Industrial, fue la modernidad, el progreso, las máquinas. Fueron las ONGs ambientalistas y su curioso proteccionismo hacia especies más «importantes». Fue una cultura malagradecida. Fuimos todos: el burro está en peligro de extinción.
Según el censo oficial, en 1991 existían un millón y medio de asnos en México. Hoy quedan tan solo 500 mil. El burro desaparece, y a pocos les importa, por lo menos en México: en Europa, por ejemplo, protegen al burro evitando que cargue objetos muy pesados: lo utilizan como elemento –pintoresco, sin duda– del turismo rural.
Si tu familia tiene la posibilidad de mantener y cuidar un burro, si vives en un espacio amplio con un clima cálido, ¡hazte de un burro!, será un excelente compañero, además de un inmejorable ejemplo de respeto y cariño hacia la naturaleza para tus hijos. Es tiempo de retribuirle al burro algo de lo que nos ha dado.
En la zona oriente del Valle de México, en el pueblo de Otumba, se encuentra Burrolandia, un pequeño santuario del burro fundado hace cuatro años por la familia Flores Sauza, especialistas de la UNAM y la Donkey Sanctuary Association de Inglaterra.
Asimismo, desde hace 65 años, en Otumba se realiza cada 1 de mayo la tradicional Feria del Burro: carreras de burro, polo sobre burro, concursos de rebuznidos y el simpático carnaval, donde los asnos se pasean disfrazados.
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