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Bipolaridad anatómica –el caso del mamordo, la figura de la gordibuena

Entrevistamos a un morfólogo, un doctor anatomista que se dedica al estudio del cuerpo humano. Por alguna razón que nos resulta inexplicable, se niega a dar su nombre, pero asegura ser el precursor de una ciencia que dará mucho de qué hablar.
 
Se dice que en gustos se rompen géneros, pero cuando evaluamos el físico humano, estamos tan acostumbrados a los adjetivos en apariencia objetivos, que cualquier cosa que escape a la norma parece ser una atrocidad canónica.

Es verdad. Además de los estereotipos comúnmente aceptados, pongamos por ejemplos; gordo, traqueteado, buenota, etcétera, existe lo que hemos de llamar bipolaridad anatómica o anatomía dicotómica desconcertante. Esta rama de estudio clínico, de la cual soy pionero, analiza individuos que posiblemente sin notarlo ellos mismos suscitan constantes debates entre las personas que los conocen o frecuentan. Los gordos, por ejemplo, son los que obviamente tienen mayor volumen de grasa corporal de acuerdo al estándar (nuestro estándar). Fácilmente los señalamos y condenamos con frivolidad. Con las edades, por el contrario, resulta bastante más variable porque se evalúa a conveniencia. Si son más grandes, son «rucos»; más jóvenes, «inmaduros»; si son de la misma edad, están «en la flor de la vida». Ésta relativización del análisis y el diagnóstico es completamente ordinaria, pero sólo tiene validez para lo ordinario. Nuestro objeto de estudio no es precisamente lo extraordinario, sino lo desconcertante.
 
De ahí el nombre, ¿correcto?

Mira, la anatomía como ciencia médica se ocupa de la disección o separación artificiosa de las partes del cuerpo de un animal o una planta. Ahora, la crítica estética de la anatomía está poblada en exceso de charlatanes y ociosos aficionados. Ni tu ni yo somos plantas, y eso de artificioso, independientemente de lo que signifique, suena artificial y poco ilustrativa.
 
Dígame, ¿no le parece acaso esta pretendida ciencia no solo frívola, sino estéril?

[El experto muestra una foto y el entrevistador asiente.]
 
Santo Dios… prosigamos.

Toma nota, éstas son algunas primicias:

El gordo-flaco. Tiene una panzota, eso no lo discute nadie. Su torso se asemeja a un malvavisco. Lo raro es que no tiene nada más que lo avale como gordo. No tiene nalgas, y si se pone bermudas parece un cura en la playa. ¿Y cómo son las piernas de un cura vacacionista? No lo sé. Estos ejemplares usan pantalones. Otro detalle particular son los brazos, decididamente tubulares y uniformes, no tienen ningún tono o vigor, pero paradójicamente permiten que las mangas parezcan anchas. Estamos seguros que en algún otro lugar del cuerpo oculta alguna otra gordura delatora, pero permanece esquiva. Por legítima autodefensa, sus familiares lo ven «bien», pero su mamá cree que se vería un poco mejor con unos kilos menos.

El joven-viejo. Porque juro que conozco un hombre que no podría decir si tiene 20 o 50 años. Lo primero es que aquí la discordancia no tiene nada que ver con su comportamiento. No es que parezca vigoroso y vital, se acueste temprano y tome leche tibia con galletas. Tampoco que desapruebe las conductas pueriles de sus contemporáneos y esté en posesión de una contrastada sabiduría. En la vida cotidiana suele pasar que al ente que te impide entrar al baño del bar no sabes si debes de exhortarlo con paciencia y buenos modos a que despeje el paso, o decirle «quítate güei». Si observas a un hombre acomodarse unas incipientes poblaciones de canas con unos deditos tersos de ratón es porque estás en presencia de una de las más definitivas pruebas de que, incluso en una geografía tan pequeña como un hombre, puede haber distintas estaciones y diversos husos horarios.

El mamordo. Posiblemente no nos opongamos a reconocer que el denominado mamordo tiene bastante fuerza, bastante más que nosotros. Pero se la atribuimos a su peso, ¡como si existiera alguna causalidad lógica! Es que es frecuente que cuando alguien osa decir que fulano está «mamey», rápidamente nos oponemos. Son raros, porque algunos usan camisas ajustadas sin mangas y otros eligen triple XXL. Pero con lo que quiera que recubran su inacabado físico, tenemos la profunda convicción que debajo de la prendas de un mamordo existe una titánica pugna por el espacio vital entre las trémulas adiposidades y las ordenadas fibras musculares.

La gordibuena. Innegablemente tiene encanto. A ojos de los donjuanes, la gordibuena es casi siempre una concesión que se permiten. Tiene lo que hay que tener en partes iguales, bueno, nada más que en una proporción mayor a la figura canónica vigente. La gordibuena puede mantener la misma figura y conservar el título por mucho tiempo, pero para su desgracia, o la nuestra, mientras no la conocemos y mantenemos la distancia parece siempre más deseable. Después de establecer contacto cae en desgracia y somos menos benévolos con ella. De la noche a la mañana engordó y afirmamos vehementes que tuvo algún encanto..

 
¿Se limita esto la anatomía, o cree que dicha relativización puede llegar a trascenderla?

Mira, en otras áreas hay muchísimos avances, la bipolaridad como trastorno psiquiátrico está identificada y descrita hace largo tiempo. Por contrario, en el plano intelectual creo que se debe profundizar. Ya te digo, tú tienes cara de tonto, pero haces muy buenas preguntas.

 
¿Eso qué significa?

No lo sé, dímelo tú.

 
… Sentadas ya algunas bases, y conocidos algunos ejemplos ilustres, el lector podrá proceder a buscar ejemplares concordantes, nuevos especímenes y, por estrictas razones de ocio, profundizar en el debate.

Ocio el tuyo, que mira que venir a hacerme entrevistas…
 


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