Desde hace un rato algunos espectaculares y publicaciones ostentan publicidad en verde y rojo de Bafar, una marca de embutidos y carnes frías.
La imagen en estas piezas publicitarias es de un niño que vuela o de un niño que, de una patada karateka, hace como que rompe el vidrio que lo cubre. El copy principal de la publicidad dice: «¿Pos’ qué comerá?» (sic), y remata con algo que parece una promesa o una justificación: «Tiene más carne».
Todo normal, parece.
Me imagino la junta de quienes pensaron la línea discursiva de este anuncio (los Mad Men contemporáneos): la carne es un alimento saludable. Si un niño come carne, es un niño saludable. Los embutidos Bafar tienen (más) carne. Si mi niño come Bafar, estará (más) fuerte, (más) sano y (más) saludable.
Además del «Pos» (ni a «Pus» llegan), resalta ese «más carne». Como si fuera carne con carne. ¿Y la carne carne, la que es carne y no la que tiene carne?
Según la RAE, un embutido (que creo que es lo que vende Bafar) es una tripa rellena con carne picada, principalmente de cerdo. Repito, está rellena de carne de cerdo. Es decir, es de carne.
Entonces ya no entendí, ¿tiene más carne?, ¿más? ¿Y qué más podría tener?
Como sea, yo me fui al súper para ver si era cierto que las salchichas Bafar tienen más carne. También quería ver qué más tenían, además de carne. Encontré joyitas:
De ahí que mis compañeros de trabajo, la gruesa clase media, haya tomado las salchichas como un sustituto barato de la carne. La comen como tente en pie, como botana y como plato fuerte: salchichas a la mexicana, salchichas asadas, chow mein de salchichas, salchichas con mole. ¡Wooow!
Aún así, en la visita al súper compré unas salchichitas y me hice un jotdog.
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