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Paseos sonoros: imágenes y espacios que cambian con otros sonidos

Supongamos que la frase de Godard es válida: «el cine es la realidad a 24 cuadros por segundo». El cine es luz y sonido. La realidad, por supuesto, involucra otros sentidos además de la vista y el oído. Pero a fin de cuentas, en un paseo cotidiano, nuestra experiencia se resume a lo que vemos y escuchamos.

Ahora bien, en una caminata ordinaria, pedestre, auténtica, ¿qué sentido es más importante, la vista o el oído? La cámara y las postales dirían que la vista, el suplemento que encartamos en esta edición diría que el oído. De los viajes y paseos que hacemos, regresamos con cientos de fotos, y sin ninguna grabación sonora.

Volvamos a la anología con el cine: en una película, ¿qué es más relevante, las imágenes o la mezcla de audio? Si hacemos el experimento de ver una película nunca vista en mute y luego escuchamos otra pero con la pantalla apagada, ¿cuál de las dos películas entenderíamos mejor? David Lynch concluiría que la pista de audio es, quizá no más significativa, pero sí más expresiva. Una pésima imagen es sólo una pésima imagen, pero una mala pista de audio hace que la imagen sea más que pésima: inverosímil.

Como lo dijimos en el suplemento de los ruidos urbanos, vemos con el oído. Siguiendo esta lógica, presentamos aquí tres paseos donde el soundtrack transforma el espacio.
 

Centro histórico de Querétaro con música punk

Hace falta pasearse dos o tres veces por las calles del centro de Querétaro para saber que la música que preferiblemente acompaña al adoquín, la cantera y el adobe es aquella que se hace con el órgano, el clavecín, el salterio y el violín. El soundtrack queretano es idéntico a las postales de plazas y templos: tradicional y eclesiástico.

Ir en Querétaro a un recital de Gastón Lafourcade o asistir al Festival Internacional de Salterio es redundante. Como acompañar unas tunas con pulque: un pleonasmo.

La imagen del centro histórico no va a cambiar, la Unesco y los defensores de las fuentes en las plazas se encargarán de conservar este lindo patrimonio. Pero con un poco de música punk los espacios pueden representarse de forma distinta. Por ejemplo, este soundtrack, con el lugar específico y la canción correspondiente:

  • Museo de Arte: Smash it Up, de The Damned.
  • El Arcángel: Where Eagles Dare, de los Misfits.
  • Calle Hidalgo: Detroit, de Rancid.
  • Jardín Zenea: I Wanna Be Sedated, de los Ramones.
  • La Mariposa: Waiting Room, de Fugazi.
  • Plaza de Armas: Police Story, de Anti-Flag.
  • 5 de Mayo: Psycho Killer, de los Talking Heads.
  • Don Amado: Gloria, de Patti Smith.
  • Mirador del Acueducto: London Calling, de The Clash.

 

San Miguel de Allende con audio diálogos

San Miguel y Guanajuato son las dos ciudades más caminables del Bajío. Esto se debe no sólo a la anchura de las banquetas y a los múltiples andadores, sino a los habitantes que prefieren transportarse a pie.

San Miguel, además, tiene el centro histórico más parlanchín y lenguaraz del centro de México. Sus habitantes no sólo hablan y discuten mientras caminan –como lo hacen los estudiantes en Guanajuato–, sino que además hablan y platican en dos o tres lenguas distintas.

Proponemos cambiarle los diálogos a los sanmiguelenses y, por qué no, también a sus turistas. Colocar palabras en la boca ajena, como si vieras una película y escucharas otra, o como si en un autocine omitieras el audio para inventarte tú los diálogos. Por ejemplo:

Escucha la película Annie Hall. De todas las películas de Woody Allen, Annie Hall es quizá la que tiene más diálogos. Implántale los diálogos de Alvy Singer a un joven mexicano y los de Annie Hall a una señora gringa. Este experimento funciona también, y quizá mejor, con Zelig.

Busca en YouTube «chinese conversation». Elige el video más largo y voltea a ver a una pareja de sanmiguelenses. Quién sabe qué estén diciendo los chinos, pero lo dicen con un tono y un timbre tan extraño que hace que San Miguel parezca una ciudad de la Dinastía Han, Shun, Ming o Song.
 

Paseo en RedQ con ópera

RedQ es lo mejor que nos ha pasado desde Che originali!, la farsa de Johann Simon Mayr. Descifrar las nuevas rutas, hacer el prepago, conseguir asiento en el camión y llegar a tu destino es un dramma per musica, como dicen los conocedores. Para este transporte público con evidentes características épicas, recomendamos las siguientes óperas:

Mientras esperas el camión: Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, sobre todo el acto dos, cuando Butterfly espera de forma paciente y hasta necia la llegada de Pinkerton. La criada Suzuki te intentará convencer de que el camión Pinkerton no llegará, de que te conviene irte en taxi, o ya de plano caminando, pero no hagas caso, tú espera y ten fe.

Estás sentado y se sube un bombón. El asiento de al lado está vacío y ella viene hacia ti. El camión frena y ella se aleja de ti. Pon Rigoletto, de Giuseppe Verdi, adelántale al último acto y canta: ♫ La donna è mobile ♪ qual piuma al vento ♫

El camión toma una ruta extrañísima y parece que el trayecto durará una eternidad. Escucha Parsifal, de Richard Wagner: la melodía sin fin.

El camión por fin llega a tu destino. Pon a todo volumen Il ritorno d’Ulisse in patria, de Claudio Monteverdi, salta del camión, pon los brazos en alto y dirígete a tu casa a abrazar a tu Penélope.
 


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