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Imagen © la máquina de River

Las rutas a la memoria

La Copa Intercontinental del 2000. Larga y frágil la asistencia de Riquelme. Expedito y definitivo el zurdazo de Palermo. La víctima se recuerda; es el Real Madrid. Y cuando se hace memoria, se habla del Boca de Riquelme. Las Súper Chivas del ‘97, los cuatro goles del «Gusano» Nápoles abultan el marcador, sólo para que Ramón Ramírez sea campeón y portada. Méritos compartidos, pero siempre hay un nombre que prevalece sobre los demás.

Se dice que son los hechos, los acontecimientos, los conjuntos, las instituciones… «los que están por encima de cualquier individualidad»… o quizá no.

Existen personajes icónicos y representativos, que casi siempre por su carisma, mérito y liderazgo, pero más allá de su aportación decisiva o su talento insuperable, se colocan en el ideario y el recuerdo colectivo como los referentes no solo inolvidables, sino obligados de algún equipo particular. Los hay de la gloria, y los hay de la infamia. La volea de Iniesta o la patada artera de Comizzo a Hermosillo. Vale la pena notar la ambivalencia de las patadas. Las hay de la tenacidad y el aplomo, y de la casualidad y la fortuna. La ardorosa constancia de Puyol, o el inexplicable conjuro de Solksjaer con los astros. Uno siempre en el mismo lugar, y otro siempre en el lugar preciso; dos rutas a la memoria.

Los Bulls de Jordan, los Delfines de Dan Marino, el Toros Neza de Mohamed, el León de Tita; la lista podría volverse interminable, incluso para los no aficionados.

Y así como existen las figuras y los estandartes, existe otro grupo de individuos –verdaderamente individuos e individuales– repelentes al conjunto, que pudiendo tener más o menos cualidades que los primeros, por alguna razón inasible tienen negado el pasaje a la memoria. Son aquellos que incluso el más estudioso cronista es incapaz de recordar y el más acérrimo hincha se resiste a creer que alguna vez vistieron la casaca de su equipo. Son los que empeñándonos en reconstruir aquel 11 mítico de la ‘93-‘94, dejan descubierta la portería o despoblada la banda derecha.

En este caso, no podemos enlistarlos; sería negarlos.


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