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	<title>Sada y el bombón &#187; Luis Bernal</title>
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	<description>revista independiente de cultura urbana en el centro de México.</description>
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		<title>«El año de Ricardo» en La Fábrica</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Nov 2014 18:34:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>
		<category><![CDATA[Eventos y festivales]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>En <i>Instrucciones para John Howell</i>, Julio Cortázar resume que el teatro no es más que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso. Absurdo en el sentido de la extravagancia, la sinrazón o, más bien, el exceso de razón. <i>El año de Ricardo</i> comienza desde su primer diálogo bajo esa sensación de disparate: Ricardo, diminuto y jorobado, chilla y grita en un hospital. A su lado está Catesby, una especie de mayordomo mudo, sin lengua. Ambos avanzan por el escenario entre movimientos de brazos y piernas. Ricardo a mitad del fastidio: «No sé, Catesby, no sé. No sé cómo hacerlo. Esto de coger en brazos a una cría sin piernas». Dos cuerpos en traje sastre, casi caricaturas, intentan burlonamente levantar a la niña sin piernas. «¿Cómo lo hago? ¿De rodillas, de pie? De rodillas tiene un aspecto más religioso, de sacrificio. Sí, sí, sí, de rodillas es mejor».</p>
<p><i>El año de Ricardo</i>, la desbocada historia de un empresario que escala al poder en forma de dictadura, se estrenó en el 2007 como uno de los primeros proyectos de la dramaturga <a href="http://artesescenicas.uclm.es/index.php?sec=artis&amp;id=33">Angélica Liddell</a>, actual referente del teatro español contemporáneo y ganadora del León de Plata en la Bienal de Venecia del 2013. Entre el performance y las puestas en escena oscuras y mórbidas, Liddell ha montado una veintena de obras alrededor del sexo, la muerte, la violencia, el poder y la locura. Con ese, digamos, repertorio artístico, el texto de <i>El año de Ricardo</i> llegó siete años después al foro de <a href="http://lafabrica.org.mx/">La Fábrica</a> y su director Alonso Barrera.</p>
<p>Además de la tropicalización del texto —pasar de España a México y añadir los guiños de nuestra ridícula política nacional—, <em>El año de Ricardo</em> es, en su primera lectura, una obra de proporciones minúsculas: dos actores, menos de cuatro muebles que se intercambian entre escenas (capítulos) y el vertiginoso monólogo de Ricardo que, entre periodos de euforia y depresión, construye la historia y el escenario. En su segunda lectura, la obra es explosiva, barroca, recargada, cuidadosamente inestable; una vaga versión contemporánea del Ricardo III de Shakespeare: deforme, bufón, infantil y siniestro. Lo mismo hace un berrinche a un grupo de niños —«¡El carro de combate es mío! ¡Mío! ¡Mío! ¡Mío!»—, demanda ante un auditorio infestado de políticos de izquierda y derecha —«Entonces, ¿merezco un partido o no lo merezco? ¿Qué partido me vais a dar?»— o explica con rabia a unos espías —«Sólo os acordáis de los judíos porque los muy cretinos se pusieron a escribir. Sobrevivieron y se pusieron a escribir»—; todo un lenguaje basado en la violencia verbal y gestual, encarnada por la actriz María Aura que, entre la locura y la certeza, interpreta a Ricardo como un hombre voluble hasta los huesos, de furia irrisoria, a punto de estallar en una mirada o una mueca prolongada, falsa y agresiva.</p>
<p><i>El año de Ricardo</i> es para el foro de La Fábrica el resultado de una clara obsesión con los textos de Angélica Liddell, la culminación de un proyecto personal, cuidado hasta el más mínimo detalle: desde el vestuario y maquillaje hasta luces y sonido. Una inesperada vomitada de palabras bestiales, entretenidas, humanas y con potencia política. De esas veces que estallas en risa sin darte cuenta que la tragedia del chiste es uno mismo.</p>
<p><span style="font-size: 14px; line-height: 1.5em;"> </span></p>
<hr />
<address><em>El año de Ricardo se presenta todos los jueves, viernes y sábado de noviembre a las 9:00 pm en el foro de La Fábrica en Querétaro (Av. Industrialización 4, Alamos 2da. sección). Reservaciones <em>al (442) 245 1978 y <em>en info@lafabrica.org.mx.</em></em></em></address>
<p><em> </em></p>
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		<title>Cinco escenas</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 00:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Plano cerrado, Adéle sumergiéndose en el mar de Lille. La piel bronceada y el bañador completo bajo el cielo acuático. Es ella en el azul, en el calor ultramarino que es Emma; flotando con los ojos bien cerrados, reencontrándose con ella, meciéndose juntas por última vez. La sal en los labios y la marea en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Plano cerrado, Adéle sumergiéndose en el mar de Lille. La piel bronceada y el bañador completo bajo el cielo acuático. Es ella en el azul, en el calor ultramarino que es Emma; flotando con los ojos bien cerrados, reencontrándose con ella, meciéndose juntas por última vez. La sal en los labios y la marea en sus mechones castaños. Adéle en el azul, en Emma. Cuerpo contra agua, la carne que se inunda; dos entes traspasándose. Yo te sigo hasta las profundidades del océano. En mi cabeza Karen O cantando «Turn into / Hope I do / Turn into you».</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Durante los noventa, una parte de mi familia —acérrimos comerciantes— encontró una minita de oro en los videoclubs. Más de ocho sucursales del Video Compacto distribuidas en Xalapa (a.k.a. Estridentópolis), una ciudad donde la lluvia y la neblina hace del cine y el café una necesidad básica. El negocio fluyó junto con el cambio de formato: del VHS al DVD y la eventual decadencia de los videoclubs. La crisis del Blockbuster fue, también, una crisis familiar. Aún quedan las torres de películas amontonadas en bodegas, estudios, salas y cuartos. Una inmensa cineteca regada en casas, cajas, personas y sobremesas.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Un plano secuencia: Edith (nunca Marion), yendo y viniendo por su departamento en París. Alucinando a Marcel, reviviéndolo del Atlántico. Los gritos que se ahogan: ¡Marcel!, ¡Marcel!, ¡Marcel! y la penumbra, el amor arrebatado. Y uno viendo la tragedia, fulminado por la teatralidad. El gorrión se levanta y avanza por el vestíbulo, envuelto en las tinieblas del escenario. Las manos contrayéndose, el llanto que se ahoga en trompetas y tambores; la gran actuación. <em>Dieu réunit ceux qui s’aiment</em>.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>Pablo murió hace seis años. Tres (o cuatro) años antes de eso —en plena pubertad—, su tía dirigió una película con Ana de la Reguera. Él anduvo en el set un verano y regresó contándonos cómo se hace una película y presumiéndonos su logro: salió en una escena. Hace unos días volví a ver la película y, sin acordarme de nada, me encontré con Pablo en la pantalla. Por cinco segundos aparece un primer plano de su cara. Pausé. Era extrañísimo, ahí estaba él, inmortalizado en una secuencia de fotogramas, encerrado en el 2006, resucitado en un cameo. Y yo del otro lado del vidrio, tan ficticio.</p>
<p style="text-align: center;">*</p>
<p>La película que más he visto —arriesgándome a la cursilería— es <em>Eterno resplandor de una mente sin recuerdos</em>. Siempre me ha fascinado la idea de alguien viendo la misma película más de diez veces, repitiendo los diálogos hasta volverlos suyos. En mi caso: Jack y Clementine escondiéndose en el interior de sus memorias, la casa en la playa despedazándose con una despedida inventada, Montauk. <em>This is it, Joel. It’s going to be gone soon</em>. Hay guiones que te entumen los huesos. Tal vez eso es el cine: un temblor que va de la espalda al estómago, como un cosquilleo de luz y celuloide.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<address><em>Este artículo apareció en el suplemento especial de otoño 2014, <a href="http://sadabombon.com/?s=suplemento+especial+cine+2014"><span style="color: #808080;">El cine</span></a>, dentro de la edición 24 de </em>Sada y el bombón<em>.</address>
<p></em></p>
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		<title>El cine: lecturas cinematográficas</title>
		<link>http://sadabombon.com/el-cine/</link>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 23:35:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 24]]></category>

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		<description><![CDATA[Como cada año, la edición otoñal se deshoja en dos: la revista tradicional y un suplemento literario que esta vez trató sobre el cine. La versión impresa de este suplemento la puedes ver aquí. Francis Ford Coppola dijo alguna vez: «Las primeras personas que hicieron cine fueron los magos». Quizá no en el sentido místico [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><span style="color: #c0c0c0;"><em>Como cada año, la edición otoñal se deshoja en dos: la revista tradicional y un suplemento literario que esta vez trató sobre el cine. La versión impresa de este suplemento la puedes ver <a href="http://issuu.com/sadabombon/docs/s8"><span style="color: #c0c0c0;">aquí</span></a>.</em></span></address>
<p><span style="line-height: 1.5em;"><br />
Francis Ford Coppola dijo alguna vez: «Las primeras personas que hicieron cine fueron los magos». Quizá no en el sentido místico de la hechicería sino en la maravilla de la producción: escenas, secuencias, diálogos, planos, actuaciones, filtros y luces recorriendo las pupilas del espectador. El asombro como entretenimiento.</span></p>
<p>El cine es un rollo de celuloide, un disparo de fotogramas. Pero su verdadera esencia no está en la sala de proyección o la penumbra de la matiné, sino en los ojos absortos en los destellos de la pantalla. Como todo espectáculo, el cine se completa en la función. La magia cinematográfica sucede cuando perdemos la noción de estar sentados en la butaca.</p>
<p>Lo mismo sucede con este suplemento: una recopilación de palabras que construyen escenas y emociones. Basta con leer el título de una película y comenzar a recordar diálogos memorables, planos cerrados descomunales y tramas revisitables.</p>
<p>«¿El cine es más importante que la vida?», preguntó François Truffaut. Extendiendo la pregunta, los siguientes textos contemplan al cine que se expande en nuestras vidas —o la vida que se entromete en la pantalla. Como la mirada de Mia Farrow en los últimos minutos de <em>La rosa púrpura del Cairo</em>.</p>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cine-vacio/">El cine vacío</a></em>, por Eduardo de la Garma.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cine-club/">Tener un cine club —entrevista a Gabriel Hörner</a></em>, por Mauricio Sánchez.<a href="http://sadabombon.com/cine-club/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cine-para-sentir/">Cine para sentir</a></em>, por Francisco Bernal.<a href="http://sadabombon.com/cine-para-sentir/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/a-ciegas/">A ciegas</a></em>, por Jacobo Zanella.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href=" http://sadabombon.com/cine-territorio/">El cine y el territorio</a></em>, por Paulina Macías.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/shakespeare/">Shakespeare en la pantalla</a></em>, por Giacomo d&#8217;Alelio.</li>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cinefilia/">Cinefilia</a></em>, por Cristina Bringas.</li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/cinco-escenas/">Cinco escenas</a></em>, por Luis Bernal.<a href="http://sadabombon.com/cinco-escenas/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/grandes-actores/">Los grandes actores</a></em>, por Juventino M.<a href="http://sadabombon.com/grandes-actores/"><br />
</a></li>
</ul>
<ul>
<li><a href="http://sadabombon.com/el-metodo-tarantino"><em>El método Tarantino (para acabar con el mundo real en cinco simples pasos)</em></a>, de César García.<a href="http://sadabombon.com/el-metodo-tarantino-para-acabar-con-el-mundo-real-en-cinco-simples-pasos/"><br />
</a></li>
<li><em><a href="http://sadabombon.com/asesor-o-rasuradora/">Asesor o rasuradora eléctrica, no importa, todo está conectado</a></em>, de Pancho Westendarp.<a href="http://sadabombon.com/asesor-o-rasuradora/"><br />
</a></li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h3>LA CINETECA PERSONAL</h3>
<p>Con tantos años de boletos, funciones y dvds, nuestra memoria es una estantería intangible de diálogos y fotogramas, a prueba de incendios y cambios de formato. Hay películas que se estancan en la mente, las almacenamos y rebobinamos una y otra vez. A continuación nuestros colaboradores seleccionan algunos esenciales del cine, como un ciclo de clásicos individuales.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Fargo</em> de Joel y Ethan Cohen</span><br />
Un secuestro express planificado en un pueblo nevado de Dakota del Norte, la ineptitud de un par de criminales y el irrisorio Steve Buscemi; una clásica comedia negra de los hermanos Cohen.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>La zona</em> de Andréi Tarkovski</span><br />
El Profesor y el Escritor son guiados por un tercero a «la zona», un misterioso lugar capaz de conceder deseos a los desesperados. Ciencia ficción intercalada con imagenes poéticas y diálogos filosóficos.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Los amantes del círculo polar</em> de Julio Medem</span><br />
Una película sobre el amor, las casualidades, el destino y los círculos de la vida contado a través de Ana, Otto, el círculo polar, el sol de medianoche y las metáforas visuales del director vasco.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>2001: Odisea del espacio</em> de Stanley Kubrick</span><br />
Un equipo de astronautas investiga el origen de un extraño monolito en la Luna. Todo un ensayo sobre la evolución humana, la tecnología, la inteligencia artificial y la vida extraterrestre, con épicas secuencias interespaciales.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Barry Lyndon</em> de Stanley Kubrick</span><br />
Otra de Kubrick (y la favorita de Martin Scorsese). <em>Barry Lyndon</em> es una especie de clase magistral sobre la luz y la fotografía a través de una historia situada en la Europa del siglo XVIII.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Dogville</em> de Lars Von Trier</span><br />
Un pequeño pueblo en Colorado durante la Gran Depresión se convierte en el escenario de una tragedia alrededor de la moral, la humildad y la naturaleza humana en «la tierra de las oportunidades».</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Pina</em> de Wim Wenders</span><br />
Entre documental y homenaje, Wim Wenders intercala cuatro danzas contemporáneas de Pina Bausch con entrevistas sobre su legado como artista. Todo un elogio cinematográfico al cuerpo en movimiento.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>El cisne negro</em> de Darren Aronofsky</span><br />
Entre la locura y la realidad, Nina busca perfeccionar su papel protagónico rumbo al estreno de <em>El lago de los cisnes</em>. Un thriller psicológico sobre el <em>doppelgänger</em>, la perfección y la disciplina corporal del ballet.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Le Samouraï</em> de Jean-Pierre Melville</span><br />
Jef Costello es un asesino a sueldo solitario y existencialista, envuelto en un drama de crimen y suspenso con un trabajo estético exacto y múltiple. Todo un clásico del cine noir europeo.</p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Luz silenciosa</em> de Carlos Reygadas</span><br />
Johan, un hombre de familia en una pequeña comunidad menonita de Chihuahua, mantiene un amorío con otra mujer, transgrediendo las leyes de su religión. Puro Reygadas: planos largos, ritmos pausados y actores «reales».</p>
<hr />
<p>¿Más cine? Amplía tu colección fílmica con Woody Allen, Alfred Hitchcock, David Cronenberg, Wes Anderson, Steve McQueen, Martin Scorsese, Danny Boyle, Gus Van Sant, Rainer Werner Fassbinder, Charlie Kaufman, Éric Rohmer y la lista sigue.</p>
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		<title>La radio, breve muestrario del AM y FM en provincia</title>
		<link>http://sadabombon.com/la-radio-en-provincia/</link>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 13:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 23]]></category>
		<category><![CDATA[Medios y entretenimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando empezamos a escribir este artículo nos cayó una certeza de sopetón: hace mucho dejamos de escuchar la radio. Ahora la oímos como se oye la música de fondo en un restaurante, como un ruidito que lo único que hace es entrar y salir por nuestra cabeza. Alguien nos dijo que la verdadera radio se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando empezamos a escribir este artículo nos cayó una certeza de sopetón: hace mucho dejamos de escuchar la radio. Ahora la oímos como se oye la música de fondo en un restaurante, como un ruidito que lo único que hace es entrar y salir por nuestra cabeza.</p>
<p>Alguien nos dijo que la verdadera radio se mudó hace no mucho de las antenas transmisoras al <em>podcast</em> y el internet. Pero si las frecuencias fueron sustituidas por el Soundcloud, ¿qué es eso que nos acompaña todos los días en el automóvil?, ¿el esqueleto de un medio ausente de contenidos?, ¿un formato que ya no cimbra? Acá en provincia manejamos por Bernardo Quintana sin encontrar un programa local que no parezca catálogo de anuncios —los ingresos e intereses que se comen al medio. </p>
<p>Con un panorama semiapocalíptico, hemos decidido hablar de la radio que nos queda, el soundtrack de nuestra urbanidad.<br />
&nbsp;<br />
<h3>De Córdoba a la carretera: breve historia de la radio</h3>
<p>Agosto de 1921. Córdoba, Veracruz. El presidente Álvaro Obregón visita el estado para celebrar el centenario de la firma de los Tratados de Córdoba (la oficialización de la lucha independentista). Entre carros alegóricos, montañas y espectáculos de aviación, la primera transmisión radiofónica se estrena en el país. Ese mismo año, el DF y Monterrey comienzan a experimentar con la amplitud modulada (AM): pequeños realizadores independientes debutando en programas de una o dos horas con canciones y locuciones emitidas desde cabinas caseras (literalmente armadas en la comodidad del hogar). El radiotransmisor como tecnología metálica y futurista: ondas y vibraciones convertidas en palabras y melodías.</p>
<p>Las primeras emisiones de radio fueron los <em>podcasts</em> del siglo XX: iniciativas privadas sin límites de contenido, prendidas por el puro gusto de comunicar y presenciar el viaje de electrones. Luego aparecieron más emisoras, los radioescuchas se multiplicaron y las autoridades llegaron a poner orden en los changarritos sonoros; mientras las estaciones luchaban por convertirse en negocios rentables. Lo malo: en la intrépida búsqueda de nuevos públicos, alguien tuvo la idea de abusar del negocio con la propaganda política y el exceso de espectáculo. </p>
<p>No fue hasta mediados de los sesenta que el sonido monoaural perdió presencia mientras el de frecuencia modulada (FM) se popularizaba bajo la promesa de mejores tecnologías y sonidos de alta fidelidad. Con todo y el avance de otros medios masivos de comunicación (televisión, periódicos y revistas), la radio moderna se había quedado con la mayor audiencia mexicana: desde las costas norteñas de Baja California hasta los pueblos perdidos en la selva chiapaneca. </p>
<p>Pero algo sucedió en las siguientes décadas, el consumismo llegó para arrasar con los espacios publicitarios, los directivos se perdieron en alianzas y favores, el internet adquirió más fuerza y pronto divisamos tres claros ejemplos de programas: los espacios informativos, el top 10 de éxitos en tu idioma y el incallable <em>chit chat</em>. </p>
<p>Exceptuando los programas de denuncia periodística, los locutores confundieron un poco su responsabilidad social. Pararse frente al micrófono y dirigirse a millones de radioescuchas es —inevitablemente— un fomento a la calidad de pensamiento, un derroche de opinión que moldea el discurso interno del oyente. ¿Qué podrá dejarnos un programa donde Adela Micha dedica media hora a hablar de sus futuras vacaciones? ¿Qué hacer con alguien que define al último avión accidentado como algo tristísimo y pasa rápidamente a la boda de Kim Kardashian? El problema es la disonancia: desvalorizar los temas —serios o casuales— como si fuera murmullo barato de Starbucks.</p>
<p>Pero no todo está perdido. El año pasado escuchamos en la oscuridad de la carretera un especial con los grandes éxitos de Café Tacvba. Entre canción y canción, el locutor dedicaba un espacio para hablar del trasfondo musical y, sobre todo, el contexto social y cultural en el que fue estrenado cada sencillo. A lo largo de dos horas, recorrimos la historia moderna de México a través de la evolución del grupo. La locución (narración) acompañaba los acordes de los satelucos para transportarnos a los noventas, el sexenio de Zedillo, la llegada del siglo XXI y el disco compacto. Un ensayo sonoro brillante, imposible de reproducir en otro medio. </p>
<p>Ahí, entre kilómetros recorridos y el <em>paparapapaeueo</em>, descubrimos la gracia (y prevalencia) del radiotransmisor.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Muestrario radiofónico —los tipos de radio en provincia</h3>
<p><span style="color: #ff0000;">La Grandes Éxitos.</span> Musical, populachera y normalmente oída (jamás escuchada) en el tráfico citadino o el estéreo de cocina. Es la gran maravilla de la FM: radiofrecuencias con alta fidelidad para inspirarse a todo volumen con lo último de Camila o los éxitos atemporales de Luis Miguel. Se rige por la novedad y la nostalgia (y los anunciantes): lo mismo está la nieta <em>twerkeando</em> con Hanna Montana o la abuela murmurando un danzón. Su belleza (y deformidad) es la democracia sonora: música para todos. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La botuda.</span> Como la musical pero con mucho, mucho Espinosa Paz. Frecuentemente sintonizada en radios portátiles y poderosas trocas. Es la madre de grandes joyas radiofónicas como el eco pronunciado de «laaaaaaa zeetaaaa» o los locutores tarareando sobre la pista musical. Lo que más agradecemos es su relación en vivo con el radioescucha: las llamadas, bromas y dedicatorias; ese cotorreo al aire, donde casi percibimos el destape de Tecates. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La informativa.</span> Partidaria del medio como fuente informativa (y a veces como espectáculo). Periodística, intrépida e indagadora; a favor de la actualidad y los radioescuchas al tanto de todo. A veces divaga con la jerarquización de las noticias: el nuevo bache de la ciudad, el último escándalo político, el tradicional embotellamiento de Zaragoza, la preocupante desaparición de personas. Terror latente: un locutor con exceso de credibilidad que decida qué comunicar y qué no. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La politiquilla.</span> Rastrera y ventajosa, por momentos confundida con la radio informativa. Se alimenta de comunicados de prensa y sospechosas donaciones. Su gran don es convertir en noticia los desayunos gubernamentales, el último evento oficial o las cifras de inversión y desarrollo. Heredera de la radio como propaganda política y estancada en los noventas —con todo y sillas de dependencia pública. Grillera si la administración en turno lo permite.  </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La chismosa.</span> Parlanchina, como si la hubieran grabado en un café con las amiguis. En teoría: programas ociosos para radioescuchas ociosos. En la práctica: cuatro personas en modo figura pública, opinando sobre el conflicto israelí-palestino campechaneado con el último hit de Beyoncé y carcajeándose (cloqueándose) la mitad del programa. Sobrevive por su formato de chisme: la sensación de estar oyendo una plática que no deberías, algo casi privado. Es la versión auditiva del Facebook o las revistas de sociales: irrelevante pero necesaria, argüendera hasta donde llegue la señal y defensora del «todos pueden opinar». Híjoles. </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La cultural.</span> Nocturna y distorsionada, por momentos parece estar en sonido monoaural. Es la radio como difusor cultural: entrevistas con artistas desconocidos seguida de tres horas de huapango, soliloquios y declamaciones. Su labor es titánica: llevar el arte y la cultura hasta rincones insospechados de nuestro territorio. Lo malo: a ratos reniega de la radio comercial y termina con programas complicadísimos de señores que leen a Tolstói como si fuera canción de cuna (!).</p>
<p><span style="color: #ff0000;">La ciudadana.</span> Aguerrida representante de la radio como conductor social y comunitario, sin cuotas de pago por mención o <em>jingles</em> improvisados. El extremo opuesto de la radio politiquilla: pequeñas estaciones —a veces montadas con lo mínimo— donde lo importante es transmitir identidad y pertenencia a través de las antenas. Algunas alfabetizan y sirven de foro para los ciudadanos, otras se exceden en lo local y le inventan a Doña Lulú un programa radiofónico de cocina gourmet. Plop.  </p>
<p><span style="color: #ff0000;">La AM.</span> Misteriosamente nostálgica. La radio AM son las sobras del sonido que solía dictar la vida social y política de nuestros abuelos. Ahora es un limbo de frecuencias con curiosidades como las transmisiones de partidos de futbol, programas acerca del béisbol, La Mano Peluda, canciones de 1950, los chistes de Trespatines y, de vez en cuando, el transmisor de un bebo dormilón. Toda una aventura sintonizarla.<br />
&nbsp;<br />
<h3>La radio como eco</h3>
<p>Con una fauna sonora donde pululan las estaciones-franquicia y los programas con patrocinios excesivos, nuestra radio provinciana parece el refrito de las estaciones capitalinas, puro reciclaje de contenidos. Aún así, la prendemos —porque algo tendremos que oír —, subimos el volumen y paramos la oreja cerca de la bocina. </p>
<p>Tal vez la radio se construye en la chusca carcajada, el tarareo dominical. Locutor y radioescucha rebotando ideas, ambos volteando la mirada a la ventana, con las antenas hacia el cielo nublado, perdidos en el flujo unilateral, descifrando quiénes somos y a qué sonamos; cada uno en su monólogo inaudible. La radio, eco de nuestra urbanidad.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Industrializados –un reportaje sobre la avasallante industrialización del Bajío</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jun 2014 15:10:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 22]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[El Bajío se fundó alrededor de conventos. A partir de sus muros germinaron caminos, ciudades, provincias; casas y edificios extendidos de adentro hacia afuera, a la periferia. Fue en ese desarrollo limítrofe que nos alejamos de los conventos, perdimos la frontera y buscamos nuevos puntos de inicio. Ya en pleno siglo XXI, entre suburbios y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Bajío se fundó alrededor de conventos. A partir de sus muros germinaron caminos, ciudades, provincias; casas y edificios extendidos de adentro hacia afuera, a la periferia. Fue en ese desarrollo limítrofe que nos alejamos de los conventos, perdimos la frontera y buscamos nuevos puntos de inicio. Ya en pleno siglo XXI, entre suburbios y carreteras estatales, nuestro orden social (y económico) emigró y partió desde otro tipo de muros: los parques industriales. Cambiamos la cantera por el acero, el sonido de las campanas por los bufidos mecánicos. Ahora rezamos estadísticas y resultados, peregrinamos diariamente a las entrañas de nuestras fábricas sin saber a dónde nos va a llevar esta nueva devoción.</p>
<p>En los noventas apareció una palabra que lo mismo causaba miedo y expectativa: globalización. Acá, en el centro de México, llegábamos a la tercer sílaba y se nos venía encima la idea de un mundo verdaderamente internacional, sin barreras; eso de vivir sin rejas asusta, en especial si todo el discurso económico giraba (gira) alrededor de la inversión extranjera y la industria: fábricas transnacionales, tecnología de <em>punta</em>, generación de empleos y renta barata de un territorio al que (subrayemos) se le confundía entre «tercermundista» y «país en vías de desarrollo». El primer apodo nos lo adjudicábamos en secreto, el segundo era más anhelo que eufemismo: fantasear con conseguir un <em>caramel-macchiato-venti</em> sin comprar un boleto de avión. </p>
<p>Al parecer lo conseguimos. En menos de 15 años pasamos del rezago consumista a los descuentos de Volaris y el Starbucks matutino. Todo esto gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, un acuerdo entre Bush, Salinas de Gortari y Mulroney para globalizar de una vez y para siempre a Norteamérica; la conversión de tres países en (supuestamente) un gran centro económico sin fronteras. Es decir, encontrar salsa Valentina en un supermercado de Vancouver o tortillas de maíz en un Wal-Mart de Minneapolis. Y entre ese envío y acomodo de productos, regiones enteras tapizadas con carreteras interestatales, aduanas, puertos, maquiladoras y clústers industriales. </p>
<p>Acá en el Bajío el <em>boom</em> nos llegó un poco tarde. De pronto, los políticos y empresarios vislumbraron lo que ya habían descubierto nuestros antepasados novohispanos: la ubicación. A eso se reduce nuestro auge industrial, cual gringa vendiendo casas en San Miguel: <em>location, location, location! </em>Y esa suerte geográfica se multiplica con las atenciones de los gobiernos estatales: nuevas vías de comunicación, incentivos empresariales, ventajas fiscales, acuerdos bilaterales y –sincerémonos– lo barato que se renta nuestro suelo –y nosotros mismos. Territorio irresistible.</p>
<p>En nuestra vida diaria, a la industria la vemos como algo fuera de la ciudad, de nosotros. Pero el error está en creernos que la industria es puro metal cercado con casetas de vigilancia. Industrializarnos es, también, abaratar los vuelos a Dallas y sobrevaluar el precio de un <em>capuccino</em>; tomarse una cerveza belga en un <em>pub</em> de Guanajuato o comprarse zapatos en León. Quizá jamás habremos pisado una fábrica, pero ellas, errantes e invasivas, nos traspasan todos los días.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Provincia de fábricas</h3>
<p>La industrialización nos unió en un conglomerado, una comarca de trailers, carreteras y parques industriales. Tanta es la influencia de nuestro despertar económico que ahora llamarnos «el Bajío» delimita a una región con cifras y gráficas a la alza, armadoras trasnacionales y un PIB con índices milagrosos. De campiña agricultora a bodega con salidas de emergencia.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Querétaro.</strong></span> Del 2011 para acá, Querétaro es la representación del maximalismo industrial: el nuevo gigante aeronáutico con plantas de Bombardier y Safran (ambas francesas) y un paraíso económico que parece espejismo del semidesierto: calidad de vida, seguridad, «felicidad» y ubicación. Al día de hoy (jueves), Querétaro es la región económica más boyante del país, con un PIB de 5.4% arriba del promedio nacional y una tasa de crecimiento del 10%, versus el 0.35% de los estados norteños. «El nuevo Nuevo León», que le dicen.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Silao.</strong></span> Es un pequeñísimo municipio –casi pueblo– convertido en el centro logístico y manufacturero de la región. A mediados de los noventas, antes del <em>boom</em> del Bajío y las grandes inversiones, Silao pasó de regar plantas a cuidar otro tipo de plantas: hogar de General Motors y Pirelli, mano de obra excepcional (el nuevo oficio de los locales) y centro de conexión comercial entre el Norte y Sur del país. Si el Bajío es el centro, entonces Silao es el núcleo.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Aguascalientes.</strong></span> El punto más al Norte del Bajío, tanto que a veces se confunde. Desde mediados de los 80s, su inversión extranjera depende enteramente de Nissan, el gigante japonés que, para el 2014, pretende armar 850 mil vehículos como el Sentra, March y el clásico «Tsurito». Este pequeñísimo estado como la versión más nipona del semidesierto.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>León.</strong></span> Entre Silao y León hay solamente unos minutos de diferencia, unos cuántos hoteles, centros de negocio y restaurantes de paso. Juntos comparten la fuerza económica y comercial de Guanajuato. Separados, León es la cartelera empresarial del estado: restaurantes, complejos financieros, centros comerciales y congresos en los que se enamora a los inversionistas.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Salamanca.</strong></span> Representa la energía del Bajío desde 1950, domicilio de la segunda refinería de aceites más grande de Pemex y una planta termoeléctrica que proporciona luz a toda la región. Sordéandose de su pasado agrícola –y más allá de las ligas y el hule–, esta es la última inversión de Mazda en México. La meta del 2014: producir 140 mil unidades de su modelo 3 y seguirse con 230 mil unidades del modelo 2. Por algo empiezan a llamarle «Salamazda».</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>Celaya.</strong></span> La «Puerta de Oro del Bajío», el enlace entre Querétaro, León y Guadalajara. Con fábricas como Mabe, Whirlpool, FEMSA, Honda y el vaivén de hombres de negocio masticando un buen corte de carne, Celaya es realmente el vestíbulo de nuestro corredor industrial: una momentánea sala de juntas y el tercer pilar económico de Guanajuato.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>San Juan del Río.</strong></span> Antes tierra fértil con numerosas haciendas, San Juan del Río es hoy el punto más al sur del corredor industrial del Bajío. Entre tanques y fumarolas, San Juan es un espacio donde la ciudad y los parques industriales pierden sus límites, la segunda potencia económica de Querétaro y el paraíso de pequeñas y grandes empresas como Kimberly-Clark, la fábrica de papel donde se producen marcas como Huggies, Pétalo y Kleenex.<br />
&nbsp;<br />
<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/industria3.gif" alt="Industrialización - Sada y el bombón" width="780" height="316" class="aligncenter size-full wp-image-5612" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>«El Bajío: el centro del centro»</h3>
<p>Kèvin Lechevallier, Director Comercial de la Cámara Franco Mexicana de Comercio Industrial:<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>Mi trabajo consiste en atraer inversión extranjera, guiar a las empresas en esta creciente región industrial. En especial trabajo con empresas francesas y puedo decir que la visión de Querétaro y sus alrededores es positiva, hay confianza gracias a su calidad de vida y ubicación. Por eso hay tanta inversión en México, porque es un país estratégico, en medio del mundo: entre Norteamérica y Latinoamérica, entre Europa y Asia. El Bajío es como el centro del centro.</p>
<p>Aquí a las empresas les es más fácil maquilar las partes de sus productos y transportarlas de un lado al otro, sin altos costos y complicaciones. Pero con las reformas fiscales del 2014, el desarrollo económico se ha pausado un poco: hay más filtros y restricciones. Antes se podía comprar la materia prima en Asia, hacer el producto en México y desde ahí distribuirlo a todo el mundo. Ahora también se puede, pero requiere de más tiempo, y todos sabemos que el tiempo es dinero.</p>
<p>Lo bueno es que esto implica una nueva etapa industrial para la zona. Ahora las empresas invierten en sus trabajadores, los capacitan y les dan la educación e infraestructura necesaria para que todo se produzca aquí, no solo las partes. El Bajío está convirtiéndose en una zona de producción al nivel de otros países más desarrollados, y eso también es una revolución en el ámbito social y educativo de la región.</p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
<h3>Campos industriales</h3>
<p>Si algo es irresistible para la inversión extranjera, esa es nuestra mano de obra. Entre la escasez de empleos y la modernización, la fuerza de trabajo ha encontrado una pequeña salvación en el <em>boom</em> industrial. Nada define mejor a los cambios industriales que las hordas de obreros viajando desde sus comunidades hacia los clústers para fabricar algo. Pasamos de las botas y la parcela a las naves industriales y los zapatos de seguridad.</p>
<p>Pensémonos en transición: campo contra ciudad, siglos de agricultura ante décadas de manufactura. Cada sector va por su lado, pero en conjunto se maximizan. Como los nuevos invernaderos internacionales: estructuras de acero que producen lo mismo que se ha estado haciendo desde la Nueva España: verduras y granos. La diferencia es que ahora todo forma parte de una empresa, y eso significa prestaciones, regulaciones, crecimiento y educación especializada para sus obreros. No por nada las corporaciones han comenzado a invertir en la educación de los países que ocupan: mejores universidades significa trabajadores más preparados, producciones más eficientes y metas superadas.</p>
<p>Aunque conservamos un romántico recuerdo por las antiguas actividades económicas, lo cierto es que la industrialización nos hace menos provincianos. Con cada acuerdo firmado se nos olvida el pastoreo y los pueblos incomunicados. Ahora nuestro paisaje carretero también incluye una capa de cilindros, centros de distribución y puertas de acceso. Y sí, la vista puede ser muy gris y fría, pero es que la necesitamos tanto o más que un fin de semana, solos y en paz, en la naturaleza. Quizá sólo estemos aburridos.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Nuestros puertos secos</h3>
<p>Puerto Interior es el monstruo de los parques industriales. Un puerto seco adyacente al aeropuerto del Bajío, con su propia aduana y vías de ferrocarril que lo convierten en el centro logístico más importante de América Latina y el cuarto a nivel mundial. Es tan vasto y extendido que bien podríamos decir que todo el puerto es Silao; un ejemplo de la industrialización avasalladora, inclemente, total. Por sus pasillos desfila diariamente mercancía de todas partes del mundo, millones de dólares traducidos en productos tan básicos como manzanas o jabones.</p>
<p>Tanta fábrica requiere de energía suficiente para mantenerse en pie las 24 horas. Eso significa que las plantas de luz y el petróleo se encuentran a tope en los alrededores de esta zona, principalmente en Salamanca. El estado de Guanajuato como un gran, enorme, gigantesco parque industrial: cada municipio encargado de proporcionar energía, agua, mano de obra, relaciones públicas, servicio de distribución de mercancías.</p>
<p>Nos hemos convertido en una provincia de bodegones y parques industriales, un clúster que comienza en la periferia y nos arrastra hacia ella. Y de todo eso, el sector automotriz es el que nos domina. Más del 60% de nuestra actividad económica depende del auto, el producto más inestable del mercado, lo primero que uno deja de comprar en tiempos de crisis –bueno, en las crisis también dejamos de comprar calzones.</p>
<p>Si la clase media crece, y con ella las zonas metropolitanas, las empresas automotrices también. Pero si todo declina, las empresas peligran y terminan por ser rescatadas (como le pasó a Chevrolet, pero no a Detroit, en el 2008). Por eso las fábricas, aunque inmóviles, son ambulantes. Se instalan según su conveniencia, hacen y deshacen. Nuestro miedo constante: depender tanto de la inversión extranjera y repetir los errores de nuestros actuales pueblos fantasmas. Cada bodega de autopartes como una lenta predicción del desastre.</p>
<p>Es verdad, la industria es desarrollo –la causa directa de nuestra urbanidad–, pero también es una catástrofe latente. Por ahí leímos en un periódico local que «aquí las fábricas brotan como champiñones», y entonces sólo nos queda observar y adaptarnos a ese brote desmedido en espera de que sí sirvan las salidas de emergencia cuando la eclosión de tuberías, tráilers y fumarolas venzan en la superficie.<br />
&nbsp;<br />
<img src="http://sadabombon.com/wp-content/uploads/industria2.gif" alt="Industrias en Querétaro y Guanajuato - Sada y el bombón" width="780" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-5611" /><br />
&nbsp;<br />
<h3>Enclustrados</h3>
<p>Si viajamos a Aguascalientes desde León, lo primero que uno ve es el logotipo de Nissan. Dos plantas enormes en medio de una árida planicie, con sus seis letras resplandeciendo en rojo nipón. Luego vienen los campos de Tiidas y, ya en plena ciudad, unos espectaculares en japonés que promocionan casas y terrenos de suburbio. Aquí lo que preocupa no es la silenciosa migración oriental, sino la aparatosa invasión de casas prefabricadas: la mancha urbana que se desborda sin control.</p>
<p>Hace no mucho la zona industrial y la ciudad eran segmentos independientes, divididos. Pero la industria es implacable y extrema: ensambla y produce para generar más de todo: dinero, cifras, edificios, carros, máquinas. Pero las fábricas no funcionan por sí solas (o por lo menos aún no). Para abastecer sus altas expectativas necesitan de un equipo de trabajadores que se multiplica con cada nueva meta de producción. No es lo mismo producir 100 autos al mes que 2 mil en tres días. Y así como los modelos de autos se multiplican, los trabajadores también, y entonces pasa algo muy curioso: todos comienzan a poblar los alrededores de la fábrica, la rodean y hacen su vida en «barrios» construidos en serie. La zona industrial se confunde con la habitacional y entonces el que vive en el centro comienza a sentirse fuera, alejado de todo desarrollo: del centro comercial, de las escuelas y de las fiestas caseras. El centro como suburbio.</p>
<p>Ahora los clústers se encargan de encerrarnos en un coto de privadas con su respectivo Oxxo y Superama. Y así estamos tan cómodos, tan contentos con el mantenimiento de las áreas verdes, que terminamos aislándonos. De la celda conventual al suburbio con bodegas y fábricas. Ahí, recluidos voluntariamente. Enclaustrados en clústers: enclustrados.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Vistazo a la quincena: los Óscares, el sexting hecho cortometraje y el significado de waldeinsamkeit</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Mar 2014 15:40:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Web]]></category>

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		<description><![CDATA[Las palabras sin traducción son tal vez el patrimonio más íntimo de una cultura. ¿Cómo poder explicar el sentimiento que sienten los alemanes cuando están solos en un bosque? Alguien ilustró once palabras que no tienen su equivalente en otro idioma (por ahí está la palabra sobremesa). Ve el post aquí. Y hablando de peculiaridades [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las palabras sin traducción son tal vez el patrimonio más íntimo de una cultura. ¿Cómo poder explicar el sentimiento que sienten los alemanes cuando están solos en un bosque? Alguien ilustró once palabras que no tienen su equivalente en otro idioma (por ahí está la palabra sobremesa). <a href="http://blog.maptia.com/posts/untranslatable-words-from-other-cultures" target="_blank">Ve el post aquí</a>.</p>
<p>Y hablando de peculiaridades del lenguaje: el <em>sexting</em> es todo un arte del siglo XXI. Aceptémoslo, hay algo fascinante en el hecho de estar en una comida familiar mientras le mandas un Whatsapp a tu <em>pompi</em>. A una estudiante de cine le interesó tanto este fenómeno que abrió un blog donde cualquier persona le manda su conversación y ella la convierte en un cortometraje con actores y diálogos. <a href="http://www.dazeddigital.com/artsandculture/article/18521/1/send-me-your-sexts-will-turn-your-sex-texts-into-video-art" target="_blank">Lee una entrevista sobre el proyecto aquí</a>.</p>
<p>El fin de semana fueron los Óscares y los podemos resumir así: mucho <em>Gravity</em>, Sandrita llorando, muchas ganas de ver <a href="http://www.theguardian.com/film/video/2013/may/21/great-beauty-trailer" target="_blank"><em>La grande bellezza</em></a> y mucho retuit al <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/03/actualidad/1393817213_629655.html" target="_blank"><em>selfie</em> del año</a> (con una <a href="http://imgur.com/gallery/CvK94my" target="_blank">Liza Minnelli olvidada en el fondo</a>).</p>
<p>Esta quincena también nos dejó la siguiente noticia: ya no se han visto ajolotes en los canales de Xochilmico, como que <a href="http://mexico.cnn.com/planetacnn/2014/01/28/los-ajolotes-se-extinguen-en-un-primer-censo-hecho-en-xochimilco" target="_blank">desaparecieron</a>. Acá una terrible y curiosísima verdad: en el mercado 5 de mayo de Puebla puedes comerte un delicioso caldo acompañado de un sabroso axolotl. <a href="http://www.animalgourmet.com/2013/10/16/ajolotada-el-escurridizo-platillo-poblano/" target="_blank">Lee la experiencia gastronómica</a> (?).</p>
<p>Va el link animado: <em>Adventure Time</em> es el <em>Mad Men</em> de las caricaturas (y posiblemente lo mejor que le ha pasado a Cartoon Network desde la época de las <em>Chicas Superpoderosas</em> y <em>Dexter</em>). Además del humor, la ridiculez y la temática apocalíptica, la serie está animada a mano, cada capítulo tarda entre 8 y 9 meses (ya van por el 152). <a href="http://kingofooo.tumblr.com/" target="_blank">Ve el Tumblr del equipo creativo</a> con detalles del proceso de animación.</p>
<p>Un pastor decidió negar a Dios por un año. Obviamente, se quedó sin trabajo pero los ateos del mundo recaudaron suficiente dinero para que siguiera con su proyecto: documentar en un blog qué tan distinta es la vida sin fe. <a href="http://yearwithoutgod.com/" target="_blank">Lee el blog aquí</a>.</p>
<p>El proyecto de un fotógrafo: recrear la última comida que tuvieron los condenados a pena de muerte en Estados Unidos (varias cárceles permiten que sus prisioneros escojan lo que quieran). <a href="http://www.vice.com/read/two-pints-of-mint-choc-chip-or-a-single-olive" target="_blank">Lee más sobre este trabajo acá</a>.</p>
<p>Por último: <a href="http://edition.cnn.com/2013/11/27/world/gallery/most-beautiful-libraries-in-the-world/" target="_blank">un vistazo a las bibliotecas más impresionantes del mundo</a>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>XIX Festival de las Calaveras –del 1 al 10 de noviembre en Aguascalientesn</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 19:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Eventos y festivales]]></category>

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		<description><![CDATA[En Aguascalientesn tienen una palabra que vamos a poner de moda por acá: «dejabajo»: dícese del que deserta un plan social. Que te digan «no fuiste a mi fiesta, ¡qué dejabajo eres!» significa que fallaste, dejaste al amigo abajo (en medio del plan), con las cervezas y un sentimiento parecido al de una novia de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En Aguascalientesn tienen una palabra que vamos a poner de moda por acá: «dejabajo»: dícese del que deserta un plan social. Que te digan «no fuiste a mi fiesta, ¡qué dejabajo eres!» significa que fallaste, dejaste al amigo abajo (en medio del plan), con las cervezas y un sentimiento parecido al de una novia de rancho, porque la capital de los hidrocálidos –¡ah, qué gran gentilicio!– es más o menos eso: un gran pueblo en constante espera que la ciudad, esa eterna invitada, no sea dejabajo. Por eso Aguascalientes organiza cada año la fiesta más grandiosa y grandota del país: la Feria de San Marcos.</p>
<p>Asimismo, Aguascalientes es bastante popular por ser la tierra natal de José Guadalupe Posada, el creador de las múltiples calacas que acompañan a nuestro folclor zombie –y a nuestro espíritu crítico. De ahí nace el Festival de las Calaveras, una celebración al lado más iconográfico del Día de Muertos: cráneos de papel maché, mercados con calaveritas de azúcar, altares, esqueletos gigantes y un montón de huesos y cráneos que avivan a los muertos –los dejabajos por excelencia– y hacen un poco más soportable nuestra mortalidad.<br />
&nbsp;<br />
<h3>Los imperdibles del festival</h3>
<ul>
<li><span style="color: #ff0000;">El colorido Desfile de Calaveras</span> que recorre las principales calles del centro histórico y reúne las mejores representaciones del Día de Muertos en un solo lugar: un atasque de esqueletos, velas, papel picado y luces color flor de cempasúchil.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">El Museo Guadalupe Posada</span> y su acervo gráfico. Ahí se encuentra el grabado original de La Catrina y los sistemas de impresión que usaba Posada en su taller. Está en el jardín del Barrio del Encino, a unos pasos del Templo y algunos restaurantes típicos de la ciudad.</li>
<li><span style="color: #b42079;"><span style="color: #ff0000;">El Museo Nacional de la Muerte</span> </span>que reúne más de dos mil representaciones de la muerte mexicana a través del arte prehispánico, las artesanías, el arte sacro y las expresiones contemporáneas. Una contemplación de nuestra iconografía difunta.</li>
<li><span style="color: #b42079;"><span style="color: #ff0000;">Recorrido por el Barrio de Guadalupe,</span></span><span style="color: #ff0000;"> </span>sus jardines (Guadalupe y Cholula), cementerios tradicionales (De la Cruz y Los Ángeles), el barroco templo de Guadalupe y el Tianguis de Muertos con chucherías para la ofrenda, dulces y pan de muerto.</li>
<li><span style="color: #ff0000;">Las tradicionales corridas de toros </span>organizadas en la Plaza Monumental de Aguascalientes, uno de los mejores lugares para enfiestarse con la tauromaquia y su siempre reconocido cartel.</li>
<li><span style="color: #b42079;"><span style="color: #ff0000;">Vivitos y coleando entre aguas calientes.</span> </span>Entre los múltiples bares, recomendamos, sobre todo, El Ranchero (Ignacio Zaragoza esq. 5 de Mayo), una cantina tradicional fundada en 1888 en lo que en aquel entonces era la orilla de la ciudad.</li>
</ul>
<p>&nbsp;<br />
<h3>La Catrina</h3>
<p>Las calacas de Posada nacieron como una crítica a la sociedad y la política en tiempos del Porfiriato: ricos, pobres, guapos o feos, al final todos somos puros huesos. De los miles de esqueletos que ilustró, el más famoso es la Calavera Garvancera, de sombrero afrancesado pero bien desnuda: una burla a los indígenas con pretensiones europeas. Luego Diego Rivera la vistió y rebautizó como La Catrina; confundimos la mofa de Posada y asumimos ese rostro (¿cráneo?) malinchista como símbolo del Día de Muertos.<br />
&nbsp;<br />
<h3>¿Qué más hacer durante el festival?</h3>
<p>Dicen que la mejor época para visitar Aguascalientes es durante la feria, lo que no dicen es la cantidad de turistas que se aprietan en uno de los estados más pequeños del país. En noviembre, durante el Festival de las Calaveras, la ciudad está menos concurrida pero igual de ambientada. Proponemos tres experiencias para recorrer la región.</p>
<ol>
<li>Recorre el Barrio de San Marcos, su jardín, los bares y mezcalerías aledañas.</li>
<li>Visita los viñedos de Santa Elena y Hacienda de Letras a las afueras de la ciudad, rumbo a Zacatecas.</li>
<li>Conoce el semidesértico Pueblo Mágico de Real de Asientos y sus míticas haciendas.</li>
</ol>
<p>¿Más info? Todo sobre  el festival en <a href="http://www.festivaldecalaveras.com.mx" target="_blank">www.festivaldecalaveras.com.mx</a>.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>La importancia de los gallos</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 01:10:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 18]]></category>
		<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[Todas las mañanas me despierta un gallo. Nunca lo he visto, pero le oigo. Es un sonido próximo y vecino: lo único que nos separa son dos metros de pasto y una barda de ladrillos que termina en alambre. A veces asomo la cara para buscarlo, pero solamente alcanzo a ver antenas y tinacos, techos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Todas las mañanas me despierta un gallo. Nunca lo he visto, pero le oigo. Es un sonido próximo y vecino: lo único que nos separa son dos metros de pasto y una barda de ladrillos que termina en alambre. A veces asomo la cara para buscarlo, pero solamente alcanzo a ver antenas y tinacos, techos grises de un barrio enfrascado en la ciudad. Lo escucho a todas horas, invisible y siempre junto a mí.</p>
<p>Apareció hace no más de seis meses. Yo estaba extendiendo la alarma de mi reloj y lo escuché, era un graznido campesino y fuera de lugar. Desde entonces su grito emplumado me acompaña a todas horas. Y ahí está, un quiquiriquí intermitente, chillido incesante y latoso: un ruido.</p>
<p>Desde mi ventana se oye de todo: ambulancias, motocicletas, fiestas, mariachis, cuetes y la ocasional patrulla nocturna; tantos ruidos industriales y yo siempre escucho al gallo, esa maldita ave inmediata que cansa, que interrumpe mis siestas y me lleva a los límites de la compulsión. Lo construyo con sonidos: unas garras flacas y alarmantes, cuerpo rechoncho, lleno de plumas bañadas en tierra, una cresta rojiza y –lo peor– un cuello imprevisto y aleatorio que rota y gira a su antojo. En cualquier momento te pica los ojos o las orejas, te pellizca el cartílago, asoma el pico hasta los oídos, escarba, rasguña y muerde hasta llegar al tímpano; las ansias, el dolor de cabeza, las plumas en la cara, sus patas escalándote el cuello y el ruido que no se va. El ruido que nunca se va. Grita en el patio del vecino pero yo lo siento corriendo alrededor de mi cuarto, abriendo las alas y saltando sobre la cama.</p>
<p>He soñado que salgo en pijama del departamento, camino y toco la puerta del vecino, lo hago a un lado y le pido que me muestre al gallo. Observo sus ojos, su andar distraído, el cloqueo constante mientras busca semillas o mi brazo, acechando, moviendo el pico, frotando sus pliegues con mis zapatos. Entonces lo agarro de las patas, soporto algunos arañazos, me muerde el brazo pero logro sacar un cuchillo afilado y degüello al animal. Cabeza en el suelo, el ave se mueve y camina decapitado por unos minutos, intenta cantar y, aunque el pico está revolcado en la tierra y la mugre, llega hasta mis oídos un ruido gutural, ronco y áspero: el último cacareo.</p>
<p>Ahí, tirado con cuchillo en mano, oigo la ciudad: el viejo escape del camión, las sirenas que vigilan el barrio, los corridos en la cantina clandestina, la borrachera estudiantil, el tren y los trailers golpeando el empedrado. Veo la sangre corriendo por el suelo y entiendo que el gallo era un ruido distinto.</p>
<p>Tengo una sensación de vacío, de haber matado algo que no era de aquí, pero que estaba aquí por algo. Volteo al cielo alumbrado y me imagino su canto peleando con los sonidos industriales, las garras contra el metal, las alas contra los motores; un ruido que se pierde en los imponentes estruendos citadinos.</p>
<p>Luego despierto y el gallo sigue ahí.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Vistazo a la quincena: la desdicha de los nuevos yuppies, el activismo de M.I.A. y un posible cuento de Rulfo</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Sep 2013 22:35:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Web]]></category>

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		<description><![CDATA[Si es que existen temporadas altas y bajas para las noticias, este mes estuvimos (estamos) a la alza. Destacan dos sucesos en los periódicos: el conflicto en Siria y las lluvias en México. Acá dos notas relevantes, más allá del hecho noticioso, por su narrativa involuntaria: el saqueo de Malula, una de las últimas aldeas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si es que existen temporadas altas y bajas para las noticias, este mes estuvimos (estamos) a la alza. Destacan dos sucesos en los periódicos: el conflicto en Siria y las lluvias en México. Acá dos notas relevantes, más allá del hecho noticioso, por su narrativa involuntaria: <a href="http://www.abc.es/internacional/20130905/abci-alnusra-pueblo-cristiano-siria-201309052026.html" target="_blank">el saqueo de Malula</a>, una de las últimas aldeas cristianas donde se sigue hablando arameo, y <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2013/09/25/actualidad/1380069241_851696.html" target="_blank">la historia de La Pintada</a>, un pueblo sepultado por el lodo donde los sobrevivientes «prefieren vivir sobre sus muertos a dejarlos abandonados» –una historia que bien podría haber sido escrita por Juan Rulfo.</p>
<p>En temas más conceptuales, <a href="http://explore.noodle.org/post/60374670773/a-museum-is-an-institution-dedicated-to-creating" target="_blank">una gran definición del museo</a> como una institución dedicada a crear conexiones. Tal vez eso explicaría por qué el mes pasado vimos a <a href="http://vimeo.com/71919803" target="_blank">Abramović desnudando a Lady Gaga</a> y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=xMG2oNqBy-Y" target="_blank">bailando con Jay Z en el MoMA</a>: lo importante es llegar a más personas (?).</p>
<p>Enlazando el arte con los conflictos internacionales: <a href="http://www.sopitas.com/site/234289-cc13-mira-el-trailer-del-polemico-documental-de-m-i-a-que-quizas-ni-se-llegue-a-estrenar/" target="_blank">el documental de M.I.A.</a> –y su estética terrorista– que nunca veremos terminado.</p>
<p>Va la reflexión antropológica de la quincena (y posiblemente la razón del éxito de Lena Dunham y su serie <em>Girls</em>): <a href="http://www.huffingtonpost.com/wait-but-why/generation-y-unhappy_b_3930620.html" target="_blank">¿por qué los yuppies de la Generación Y son infelices?</a> Y en el extremo opuesto: <a href="https://medium.com/this-happened-to-me/c02f1ff471c6" target="_blank">alguien nos cuenta por qué renunció a su codiciado trabajo en Google</a>.</p>
<p>Hablando de series, ayer terminó <em>Breaking Bad</em>, para siempre. Acá un link <em>ad hoc</em> para cerrar el círculo: <a href="http://www.pages.drexel.edu/~ina22/splaylib/Screenplay-Breaking_Bad-Pilot.PDF" target="_blank">el guión original del capítulo piloto</a>.</p>
<p>Dos grandes regresos en la música, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=7E0fVfectDo" target="_blank">lo nuevo de Arcade Fire</a> (con algunos coros de David Bowie) y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=eaMBagakSdM" target="_blank">el baile apocalíptico de Janelle Monáe</a> –y acá <a href="http://pitchfork.com/features/cover-story/9210-janelle-monae/" target="_blank">un reportaje sobre Wondaland Arts Society</a>, su laboratorio creativo en Atlanta.</p>
<p>Por último, <a href="http://www.dailymail.co.uk/news/article-2401975/Amazing-aerial-photos-Mexico-City-natural-boundaries-stand-way.html" target="_blank">algunas fotografías sobre la ciudad que se come al Valle de México</a> (como olas de cemento). Y, para recordar los noventas, <a href="http://www.nytimes.com/2013/09/16/booming/the-whale-who-would-not-be-freed.html?_r=1&amp;" target="_blank">un breve documental sobre el fracaso de Keiko</a>, la ballena más famosa del extinto Reino Aventura.<br />
&nbsp;</p>
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		<title>Construcciones en voz alta</title>
		<link>http://sadabombon.com/leer-lrb/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Jul 2013 18:33:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Con esta entrada cerramos la serie «¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores». Aquí Luis Bernal habla de la lectura como otra de las formas de la escritura, acaso la más lograda. Todas las entradas de esta serie estuvieron ilustradas por Óscar Rieveling. &#160; Recuerdo que en mi primer salón de clases era el único que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>Con esta entrada cerramos la serie «<a href="http://sadabombon.com/?s=¿cómo+leo%3F<br />
"><span style="color: #999999;">¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores</span></a>». Aquí <a href="http://sadabombon.com/tilda-swinton-o-el-rostro-de-nuestra-humanidad/"><span style="color: #999999;">Luis Bernal</span></a> habla de la lectura como otra de las formas de la escritura, acaso la más lograda.</em></span></p>
<p style="padding-left: 30px;"><span style="color: #999999;"><em>Todas las entradas de esta serie estuvieron ilustradas por Óscar Rieveling.</em></span></p>
<p>&nbsp;<br />
Recuerdo que en mi primer salón de clases era el único que podía leer un párrafo sin tartamudear, sin cortar palabras o inventarme pausas. Los niños me veían raro, la maestra no se lo creía y mis padres presumían –discretamente– en las juntas de una escuelita con vista a la (casi siempre gris) ciudad de Puebla.</p>
<p>A los 6 años me convertí forzosamente en el lector oficial del grupo. Si la maestra organizaba una presentación de trabajos, yo era el indicado para leer un texto de introducción o agradecimiento. Si quería tomarse un descanso, yo continuaba la lectura. Si todos leíamos (cantábamos) un párrafo de nuestros libros de texto, yo me desesperaba. Pasé la primaria leyéndoles a todos sobre las tablas de multiplicar, el Sistema Solar, la Revolución y –ya más grande– leyendo párrafos de Bradbury, Calvino, Chesterton y Wilde.</p>
<p>Creo que de tanto leer acabé escribiendo. De hecho, la lectura me iba mucho mejor que la escritura. Mis primeros textos fallaban totalmente en el ritmo y la puntuación. Si yo los leía, no había problema: la coma estaba donde debía, las pausas eran notorias y la narrativa guardaba su coherencia. Pero, si ese mismo texto era leído por alguien más, las oraciones se extendían de más, las comas desaparecían y todo era un desastre. Aprender a escribir textos fue aprender a igualar lo que leía en mi cabeza, volver visibles las pausas de mi respiración.</p>
<p>Escribo leyendo, y antes de todo eso escribía en voz alta. Esa paz obligada del salón me permitió disfrutar de las pausas, las líneas y puntos, el brincar de palabra en palabra y recorrer párrafos enteros, como Cosimo rampando sobre los árboles.</p>
<p>Ya casi no leo –o escribo– en voz alta, en algún momento se me fue el valor o las ganas. Ahora leo y releo para mí: libros, revistas, trabajos y textos como éste. Nada más exquisito que transitar una y otra vez por las oraciones, eliminando pausas innecesarias y dividiendo ideas.</p>
<p>Leo porque es lo mejor que sé hacer: acostado en el sofá, sentado en el piso, en la cama con el cuello torcido y mientras como. Leo porque creo que el mundo se construye con lecturas. Pronuncio y mis cuerdas vocales edifican mi niñez, el Sistema Solar, los textos fallidos, Puebla y <em>El barón rampante</em>; primero con los ojos y luego con los labios. Leo este párrafo en voz alta y, como rezo de génesis pagano, todo se vuelve más tangible y cimentado.<br />
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		<title>Tilda Swinton o el rostro de nuestra humanidad</title>
		<link>http://sadabombon.com/tilda-swinton-o-el-rostro-de-nuestra-humanidad/</link>
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		<pubDate>Fri, 31 May 2013 23:37:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida urbana]]></category>

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		<description><![CDATA[En el 2011 escribí sobre nuestra fascinación colectiva (y probablemente inconsciente) con los seres andróginos. De allá para acá, David Bowie regresó con The Next Day y grabó con Floria Sigismondi el video de The Stars (Are Out Tonight) que, necesariamente, se enfoca en Tilda Swinton. La obra es un agasajo visual lleno de suburbio, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el 2011 escribí sobre nuestra fascinación colectiva (y probablemente inconsciente) con los seres andróginos. De allá para acá, David Bowie regresó con <em>The Next Day</em> y grabó con Floria Sigismondi <a href="http://www.youtube.com/watch?v=gH7dMBcg-gE" target="_blank">el video de <em>The Stars (Are Out Tonight)</em></a> que, necesariamente, se enfoca en Tilda Swinton. La obra es un agasajo visual lleno de suburbio, extrañeza y androginia; un atemorizante resumen de lo que pensé cuando escribí <a href="http://sadabombon.com/unisex/">aquél artículo</a>. Y esa sensación de lectura mental, de intrusión racional, es algo imposible de describir.</p>
<p>Siguiendo con los intrusos, Tilda Swinton ha tenido apariciones constantes en mi vida. Primeramente en su brevísimo papel como la enigmática vendedora Rebbeca Dearborn en <em>Vanilla Sky</em>. Luego desfiló en otras tantas películas (que nunca vi en orden cronológico) como <em>Adaptation</em>, <em>Orlando</em> –basada en el libro de Virginia Woolf–, <em>We need to talk about Kevin</em>, la última de Wes Anderson y la lista puede seguir.</p>
<p>Su selección de trabajos coincide con mis gustos pero, más allá de su edición, Swinton sabe lo que hace –y eso es lo que más aprecio. Constantemente se le ve en entrevistas hablando con una soltura renacentista, platicando sobre su constante interés en los límites del género y el rol. Ese darse cuenta y saberse andrógina es, quizás, el atributo más imponente de Tilda Swinton y el origen de todo lo que hace: <a href="http://www.nydailynews.com/entertainment/music-arts/tilda-swinton-surprises-moma-visitors-sleeping-installation-article-1.1297328" target="_blank">dormir en una caja de cristal en el MoMA</a>, recitar un poema con oraciones como «<em>There is only one you. Only one.</em>» en una <a href="http://www.youtube.com/watch?v=6ntkU4EMmy0" target="_blank">pasarela de Viktor &amp; Rolf</a> donde todas las modelos son dobles de ella, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=qaW-s7BcX4E" target="_blank">hacer un cine ambulante</a> en su natal Escocia, <a href="http://www.guardian.co.uk/film/2011/oct/11/tilda-swinton-we-need-kevin" target="_blank">hablar de la maldad y los niños</a> con The Guardian, <a href="http://www.wmagazine.com/celebrities/2013/05/tilda-swinton-tim-walker-las-pozas-cover-story" target="_blank">posar en una serie de retratos surrealistas</a> en el Jardín de Edward James y explorar los alcances de la gesticulación –porque, ante todo, Swinton gesticula. Sus músculos faciales se mueven con una sofisticación propia del pasado noble que la rodea (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Clan_Swinton" target="_blank">el Clan Swinton</a>).</p>
<p>Lo que más impacta es su capacidad histriónica, su caminar, la forma en que se lleva un vaso de agua a la boca. Todo lo hace tan ajeno y familiar, tan alienado. En inglés la describen como <em>unearthly</em> y, en efecto, esa es la mejor definición: Tilda Swinton es foránea, distante y sobrenatural. Sus facciones son, tal vez, lo más atemporal, simétrico y versátil que hay en nuestros tiempos. Esa figura fantasmal –a veces minimal y otras tantas expansiva– me ha acompañado por muchos años; un espectro latente que –a su antojo– es belleza indescifrable o rareza cadavérica.</p>
<p>Tengo la extraña teoría de que ella es el rostro de nuestra evolución, lo más cercano al ser completo del que hablaba Platón. Sus gestos, rostros, músculos y huesos pertenecen a alguien ultrahumano que, en el futuro, será exhibido como pieza de museo. Surreal, ambigua, confusa, extravagante e intangible, observar su rostro es ver todo y nada al mismo tiempo; buscar emociones en algo que siempre ha sido demasiado humano.<br />
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		<title>El arte coloso –notas alrededor de Zona Maco 2013</title>
		<link>http://sadabombon.com/zonamaco2013/</link>
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		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 17:50:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Luis Bernal]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artes]]></category>

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		<description><![CDATA[Zona Maco es, ante todo, un remate sobre remate, una abrumadora colección compuesta de muchas otras colecciones. Módulo tras módulo, escultura tras escultura, pared tras pared, Zona Maco es su estilosa magnitud; el tamaño y la extensión. Es ver tantísimo objeto, cuadro y escultura en un mismo espacio –la galería de galerías. Usamos la palabra [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.zonamaco.com/" target="_blank">Zona Maco</a> es, ante todo, un remate sobre remate, una abrumadora colección compuesta de muchas otras colecciones. Módulo tras módulo, escultura tras escultura, pared tras pared, Zona Maco es su estilosa magnitud; el tamaño y la extensión. Es ver tantísimo objeto, cuadro y escultura en un mismo espacio –la galería de galerías.</p>
<p>Usamos la palabra «zona» para delimitar una superficie, encuadrar cierta geografía en sus términos y características. Zona Maco tiene, también, límites invisibles: el acento intelectual, los asistentes (casi) uniformados, el blanco de los stands, las obras sobrevaloradas y el aire de suntuosidad. La feria es una frontera entre el paisaje defeño y el arte moderno, la barrera entre una alfombra polvorienta del Centro Banamex y un espejo que se vende en libras. La curaduría más grande del evento son esos límites que filtran, seleccionan, enfocan y definen al visitante.</p>
<p>Los demasiados visitantes: pantalones entubados, señoras en busca del nuevo adorno, los artistas emergentes con sus lentes de pasta, las playeras holgadas, los curadores de traje y corbata, los empleados de las galerías sentados en el aire acondicionado, las barbas, los mirones, los apreciadores, los familiares, las activaciones publicitarias y los medios impresos; la feria como un montón de personajes reunidos –o colgados– alrededor del arte.</p>
<p>Siempre dicen que el arte contemporáneo es subjetivo, y esa parcialidad se multiplica en Zona Maco: la feria de los inconformes, de los muchos puntos de vista, del pedazo de cartón que le gusta a uno pero al otro no. Pero dentro de todo eso no existe la clásica presunción, no se mira al de a lado con desdén, nadie fuerza la compra, todos explican la obra con gusto y satisfacción. Quizás, como evento público, la industria artística enseña su cara menos pretenciosa, más amigable, dispuesta y ordenada.</p>
<p>Zona Maco no es la mejor muestra de arte de Latinoamérica, es la más grande. Y ese adjetivo mayúsculo la convierte en una feria digna de visitar: por su monumental organización, por el desmedido vaivén de artistas y espectadores, por su enorme catálogo, por los extensos pasillos y, sobre todo, porque nos acerca –de manera colosal– a esa extraña figura que es el arte contemporáneo.<br />
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