Antônio Cabadas, en aras, quizá, de convertirse en nuestro reseñista más renacentista (ya reseñó un libro y una película), nos recomienda lo que al parecer es un gran disco: Beaucoup Fish, de Underworld.
Recordé este disco por una escena de Biutiful, la última película de Iñárritu. Un trasero con pezones hipnotiza y King of snake ayuda a la saturación de la escena, al clima de ferocidad elegante que se debió perseguir. Como nota al margen menciono que la supervisora musical del filme es Lynn Fainchtein, parte del espléndido equipo del que González Iñárritu gusta de reunir alrededor suyo. Vuelvo al disco y escucho el tema que lo inicia: Cups, la suavidad de una voz distorsionada que ensaya líneas sobre una base sensual; ese es el inicio. Después de la mitad de los casi doce minutos, viene un giro para reventar el tema en otra dirección. Ese es el preludio, una caricia que se transforma en mordida que aprieta y no suelta. ¿El disco es sólo de música electrónica? Medito un momento y pienso que quizá no, que el trío que fue Underworld en ese disco se abandonó por momentos a la simpleza de una voz y a una arquitectura donde el silencio es el mejor marco para el movimiento. Nos sacuden para después soltarnos. En los once temas hay al menos cinco que se desprenden del ánimo de acapararnos, en el resto las fieras andan sueltas y se sienten las punzadas, los brillos y el pie que se levanta para comenzar a agitarse. Aun con más brevedad sintetizo el disco como un experimento afortunado, la agitación del desahogo convive con la estética del sofá, una oportunidad para bailar y después reposar el sentimiento.
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