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Imagen © Ciclista urbana

Confesiones de una ciclista urbana

Confieso que leí el manual del ciclista urbano. Uno pensaría que andar en bicicleta implicaría la misma libertad que un peatón, sin embargo hay una serie de indicaciones y reglas para poder transitar con seguridad por la ciudad automovilísticamente planeada en la que vivimos. Leer este manual no es algo obligatorio, puesto que no se tiene que tramitar una licencia de ciclista; necesario tampoco, porque las habilidades de montar una bici se vienen dando de manera natural desde el momento en que el papá deja de sostener al niño para que siga andando solo –y sin que se dé cuenta. Lo que sí es… es práctico, hay cuestiones, a lo mejor obvias, a lo mejor físicas o sociales que uno no tiene en cuenta cuando lo único que le interesa es llegar a un lugar a como dé lugar.

Confieso que cuando terminé de leer el manual sentía un poco de confusión. Como he mencionado, la información que proporciona es interesante y bastante instructiva, pero me quedé pensando en que hay cosas que no sirven de nada saber si los automovilistas las desconocen. Entre las aportaciones del manual, hay ciertas normas de tránsito que no son más que un convenio de convivencia entre automovilistas y ciclistas. Una de ellas es la siguiente:

Evita la timidez en el momento de compartir la calle. Recuerda que tienes el mismo derecho de usar la calle que cualquier otro conductor. [p. 53]

Confieso que yo no me atrevo a ocupar por completo un carril de la calle, ni siquiera el más lento, me da miedo la velocidad de los autos que te pasan de lado, y todavía más los camiones. Ocupar un carril completo implica ser el blanco de muchos reclamos que van desde un bocinazo hasta una inquietante grosería, y no es posible ponerse a argumentar con todo el mundo que estás en tu derecho de transitar. El manual dice que

Los ciclistas circulan mejor cuando actúan y son tratados como vehículos. [p. 49]

pero este es un asunto de conciliación que no se lleva a cabo. Es complicado el simple hecho de compartir un carril cuando no se respetan ni los pasos peatonales.

Confieso que parece hasta escandaloso imaginar bicicletas y automóviles transitando juntos en armonía, pero con el aumento de ciclistas a la par de la contaminación es una propuesta que se debe tomar en cuenta. Los ciclistas no son la plaga que se debe arrollar, como dicen algunos. Por una u otra razón nos movemos como lo hacemos y aunque no pagamos tenencia –todavía– en algo contribuimos en reducir la emisión de gases tóxicos y el tráfico que nos molesta a todos. Es un gran avance que se incluyan ciclovías en las planeaciones viales, pero todavía falta mucho para seguir promoviendo y convenciendo a los automovilistas de los beneficios que otorga la bicicleta.

Confieso, también, que he tenido malos pensamientos. He llegado a considerar que mi presencia como ciclista es incómoda para los demás, he dudado de la funcionalidad del casco, no he marcado las vueltas con las manos, he ido en sentido contrario y subido por las banquetas. Ahora sé que todo eso está mal, porque si quiero que me traten como transporte debo de dejar de pensar como peatón. Es difícil renunciar a esa libertad, pero más difícil será no tener inconvenientes si sigo serpenteando a las personas de las banquetas y los autos que vienen de frente.

Entre otras cosas, confieso que andar en bici me ha enseñado que después de caer es difícil volver a saltar para pasar los obstáculos, pero los baches seguirán existiendo y yo estaré ahí para burlarlos, con mi manual y mi casco.

Los invito a confesarse y espero que, con quien vaya a sacarse los males que lo atormentan cuando sale en bicicleta, le recomiende este manual, que, aunque esté diseñado para el Distrito Federal, contiene nociones importantes que le sirven a cualquiera, como aprender a encadenar o cargar la bici y saber que escuchar música usando los dos audífonos es perjudicial. Estos son los derechos y obligaciones del ciclista según el Reglamento de Tránsito Metropolitano. Conviene tenerlos en cuenta si deseas aventurarte en dos ruedas por la jungla de autos que es la ciudad.
 


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