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Nueva urbanidad y comportamiento correcto

Aprender a vivir en sociedad: el principal objetivo del hombre urbano.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, urbanidad significa cortesía, atención, comedimiento. Urbanidad significa convivencia. El ermitaño no tiene por qué ser cortés; si espiamos a un ermitaño siendo atento, diríamos que en su soledad se inventó a un amigo imaginario, diríamos que se volvió loco. El ciudadano, en cambio, sí tiene que ser cortés. Disponerse a vivir en sociedad, de eso se trata la urbanidad.

Hoy, con el concepto de ciudad en pleno apogeo, la urbanidad está en crisis. Es una paradoja. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y aún así no sabemos vivir en sociedad. Sospechamos que la culpa la tiene el orgullo. Desde hace por lo menos 20 años el principal mensaje moral que nos han dado es «sé tú mismo, siéntete orgulloso de cómo eres, no te reprimas». ¿No eres inteligente? No importa, eres emocional. Sí, estás gordo, pero eres feliz. ¿Eres un freak? No os preocupéis, que ahí está Lady Gaga. El orgullo individual por encima de la moderación civilizada.

La urbanidad no está peleada con la excentricidad individual. Lo cortés no quita lo bizarro. Sigue siendo tú mismo, pero considera también a los demás. Considera estas primeras seis propuestas: nuestra pequeña contribución a una ética cotidiana fundada en la consideración de los demás:

 


Peatón: respeta al peatón. El enemigo contemporáneo de los peatones no son los autos, sino los peatones mismos. No ocupes toda la banqueta para caminar lentísimo, y no atropelles al que camina lento. Consideración y paciencia.

 


El gadget no es un ciudadano.En la ciudad de las personas un gadget no tiene por que ser más importante que una persona. Si estás en una junta o platicando con tus amigos, no te pongas a tuitear, mejor renuncia o cambia de amigos.

 


No uses el Twitter como mail.Selecciona el mejor medio para tu mensaje. No hagas una cita de negocios por Twitter, no mandes mails de 140 caracteres. ¿Escribiste un mail de diez mil palabras? Mejor imprímelo y mándalo por correo tradicional.

 


Habla en voz baja.Sobre todo por teléfono; el celular también funciona si hablas bajito. No incluyas a todos tus vecinos en la llamada telefónica. Vete a un rincón y toma la llamada. Los oídos reales llevan preferencia sobre los virtuales.

 


Evita la nostalgia entusiasta.No canses a tus compañeros de primaria, sobre todo si no los has visto desde entonces. Utiliza la regla de Las Vegas: lo que pasó en la primaria se quedó en la primaria. Si alguien te cansa a ti, finge demencia.

 


No presumas tu urbanidad.La buena educación –decía Chéjov– consiste no en no volcar la salsa sobre el mantel, sino en no darse cuenta cuando lo hace otro. No andes por ahí revisando la poca urbanidad en los demás.
 


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Recomendaciones para elegir una buena traducción

En buena medida, conocer es traducir, dice Juan Villoro. Un buen traductor es, antes que nada, un buen lector; el gran conocedor de un texto. El traductor no sólo traduce las regiones explícitas de un libro, sino también, y sobre todo, el carácter implícito de las palabras, es decir, lo que está entre líneas: las ideas, el discurso, los sentimientos, el tono, el ritmo, el estilo, la espontaneidad del lenguaje; para decirlo de forma pomposa: el espíritu del texto. Traducir algo de forma literal es ir contra el sentido común. Por eso a veces es tan difícil encontrar una buena traducción, sobre todo de los textos que son de alguna forma poéticos. No existe problema alguno con el manual de la aspiradora; encontrar una buena traducción de Pessoa requiere un poquito más de tiempo. Al leer una traducción, hay que ser conscientes que siempre habrá una pérdida en el texto traducido. Por ejemplo, el español no tiene palabras para saudade, spleen o weltschmerz. Sin embargo, muy de vez en cuando, esa pérdida de la traducción puede llegar a ser paradójicamente una ganancia. Traducir del francés al español significa afrancesar el español, es decir, enriquecerlo. Una buena traducción enriquece el idioma.   Breves recomendaciones: Elige editoriales que respeten la literatura. Algunos ejemplos de editoriales serias: Fondo de Cultura Económica, Cátedra, Alianza, Siruela, Nórdica, Acantilado, Pretextos, Sexto Piso y, casi siempre, Anagrama. Evita: Editores Mexicanos Unidos, Editorial Valdemar y Lectorum. Respeto editorial significa poner el nombre del traductor en algún lado. Googlea al traductor para ver qué tan reconocido es. Si en el libro no aparece ningún traductor, cómpralo para la chimenea. Invierte. Los libros con buenas traducciones suelen ser más costosos. El más caro no es el mejor traducido, pero el de $20 sí lo tradujo una máquina. Para poesía, conviene comprar una edición donde venga el poema original al lado del poema traducido. Así, por un lado, puedes sentir la oralidad y la plasticidad del alemán (aún sin entender palotada de lo que estás leyendo) y, por el otro, el significado del poema.   Lecturas sobre la traducción: La tarea del traductor, de Walter Benjamin; El traductor, de Juan Villoro; Decir casi lo mismo, de Umberto Eco.   ...

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