SB 24
Octubre - noviembre 2014
SB 23
Agosto - septiembre 2014
SB 22
Junio - Julio 2014
SB 21
Abril - Mayo 2014
SB 20
Febrero - Marzo 2014

Mapocho, de Nona Fernández

Hace una semana publicamos un artículo con las diez escritoras jóvenes latinoamericanas que con más entusiasmo leemos. E invitamos a nuestros lectores a leer y reseñar un libro de cualquiera de esas diez escritoras. Aquí la primera colaboración.

 
Mapocho cuenta la historia de los muertos. Los muertos conviviendo con los vivos, realizando sus actividades cotidianas, los que murieron a causa del país, desde un indio en la época de la Conquista hasta un historiador contemporáneo; muertos que siguen vivos. El libro de Nona Fernández habla de una vida posterior a la muerte en donde no hay descanso para las almas que han sido violentadas.

En Chile, los cuerpos flotan en el Mapocho junto con toda la suciedad del río, una Virgen le da la espalda a un pueblo que está siendo maltratado y ofendido, su gente se siente impotente ante un enemigo que parece ser invencible. Chile es un territorio en forma de culebra que sigue sufriendo los recuerdos de una dictadura, un país que ha sido maquillado pero donde todavía existe el sentimiento de haber sido ultrajado y reprimido.

«La Rucia» y «el Indio» murieron, la gente del barrio también, pero el barrio vive y el tren también; lo que no tiene vida es lo que habla y cuenta esta historia. En El relato en perspectiva, Aurora Pimentel dijo que «al cuestionar el mundo de acción propuesto, el lector cuestiona también el propio». En Mapocho, las situaciones ficticias no lo son tanto, la modificación de los libros de Historia para favorecer a algunos o la entrada violenta de alguien en el poder nos es familiar a los latinoamericanos.

Nona Fernández busca comprender cómo la mentira se arma de palabras: «La mentira embauca. Se establece por escrito, seduce en carteles de neón, en vitrinas de colores, en bibliotecas». La verdad tal vez la podamos encontrar en la gente que todos los días construye relatos, como los testimonios ficticios de los personajes fallecidos de Mapocho, pues son éstos los que dejan una constancia histórica más profunda de lo que ocurrió.

Mapocho es un libro chileno, pero también es un libro latinoamericano, y mundial, es el libro de quien ha perdido algo, del que ha huido, del que no comprende su situación, del que tiene que hacer algo por obligación o bajo amenaza. Es un libro retador, malhablado y directo porque así lo cuenta la gente del pueblo, los que murieron pero regresaron para recorrer Chile una vez más y cuantas haga falta para que nadie se olvide de ellos, de los muertos, para que sus palabras no se tiren como la basura que flota en el río Mapocho.
 


Artículos Relacionados:

Traducciones - Sada y el bombón

Recomendaciones para elegir una buena traducción

En buena medida, conocer es traducir, dice Juan Villoro. Un buen traductor es, antes que nada, un buen lector; el gran conocedor de un texto. El traductor no sólo traduce las regiones explícitas de un libro, sino también, y sobre todo, el carácter implícito de las palabras, es decir, lo que está entre líneas: las ideas, el discurso, los sentimientos, el tono, el ritmo, el estilo, la espontaneidad del lenguaje; para decirlo de forma pomposa: el espíritu del texto. Traducir algo de forma literal es ir contra el sentido común. Por eso a veces es tan difícil encontrar una buena traducción, sobre todo de los textos que son de alguna forma poéticos. No existe problema alguno con el manual de la aspiradora; encontrar una buena traducción de Pessoa requiere un poquito más de tiempo. Al leer una traducción, hay que ser conscientes que siempre habrá una pérdida en el texto traducido. Por ejemplo, el español no tiene palabras para saudade, spleen o weltschmerz. Sin embargo, muy de vez en cuando, esa pérdida de la traducción puede llegar a ser paradójicamente una ganancia. Traducir del francés al español significa afrancesar el español, es decir, enriquecerlo. Una buena traducción enriquece el idioma.   Breves recomendaciones: Elige editoriales que respeten la literatura. Algunos ejemplos de editoriales serias: Fondo de Cultura Económica, Cátedra, Alianza, Siruela, Nórdica, Acantilado, Pretextos, Sexto Piso y, casi siempre, Anagrama. Evita: Editores Mexicanos Unidos, Editorial Valdemar y Lectorum. Respeto editorial significa poner el nombre del traductor en algún lado. Googlea al traductor para ver qué tan reconocido es. Si en el libro no aparece ningún traductor, cómpralo para la chimenea. Invierte. Los libros con buenas traducciones suelen ser más costosos. El más caro no es el mejor traducido, pero el de $20 sí lo tradujo una máquina. Para poesía, conviene comprar una edición donde venga el poema original al lado del poema traducido. Así, por un lado, puedes sentir la oralidad y la plasticidad del alemán (aún sin entender palotada de lo que estás leyendo) y, por el otro, el significado del poema.   Lecturas sobre la traducción: La tarea del traductor, de Walter Benjamin; El traductor, de Juan Villoro; Decir casi lo mismo, de Umberto Eco.   ...

Leer más

Cada libro soy un peor lector

Eduardo de la Garma colabora en esta tercera entrega de la serie «¿Cómo leo? –Las lecturas y sus lectores».   No encuentro en mi cabeza el antónimo de precoz, pe...

Leer más

Casi nada

Daniel Sada Casi nunca España, Editorial Anagrama, 2008 373 pp.   Sí, el estilo inconfundible, la prosa arriesgada, la palabra minuciosamente cuidada, las cre...

Leer más

Liberfilia

A Julieta no le gustaba leer. Con la paleta en la boca decía que le quitaba mucho tiempo y que siempre terminaba más afligida que tranquila, que después de un rato se le ...

Leer más

Publicidad