Hace una semana publicamos un artículo con las diez escritoras jóvenes latinoamericanas que con más entusiasmo leemos. E invitamos a nuestros lectores a leer y reseñar un libro de cualquiera de esas diez escritoras. Aquí la primera colaboración.
Mapocho cuenta la historia de los muertos. Los muertos conviviendo con los vivos, realizando sus actividades cotidianas, los que murieron a causa del país, desde un indio en la época de la Conquista hasta un historiador contemporáneo; muertos que siguen vivos. El libro de Nona Fernández habla de una vida posterior a la muerte en donde no hay descanso para las almas que han sido violentadas.
En Chile, los cuerpos flotan en el Mapocho junto con toda la suciedad del río, una Virgen le da la espalda a un pueblo que está siendo maltratado y ofendido, su gente se siente impotente ante un enemigo que parece ser invencible. Chile es un territorio en forma de culebra que sigue sufriendo los recuerdos de una dictadura, un país que ha sido maquillado pero donde todavía existe el sentimiento de haber sido ultrajado y reprimido.
«La Rucia» y «el Indio» murieron, la gente del barrio también, pero el barrio vive y el tren también; lo que no tiene vida es lo que habla y cuenta esta historia. En El relato en perspectiva, Aurora Pimentel dijo que «al cuestionar el mundo de acción propuesto, el lector cuestiona también el propio». En Mapocho, las situaciones ficticias no lo son tanto, la modificación de los libros de Historia para favorecer a algunos o la entrada violenta de alguien en el poder nos es familiar a los latinoamericanos.
Nona Fernández busca comprender cómo la mentira se arma de palabras: «La mentira embauca. Se establece por escrito, seduce en carteles de neón, en vitrinas de colores, en bibliotecas». La verdad tal vez la podamos encontrar en la gente que todos los días construye relatos, como los testimonios ficticios de los personajes fallecidos de Mapocho, pues son éstos los que dejan una constancia histórica más profunda de lo que ocurrió.
Mapocho es un libro chileno, pero también es un libro latinoamericano, y mundial, es el libro de quien ha perdido algo, del que ha huido, del que no comprende su situación, del que tiene que hacer algo por obligación o bajo amenaza. Es un libro retador, malhablado y directo porque así lo cuenta la gente del pueblo, los que murieron pero regresaron para recorrer Chile una vez más y cuantas haga falta para que nadie se olvide de ellos, de los muertos, para que sus palabras no se tiren como la basura que flota en el río Mapocho.
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