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Permacultura urbana –Estilos de vida sustentables y perdurables en las ciudades del Bajío

La estadística común dice que el mundo tiene más habitantes urbanos que rurales. Para el 2050 más del 80% del territorio de «los países desarrollados» (gran disfemismo) estará urbanizado. Los habitantes de las grandes ciudades (el DF, por ejemplo) explican esta migración urbana a la manera de Mahoma: «son los provincianos, esos campiranos, esos cándidos, los que caminaron hasta aquí, los que llegaron a ensanchar las dimensiones de esta ciudad». Los que nacimos y crecimos en rancherías lo vemos al revés: «quizá la montaña no fue a Mahoma, pero la ciudad, esa sí, vino a nosotros, deveritas».

Ni lo uno ni lo otro. La operación aritmética que siguen las ciudades no es la suma, sino la multiplicación. Las ciudades no se expanden, sino que se reproducen. «Vamos a las ciudades de la ciudad de México», tendríamos que decir. O, para ponernos provincianos, Juriquilla no es suburbio de Querétaro, sino una ciudad dentro de otra ciudad. Una matryoshka: una cebolla (pelamos capas, nos lloran los ojos).

Todo esto para decir lo que no es del todo obvio: rural y urbano son conceptos culturales, no espaciales. O, para decirlo de otra forma, la urbanización del mundo difumina, poco a poco, la dicotomía entre el campo y la ciudad. La cultura rural puede existir dentro de una ciudad. Y a eso le llamamos (oh, por fin emerge el punto): agricultura urbana. O permacultura, que es un concepto un tanto más amplio y profundo, una contracción que indica cómo el cuidado de la tierra y las personas permanece –o puede permanecer– a pesar del exagerado consumo urbano.
 

La virtud consiste en encontrar el punto medio entre el la abundancia y la penuria.
~el Aristóteles permacultural

 

Permacultura: cultura permanente

Más que traer a la ciudad rasgos campiranos, la permacultura trata de crear una cultura permanente, anti desechable. O incluso ir más allá y hacer de lo desechable algo perdurable. Crear un estilo de vida que aproveche al máximo los recursos naturales y humanos. Y hacerlo con conciencia e imaginación, es decir, observando las enormes diferencias entre los verbos «aprovechar» y «explotar». Existen muchas acciones permaculturales. Ponemos aquí algunos ejemplos concretos y cotidianos, ejemplos un tanto burdos o, para decirlo con una palabra orgánica, chabacanos.
 

Grados de permanencia cultural

Alimentación
Grado cero: comer una sopa maruchan y un lonchibón frente a la tele.
Grado orgánico: cocinar productos locales y orgánicos comprados en la tienda vecina.
Grado permacultural: complementar lo anterior con verduras de tu propio huerto.
Grado ridículo: comer puras cosas de tu propio huerto y presumir tu «desnutrición orgánica».

Transporte
Grado cero: ir al Oxxo de la esquina en tu Hummer y tocar el cláxon mínimo tres veces.
Grado orgánico: usar, por lo menos para distancias cortas, la bici. O los pies.
Grado permacultural: usar las ciclovías en una bici chatarra ahora restaurada.
Grado ridículo: construir tu propia bici con el bambú que plantaste en tu huerto.

Educación
Grado cero: ser el líder del Sindicato Estudiantil de los Últimos Días.
Grado orgánico: ir a una escuela que tenga un enfoque ambiental y social.
Grado permacultural: utilizar las hojas en blanco de tu cuaderno de primaria en las clases de maestría.
Grado ridículo: autoproclamarte doctor honoris causa en la Local Hñahñu Huerto University.

Saneamiento
Grado cero: hacer baño de burbujas en tu jacuzzi todos los martes, jueves y martes.
Grado orgánico: esperar el agua caliente poniendo una cubeta debajo de la regadera.
Grado permacultural: tratar el agua jabonosa de la regadera para reutilizarla en tu huerto urbano.
Grado ridículo: bañarte sólo y exclusivamente cuando llueve, y enjabonarte con la savia de los árboles.

Vivienda
Grado cero: vivir en un departamento de acero y concreto con un sistema de AC integral.
Grado orgánico: suplir el AC con techos altos, ventanas grandes y ventiladores recargables.
Grado permacultural: pintar e impermeabilizar tu casa de adobe con productos orgánicos.
Grado ridículo: dormir en la choza que tú mismo construiste y cobijarte con los moscos que succionan las mieles de tu desgracia.

Composta
Grado cero: «echo las colillas del cigarro al jardín, ¿eso es composta o ké ago?»
Grado orgánico: «mezclo la basura orgánica en un tambo con tierra y aserrín».
Grado permacultural: «el baño seco que tengo me permite compostear mi ππ y mi kk».
Grado ridículo: «¡maestra, la composta de mi mamá se comió mi tarea!»
 

Tsaya: la ecocasa queretana

En junio de este año cinco personas rentaron una casa en el centro de Querétaro. Desde entonces la están reestructurando para crear ahí una ecocasa: una vivienda autosuficiente que además sirva para demostrar que en la ciudad es posible tener un estilo de vida distinto, más consciente, eficiente y respetuoso con medio ambiente. «Un estilo de vida más saludable», dice Paw, una de las integrantes del proyecto Tsaya.

«Nos conocimos por el movimiento Transición Querétaro, una red de proyectos sustentables», dice Bacho, otro de los integrantes. Buscaban una casa en el centro de la ciudad: «aquí hay muchas personas de diferentes ramas interesadas en este tema de la permacultura». Además de estar en el centro, querían una casa con jardín o con un espacio amplio para poder experimentar técnicas de permacultura. Así fue como los cinco (Paw, Yoyis, Karol, Bacho y Edy) se fueron a vivir juntos, para compartir experiencias y, también, para abaratar la renta de la casa. «La idea es tratar de producir lo más que se pueda sin malgastar recursos».

El concepto de ecocasa viene del de ecoaldea. Una ecoaldea es una vivienda donde un grupo de personas comparten un terreno para, entre todos, consumir lo que ellos mismos producen. «Agroecología –dice Paw–, que es algo que va más allá de lo orgánico; la agroecología es un sistema cerrado y sostenible que consiste en regenerar tierra y aprovechar mejor los recursos propios». Existen granjas, por ejemplo, donde el campesino produce comida orgánica pero consume sopa maruchan. La agroecología evita eso. Es un sistema sano con un flujo cerrado que promueve que los productos generados en comunidad se consuman por la misma comunidad.

«Queremos tener una ecoaldea, pero en la ciudad», dice Karol. Se trata de cambiar la ciudad, a un ritmo lento y con acciones pequeñas, pero reales. Querétaro es una de las ciudades de México con mayor –y más acelerado– crecimiento. La permacultura es un concepto mucho más sencillo y lento. «Pero con el puro hecho de que esta ecocasa exista –dice Karol– es suficiente; pronto la gente podrá ver lo que nosotros estamos haciendo aquí, podrá ver una cultura urbana diferente».

Esta ecocasa está aprovechando lo mejor de las dos culturas, la rural y la urbana. «Un amigo siempre dice que el mayor recurso de una ciudad es la gente; aquí podemos aprovechar el inmenso capital humano que tenemos y podemos compartir nuestros productos y nuestras experiencias de forma más fácil y cercana», dice Paw.

La permacultura exige acciones, no sólo ideas. Se trata de experimentar distintas cosas y aprender cuáles funcionan según un contexto específico. Por eso estas cinco personas están creando esta ecocasa. «Hay muchas cosas que se pueden hacer en la ciudad, con espacios reducidos –dice Yoyis–; aquí estamos probando qué tanto podemos hacer, cómo podemos aprovechar mejor los espacios. El estilo de vida de esta ciudad nos ayuda mucho. Aquí en Querétaro es más fácil, aquí podemos preocuparnos por este tipo de cosas. Hacer esto es incluso nuestra responsabilidad; si podemos, lo hacemos». Karol, Yoyis, Paw, Bacho y Edy lo están haciendo, y muy bien.

Proyectos de la ecocasa Tsaya. Tener huerto orgánico, techo verde, baño seco, tratamiento de aguas jabonosas, captura de agua pluvial, horno de adobe, composta, filtro de agua natural, muros de adobe, pintura natural. «La idea es que con los talleres que ofreceremos y con los productos que produciremos, la renta se pague sola; la idea es que sea una casa sustentable».

Habitantes. Karol prepara su tesis del doctorado, Yoyis es dentista, Paw es diseñadora industrial y arquitecta natural, Bacho es publicista y músico, Edy es un arquitecto que ejerce como publicista.

Dirección. Damián Carmona 15, centro histórico, Santiago de Querétaro, Querétaro. CP 76000 México.
 

Los kunis y el multitrueque

Los cinco integrantes de la ecocasa Tsaya más otras 30 personas de Transición Querétaro están participando en un programa piloto de multitrueque. Desarrollaron una moneda propia llamada kuni con la que pueden adquirir distintos productos. Yoyis, por ejemplo, es dentista y le acaban de pagar una consulta en kunis. Ahora, con sus kunis, puede ir a tomarse algo a La Biznaga o a comerse unas pizzas a La Vieja Varsovia y pagar en kunis. Hay carpinteros, restaurantes, cafés, arquitectos, consultores e invernaderos involucrados en este programa piloto.

El sistema es sencillo: 1 kuni = 1 peso. La idea, obviamente, no es crear un sistema financiero alternativo –eso sería un tanto ingenuo–, sino reducir la economía a una escala comprensible y, por tanto, confiable. No se trata de crear el banco local de kunis, sino de crear una red entre personas afines para poder intercambiar productos que se crearon con una filosofía similar. Reducir la escala para poder entender cómo funcionamos, y a partir de ahí comenzar a desarrollar una (perma)cultura diferente.

Según los integrantes de la ecocasa, el programa Kuni está funcionando. Esperan unir pronto a más personas y establecimientos.
 

Grupos y redes permaculturales en Querétaro

 

En San Miguel de Allende

 

Tener conciencia del mundo –mi primer acercamiento a la permacultura, por Denisse Piña

Hace algunas semanas tomé un curso de permacultura en Querétaro (con los de Ruta Ahimsa). Como tenía mucha curiosidad y como quiero empezar a sembrar algunas cosas en mi casa, pensé que sería una buena idea conocer más del tema. Error prejuicioso 1: en el curso no vimos nada de huertos urbanos. Aunque es un tema relacionado, la permacultura es un conjunto mucho, mucho más grande; los huertos son sólo un subconjunto, uno pequeñito.

Cuando llegué al curso, había dos chicas embarazadas hablando de que ambas querían su parto natural. Se intercambiaron datos de parteras en Querétaro y San Miguel. Todo lo querían lo más natural posible (O_O). Me di cuenta que estaba rodeada de personas que por alguna razón tenían la inquietud de «cambiar algo de su vida» y hacerla más natural, ¿más consciente? Eso es la permacultura desde mi punto de vista: pensar, hacer y diseñar las cosas teniendo consciencia del mundo.

Entender la permacultura es complejo. Como tenemos otro modelo de pensamiento, luego luego decimos que eso es hippie, pero en realidad lo hippie sigue siendo parte del mismo modelo en el que vivimos. Esto de la permacultura es un cambio total, no sólo de forma, sino también de contenido y, sobre todo, de acción. Un cambio de dirección de 180º de cómo vives ahora. La permacultura se asocia más a prácticas antiguas que a prácticas nuevas, pero se postula como una de las soluciones a las demandas que está exigiendo el mundo. La permacultura es escuchar y sentir el ritmo del planeta.

La primera acción que nos propusieron de permacultura es dejar de usar el inodoro de agua y empezar a usar un «baño seco». Somos la única especie que defeca en el agua que toma. Ningún otro animal lo hace. Cuando escuché esto dije ¿qué, cómo, de qué me perdí? Sí, nos piden perderle el miedo a nuestra caca y dejar de cagar en el agua. Primero no lo entendía, pero después de esos dos días intensos de curso lo comprendí y ahora tengo mucho remordimiento cuando voy al baño.

¿Por qué el baño tiene que ser blanco, pulcro, superficialmente higiénico? Aunque escondamos la kk y la ππ, el baño continúa siendo la parte más sucia de la casa por todas las bacterias que vuelan cuando le jalas al inodoro (O_O).

Pocas veces pensamos en el ciclo completo de las cosas. Ya ni hablar de redes y conexiones…

En el curso de permacultura nos explicaron la mecánica del baño seco, nos hablaron del cuidado del agua y nos enseñaron a compostear nuestras desgracias. Es complejo, sobre todo en la ciudad. Discutimos también temas de agricultura urbana, preparamos tierra para cultivo, nos explicaron cómo remineralizarla naturalmente e hicimos un ejercicio para reproducir setas en un tronco. Nos hablaron de la importancia de la semilla y de los lazos que tiende hacia abajo y hacia arriba: nuestra historia y nuestra memoria. Vimos un poco de geobiología y otro tanto sobre la cosecha de agua. Finalmente, en el curso nos enseñaron a hacer repelentes naturales para limpiar nuestra casa.

En la permacultura lo más importante es observar, ver el todo antes que el detalle. Considerar siempre la periferia como ese espacio donde confluyen dos mundos y surge un tercero. Ver las cosas no como son ahora, sino como serán. Diseñar pensando en la comunidad espacial y temporal en la vivimos y viviremos. Con un poco de conciencia podemos crear mejores formas de vida, formas más libres y responsables.
 


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