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¿Te crees muy modosito? –Protocolo y etiqueta para no meterse en camisa de once varas

En la película Besos robados, François Truffaut explica la sutil diferencia entre cortesía y tacto. Lo explica con una situación en la que seguro todos hemos estado envueltos: un hombre empuja la puerta del baño y descubre a una mujer completamente desnuda. Escenario A: el hombre retrocede y cierra la puerta diciendo «¡Oh! Perdón, señora»: eso es cortesía. Escenario B: el mismo hombre empuja la puerta, descubre a la misma mujer desnuda, retrocede y cierra la puerta diciendo «¡Oh! Perdón, señor»: eso es tacto. A veces confundimos el protocolo y olvidamos que nos vemos mucho mejor cuando –falsamente– le decimos a la dama del baño que no se preocupe, que ni la volteamos a ver.

Comportarse de forma «correcta» o «adecuada» significa entrar en un terreno peligroso, y es que la etiqueta suele confundirse con el exceso de cortesía y educación. Sin embargo, el tacto o la sensatez está en la gracia de los actos, no en la rectitud impuesta por una u otra regla social.

Aunque el protocolo cambia constantemente –y el tema nos da para mucho más– condensamos aquí seis situaciones cotidianas que ponen a prueba nuestra formalidad; seis ejemplos de sagacidad y tacto.

Evita las situaciones embarazosas, sigue estas sugerencias:
 

1 > ¿Cómo bailar con la quinceañera sin que se vea sospechoso?

¿Patrocinaste los manteles del evento y como premio de consolación te toca bailar con la tierna quinceañera? La situación es suficientemente incómoda –y posiblemente pederasta– como para agregarle varios metros de chifón rosado y un baile de salón con arrimón. La presión social te empuja hasta la cintura de la muchachita y comienzas con el juego de brazos: mano por aquí, mano por allá. Así es muy fácil pasarse de cálido –cándido– y cariñoso. Para evitar sospechas, encuentra el equilibrio entre la soltura y la mesura. Baila con torpeza fingida, dirígela pero no la aprietes, sonríe pero deja claro que no disfrutas el momento, y no roces de más. Lo mismo aplica para la novia en el día de su boda.
 

2 > ¿Cómo decirle a tu hijo que eso que te acaba de presumir está bien feo?

Un día pasas por tu «pequeño querubín» a la escuela y te llega con sorpresa: una maceta de madera a medio lijar, con macarrones propensos a despegarse y un llamativo accidente con el UHU. Lo normal (y erróneo) sería recibir el intento de artesanía y usarla como decoración hasta que el niño vaya a la universidad. Lo raro (y recomendable) sería apreciar el gesto, exponerlo una semana en la sala de estar, guardarlo para la nostalgia del futuro, dejar de pagar las clases vespertinas de macetería y buscarle otro talento al querubín. Considera que si insistes con las manualidades el mundo perderá un deportista nato, un músico o, incluso, un bailarín.
 

3 > ¿Cómo declinar una invitación?

Madurar es saber declinar invitaciones. Y no diciendo que no, sino buscando la forma de ni siquiera tener que llegar a eso. Entre más viejo eres, los compromisos se vuelven un fastidio (dejas de ir a bodas y empiezas a ir a funerales, por ejemplo). ¿Cómo hacerle entender a las personas que su evento ni te va ni te viene? Sé ambiguo, nunca confirmes tu asistencia, pero tampoco tu inasistencia. Protégete en el maravilloso invento de la incertidumbre. Di algo como «no sé si pueda ir, pero vemos» y déjalos con la duda. Adiós a los cócteles obligados, las comidas innecesarias y los amigos indignados. Recuerda, haz lo posible por evitar llegar al fatídico «sí» o «no».
 

4 > ¿Cómo dar el pésame?

A menos que el muerto sea en verdad de uno, nadie sabe cómo dar el pésame. ¿Damos el pésame en la misa? ¿Asistimos al velorio? ¿Ensañamos una triste mueca? Tantas formas de darlo y ninguna parece ser la indicada. Como se trata de un asunto delicado, proponemos que el pésame adecuado es directamente proporcional a la intimidad que se tiene con las personas involucradas. Si es alguien muy cercano, el pésame se da, más que con palabras, con acciones: estar ahí (a veces, incluso, sin decir nada). Si es un conocido lejano, casi invisible, el pésame sale sobrando. Sé sincero con el muerto. Y no te inventes palabras, pues la mayoría de las veces un abrazo es suficiente.
 

5 > ¿Qué hacer con los regalos que nomás no gustan?

Nunca falta el regalo indeseado, ese que abres y desprecias al instante: la bufanda fosforiloca que tejió tu tía, el libro que jamás piensas leer, el disco que sin duda nunca escucharás: los regalos –supuestamente– bien pensados. No los rechaces, por lo menos no al instante. Acéptalos con educación, y deséchalos con la misma finura: almacénalos por un mes, lúcelos estratégicamente y recíclalos –la basura de uno puede ser, y es, el tesoro de otro. Eso sí, recicla los regalos en distintos círculos sociales: que no quede huella, que no y que no.
 

6 > ¿Cómo pedir preservativos en una farmacia?

Al parecer a nadie le da pena decir que procreó, pero Dios nos libre si queremos ser precavidos y comprar un «paqueseproteja», sobre todo si no es en la farmacia, sino en el Oxxo. Para ese momento de calentura improvisada, de vergüenza inevitable y de bochorno latente, nada como invertir los roles de incomodidad. Dale detalles de tu situación al encargado del mostrador, pregunta por los tamaños y sabores, pide opinión –¿y usted cuál prefiere?–, discute la eficacia de los productos y su precio… que le de vergüenza al otro, no a ti. Pero ojo: no seas impúdico (da clic aquí y lee este artículo sobre el pudor).
 


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