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Ligeros vs. Afectados: la levedad (y la trivialidad) contra la profundidad (y la pesadez)

La escala de grises es por supuesto infinita, pero también es tendenciosa: mientras la personalidad de algunos tiende a la seriedad, la de otros se inclina hacia el chascarrillo.

Estas tendencias resultan evidentes en un lugar donde cada quincena habitan más personas. En una ciudad, la polarización es ineludible. El más rico y el más pobre, el más devoto y el más cínico, el más ligero y el más afectado viven prácticamente a una cuadra de distancia. El contraste recargado es una de las consecuencias incuestionables de la urbanización –la medianía es más bien pueblerina.

Así pues, las reacciones ante los fenómenos urbanos (el tráfico, las fiestas, los múltiples servicios) podrían simplificarse en dos: las solemnes y las indolentes. Los serios y profundos suelen justificarse diciendo que el Mundo no está para chistecitos. «¿Cuándo lo ha estado?», responden los ingrávidos. O mejor: «la levedad, la ironía y el sentido del humor es la mejor forma de combatir una realidad sobrecogedora». Pero también, a veces, es la forma más cobarde de evitarla. La ligereza está a sólo un paso de la negligencia.

De eso se trata el versus de esta edición: un duelo entre los ligeros y los afectados (spoiler alert: ganaron los ligeros porque los afectados no se quisieron «prestar a simplificaciones pueriles»).

 

Ligeros

Afectados


Para romper el hielo: un chascarrillo (¿cuál hielo?). Para romper el hielo: «qué flojera, adiós».

Origen: una familia que valora, sobre todo, la libertad. Origen: su papá fue embajador en Suiza (y su mamá es virgen).

Infancia escolar: se echaba la pinta cada tercer día. Infancia escolar: era el ñoño que le recordaba la tarea al profesor.

Pieza emblemática del guardarropa: camiseta blanca. «Equis». Pieza emblemática del guardarropa: capa o bata de seda (mono se queda).

Gramática oral: caótica y dicharachera; le mete jiribilla. Gramática oral: perfecta, parece que está leyendo.

En un restaurante: pide seis o siete platillos, todos al centro. Si uno no le gusta, lo mezcla con otro. En un restaurante: pide sólo lo justo, regresa el vino, cata el agua, se come con cuchara las M&Ms.

En el tráfico: canta, a veces con la ventana abierta, incluso baila. Lo hace tan mal que se ve divertido. En el tráfico: se pone tenso y hace bailar y cantar al auto: pita y se cambia continuamente de carril.

Durante un viaje: cuenta chistes y se burla de los turistas –incluyéndose. Durante un viaje: fragmenta todas las palabras que escucha en etimologías.

Transporte público: «mejor, así no tengo que preocuparme por el auto». Transporte público: «¡no, el transporte púbico (e impúdico) no, never!».

Ligeros

Afectados


WC: cualquiera y donde sea: le hace daño aguantarse las ganas. WC: sólo el de su casa: le hace daño sentarse en baños ajenos.

Coqueteo: un guiño aquí, una sonrisita allá. Coqueteo: nel, prefiere la asexualidad.

Bodas: va a todas, incluso va a los bautizos y a las primeras comuniones. «Todo sí». Bodas: las planea en secreto y asiste a la mitad, es decir, sólo a una. Eso sí, va a todos los funerales.

Ante la muerte de la mascota: pfff… Bueno, todos terminaremos en forma de abono. ¿Cómo se llamaba el animal? Ante la muerte de la mascota: ¡oh, no, no Dios, por favor, no! Me encuentro desalmado, mi hámster dio su último suspiro. ¡Oh!

Catástrofe latente: le sale –y presume– una pancita cachondona. Catástrofe latente: calvicie: «ahora sí no tengo un solo pelo de tonto».

Videojuego: Grand Theft Auto. Videojuego: Tetris (y Sudoku).

Película: La grande bellezza (y ridículamente trata de recrear esas fiestas en San Miguel). Película: Gravity (bajo el discurso que es una película mexicana).

Red social: fiestas y reuniones hasta el amanecer. Red social: juntas ejecutivas con AC.

Mejor versión: una mezcla entre Serge Gainsbourg, Andy Kaufman y Groucho Marx. Mejor versión: una mezcla extraña entre Gilles Deleuze, Andréi Tarkovski y Nicolás Alvarado (?).

Fin último: prolongar la alegría. Fin último: ser superior.

 


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