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Actividades para la pareja citadina

Tras llamarme «buen hombre», el Sr. Mangosta me pregunta por nuevas actividades para realizar en pareja en Querétaro. Quizás, como él mismo escribe, todas las parejas sucumben en la terrible monotonía que ningún par de enamorados ve venir. Un día estás con tu chica en un restaurante novísimo y, al año, el mesero te llama por tu nombre, la mesa que no da al sol está siempre a tu disposición y puedes ir con los ojos cerrados al baño. La costumbre, siempre, es más fuerte que el amor.

Es necesario reinventarse. Ahora bien, ¿cómo? Aquí esbozo algunas ideas.

Aprovechen el lado cultural de la ciudad. Por ejemplo, ir al centro, caminar un rato y toparse con una obra de teatro. Podrían comenzar con las obras que se presentan en el Museo de la Ciudad o las del Teatrito la Carcajada. Aquí la cartelera del teatro del momento.

Podrían también visitar algún museo. A veces hay buenas exposiciones, como la de Vicente Rojo que está ahora en el Museo de Arte. Después de ver diez o veinte cuadros, recorran el recinto: los conventos y monasterios donde se encuentran los museos tienen varios rincones sicalípticos, por no decir potencialmente inmorales.

Las actividades en pareja muchas veces suelen ser cosas de un día. ¿Qué tal dedicar tres o cuatro horas a la semana para aprender nuevas cosas? Los talleres pueden ser un fresco comienzo para nuevas experiencias. Bailar tango, aprender a tomar fotografías con una cámara profesional, ahorrarse el restaurante y aprender a cocinar… la lista es interminable. La Fábrica, por ejemplo, ofrece clases de fotografía, escultura y de distintos tipos de baile. Asimismo, en los museos que mencioné arriba organizan desde cursos de Tai Chi hasta talleres de grabado y círculos de lectura.

Si buscan algo más urbano y, ¡ayayay!, más sicalíptico (disculpen, pero traigo esa palabra de moda) les recomiendo lovingplaces.com: un sitio que te ayuda a encontrar los loving places de tu ciudad: lugares tranquilos y románticos donde podrás estacionar tu auto, besar a tu chica y etcétera, todo sin el temor de ser descubierto por un peeping cop.

Si lo anterior se les hace muy adolescente, les recomiendo este otro sitio web.

Ahora bien, podrían también salirse un poco de la monotonía citadina. Querétaro es la ciudad perfecta para ir y venir por distintos lugares. Vayan a la ruta del vino, conozcan dos o tres viñedos, renten una cabaña o váyanse de rapidín al DF. Súbanse al auto y arranquen sin ningún plan. Llevados por el impulso, escápense, a ver qué pasa.

Estas son sólo algunas sugerencias. Recuerden que la abominable rutina es responsabilidad de quien la practica.
 


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En buena medida, conocer es traducir, dice Juan Villoro. Un buen traductor es, antes que nada, un buen lector; el gran conocedor de un texto. El traductor no sólo traduce las regiones explícitas de un libro, sino también, y sobre todo, el carácter implícito de las palabras, es decir, lo que está entre líneas: las ideas, el discurso, los sentimientos, el tono, el ritmo, el estilo, la espontaneidad del lenguaje; para decirlo de forma pomposa: el espíritu del texto. Traducir algo de forma literal es ir contra el sentido común. Por eso a veces es tan difícil encontrar una buena traducción, sobre todo de los textos que son de alguna forma poéticos. No existe problema alguno con el manual de la aspiradora; encontrar una buena traducción de Pessoa requiere un poquito más de tiempo. Al leer una traducción, hay que ser conscientes que siempre habrá una pérdida en el texto traducido. Por ejemplo, el español no tiene palabras para saudade, spleen o weltschmerz. Sin embargo, muy de vez en cuando, esa pérdida de la traducción puede llegar a ser paradójicamente una ganancia. Traducir del francés al español significa afrancesar el español, es decir, enriquecerlo. Una buena traducción enriquece el idioma.   Breves recomendaciones: Elige editoriales que respeten la literatura. Algunos ejemplos de editoriales serias: Fondo de Cultura Económica, Cátedra, Alianza, Siruela, Nórdica, Acantilado, Pretextos, Sexto Piso y, casi siempre, Anagrama. Evita: Editores Mexicanos Unidos, Editorial Valdemar y Lectorum. Respeto editorial significa poner el nombre del traductor en algún lado. Googlea al traductor para ver qué tan reconocido es. Si en el libro no aparece ningún traductor, cómpralo para la chimenea. Invierte. Los libros con buenas traducciones suelen ser más costosos. El más caro no es el mejor traducido, pero el de $20 sí lo tradujo una máquina. Para poesía, conviene comprar una edición donde venga el poema original al lado del poema traducido. Así, por un lado, puedes sentir la oralidad y la plasticidad del alemán (aún sin entender palotada de lo que estás leyendo) y, por el otro, el significado del poema.   Lecturas sobre la traducción: La tarea del traductor, de Walter Benjamin; El traductor, de Juan Villoro; Decir casi lo mismo, de Umberto Eco.   ...

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