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El cine: lecturas cinematográficas

Como cada año, la edición otoñal se deshoja en dos: la revista tradicional y un suplemento literario que esta vez trató sobre el cine. La versión impresa de este suplemento la puedes ver aquí.


Francis Ford Coppola dijo alguna vez: «Las primeras personas que hicieron cine fueron los magos». Quizá no en el sentido místico de la hechicería sino en la maravilla de la producción: escenas, secuencias, diálogos, planos, actuaciones, filtros y luces recorriendo las pupilas del espectador. El asombro como entretenimiento.

El cine es un rollo de celuloide, un disparo de fotogramas. Pero su verdadera esencia no está en la sala de proyección o la penumbra de la matiné, sino en los ojos absortos en los destellos de la pantalla. Como todo espectáculo, el cine se completa en la función. La magia cinematográfica sucede cuando perdemos la noción de estar sentados en la butaca.

Lo mismo sucede con este suplemento: una recopilación de palabras que construyen escenas y emociones. Basta con leer el título de una película y comenzar a recordar diálogos memorables, planos cerrados descomunales y tramas revisitables.

«¿El cine es más importante que la vida?», preguntó François Truffaut. Extendiendo la pregunta, los siguientes textos contemplan al cine que se expande en nuestras vidas —o la vida que se entromete en la pantalla. Como la mirada de Mia Farrow en los últimos minutos de La rosa púrpura del Cairo.

 

LA CINETECA PERSONAL

Con tantos años de boletos, funciones y dvds, nuestra memoria es una estantería intangible de diálogos y fotogramas, a prueba de incendios y cambios de formato. Hay películas que se estancan en la mente, las almacenamos y rebobinamos una y otra vez. A continuación nuestros colaboradores seleccionan algunos esenciales del cine, como un ciclo de clásicos individuales.

Fargo de Joel y Ethan Cohen
Un secuestro express planificado en un pueblo nevado de Dakota del Norte, la ineptitud de un par de criminales y el irrisorio Steve Buscemi; una clásica comedia negra de los hermanos Cohen.

La zona de Andréi Tarkovski
El Profesor y el Escritor son guiados por un tercero a «la zona», un misterioso lugar capaz de conceder deseos a los desesperados. Ciencia ficción intercalada con imagenes poéticas y diálogos filosóficos.

Los amantes del círculo polar de Julio Medem
Una película sobre el amor, las casualidades, el destino y los círculos de la vida contado a través de Ana, Otto, el círculo polar, el sol de medianoche y las metáforas visuales del director vasco.

2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick
Un equipo de astronautas investiga el origen de un extraño monolito en la Luna. Todo un ensayo sobre la evolución humana, la tecnología, la inteligencia artificial y la vida extraterrestre, con épicas secuencias interespaciales.

Barry Lyndon de Stanley Kubrick
Otra de Kubrick (y la favorita de Martin Scorsese). Barry Lyndon es una especie de clase magistral sobre la luz y la fotografía a través de una historia situada en la Europa del siglo XVIII.

Dogville de Lars Von Trier
Un pequeño pueblo en Colorado durante la Gran Depresión se convierte en el escenario de una tragedia alrededor de la moral, la humildad y la naturaleza humana en «la tierra de las oportunidades».

Pina de Wim Wenders
Entre documental y homenaje, Wim Wenders intercala cuatro danzas contemporáneas de Pina Bausch con entrevistas sobre su legado como artista. Todo un elogio cinematográfico al cuerpo en movimiento.

El cisne negro de Darren Aronofsky
Entre la locura y la realidad, Nina busca perfeccionar su papel protagónico rumbo al estreno de El lago de los cisnes. Un thriller psicológico sobre el doppelgänger, la perfección y la disciplina corporal del ballet.

Le Samouraï de Jean-Pierre Melville
Jef Costello es un asesino a sueldo solitario y existencialista, envuelto en un drama de crimen y suspenso con un trabajo estético exacto y múltiple. Todo un clásico del cine noir europeo.

Luz silenciosa de Carlos Reygadas
Johan, un hombre de familia en una pequeña comunidad menonita de Chihuahua, mantiene un amorío con otra mujer, transgrediendo las leyes de su religión. Puro Reygadas: planos largos, ritmos pausados y actores «reales».


¿Más cine? Amplía tu colección fílmica con Woody Allen, Alfred Hitchcock, David Cronenberg, Wes Anderson, Steve McQueen, Martin Scorsese, Danny Boyle, Gus Van Sant, Rainer Werner Fassbinder, Charlie Kaufman, Éric Rohmer y la lista sigue.


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Tener un cine club —entrevista a Gabriel Hörner

Este año, el Cine Club del Museo de la Ciudad de Querétaro cumple 20 años. A propósito del aniversario, entrevistamos a Gabriel Hörner, director del museo y principal impulsor del proyecto desde 1994. Podríamos decir que el Cine Club es Gabriel: él ha sido el motor de la idea, ha puesto infinidad de veces el proyector, los DVDs, las relaciones con cinetecas y mucho más para proyectar cientos de películas que de otra manera no hubiéramos podido ver en Querétaro.   ¿Con qué película comenzó el Cine Club del Museo de la Ciudad? La primera proyección fue en el auditorio del Museo Regional, el 2 de febrero de 1994, una copia en 16 milímetros de Las noches de Cabiria de Fellini. Llegaron poco más de 400 espectadores.   ¿Cuál era el panorama cinéfilo de Querétaro en 1994? ¿Cómo ha cambiado? Ha cambiado mucho. Justamente en 1994 se privatizaron los cines de COTSA —la compañía estatal que manejaba casi todos los cines del país— y eso aceleró su decadencia: casi todos acabaron en cines porno. En Querétaro quedaban cuatro cines de COTSA en el centro y había tres Cinemas Gemelos de la Organización Ramírez (que luego se convirtió en Cinépolis). Incluso como cartelera comercial, el panorama era muy pobre. El único refugio del cinéfilo en esa época eran los video clubs, que para entonces ya no tenían un catálogo tan amplio como cuando empezaron, a mediados de los ochentas. Ahora es muy diferente, por un lado cada vez hay más pantallas comerciales y por otro puedes acceder a casi cualquier película desde tu computadora.   ¿Cuál es la diferencia entre el «buen» y el «mal» cine? ¿Qué películas definitivamente no se proyectarían en el Cine Club? El propósito del Cine Club es ofrecer al público otras opciones a la cartelera comercial y promover películas con valor artístico o histórico o con algún otro tipo de interés. Me resultaría muy difícil establecer una diferencia entre el «buen» y el «mal» cine a la hora de programar. En términos estrictamente históricos toda película es importante, aunque sólo sea por el hecho de que retrata su época de una u otra forma —esa es un poco la idea detrás de las cinematecas y los archivos fílmicos. No se me ocurre qué películas definitivamente no programaría; si algún título «malo», digamos, fuera relevante al tema de un ciclo, no dudaría en ponerlo; o incluso un ciclo completo programado con criterios distintos a la calidad. Hace unos años programé un ciclo de comedias de los ochenta y, un poco para que no pensaran mal de mí, le puse «Cine de horror de los ochenta». Eran bastante malas casi todas, pero el valor nostálgico era muy alto. Fue un ciclo muy exitoso. Podría decir que no programaría películas aburridas, pero ese también sería un buen ciclo: «Las películas más aburridas de la historia» (y ahí lo divertido sería poner títulos muy prestigiosos). Otro factor es que no nos dirigimos a un público homogéneo sino a públicos muy diferentes. Desde hace un tiempo, procuro que el cine club tenga otros programadores para atender esta diversidad y ofrecer un servicio más amplio. Los lunes por la tarde, «Otro Cine Querétaro» programa películas de carácter social y político, y por la noche Manuel Oropeza ofrece un programa extraordinario de ópera en video. Los martes ponemos la programación, digamos, oficial, que en su mayoría es cine de autor. Los miércoles son para el «Freak Show», un grupo de jóvenes interesados en el cine de culto. Y también están los ciclos que se programan en el Cine-Teatro Rosalío Solano y otros que solicitan escuelas o instituciones.   ¿Cuál ha sido el ciclo más exitoso? Hemos tenido bastantes, veinte años son muchos años. Recuerdo uno de cine de horror extremo que tuvimos que mover a una sala más grande porque el público ya no cabía. La última película del ciclo era Ichi, el asesino en función de medianoche; había personas sentadas hasta en el suelo. Otro que funcionó muy bien era de clásicos excéntricos del cine norteamericano, que iban desde La emperatriz escarlata hasta Miedo y asco en Las Vegas, pasando por Pink Flamingos y Eraserhead.   ¿Cuántas películas se han proyectado sin absolutamente nadie en la audiencia? Tiene que llegar por lo menos una persona para que se proyecte la película; no recuerdo ni una sola función cancelada porque no llegó nadie. Uno o dos por lo menos sí llegan. A veces se suspende la función porque se van todos antes de que se acabe, eso sí. Me gusta cuando programo cosas que exigen mucho del espectador, en tiempo o complejidad. Hemos hecho varios maratones; el primero fue una función continua de Berlin Alexanderplatz, la serie de televisión de Fassbinder de 15 densas horas de duración. La proyectamos en el auditorio de Bellas Artes en una copia en 16 milímetros. Al principio estaba llena la sala, al final quedaban como veinticinco personas. En ese tiempo todavía había prostitutas en la Plaza Constitución, y como regalábamos café y empanadas, en los intermedios se juntaban en el vestíbulo y entraban a ver a las prostitutas alemanas de la República de Weimar... fue muy especial.   ¿Tiene el Cine Club alguna pretensión social; crecer la audiencia, motivar ciertas conversaciones, reunir distintos grupos de personas? Siempre ha cumplido una función social importante: el Cine Club amplía horizontes, crea conciencia, crea comunidad. Durante muchos años estuvimos exhibiendo películas y series de televisión en la cárcel de San José el Alto con frecuencia semanal. Les mandábamos cuestionarios encaminados a que reflexionaran sobre sus vidas a partir de la selección de películas que hacíamos. Nos daban una libertad increíble, podíamos programar lo que quisiéramos. (Fue la época en que producían musicales adentro.)Ahora me gustaría trabajar en asilos de ancianos: aunque tienen televisiones y reproductores de DVD, es difícil que accedan a las películas que vieron en su juventud; creo que eso podría darles mucho placer.   Recomiéndanos un ciclo de películas infalible. Lo que sea de Alfred Hitchcock. Godard dijo alguna vez que las películas que Hitchcock realizó para Universal Pictures eran tan importantes en la historia de la civilización como la Capilla Sixtina, con la diferencia de que aquéllas habían sido vistas por decenas de millones de personas y ésta por un número mucho más reducido. Es algo infalible, Hitchcock siempre te llenará la sala y no estás haciendo ninguna concesión. La última vez que lo programé llegó un público muy joven a verlo. Cuando pasamos Psicosis, no tenían ni idea de que asesinaban a la protagonista a los quince minutos de empezada la película. 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